Monthly Archives: Diciembre 2014

20
Dic/2014

Por 4,5 euros la hora ¡y sin contrato!

Javier, al igual que millones españoles, sobrevive, sí, porque vivir no puede. Con dificultades para pagar sus impuestos, con recortes en servicios básicos y un largo etcétera. Literalmente no llega a fin de mes.

Nos quedamos de piedra y no pudimos articular palabra en los primeros instantes.

–¿Cómo? ¿A 4,5 euros la hora?, exclamó uno.

–Sí, así es, nos dijo nuestro amigo Javier.

–A alguien se le debería caer la cara de vergüenza, si todavía la hubiera, acertó a decir otro.

Javier, nombre no ficticio, es amigo de toda la vida. Un hombre hecho a sí mismo, un todoterreno en el mercado laboral –carpintero, vendedor, camarero, soldador, jefe de taller…– y un excelente profesional.

Y desde hace unos días –y haciéndole un favor– está trabajando en un bar por 4,5 euros la hora ¡y sin contrato! Un establecimiento donde, de diez profesionales, sólo dos tienen contrato.

Javier, al igual que millones españoles, sobrevive, sí, porque vivir no puede. Con dificultades para pagar sus impuestos, con unas prestaciones sociales en caída libre, con recortes en servicios básicos y un largo etcétera. Literalmente no llega a fin de mes.

Él, al igual que muchos ciudadanos, ha visto cómo su modo de vida, sus expectativas y sus ilusiones se han desmoronado como un castillo de naipes tras la llegada del Gobierno de Mariano Rajoy –el señor del plasma– y su pléyade de matos, gallardones, werts y sorayas.

Un gobierno que ha impuesto –la negociación con otras fuerzas políticas se le antoja una pérdida de tiempo– leyes que nos retrotraen a tiempos de miseria y represión. ¡Quién le iba a decir a nuestros mayores que volverían a los años del NO&DO! Laminan nuestros derechos y, no contentos con ello, reprimen nuestras protestas pacíficas –la aprobación de la Ley Mordaza con toda la oposición en contra es un claro ejemplo de su concepción democrática– lo que nos sitúa a años luz de los más avanzados países europeos.

Porque ¿cómo no considerar la reforma laboral del año 2012 un gravísimo atentado a nuestros derechos laborales y sociales?

Una norma que fue aprobada por la vía del Real-Decreto Ley, que sólo debe ser utilizada en caso de extraordinaria y urgente necesidad, para evitar el debate sosegado con los agentes sociales y partidos políticos y que nos descubre lo único importante para el Partido Popular: su mayoría absoluta. ¡Como si está te diera patente de corso para hacer lo que te viniese en gana despreciando las más elementales reglas del juego democrático!

Con esta ley, Javier, si estuviera contratado, podría ser despedido con más facilidades y menor indemnización, no tendría derecho a los salarios de tramitación en caso de despido improcedente, le modificarían unilateralmente las condiciones de trabajo o podría estar un año de prueba en su trabajo.

Este Gobierno ha logrado con esta y otras medidas que el número de trabajadores pobres se sitúe en el 12,3% –sólo superado por Rumania y Grecia–, que uno de cada tres trabajadores asalariados cobre un sueldo inferior o igual al Salario Mínimo Interprofesional y que la proporción de trabajadores con ingresos brutos mensuales inferiores a mil euros llegue al 50%.

En definitiva, nos han conducido a un callejón sin salida donde el desempleo, el agotamiento de las prestaciones o la pérdida de la vivienda campan a sus anchas y donde el esclavismo laboral ya no es una quimera, sino una realidad.

Una realidad que sólo merece la chulería y la falta de sensibilidad de nuestros gobernantes –¿puede haber mayor desfachatez que la destilada por Esperanza Aguirre cuando dice que desconoce si hay casos de malnutrición, pero sí que hay muchos casos de obesidad?– y que es negada hasta la extenuación –en qué país vive la vicepresidenta cuando afirma que hay mucha más alegría en las calles–. Y mientras tanto, los comedores sociales –el gran fracaso de nuestra sociedad– atestados de ciudadanos. ¿A alguien le extraña que la única salida que le hayan dejado sea la de emigrar en busca de un futuro mejor? ¿A alguien le extraña que muchos de nuestros jóvenes –los mejores preparados en décadas– no deseen volver a su tierra? y ¿a alguien le extraña que ante esta emigración –inmensa tragedia humana y económica– nuestros gobernantes se rían tachándola de «movilidad exterior» o «impulso aventurero de la juventud»? No, eso ya no extraña a nadie.

No debemos permitir que esta situación continúe por más tiempo. No debemos permitir que sigan gobernándonos. Y no debemos dar ni un paso atrás.

Pd.- Javier partirá hacia Canadá en febrero de 2015 para trabajar dejando a su mujer a las puertas de un parto. Él, y todos aquellos que están allende de nuestras fronteras, merecen nuestro respeto, nuestro cariño y nuestra lucha.

 

06
Dic/2014

Palestina existe

Por el Colectivo Senda.

El Congreso de los Diputados aprobó prácticamente por unanimidad el pasado 18 de noviembre una proposición no de ley en la que se instaba al Gobierno de España al reconocimiento de Palestina como estado independiente. Acuerdo que venía precedido de otros recientemente adoptados en la misma dirección por el Parlamento británico y el Senado irlandés. También esta  semana la Asamblea Nacional francesa ha continuado la misma senda.

Por otro lado, el Gobierno sueco ha reconocido recientemente, ya de forma efectiva, al Estado de Palestina, convirtiéndose así en el tercer país de la Unión Europea en dar ese importante paso, dado que tanto Chipre como Malta lo habían hecho antes de su incorporación a la misma.

Aunque lentamente, algo parece moverse en este largo conflicto que dura ya varias décadas y que representa una vergüenza para el mundo, desde que allá por 1947 la ONU adoptará el acuerdo de dividir Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, dando origen a la proclamación del estado de Israel en mayo de 1948.

Desde entonces el pueblo palestino, en condiciones muy desiguales, se ha visto abocado a soportar terribles agresiones y masacres de la que sin duda es una de las mayores potencias militares del mundo; agresiones en algunos casos apoyadas, avaladas y siempre justificadas por sus más estrechos aliados, los EEUU.

Hasta ahora, todos los intentos promocionados por la comunidad internacional para resolución definitiva de la situación del pueblo palestino han acabado en fracaso y en el mejor de los casos sólo han servido para ralentizar el afán expansionista del Gobierno de Israel y lo que parece ser su objetivo final, abortar cualquier posibilidad de hacer viable el Estado de Palestina, a partir de su reconocimiento real y efectivo.

Sólo así se entiende que Israel haga oídos sordos, una y otra vez, a las demandas internacionales para que reconozcan la soberanía palestina sobre los territorios ocupados desde 1967, e incluso continúen ampliándolos con nuevos asentamientos, ejerciendo sobre el pueblo palestino una presión inhumana propia del apartheid que sufrió Sudáfrica durante décadas. Una política unilateral de hechos consumados que impide que cualquier proceso razonable de negociación entre las partes pueda prosperar.

Mientras tanto, EEUU con múltiples intereses en la zona y claramente alineado con Israel mantiene una posición verdaderamente rechazable, llamando a la negociación con la boca pequeña mientras sale en su defensa cada vez que la mayoría de la comunidad internacional mueve ficha. Resulta paradójica su beligerancia en  asuntos relacionados con otros países y su complacencia en el caso que nos ocupa, a pesar de que Israel les ponga en más de un aprieto cerrando abrupta y descaradamente cualquier puerta que pueda abrirse para la justa solución del conflicto.

Entre los innumerables ejemplos a los que podríamos referirnos a lo largo de estos años para acreditar nuestras apreciaciones, hemos de mencionar el que tuvo lugar en noviembre de 2012, en el que la Asamblea General de la ONU, sesenta y cinco años después de su acuerdo de división de Palestina, decidió admitirla por abrumadora mayoría como “estado observador” de la misma. Decisión que contó con la oposición de Israel y de EEUU – junto a otros siete países- y que dejó a ambos en uno de los momentos conocidos de mayor aislamiento político.

Dicho sea de paso, la furibunda reacción del presidente Benjamín Netanyahu ante citado acuerdo de la ONU, pone al descubierto la verdadera cara del Gobierno israelí, así como el cinismo del que hace gala, como si la decisión adoptada en 1947 por este organismo internacional fuera legitima y la de ahora careciera de ella.

Damos por hecho que Israel no modificará voluntariamente y por si mismo su preceder, siendo por ello indispensable una acción más decidida y firme de la comunidad internacional que obligue a abrir una verdadera negociación y acompañe el proceso hasta alcanzar una solución definitiva que haga posible la convivencia pacífica entre los dos estados. Ese y no otro es el camino.

En consecuencia, el reconocimiento del Estado de Palestina por más de 130 países debe ir ampliándose en los próximos meses y años con países que hasta ahora se mantenían en posiciones equidistantes, confiados quizás muchos de ellos en que en algún momento fructificarían las negociaciones. Las constantes “advertencias” del Gobierno de Israel señalando que las decisiones del los países en esta dirección no hacen más que alejar la solución, no son más que un evidente síntoma de debilidad que no debe disuadir a las naciones soberanas del mundo.

Los últimos episodios protagonizados por el Gobierno de Netanyahu, destituyendo a dos ministros  críticos apoyándose en la extrema derecha, convocando elecciones anticipadas y anunciando el proyecto de convertir Israel en un estado judío, son evidencias irrefutables de la extraordinaria  radicalización en la que se encuentran.

Ello debe hacer recapacitar definitivamente también al Gobierno de los EEUU, que no puede continuar  por más tiempo “metiendo la cabeza debajo del ala”, justificando falazmente la intransigencia de su aliado y protegido, so pena de asumir con mayor intensidad el desprestigio internacional que ello representa.

Nos alegramos por tanto de los cambios que al respecto comienzan a aparecer en la escena internacional y  que con la debida prudencia hemos de valorar de forma positiva.

Corresponde ahora que el Gobierno de España atienda el acuerdo del Congreso de los Diputados y sin demoras injustificadas continúe la estela de Suecia en la Unión Europea y reconozca definitivamente al Estado de Palestina, algo que ya hacen la práctica totalidad de los países de África, Asia, América del Sur, Centroamérica y el Caribe, así como de otras zonas del mundo.

El Congreso de los Diputados aprobó prácticamente por unanimidad el pasado 18 de noviembre una proposición no de ley en la que se instaba al Gobierno de España al reconocimiento de Palestina como estado independiente. Acuerdo que venía precedido de otros recientemente adoptados en la misma dirección por el Parlamento británico y el Senado irlandés. También esta  semana la Asamblea Nacional francesa ha continuado la misma senda.

 

Por otro lado, el Gobierno sueco ha reconocido recientemente, ya de forma efectiva, al Estado de Palestina, convirtiéndose así en el tercer país de la Unión Europea en dar ese importante paso, dado que tanto Chipre como Malta lo habían hecho antes de su incorporación a la misma.

 

Aunque lentamente, algo parece moverse en este largo conflicto que dura ya varias décadas y que representa una vergüenza para el mundo, desde que allá por 1947 la ONU adoptará el acuerdo de dividir Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, dando origen a la proclamación del estado de Israel en mayo de 1948.

 

Desde entonces el pueblo palestino, en condiciones muy desiguales, se ha visto abocado a soportar terribles agresiones y masacres de la que sin duda es una de las mayores potencias militares del mundo; agresiones en algunos casos apoyadas, avaladas y siempre justificadas por sus más estrechos aliados, los EEUU.

 

Hasta ahora, todos los intentos promocionados por la comunidad internacional para resolución definitiva de la situación del pueblo palestino han acabado en fracaso y en el mejor de los casos sólo han servido para ralentizar el afán expansionista del Gobierno de Israel y lo que parece ser su objetivo final, abortar cualquier posibilidad de hacer viable el Estado de Palestina, a partir de su reconocimiento real y efectivo.

 

Sólo así se entiende que Israel haga oídos sordos, una y otra vez, a las demandas internacionales para que reconozcan la soberanía palestina sobre los territorios ocupados desde 1967, e incluso continúen ampliándolos con nuevos asentamientos,ejerciendo sobre el pueblo palestinouna presión inhumana propia del apartheid que sufrió Sudáfrica durante décadas. Una política unilateral de hechos consumados que impide que cualquier proceso razonable de negociación entre las partes pueda prosperar.

 

Mientras tanto, EEUU con múltiples intereses en la zona y claramente alineado con Israel mantiene una posición verdaderamente rechazable, llamando a la negociación con la boca pequeña mientras sale en su defensa cada vez que la mayoría de la comunidad internacional mueve ficha. Resulta paradójica su beligerancia en  asuntos relacionados con otros países y su complacencia en el caso que nos ocupa, a pesar de que Israel les ponga en más de un aprieto cerrando abrupta y descaradamente cualquier puerta que pueda abrirse para la justa solución del conflicto.

 

Entre los innumerables ejemplos a los que podríamos referirnos a lo largo de estos años para acreditar nuestras apreciaciones, hemos de mencionar el que tuvo lugar en noviembre de 2012, en el que la Asamblea General de la ONU, sesenta y cinco años después de su acuerdo de división de Palestina, decidió admitirla por abrumadora mayoría como “estado observador” de la misma. Decisión que contó con la oposición de Israel y de EEUU – junto a otros siete países- y que dejó a ambos en uno de los momentos conocidos de mayor aislamiento político.

 

Dicho sea de paso, la furibunda reacción del presidente Benjamín Netanyahu ante citado acuerdo de la ONU, pone al descubierto la verdadera cara del Gobierno israelí, así como el cinismodel que hace gala, como si la decisión adoptada en 1947 por este organismo internacional fuera legitima y la de ahora careciera de ella.

 

Damos por hecho que Israel no modificará voluntariamente y por si mismo su preceder, siendo por ello indispensable una acción más decidida y firme de la comunidad internacional que obligue a abrir una verdadera negociación y acompañe el proceso hasta alcanzar una solución definitiva que haga posible la convivencia pacífica entre los dos estados. Ese y no otro es el camino.

 

En consecuencia, el reconocimiento del Estado de Palestina por más de 130 países debe ir ampliándose en los próximos meses y años con países que hasta ahora se mantenían en posiciones equidistantes, confiados quizás muchos de ellos en que en algún momento fructificarían las negociaciones. Las constantes “advertencias” del Gobierno de Israel señalando que las decisiones del los países en esta dirección no hacen más que alejar la solución, no son más que un evidente síntoma de debilidad que no debe disuadir a las naciones soberanas del mundo.

 

Los últimos episodios protagonizados por el Gobierno de Netanyahu, destituyendo a dos ministros  críticos apoyándose en la extrema derecha, convocando elecciones anticipadas y anunciando el proyecto de convertir Israel en un estado judío, son evidencias irrefutables de la extraordinaria  radicalización en la que se encuentran.

 

Ello debe hacer recapacitar definitivamente también al Gobierno de los EEUU, que no puede continuar  por más tiempo “metiendo la cabeza debajo del ala”, justificando falazmente la intransigencia de su aliado y protegido, so pena de asumir con mayor intensidad el desprestigio internacional que ello representa.

 

Nos alegramos por tanto de los cambios que al respecto comienzan a aparecer en la escena internacional y  que con la debida prudencia hemos de valorar de forma positiva.

 

Corresponde ahora que el Gobierno de España atienda el acuerdo del Congreso de los Diputados y sin demoras injustificadas continúe la estela de Suecia en la Unión Europea y reconozca definitivamente al Estado de Palestina, algo que ya hacen la práctica totalidad de los países de África, Asia, América del Sur, Centroamérica y el Caribe, así como de otras zonas del mundo.

02
Dic/2014

Siglas contra ideas

Por Álvaro Romero
Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor. Lo dijo Cristo, pero es lo de menos. No obstante, en esta esterilizante partitocracia que sufrimos todos con una intensidad directamente proporcional a la crisis que creíamos sólo financiera, el valor de un mensaje está en función de quien lo pronuncie. Desde el fin del bipartidismo, los ciudadanos no asistimos ya a un partido de tenis, sino a una pachanga de pelotazos en la que relumbran, de vez en cuando, razonamientos juiciosos que nos esperanzan en una sociedad mejor. A veces no pasan de un tuit, pero otras son algo más, y tampoco perduran porque el emisor no es de los nuestros. Simplemente.
Si la izquierda dice una gran verdad, la derecha la rechaza. Si es al revés, lo mismo. Por eso en un lado –que es una manera de comprender el mundo– no fructifica –anteponiendo las ideas a las siglas– la fuerza necesaria para combatir el lado opuesto. Ni al revés. Porque el concepto de la política, por mucho que nos vendan lo contrario, sigue siendo decimonónico, tribal, miope. Y como la política sigue siendo una profesión que profesa la máxima de que al enemigo ni agua, la ciudadanía, contemplativa, ve esfumarse oportunidades sinérgicas a cada rato.
El Papa ha dicho las cuatro verdades del barquero en el Parlamento Europeo, a saber: que no son de recibo los privilegios de la casta frente a la falta de dignidad de la mayoría. Pero no vale, porque al Papa no lo votamos, dicen ingenuamente.
Tampoco votamos al FMI ni a los bancos ni a las multinacionales, que nos gobiernan, sin embargo, por encima de las urnas. Sin dirigirnos la palabra.