Monthly Archives: Marzo 2013

26
Mar/2013

Francisco, una esperanza para el mundo

ALVARO


Álvaro Romero Bernal. Doctor en Periodismo y profesor de Literatura y autor del libro ‘33 lugares evangélicos’

En los artículos que escribí desde que Benedicto XVI anunció su retirada, conservé siempre la esperanza de que el Espíritu Santo inspirase las acciones y los resultados a partir de esa determinación papal tan desdogmatizadora como la de asumir que se es viejo y que no se está para los trotes que la Iglesia exige en un mundo como éste. Y a pesar de la mala prensa de la Iglesia en este mundo donde debiera ser sal y luz, a requerimiento de su fundador, me negué a desesperanzarme, a resignarme a la evidencia de que una Iglesia tan vieja no sería capaz de renovarse a sí misma volviendo al discurso de los pobres y de la nueva evangelización. Pues bien: con la sorprendente elección de Jorge Mario Bergoglio he visto recompensado mi optimismo, pues las primeras estampas de este Papa demasiado humano nos presenta a un nuevo líder de la Iglesia Católica al que no se le cae el anillo del Pescador por ir a visitar a su antecesor, cómodamente retirado en Castelgandolfo, cuando debería ser éste quien se pusiera en camino para saludar a su flamante sucesor; a un nuevo líder cristiano que viajaba en metro y bicicleta, que se hacía de comer en su pisito de Buenos Aires y que acaba de confesar su deseo de “una Iglesia pobre y para los pobres”. Aunque ninguno de los más ácidos críticos de la Iglesia lo confiese, ninguno de ellos esperaba tanto en menos de una semana.

En la actual coyuntura internacional, no hay otro sentimiento universal que el mundo necesite tanto como la esperanza. Y este nuevo líder espiritual de la religión más poderosa de la tierra supone, quiéranlo o no los detractores de que el Cristianismo pinte tanto en el mundo, un rayo de fe en medio de los escombros que la posmodernidad está dejando por todas partes, incluido el seno de la propia Iglesia Católica Apostólica y Romana, que ahora, por primera vez en la Historia, empieza a ser también del Nuevo Mundo, en un sentido literal y simbólico.

papaLa ciudadanía mundial está ahíta de trepas, corruptos, mentirosos, ambiciosos y engañabobos subidos a ese noble tren que debería ser la Política con mayúsculas y que, sin embargo, está manchada peligrosamente de vulgaridad e ineficacia. Y esa ciudadanía mundial necesita, sin ni siquiera comulgar con nada, algún líder mundial que diga cosas sensatas, que haga cosas ejemplares y que obligue a los demás a seguir su ejemplo. No ha sido la Iglesia, según qué épocas pero mayoritariamente, la más indicada para liderar este cambio de actitud, justamente porque en su seno se han cocido tradicionalmente los pecados que luego se convirtieron en delitos ejercidos al margen de lo estrictamente religioso pero contra los códigos morales más elementales. Pero con un Papa así, tan refrescante en esa condición suya de ser el primero en tantas cosas, tal vez pueda recuperarse una figura independiente –incluso de los juegos democráticos de la geoestrategia ya establecida en el Primer Mundo– que sea capaz de influir decisivamente contra muchas injusticias, empezando por las de su propia casa, restableciendo el diálogo con los más lúcidos intelectuales cristianos que siguen silenciados.

No soy muy dado a creer en los milagros, sino más bien en las explicaciones pragmáticas, por lo que entiendo la elección del nuevo Papa como un ejercicio de lógica aplastante a favor de la supervivencia de esta institución tan arcaica que condiciona esta fecha del 2013 y de la era en que nos entendemos. No había más remedio que poner a un Papa de fuera de la Vieja Europa y de los viejos discursos centrípetos. Y la Iglesia lo ha hecho por su propio convenio, pero el cambio de rumbo –y eso es lo que sostengo– le puede venir bien a este mundo necesitado urgentemente de mensajes de amor entre los hombres. Ni el mundo que nos ha brindado el siglo XXI ni la Iglesia que surgió con él podían construir con esta idea del amor fraterno más que una hipócrita cursilada, porque el primero se había alejado demasiado de los fundamentos éticos de la democracia y la segunda se había olvidado casi por completo del discurso sencillo y contundente de Jesús de Nazaret. Por eso ahora, con este nuevo Papa, insisto en esperanzarme. Porque es un Papa jesuita y franciscano a la vez, es decir, intelectual y austero al mismo tiempo; que cree tanto en el poder de Dios como en el de la maldad del ser humano; que mira al Cielo sin dejar de pisar la Tierra; que anima a los hombres a convertirse sin dejar de valorar su libertad; que defiende los principios de su Iglesia sin dejar de ver sus vicios y erradicarlos desde el primer día; y que, por encima de todo, insta al mundo, con una fuerza centrífuga desde Roma, a seguir a Jesús sin necesidad de pertenecer a esas élites eclesiales neoconservadoras que sus antecesores encumbraron y que, por rechazo mundano, hicieron más por el triunfo del laicismo y el relativismo más recalcitrante que el mismísimo Demonio.

Ojalá tenga tiempo suficiente de actuar. En la Iglesia y en el mundo. Ojalá recordemos siempre por sus obras a Francisco, el Papa que nunca esperó serlo.

24
Mar/2013

De profundis

Francisco Javier segura márquez. Pregonero 2013

Ya me lo avisaron. La entrega del pregonero es total, absoluta, sin límites, sin condiciones, estirando las constantes que rigen el tiempo y el espacio para dar cabida a una presencia más antes de volver a tu costumbre, incluso antes de participar activamente en el cortejo de tu cofradía. Pero hasta ahora no creía que la disposición y la diligencia del vocero de la Maestranza tuvieran que llegar a tanto.

Miro mis manos sobre el teclado y son las mismas que todos estos meses han modelado un Pregón que la ciudad ha recibido como lo acoge todo siempre. Sin embargo, mis muñecas, mis brazos, andan recubiertos de un atuendo especial, en el que jamás podría pensar que me viera enfundado escribiendo algunas líneas. El pregonero escribe vestido de nazareno. Ha colocado sobre su cuerpo el azul de estreno de San José Obrero, su cofradía de vísperas, ha anudado a la cintura el cíngulo bicolor que le distingue y se ha sentado a cumplir con una de las últimas respuestas literarias a las que debe enfrentarse.

obrero-03No muy lejos, colgada de la puerta del salón, la capa blanca con los ojales abiertos de los que prende el ceñidor que me ha regalado Casa Rodríguez de la calle Francos. Justo a su lado, el antifaz cubriendo el capirote que Antigua Casa Rodríguez, en calle Alcaicería, ha querido ofrecerme de manos de María del Río y su gente siempre atenta a los sueños de primavera. No lo puedo creer. Ahora, después de tanta luz pública, de tantas fotografías y de tanto dar la cara ante los cofrades, toca ocultarse en lo profundo del traje de penitente.

Mi barrio, como tantos barrios, está esperando impaciente y no se deja vencer por la impertinente borrasca –Effetá San Pedro, que no me has hecho caso–. Las calles son como las de aquellas que en los próximos días, en tantos rincones, se llenarán de nazarenos escondidos dentro del hábito, que a lo mejor va ocultando la verdadera penitencia de cada uno, adornada en los tejidos tradicionales de nuestras cofradías.

En lo profundo del pregonero, ahora que su cuerpo está recubierto de ese azul peculiar que nos hemos impuesto como uniforme y como regla para el Sábado de Pasión, están las vivencias de un hermoso tiempo de Vísperas, en el que hemos navegado juntos muchos amigos y en el que me han ayudado a remar, a corriente y a contracorriente, esos buenos cofrades que voy a encontrarme por cualquier esquina pintados por un nuevo Hohenleiter en láminas de Ipad o de Twitter e Instagram.

“Aquí somos siempre los mismos”, me decía un hermano mayor quejoso de la poca renovación que tenía la presencia de hermanos en su casa de hermandad. Es verdad. En Sevilla somos siempre los mismos, sólo que en Semana Santa a veces estamos a un lado y a otro de la tragedia puntiaguda de los cortejos. Somos los mismos por muchos nombramientos que recibamos, aunque recibamos honores por parte de todos…porque al final, lo que importa es lo profundo, lo que está dentro de nosotros. La actitud, la mirada, las propuestas personales que viajan con nosotros mientras ocultamos el rostro, mientras damos la cara esperando que pase una cofradía.

Me estarán esperando en San José Obrero. Estarán aguardando a que llegue yo, pero no porque mi llegada sea algo especial, sino porque tengo que formar parte de esa pequeña, pero intensa fila que hará posible que podamos salir a las calles del barrio. Mi hermandad traza sobre el mapa–hoy el barrio tiene límites distintos- un círculo que cae en el plano ajustándose al rectilíneo conjunto de sus calles. Los recorridos penitenciales son espirales. Espirales los nazarenos, porque salen de sí mismos y van rodeando aquello que les preocupa, que les alegra, que les abraza, y una vez que salen ya no pueden volver a ser lo que fueron. Son espirales que brotan desde lo profundo. No hay epidermis en esta piel azul que me recubre y en la que habito, en la que no caben transformaciones, porque con ponérmela ya me he convertido en quien no era, en quien no volveré a ser jamás, porque todo cambia, muta, se transforma.

Sevilla no ha cambiado para mí. Pero la miro ahora con ojos de ternura, de enamorado que le pesa pisar aquellas piedras por donde sabe van a caminar aquellos que comparten la locura hispalense con él. Cada uno a su manera, da vida, da calidez a estas collaciones de parroquia, plaza y fuente, de tienda de informática y bar de copas blanco y negro. Todo es necesario, nada es prescindible, cada mirada tiene algo que aportar. Y ahora me vienen a la mente esas miradas desde lo profundo de esas aberturas del antifaz para unos ojos encerrados en la penumbra y la asfixia controlada del anonimato.
Anónimos nazarenos, identificados por esas pulseras corporativas que uno no se puede quitar, me saldrán al encuentro en cuanto tuerza Filpo Rojas y la parroquia sea la que domine el espacio con su torre románica y sus arcos parabólicos en la bóveda del presbiterio. Anónimos que al saludarme con sus voces me harán entender que, en lo profundo de su estreno como piezas de la realidad penitencial de la hermandad, somos los mismos de siempre.

Sé que voy a llegar tarde a la parroquia, el reloj avanza inclemente y va dejando caer sobre mí las horas que faltan para un Domingo de Ramos que se antoja escurridizo y maleable como el oro de la corona de la Amargura. Es un día especial, de señalarse, de distinguirse, de saludarse, aunque no nos hablemos mucho durante el año.

Un Domingo de Ramos que para mí será especial, porque ya el alma llegará marcada por la primera penitencia por mi barrio, salgamos o no salgamos –me preocupan las nubes panzudas que veo a través de la terraza sobre la estación de Santa Justa–. Mañana será otro día, decía con mis hermanos hace una semana. Hoy, el azul me ocupa la mente, el Domingo de Ramos seré blanco, el Martes Santo negro. Y cada color me irá pintando, y al final, seré como una paleta sucia que necesite la transparencia de la Pascua para disponerse de nuevo a la lucha. Lo profundo no puede limpiarse, quedará emborronado de sentimientos. Os lo dice quien se atrevió a meditar vestido de nazareno antes de salir a la calle. Me piden en casa que termine de vestirme. Que no lo retrase más, por mucho que las palabras me obliguen. En lo profundo, me sigue latiendo el corazón como hace años. Es Sábado de Pasión. En lo profundo, soy el mismo de siempre.

18
Mar/2013

Las culpas al gorrión

alvaro_romeroPor Álvaro Romero Bernal. Periodista

Con la sinvergonzonería cotidiana que nos va cubriendo desde que comenzamos a no hablar de otra cosa que de la Crisis, así con mayúsculas, uno va comprendiendo mejor aquel refrán que oímos de chico que empezaba por admitir que todos los pájaros comían trigo. Ahora sabemos que no es que todos los pájaros comiesen trigo, sino que la mayoría comía mucho trigo, demasiado, aunque la culpa se la llevase siempre el pajarito más doméstico, más cercano y familiar del que sabíamos hasta el nombre. “La confianza da asco” era otro de esos refranes que uno empieza a comprender más tarde. Y viene esta reflexión de culpas siniestras e injustas al hilo de cierta melancolía que empecé a sentir cuando leí que una nueva ordenanza contra el ruido del Ayuntamiento está planeando prohibir que las campanas de las iglesias y los relojes de los edificios públicos den las horas. Es decir, que sacan una norma para luchar contra el ruido y se fijan en las campanas de las iglesias, cagoendiez, y perdonen el exabrupto, pero es que la melancolía se me agrió en malaleche cuando supuse a las campanadas de por quién doblan las campanas y de las iglesias pueblerinas de Juan Ramón y hasta del reloj de bolero al que Moncho le pedía en clave de amor que no marcase las horas como culpables del ruido que nos está volviendo a todos locos. Y eso, perdonen el juego fácil, suena fatal, a cacofonía del peor metal… como todo en este loco mundo en el que nos quieren hacer lo blanco negro y convertir en tonto al que tonto no es.
La cosa puede parecer anecdótica, pues hasta un servidor reconoce el alivio que ha sentido mi pueblo desde que echaron a cierto cura al que llamaban el campanero –aunque el motivo no fue que tirara de la soga demasiado, por el campanario ya había pasado la segunda modernización de la que él adolecía–, pero una cosa son los casos puntuales y otra la conceptualización general. No es anécdota que culpen de hacer ruido a las campanas de las iglesias en un contexto burlón como el nuestro en el que los ruidos vienen de todas partes y en el que el ruido psicológico –mucho peor– es mucho más ruidoso que el de los decibelios. Hace ruido el tráfico y la gente maleducada que grita hasta por el móvil; los niñatos de la música ratonera y los vecinos sin consideración; las botellonas tristes y las emergencias falsas de tantos conductores sin porvenir… Pero las campanas de las iglesias y algunos relojes viejos daban el son de cierta vida latente en el corazón de los pueblos y los barrios que todavía representan la vida de verdad, la de las gentes que aún se rigen por un tiempo honesto y no por los minutos falseados de la red de redes, la conversión en kilómetros por hora y la prisa de las urbes sin alma.
Esta culpa del ruido que pesa sobre las campanas me sabe de la misma forma que la culpa que pesa sobre todos nosotros, gente don nadie, por haber provocado la crisis, a base de antenas parabólicas, 3.000 euros al mes durante tres meses y algún viajecito de más placer del permitido. Hasta que la cosa no ha reventado por sus propias costuras, nadie se iba a figurar que también los banqueros sin escrúpulos, los urdangarines sin límites, los empresarios corruptos, los políticos de cuello blanco y sus amigos de estómago negrucio iban a tener alguna culpa en este saqueo del copón internacional.
Pero es que todas las acusaciones comienzan por lo más cercano: la de comer trigo, ya se sabía; la de la crisis, se sabe ahora; la del ruido, se está investigando.

16
Mar/2013

Pacto por Andalucía, Economía Social

antonio-romeroPor Antonio Romero. Presidente de CEPES Andalucía.

La Economía Social andaluza lleva reclamando desde el comienzo de la crisis y ante las insostenibles cifras de desempleo y el deterioro del estado de bienestar en Andalucía, la convocatoria urgente de un gran acuerdo con el más amplio respaldo posible de los agentes sociales, económicos y políticos que ponga coto a esta situación.

Son ciertas las limitaciones que, desde un ámbito autonómico, se tienen para determinar unilateralmente las políticas económicas y sociales. Éstas vienen encauzadas cuando no fijadas, en gran medida, desde esferas políticas más amplias, fundamentalmente a nivel nacional y europeo.

tribunablogTambién, lo es la dificultad que entraña alcanzar un acuerdo sustentado en el consenso de fuerzas políticas, económicas y sociales tan diversas y con intereses tan diferentes como las que se da en una sociedad plural y democrática como es la andaluza. Pero, la experiencia ha demostrado que cuando desde nuestra Comunidad se encuentra una postura común y ésta se defiende cooperativamente se alcanzan grandes logros. Así, por poner un ejemplo, sucedió con el acuerdo que se firmó en Antequera, el 4 de diciembre de 1978, entre todas las fuerzas políticas, con la connivencia de prácticamente la totalidad de la sociedad andaluza, para impulsar el autogobierno andaluz. El resultado fue alcanzar una autonomía de primer orden.

Y en ésas vuelve a estar ahora el gobierno andaluz, que quiere brindar a la ciudadanía un gran Pacto por Andalucía que contribuya a la corrección de los grandes desequilibrios derivados de una crisis económica que se prolonga desesperadamente en el tiempo y azota a nuestro estado del bienestar.

Es evidente la existencia de proyectos, como precisamente el pacto de referencia, que no debieran dar lugar a disparidad de criterios en cuanto a la necesidad de afrontarlos. Entre otras cosas, porque la creación de empleo sobre la base de una economía productiva, sostenible y competitiva; la inclusión social de los más desfavorecidos; el mantenimiento de las políticas sociales que ha caracterizado el contrato social europeo; el desarrollo local como fórmula de cohesión social y geográfica; el afianzamiento de una sanidad y educación al alcance de toda la población constituyen las principales preocupaciones y necesidades a las que se enfrenta la ciudadanía.

Es deseable que TODAS las fuerzas políticas, económicas y sociales cierren un acuerdo sobre el presente y el futuro de Andalucía de forma inclusiva y colectiva, sin premisas ni exclusiones previas. Unos puntos básicos e incontestables que se defiendan en cualquier esfera y por encima de cualquier ideología o intereses particulares o partidistas.

Conseguir el mínimo común que lo haga posible y la cooperación entre todos para sacarlos adelante, debe constituir una prioridad.

La cooperación en mayúsculas se hace imprescindible, máxime cuando nos encontramos ante un problema que amenaza con fracturar la cohesión social de nuestra Comunidad. El desempleo de más de un millón de personas es un lastre insoportable que, de continuar incrementándose, solo puede significar, además del drama personal que sufren ya uno de cada tres andaluces que quieren trabajar y no pueden hacerlo, la destrucción de la cohesión social.

A eso sumamos el hecho incuestionable sobre el divorcio entre la ciudadanía y la clase política, que se ha convertido en el titular más habitual de cuantos estudios sociopolíticos se recogen en los medios de comunicación. En este sentido, en el tradicional estudio ‘Instantáneas de la Sociedad Andaluza’ realizado anualmente por CEPES Andalucía, ‘La desconfianza hacia la clase política’ se mostraba como la segunda preocupación de los andaluces, sólo después del ‘Paro’ y antes incluso que la ‘Crisis económica’, habiendo aumentado, además, significativamente, su porcentaje respecto a 2012, en más de 22 puntos porcentuales.

Por todo ello, la ciudadanía se merece ahora más que nunca el máximo respeto por parte de todos los que ostentamos alguna representación pública. El gobierno habla de pactos, acuerdos, transparencia; los agentes sociales demandamos medidas, acciones, presupuestos, y los andaluces y andaluzas exigen y apremian soluciones del otro lado.

El gobierno andaluz, la oposición política, el resto de agentes sociales y económicos deben tener la suficiente altura de miras para alcanzar un gran acuerdo que ponga en funcionamiento una economía deprimida, que genere empleo y que preserve nuestro estado del bienestar. Nada ni nadie debería empañar la consecución del acuerdo ni la cooperación necesaria para alcanzar los principales objetivos que se pacten.

Por supuesto, la Economía Social trabaja para que este gran Pacto por Andalucía se alcance y, cuando se firme, continuará empeñando su prestigio y utilizará todas sus fuerzas para cooperativamente conseguir mejorar el bienestar económico y social de nuestra ciudadanía.

10
Mar/2013

El precariado

Por Manuel Copete / Secretario de la Agrupación Juan Negrín (La Puebla de Cazalla)
Los sociólogos utilizan el concepto de marco referencial para referirse a lo que habitualmente llamamos la atmósfera o el contexto en el que se manifiestan los hechos, las ideas. Desde que en 2008 empezara a transformarse todo, hemos ido conociendo, aparte de la magnitud del desastre, una serie de palabras y términos hasta ese momento desconocidos para el mundanal ruido. La mayor parte de ellos referidos a la jerga económica que los servicios informativos televisivos han ido explotando y vanalizando, empachando, de paso, al personal. Una especie de liturgia se ha instalado desde entonces y el resultado final es que sabemos lo mismo o menos del tema económico financiero que cuando empezó la tormenta del siglo y el agua entró en la ciudad. Sabemos poco o nada de la cosa, salvo que una buena mañana Almunia nos desveló que se trataba de la codicia excesiva de los mercados. Y se quedó tan fresco. Uno hubiera pensado que esto del individualismo y los pecados que conlleva eran propios de moralistas y eclesiásticos, tipo Rouco. Uno también sabía que el mercado, el dinero, si es algo desde que nació es eso, codicioso. Así que bonito descubrimiento.

Y si bien todo está trufado de opiniones, sentencias resumidas en las crisis cíclicas del capitalismo –ahora el financiero–, no es menos cierto que la explosión social ha comenzado y con ella los calificativos y denominaciones del conflicto.
Reconocía un analista que los medios de comunicación se han devanado los sesos por ponerle etiquetas a la situación y también a los afectados por la situación, devenida en años horribles para una parte significativa de la población. Y recordaba que todo comenzó con la denominación de origen mileurista para señalar las dificultades salariales de los jóvenes que accedían al mercado de trabajo. Y tuvo éxito el apelativo. Sólo que era erróneo en su cualidad y en su cantidad. En poco tiempo ganar mil euros se ha convertido en un lujo y para el mundo laboral, en toda su extensión. Como paradigma el sector servicios.

Con el paso de los meses y con la situación reventando, conocimos lo que era el grupo amplio de los indignados y la toma de calles y sobre todo plazas, convertidas en ágoras de la primavera de la protesta, coincidiendo además en el tiempo con la también apellidada por los medios Primavera Árabe. Generación perdida y desahucios han venido jalonando el acontecer de la protesta social masiva contra el estado de cosas y la democracia representativa. Recordemos al respecto los cercos al Congreso

Clase media pequeña y mediana o lo que vulgarmente hemos llamado algunos “clase obrera mejorada” han saltado hechas añicos. Ya no se trata de cualquier cosa, sino de la pérdida de una vida entera (trabajo, casa, coche, abastecimiento doméstico) que antes se tenía.
Guy Standing, un economista del desarrollo, publicó un libro en el 2011 en el que acuñó un término certero, que por el contrario con los anteriores mencionados y otros que han causado furor en las redes de la protesta, no ha tenido eco en los medios. Y ya se sabe.
El término era el precariado, para definir a los descolgados, pertenecientes a la clase media que se han quedado con la escoba cuando la música se paró. Sencillamente son precarios, viven en precario y no tienen otro horizonte que la supervivencia, el corto plazo. Con una protección social, educativa y sanitaria debilitada, sin recursos para fabricarse una nueva vida. Sin banco que los escuche ni para reformar su hipoteca. El resultado del nuevo capitalismo, reformado sólo, en sus propios vicios.
En verdad, como reconocía nuestro autor, es un neologismo irónico. Como nueva clase social, sus componentes no tienen seguramente, conciencia de ello y hasta ahora sólo filósofos como J. María Ruiz Simón han abordado el tema en profundidad. Sin mucho eco, pero el marco referencial está definido y el sello puesto.

Me da que pertenecer a esta nueva clase no es un pastel precisamente, y reconocer que uno es de ellos resulta hasta vergonzante. Lo que ocurre es que la realidad es tozuda, por mucho que la disfracemos delante de la vecindad.
Standing ve en esta nueva clase el germen mayor de inestabilidad social, inmediata y futura. Los desesperados no entienden de chiquitas y ya tronará, problablemente no de golpe, sino al modo de las bombas de racimo. Por otro lado su descreimiento y desasosiego no creen los analistas que los puedan encauzar ya partidos y sindicatos tradicionales, más pendientes aún de las formas y lentos en imaginar la nueva realidad que se está viniendo encima, sino formaciones creadas a la desesperada y sin nada que pactar ni guardarse en la recámara. A tumba abierta, tal como la situación les trata. Lo clarificador al menos es saber adónde ha ido a parar lo que llamaban los clásicos pequeña y mediana burguesía, vulgo clase media.

La explosión social que conocemos hasta ahora quizá quede en un juego de niños si la izquierda es incapaz de meter al mercado salvaje, al capitalismo de casino, en cintura y se limita a esperar que escampe, mientras aplica cataplasma al cáncer, en plena metástasis. Mientras lo que conocíamos como proletariado está estancado, las nuevas clases surgidas de la crisis están en ebullición. En suma, reconocemos también en la nueva clase lo que unos llamarían peligroso y otros, sencillamente, rupturista o revolucionario.

Y si toda esta gente no ve ya a la actual democracia capaz de dar alternativas al capitalismo en crisis, y percibe que mantiene una estructura jerárquico-representativa que se enroca, entonces busca una alternativa rompedora con el estado actual de cosas.
Da igual que da lo mismo, por lo que se llegue a esa conclusión, si por el goteo de escándalos o por los índices insoportables de paro. Lo cierto y verdad es que la política actual no sólo no es atractiva para el precariado, sino que la desprecia. Porque entiende que no está en lo que tiene que estar, zozobra en sus cosas, más o menos endogámicas, entregada de pies y manos a las propuestas fracasadas e incoherentes de la UE y el FMI, noqueada y sin capacidad de reacción ante el golpeo permanente de la opinión en los barómetros del CIS, que es donde rezuma la aversión por la política. Hay quien aún no quiere ver lo que los politólogos avisan: que el desasosiego ciudadano enciende ya todas las alarmas y ha cruzado todas las líneas rojas. Y creciendo.

Y el problema que se plantea no es ya electoral para el bipartidismo corregido que se intuía, sino para la joven democracia conocida hasta ahora, devenida en vieja y desgastada a los ojos de la ciudadanía, que se ha quedado sin esperanza alguna en sus representantes. Un problema, porque todo esto, auguran los sociólogos, no barrunta nada bueno.

09
Mar/2013

Cómo montar un ‘think tank’ (el artículo que Amy Martin no escribiría)

Por Eladio Garzón (abogado) y Alfonso Yerga (profesor asociado de Ciencia Política de la UPO).

Los mejores ‘think tanks’ del mundo definen sus intereses por la escritura del guión de quienes protagonizan la noticia.

carablogDe manera episódica, periódicamente aparecen en los medios de comunicación noticias relacionadas con fundaciones u organizaciones que entran dentro de la categoría de think tanks. Estos tanques de pensamiento o laboratorios de ideas –tal como son denominados en España– que en las últimas fechas han vivido una especial proyección mediática con motivo de retribuir uno de ellos a una firma fantasma, tienen, en su naturaleza fundacional, una misión singular: influir. Por un lado, proporcionando conocimiento para los que toman decisiones y, por otro, generando un estado de opinión que propicie el apoyo a quienes, por su papel social o político, influyen.

La posición internacional de nuestro país debería hacer que think tanks españoles tuviesen relevancia, algo que apenas ocurre si consultamos la reconocida clasificación mundial que realiza James McGann. Obviamente, si descendemos a Andalucía la situación se agrava ya que la tradicional debilidad de nuestra economía ha condicionado la aparición de este tipo de entes, no pudiéndose afirmar en estos momentos que contemos con alguno que destaque. Sin embargo, tal hecho podría argumentar la necesidad de propiciar su creación, liberándolo, eso sí, de cualquier tutela que lo convirtiese en correa de transmisión de intereses partidistas o empresariales, ya que, en ese caso, no pasarían de ser aparatos de propaganda, con su consiguiente inutilidad.

De modo que si unimos lo que ha ocurrido con la Fundación Ideas a la necesidad de defender en Andalucía la creación de think tanks, es bueno recordar una serie de pasos que deben garantizar su éxito; eso sí, apoyados en el liderazgo de quien asuma la dirección para impulsarlo, pilotarlo y consolidarlo. Una pregunta básica, antes de ponerlo en marcha, sería si de verdad nos hace falta. La respuesta es afirmativa, ya que tenemos necesidad de abordar demandas y tendencias sociales que, por sí mismas, reclaman conocimiento. Pero lo podemos hacer guiados por un pasado que nos lleva a mundos ya superados o, por el contrario, optando por construir una arquitectura de inteligencia que elabore un discurso atractivo con la razonable ambición de influir en muchos. Es decir, un laboratorio capaz de responder a las preguntas que están en la agenda social y de hacerse otras nuevas, y sin miedo al desafío del cambio que las respuestas puedan comportar. Con esas premisas, pasos imprescindibles serían los siguientes:

  1. Debemos comenzar por tener una estrategia que, en este caso, supone definir los temas en que vamos a trabajar, centrándonos en unos y no en todos. Algo que, por propia definición, nos aleja de la figura del tertuliano para que nuestro conocimiento sea sólido y estable. La explicación reside en que la influencia que buscamos trasciende la inmediatez mediática: visibilizarse en titulares es un complemento pero no un objetivo. Los mejores think tanks del mundo definen sus intereses no por la aparición mediática sino por la escritura del guión de quienes protagonizan la noticia.
  2. Hay que apoyarse en una materia prima que existe: la inteligencia. Y su lugar natural, pero no único, es la Universidad. Pero ahí acudiremos en busca de la información garantizada pero no de la gestión interesada, porque quienes concentran su carrera e incentivos en el mundo académico marcan líneas de trabajo que no tienen por qué coincidir con la necesidad social. Y ampliaremos el espectro de búsqueda de esa materia prima al experto, o al visionario comprometido con una idea, que construye el futuro en cualquier rincón. Esos apoyos pueden provocar roces con los intereses inmediatos o con nuestra imagen pública, pero, a largo plazo, consolidan la credibilidad.
  3. Dar arquitectura organizativa a nuestra idea de manera profesional. El diseño interno de los recursos humanos obedecerá al concepto de puestos que añaden valor a la misión del think tank. Tal cosa implica replantear las jerarquías administrativas y definir los procesos de trabajo y las competencias de sus actores. Y una dirección que asuma tanto la toma de decisiones como el flujo de información hacia quienes ejecutan el trabajo, es decir, comprometida con la imagen de que los partidos se ganan en el campo y para eso los jugadores deben actuar en equipo.
  4. Como el producto generado por el think tank no es un bien de primera necesidad sino que adelanta cuáles lo serán en un futuro argumentando sobre los más adecuados, los resultados a corto plazo hay que gamificarlos. Es decir, dotarlos de los incentivos necesarios para, como en una taracea, incrustarlos en los grandes debates, conjuntando presencia con influencia en justas dosis. Eso definirá su labor alejándola de la de un ateneo o de una escuela de negocios, y potenciará la inteligencia interna de sus integrantes. Nada podrá ofertarse a la sociedad si quienes deben explicarlo no han formado parte de la tensión del producto.
  5. Una conducta republicana, lo cual implica un comportamiento que se reconoce en palabras como respeto, tolerancia y humildad. Lo cual debe presidir las relaciones con terceros y con el grupo interno, y se manifestará en la contratación del conocimiento, en la gestión de las jornadas y publicaciones, con unos procedimientos alejados de una liturgia de estrados y jerarquías.
    En la imperiosa regeneración de lo público, tal como demanda la ciudadanía, instituciones como estas deben ser trenes a los que desear subirse. Pero para que promuevan la reflexión y generen alternativas a la actual agenda, habrá que hacerlo en unas condiciones estéticas y éticas adecuadas.
08
Mar/2013

Más justicia para la igualdad

amparodiaz_blogAmparo Díaz Ramos. Abogada especialista en violencia de genero y coordinadora del Turno contra la Trata y otras formas de Explotación Sexual del Colegio de Abogados de Sevilla.

Cada 8 de marzo recordamos públicamente los esfuerzos de las mujeres dentro de la familia, como madres, parejas y, por desgracia, muchas veces como únicas cuidadoras de las personas mayores o de las personas con especiales dificultades, así como los que realizamos durante toda nuestra vida estudiando, trabajando, y alentando mejoras sociales. Obviamente no todas las mujeres hacemos lo mismo, y hay algunas –como por ejemplo Malala, la niña pakistaní que arriesgó y arriesga su vida por el derecho a al educación de las mujeres– que merecen mucho más que un especial reconocimiento. Pero es innegable que las mujeres como colectivo cubrimos una parte de las necesidades básicas de la humanidad tan grande como la que cubren los hombres como colectivo. Lo lamentable es que nosotras todavía obtengamos menos agradecimientos, menos dinero y riqueza por ello, ostentemos menos cargos de poder político y empresarial, y recibamos menos reconocimientos. Por eso el día de las mujeres sigue siendo un día para reivindicar la igualdad real de oportunidades, la igualdad real de poder, y, en definitiva, más justicia.

Frente a estas peticiones muchos hombres y también mujeres contestan que ya no son necesarias, que se ha llegado incluso a una situación en la que las mujeres tenemos un mejor trato que los hombres a nivel escolar, laboral, en las relaciones de pareja, y, sobre todo, cuando se llega a la Administración de Justicia. Desde luego se han reducido las manifestaciones más obvias del machismo (hace 20 años no era raro ver a un hombre dando patadas a su esposa o hija por la calle, o a un hombre toquetear a una adolescente que pasaba por su lado mientras le decía comentarios obscenos) pero su lugar lo han ocupado otras que ya existían más sutiles, o incluso formas nuevas. Y el acceso de las mujeres a la Administración de Justicia sigue siendo en parte una tómbola, en la que es necesario llevar el mejor equipo posible para no terminar con el peor resultado.

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Así, si una mujer intenta ejercer sus derechos contra una hombre que la ha maltratado en la pareja, o un conocido que la ha violado, o un compañero de estudios que la acosa, a pesar de todo lo que se hablar de los servicios especializados lo cierto que es tiene altas probabilidades de que alguna de las personas que la atenderá le haga daño por su falta de sensibilidad y formación, o directamente por estar a favor del machismo y, por tanto, en contra de que las mujeres se quejen y pidan justicia frente a la desigualdad.

El acceso efectivo de las mujeres a la justicia, cuando se trata de una cuestión de desigualdad, sigue existiendo un componente aleatorio: depende en gran medida de quién la atienda en comisaría, de la jueza, del abogado que lleve su caso, de los servicios de apoyo que existan en su localidad…. Por ello muchas mujeres viven una experiencia alucinógena en la Administración de Justicia: presentan denuncias en las que sus vivencias se encogen hasta quedar convertidas en casi nada. Esa es la realidad. En teoría hay todo un sistema para garantizar que las mujeres podamos acceder a la justicia en los casos en los que se ha comprobado que existe especial dificultad para ello, los relacionados con la violencia de género –especialmente los de la pareja–, pero en la práctica ese acceso a la justicia es poco más que formal. Se la atiende, sí, pero no se le escucha en profundidad, no se recoge con detalle su relato. En demasiadas ocasiones la investigación y el procedimiento, por deseo de rapidez o por falta de compromiso, queda reducido a uno o dos episodios, a pesar de que la mujer diga que no es la primera vez, que le ha sucedido muchas veces, sin que se investiguen esos otros episodios, sin que se pidan detalles.

La Administración de Justicia y los y las profesionales que trabajamos en ella, por nuestra insuficiente formación en la materia, por lo acomodados que estamos en la inercia machista, en muchas ocasiones no oímos, no vemos, no reaccionamos más que con automatismos (detener con frecuencia a los denunciados si es en delitos dentro del ámbito de la pareja, denegar frecuentemente la orden de protección, no detener a un denunciado por violación salvo evidencias físicas graves, abrir los procedimientos por juicios de falta o por un delito puntual obviando la posible existencia de otros delitos, otorgar siempre regímenes de visitas al padre maltratador salvo peligro de muerte o lesiones graves….) que no suelen ser de utilidad para las víctimas, especialmente los hijos e hijas, y en ocasiones son desproporcionadas en un aspecto o en otro para ambas partes, lo que tampoco sirve para resolver el problema.

Por eso creo que cuando celebramos las aportaciones de las mujeres por la humanidad, tenemos que recordar especialmente a las mujeres que se atreven a sacar a la luz las situaciones de acoso, maltrato, agresiones sexuales, explotación sexual, y discriminación. Porque para superar una situación de violencia o abusos es casi siempre imprescindible recurrir a la Administración de Justicia, y para ello, todavía se necesita tener un especial valor, y porque al hacerlo no solamente se da un paso hacia delante por la propia dignidad, sino por la de todas las mujeres.
Hay muchas mujeres dispuestas a reclamar igualdad, necesitamos más justicia para conseguir esa igualdad.