Monthly Archives: Enero 2013

26
Ene/2013

¿Por qué obedecemos al FMI?

quero_caraPor Antonio Quero. Consejero del director general de Presupuestos de la Comisión Europea.

El reconocimiento por parte del FMI de un error de cálculo, al haber subestimado el impacto recesivo de la austeridad que preconiza, ha provocado numerosos comentarios indignados y críticas a este organismo, sin embargo no se atisba que los gobiernos europeos, y aún menos el español, tengan intención de poner en cuarentena las recomendaciones del FMI hasta que sus modelos económicos recuperen fiabilidad. ¿Qué tiene el FMI para que sus opiniones sean ley?
Nos podemos hacer la misma pregunta sobre la UE y sus prescripciones económicas sólo que, en este caso, las recomendaciones emanan de un consejo de ministros en el que se sientan representantes legítimos de gobiernos democráticos a quienes hemos reconocido un poder a través de un tratado ratificado por parlamentos soberanos o referendos. El FMI, por su parte, está gobernado en su día a día por un directorio ejecutivo de 24 miembros, agrupándose los 188 países miembros del Fondo para compartir una de esas 24 sillas. Los grupos reflejan la historia del FMI desde su creación en 1945; España entró a formar parte del mismo en 1958 y comparte silla no con sus vecinos europeos, como cabría esperar, sino con México, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Honduras. En otras palabras, las recomendaciones del FMI son el producto de unos tecnócratas avalados por unos directores ejecutivos que apenas representan a sus ministros de finanzas y que deliberan y deciden en la opacidad de un órgano en el que sólo Estados Unidos tiene derecho de veto.
Otra cosa es que un organismo te preste dinero y te imponga unas condiciones, pero ese no es el caso del FMI con España. Hasta ahora nuestro país sólo ha recibido ayuda financiera para el rescate de los bancos y ésta proviene íntegramente de la UE. El memorando de entendimiento firmado por España para recibir dicha ayuda ha sido elaborado por la Comisión y el BCE y decidido por el Consejo de Ministros de Finanzas (Ecofin).
Es conocido que otros países, disconformes con las recomendaciones del Fondo, han dejado de seguirlas. No es el caso de Islandia como erróneamente se cree, pero sí de países latinoamericanos y asiáticos. De hecho, estas dos regiones del mundo, escaldadas por los designios del FMI que agravaban sus males y que respondían a la ideología dominante impuesta por Estados Unidos en el Fondo, con la complicidad de Europa, han constituido fondos regionales independientes con el fin de no necesitar su ayuda y así poder ignorar sus recomendaciones. Curiosamente, antes de la crisis, el FMI buscaba desesperadamente países a los que prestar y de este modo justificar su existencia. Sus clientes habituales habían encontrado vías alternativas y no era concebible en aquel momento que los países desarrollados, entre ellos los miembros de la UE, pudieran necesitar su asistencia financiera.
Al principio de la crisis hubo reticencias por parte de la UE a que el FMI interviniera en los rescates europeos, que empezaron en países no miembros de la zona euro, como Letonia, Hungría o Rumanía. Había un prurito de orgullo político que veía como un fracaso el que la UE necesitara ayuda externa. Esta posición la defendieron sobre todo la Comisión Europea y el presidente del Eurogrupo (consejo de ministros de finanzas de la zona euro), Jean-Claude Juncker, pero poco a poco los países con más peso, como Alemania, Reino Unido o Francia, empezaron a reclamar la opinión del FMI y a contemplar la posibilidad de recurrir a sus líneas de crédito. El argumento oficial era que resultaba absurdo no utilizar un fondo diseñado precisamente para este tipo de problemas, la crisis de balanza de pagos, y al que cada país había cotizado con el fin de poder recurrir a él en caso de necesidad.
Los argumentos reales eran de otra naturaleza. Por un lado, se atribuía al FMI mayor capacidad técnica que la Comisión y el BCE para diseñar rescates, lo cual era cierto puesto que forma parte de las funciones de aquél mientras que nunca había sido la preocupación de éstos. Como prueba de ello, en la asistencia macrofinanciera prevista en el presupuesto de la UE para países terceros, como Serbia o Ucrania, la Unión se limita a poner el dinero y delega al FMI el diseño de la condicionalidad. Por otro lado, estaba la razón de más peso, de carácter político, que es la sumisión de los europeos en materia económica a la tutela de Estados Unidos, que es quien realmente gobierna el FMI (la sede del Fondo está en Washington a tres manzanas del Departamento del Tesoro). Una sumisión heredada de la Guerra Fría y que, en esta ocasión, venía reforzada por la creencia de que la firma del FMI sería un aval de peso de cara al juez último de los rescates, los mercados.
Ahora el FMI afloja el yugo de la austeridad y en pocas semanas la Unión seguirá sus recomendaciones y concederá más tiempo a España, Francia y otros países para alcanzar el objetivo de 3% de déficit. Una buena noticia para sus ciudadanos pero que no resuelve el problema de fondo: el gobierno económico internacional carece de pluralismo en su diseño y de control democrático en su ejecución.

19
Ene/2013

Enseñar, ¡qué gran tarea!

Por Trinidad Núñez Domínguez
El 16 de septiembre de 1991 se empieza a difundir una campaña sobre el profesorado y la enseñanza cuyo lema fue Enseñar, qué gran tarea. La campaña supuso la emisión de un anuncio en la cadena de televisión púbica andaluza (la autonómica Canal Sur TV y la TVE territorial). Este anuncio constituyó la primera campaña institucional en un supermedio para destacar la labor del profesorado y la importancia de la enseñanza. Lo firmó la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía.
Con él se hace un repaso por diferentes niveles educativos no universitarios (educación infantil, primaria, secundaria, educación de personas adultas), mostrando sonrisas, altas capacidades, cercanía, entrega, ilusión… de sus profesionales. Mostraba espacios bien acondicionados y estudiantes también ilusionados. La fecha elegida no era baladí. El 3 de octubre de 1990, el Congreso de los Diputados acababa de dar luz verde a un cambio estructural del sistema educativo en el territorio español (se aprueba la LOGSE). Entiendo que los poderes políticos eran conscientes de que tanto la ciudadanía como los profesionales o los estudiantes podían vivir un momento de clara incertidumbre por lo que suponía todo ese cambio: a nivel curricular y a nivel profesional y quieren respaldar el cambio y ofrecer seguridad.

Ocho años después del primer anuncio, se emite otro cuyo tema central vuelve a ser la enseñanza y los profesores. Vuelve a ser la Consejería de Educación la que da el paso hacia adelante. El eslogan elegido esta vez: Colabora con el profesor de tu hijo. También el momento de emisión tiene sentido porque en el curso 1998-99 se ha implantado el primer ciclo de la Secundaria Obligatoria y se comienza el segundo ciclo. Para entonces se ha detectado un acusado desencuentro entre familias y profesorado y los estudiantes están manifestando algunos problemas de indisciplina inusuales. La organización educativa (la patronal) volvía a subrayar que la enseñanza es absolutamente imprescindible.

En los trece años que han pasado desde la última campaña institucional (1999) no se ha vuelto a repetir un tipo de acto reivindicativo y de apoyo al sector como éste. Lo que sí se han producido son actos profesionales y ciudadanos. No me deja de llamar la atención la unanimidad creada ante los planteamientos del Ministro de Educación de España. No ha tenido precedentes el hecho de que las Federaciones de Padres y Madres de Alumnos hayan salido a la calle reivindicando una enseñanza pública y de calidad como lo han hecho. Igualmente se han producido reivindicaciones del profesorado, aunque nunca con la contundencia de los últimos meses. Ahora el profesorado vuelve a salir, en forma de simbólica marea verde, para defender no unos sueldos dignos (que podría ser) o para denunciar despidos improcedentes (que sería lícito), sino para posicionarse al lado de una enseñanza de calidad, la que merecemos.

Es evidente: padres, madres y profesorado más unidos que nunca. Este hecho es absolutamente significativo. Aunque siempre podría salir un ministro irónico diciendo que en eso radica el cambio normativo, en conseguir que familias y profesorado estén alineados y trabajando en un mismo sentido. Pero, claro, eso no deja de ser una reflexión absolutamente perversa.
Hasta este momento me he referido a la enseñanza no universitaria. Hasta ahora, la Universidad ha estado viviendo casi el “sueño de los justos”, en su sitio de élites. Y si bien se movilizó tibiamente para valorar el cambio que suponían los acuerdos de “Bolonia”, ahora ha “tomado la calle con contundencia”. Y no lo han hecho sólo los de abajo (entiéndase profesorado, personal de administración y servicios y estudiantes), han salido a dar la cara los que tienen el verdadero poder de negociación porque representan al colectivo universitario: los Rectores.
Conviene plantear un debate serio sobre el sentido del servicio público: dónde debe estar y hacia dónde debe dirigir sus pasos. En momentos de crisis, o cada cierto tiempo, es conveniente pararse a reflexionar qué tenemos y qué queremos tener. Y en ese punto de reflexión me encuentro cuando recibo la llamada del rectorado de la Universidad de Sevilla para hacerme partícipe de una idea que va dirigida a fomentar el debate sobre la enseñanza pública. Puedo confesar que me sentí tremendamente agradecida a la Institución a la que pertenezco por que dé pasos para encauzar un debate profundo sobre esta cuestión básica.
Mi Universidad (y mi Rector) está propiciando un foro donde voces autorizadas, por expertas, puedan exponer puntos de análisis para que la propia comunidad universitaria y la ciudadanía pueda valorar (en el sentido que estime, eso sí) la enseñanza y la formación porque afectan a la salud comunitaria. Se pone en marcha el Factor Universitario y yo sigo pensando, y hasta con más confianza, que enseñar es una gran tarea.

03
Ene/2013

La Calleja sin cuentos

Mercedes de Pablos Mercedes de Pablos. Concejal socialista del Ayuntamiento de Sevilla.

Si James Newell, Iggy Pop, hubiera tenido la capacidad de gestionar una flota de autobuses, crear toda una administración pública de la nada o de los restos del antiguo régimen, o ser gobernadora civil de Jaén entre otras muchísimas habilidades y ocupaciones, entonces el flaquísimo y provocador cantante estrella del punk se habría llamado Carmen Calleja: la Calleja para ser más exacta.

La capacidad de provocar es, en algunos benditos casos, síntoma de una inteligencia libre y creadora: la de Carmen Calleja, que además, hija de su tiempo y de su casa, combinaba con una inquebrantable lealtad a los principios radicales de la izquierda. “Soy muy jacobina para andarme con mariconadas” dijo una vez en público, y nadie, gay, lesbiana o practicante de la postura del misionero podía sentirse ofendido. En su caso, manos libres no ofenden, para diferente y crítica de los prejuicios sociales ella, que le cabía, desde el punto de vista de la tolerancia España y sus 17 autonomías con todas las cordilleras y hasta los cabos. Qué no hubiera dado Almodóvar por verla repasando las tropas en sus dominios jiennenses cuando Amparo Rubiales, otro crack aunque menos adicta a la estética mod, la nombró gobernadora civil: mujeres amables con mando en plaza, que no hace falta el guante de hierro ni pelos en la barba para saber mandar.

Carmen Calleja no hubiera bordado la bandera de Mariana Pineda aunque se le hiciera miel el corazón con sus nietas Mara y Sabina, aunque amara tanto a Lucas, ese hijo, del que decíamos burradas (buenas) las amigas porque así era ella: disfrazaba la ternura de chiste de El Roto. Te abrazaba sin milongas. Te quería sin cursilerías de telenovela. El itinerario profesional de Carmen ha sido tan extenso que ni siquiera la rara enfermedad (ay hija con las originalidades) le impidió seguir currando y creciendo hace más de diez años, siempre inquieta, siempre curiosa, siempre viva. Estudió todos los másteres que adornarían la pared de un pedante, ocupó todos los cargos que un vanidoso metería uno a uno en su tarjeta de visita y, mientras, pisó las calles, los bares, los libros, las conversaciones y las polémicas y frecuentó con lealtad de loba a las amigas. Amaba la ciudad, a su manera, tan libre como para entender al otro, a los otros, y ser capaz de vivir sin melodrama la disidencia.

Carmen Calleja era una política. De las, los, que nos hacen tanta falta y que no pertenecen a un pasado idealizado por pereza o malas intenciones, sino que están aquí entre nosotros, siempre dispuesta a intervenir en tertulias, a opinar, a debatir, a remangarse hasta el codo y gestionar o tomar posición. Sin complejos y sin acomplejar a quien le llevara la contraria. Hay que tener una gran solidez intelectual y moral para no eludir la discrepancia ni sentirse amenazada por los que no piensan igual. Al contrario, se crecía cuando el debate, que no los lugares comunes o las naderías, subía de tono. Y luego se tomaba una cerveza con su contrincante. No todos la querían. Tampoco eso le molestaba, lo tomaba como algo natural, al fin y al cabo tomar decisiones, gestionar empresas o posturas, siempre acarrea agravios y ella los afrontaba con naturalidad, y siempre, con finísimo sarcasmo, brutal ironía. Buscaba más la complicidad de sus amigas que el aplauso. Los afectos más que las complacencias.

Primavera 2011: presentación de un libro sobre mujeres periodistas en la Casa de la Provincia y lleno a rebosar. Se abre el debate. Alguien cuestiona el éxito profesional de las mujeres frente a la grandeza de la maternidad. Se arma el lío. Y en la primera fila, delgada como un huso, hermosa como una bailarina, Carmen Calleja se levanta y se encara a la audiencia. Alguien ha mencionado un estudio sobre las ventajas de la lactancia materna hasta los tres, e incluso los siete años del niño. “Vale. Que digo yo que si tienes el infante enganchado a los pechos hasta que tenga uso de razón, ya que está en posición… que te haga el servicio completo… ¿No? ”

Silencio. La exageración contra la tontuna. La hipérbole como herramienta. La provocación. Punkies del mundo, jubilaos, para ser de verdad provocador y cambiar el mundo, o sea nuestro mundo, o sea el mundo de cada uno, hace falta ser muy serio. Tanto como Carmen Calleja.

Habrá que trabajar mucho para honrar su memoria.

02
Ene/2013

La voz que cambió a Pedro Salinas: 80 años de deuda

Álvaro Romero Bernal / Doctor en Periodismo y profesor de Literatura
Ninguna voz es nunca personal del todo, sino que, como la sangre, va fluyendo por cuerpos enlazados generación tras generación, en generosos trasvases de amor que acaso se prestan, acaso se deben. El mayor poeta de la Generación del 27 –dicho sea lo de mayor por la edad, pero también con segundas e infinitas intenciones–, Pedro Salinas Serrano (Madrid, 1891-Boston, 1951) publicó su mayor poemario –el poemario de amor por excelencia– después de encontrarse una voz muy dentro que, no obstante, no era exactamente la suya, sino una voz ajena a la que a partir de entonces le debió su inspiración y su conocimiento de una nueva realidad: la que se sabe más ancha, más verdadera, más completa, más real… por la compleja razón de que sólo a través del amor mutuo, es decir, del “vivir sintiéndose vivido”, es como la vida adquiere definitivamente su sentido tangible, corporeizado. Justamente porque las voces no son nunca personales, Salinas no tituló aquel poemario con una frase inventada por él, sino con un verso heredado del poeta español que tal vez había conseguido mejor que ninguno –hasta el siglo XVI– insuflar a sus poemas un soplo de vida real, Garcilaso de la Vega, en cuya Égloga tercera lo había escrito con exactitud 400 años antes: La voz a ti debida.
A Salinas le vino que ni pintado aquel verso renacentista no sólo porque fue consciente de que abandonaba una etapa experimental, vanguardista y deshumanizada (Presagios, 1923; o Seguro azar, 1929) para construir los versos ineluctables que lo catapultarían hacia la poesía universal, sino también porque habría de sentirse en deuda perpetua con ese ti al que le debía su nueva voz.
Durante décadas, los exégetas de la lírica creyeron que se trataba de una segunda persona virtual, soñada, impostada para la construcción de unos poemas en la delgada línea roja de la comunicación palpitante. Pero algunos intuyeron que un pálpito tan apasionado y verdadero como el que desprendía aquel librito publicado en 1933 no podía fingirse por muy buen intérprete del idioma que se fuera, y Salinas lo era, sino que debía haber alguien detrás, y no fue hasta el reciente año 2002 cuando se descubrió: la estudiante estadounidense Katherine R. Whitmore, a la que Salinas había conocido en 1932 en los cursos de la Universidad Internacional de Verano de Santander, de la que el poeta español era ya secretario general. Katherine y Pedro vivieron una tórrida historia de amor con lagunas e incluso con océanos de por medio, hasta que su amor se hizo imposible, y no sólo porque la esposa del poeta, Margarita Bonmatí Botella, descubriera el affaire e intentara suicidarse, sino porque el novio de la estudiante, el también profesor Brewer Whitmore, la esperó en Massachusetts para casarse con ella y lo consiguió. Salinas, sin embargo, le siguió escribiendo cartas de amor hasta 1947, según se supo cuando en 2002 se publicaron, por autorización póstuma de Katherine, las 300 misivas del poeta, que constituían, por cierto, el corpus semántico de La voz a ti debida.
Se desmotraba así que Salinas no había podido escribir por simple oficio o pericia poética aquello de “morirse / en la alta confianza / de que este vivir mío no era sólo / mi vivir: era el nuestro. Y que me vive / otro ser por detrás de la no muerte”. Se demostraba así que la vida se impone a la literatura o que, dicho de otro modo, es preciso vivir para escribir y que, en todo caso, Salinas había aprendido la lección poética y de modernidad del sevillano Gustavo Adolfo Bécquer cuando distinguió entre poesía (“…¿y tú me lo preguntas? / Poesía… eres tú”) y poema y teorizó acerca de la vitalidad ágrafa de la poesía y la torpeza idiomática del poema. En este sentido, Salinas, como Garcilaso y como Bécquer, demostró con La voz a ti debida que sólo con lo vivido –y lo debido– puede un poema alcanzar vida propia, o lo que es lo mismo, puede un poema convertirse en poesía. Y no es baladí, en fin, que uno de sus primeros ensayos importantes de madurez, ya de 1940, se titule La realidad y el poeta.
Fíjense si Salinas se dejó enseñar por Bécquer que la traducción poética de aquel romance con principio y fin vivido con Katherine R. Whitmore no le dio solo para ese primer poemario, sino también para los otros dos que constituyen su etapa de plenitud: Razón de amor (1936) y Largo lamento (1939), y este último título no es sino un pentasílabo entresacado de la Rima XV de Bécquer.
No deja de ser curioso, por tanto, que más allá de la voz femenina que inspiró a Salinas su mejor etapa lírica, hubiera otra voz poética que le encauzara su expresión, y que esa voz fuera sevillana y romántica, y eso que Salinas consiguió precisamente con estos poemarios que citamos el mejor ejercicio antirromántico de su propia generación. Pero como el Romanticismo de Bécquer era ya tardío e inaugurador de una concepción moderna de la poesía, el antirromanticismo de Salinas era, quizás no tan paradójicamente, deudor de esos hallazgos intelectuales que han abierto desde entonces una nueva mirada para los poetas de hoy, que no valoran en su justa medida el imponente legado de Salinas.
Por circunstancias y preferencias vitales, Pedro Salinas fraguó en Sevilla su talla poética. Entre 1918 y la década siguiente, mientras definía sus primeros versos publicables y su hija Solita Salinas aprendía a vivir y a leer en esta misma ciudad, fue catedrático de Literatura en nuestra Universidad, donde enseñó a Luis Cernuda y Joaquín Romero Murube, entre otros muchos. Y su voz de poeta gigante y memorable se fue enriqueciendo, modernizando, depurando… para acertar con la puntería que precisa el sentimiento más universal en versos como estos: “Y vuelto ya al anónimo / eterno del desnudo, / de la piedra, del mundo, / te diré: / ‘Yo te quiero, soy yo”. De aquella voz debida hace ahora 80 años rotundos se desprenden otras muchas deudas concatenadas y una efeméride golosa y tempranamente anunciada que no debería ser ignorada. A ver qué poetas deudores alzan ahora sus voces.