Monthly Archives: Abril 2011

12
Abr/2011

Mujeres y peces en la tierra

beatriz_ricoRaquel Rico. Poeta

Muchas cosas podrían decirse sobre la vocación poética, sobre un oficio en el que para nombrar las emociones resulta imprescindible una conciencia, una reflexión sobre esas emociones y una elaboración formal que logre transmitirlas. Es una vocación que desasosiega, que nos obliga a enfrentarnos con las incógnitas de la vida, de la nuestra y de la de todos, a poner en evidencia nuestra debilidad. Por eso hace falta mucha fortaleza, mucho valor y también mucha seguridad para atreverse a recorrer un camino pantanoso en el que siempre serán mayores las dificultades que los logros.

Y la lectura de la reciente antología Peces en la tierra –dedicada a la poesía escrita por mujeres contemporáneas de la generación del 27– permite constatar una realidad innegable: las enormes dificultades de quienes vivieron un tiempo en el que los avances que en la enseñanza y en la condición de la mujer introdujo la República, retrocedieron drásticamente con el franquismo; unos años en los que tuvieron que optar entre el exilio o la también dura permanencia en una España franquista. Y esas circunstancias, si bien afectaron igualmente a los poetas de esa generación, tuvieron desde luego una incidencia mayor en las mujeres, en unas mujeres que tenían que luchar, tanto con las limitaciones impuestas por una sociedad patriarcal, como con sus propios condicionantes, con sus propios miedos.

En la mayoría de los casos su obra es breve, está fechada en años de juventud, y los poemas transmiten al lector de hoy –o al menos así ha sido en mi caso– la evidencia de una opresión y también la inseguridad y las autolimitaciones de quienes tenían demasiadas cadenas que romper. Por eso en algunas de ellas hay facilidad, ingenio y oficio pero no ambición, quizás porque no querían o no se sentían capaces de asumir tantas dificultades. Gloria de la Prada, escribirá en 1917, antes por tanto de la breve apertura que significaron los años de la República: ¡Qué fatiga ser mujer!/ Es tan solo un caminito/ el que nos dejan correr.

En el caso de Pilar Valderrama, una mentalidad conservadora –que muchas veces es también cobardía– se refleja ya en poemas que fueron escritos con anterioridad a su relación con Machado y que resultan significativos de su relación con el mundo. Un libro de 1925 se titula Huerto cerrado y en un poema del mismo nombre dirá: …por fuera la vida/y yo aislada dentro. En otro, llamado El beso, utilizará con reiteración palabras como infierno, llanto, abismo negro, pecado, fruta prohibida. Ella misma dice que a su marido no le agradaban sus aficiones y desde luego, en la valoración de estas obras, es necesario tener en cuenta una particular dificultad que indudablemente tienen las mujeres que se dedican a profesiones creativas: la falta de comprensión y estímulos en su vida privada que se añade a la también falta de valoración social.

Hay promesas que se frustran, como Ma Teresa Roca de Togores, que publica a los 15 años un libro de insólita madurez y que silenciará esa vocación durante muchos años, tras contraer matrimonio o Esther López Valencia, autora de un único poemario, prologado además por su padre, quien califica los poemas de su hija de “efusiones líricas”, renuncia expresamente a reseñarlos y se limita a hablar de ese Escorial que titulaba el libro.

Otras, como Rosa Chacel o Concha Méndez consolidaron una obra de indudable interés. En la de Chacel –abierta también otros géneros: cuento, ensayo, novela– se percibe igualmente un entendimiento de la poesía como territorio oscuro y peligroso: A la orilla de un pozo, y Versos prohibidos se llamarán dos de sus libros. Y en cuanto a Méndez, su figura resultará ensombrecida por la indiferencia de unos contemporáneos que sólo la consideraron portavoz de la vida de los otros, testigo de otras obras, de otras vidas; la de los poetas varones de su generación. Seguramente por eso sus versos repiten insistentemente la palabra sombras, que titulará uno de sus libros –Niño de sombras– y por lo que escribe en su poema “El silencio”: …No sé que hacer bajo el peso/ de esta losa.

Pero desde luego hay vidas y obras que reflejan decisión, valor, pasión. Quienes nacieron en los comienzos del siglo XX tienen ya mayor formación intelectual, como Cristina de Arteaga, una de las primeras mujeres en doctorarse, o María Cegarra, Licenciada en Química y que ejercerá como tal. En consonancia con esa profesión cotidiana, Cristales míos se llamará uno de sus libros y por sus poemas sabremos que tiene un proyecto personal y una identidad asumida: existe cuando canta sus sueños, quiere crear, volar en la amplitud, y el sol le espera en la otra orilla. Repite insistentemente la palabra realidad, una realidad que la condiciona, que la limita, pero tiene en su costado una chispa de pedernal y su corazón arde. Y también una rebeldía que es pasión y modernidad está presente en los poemas de Elizabeth Mulder. En ellos afirma que no quiere sumisión ni mansedumbre y utiliza palabras intensas: tormenta, rayo, volcán, río, ansia, oleaje.

Carmen Conde y Ernestina de Champourcí lograron además el reconocimiento de sus contemporáneos y tuvieron desde luego una personalidad muy fuerte. Conde utiliza reiteradamente un “yo” decidido, que es torre y palmera y medida del mundo, y Champourcí escribe desde los años 30 en verso libre y de esas fechas es un estupendo y moderno poema titulado “Volante”. Pero también en este caso los títulos de sus libros nombran las extremas dificultades de este oficio: En silencio, La voz en el viento, Cántico inútil, Cárcel de los sentidos, Cartas cerradas, Presencia a oscuras, Del vacío y sus dones, Huyeron todas las islas.

Finalmente, Peces en la tierra –la única obra de Margarita Ferreras– es la que da título a la antología y también a este artículo, y la razón está en que tanto la ausencia de datos biográficos como la breve reseña de Manuel Altolaguirre –en cuya imprenta se edita– resultan significativos de las enormes dificultades de ser mujer y poeta en esos años. En ella explicará la razón del título: como un pez en la tierra es la mujer enamorada. Así se mueve. Es la mujer que siente las sacudidas de una gran pasión. Un crítico poco atento leyó el título como paz en la tierra y se limitó a reseñarlo como un libro de profundos sentimientos religiosos, a situarlo en el territorio de lo admisible. Y, sin embargo, sus poemas son justamente lo contrario, enormemente interesantes y transgresores, tanto cuando se define en el amor –“ni argolla ni dogal quiero ser”– como cuando describe, y dedica a Ortega y Gasset paisajes en los que pesa el cielo como una idea fija y la última flor ha nacido con la boca amoratada.

Ahora, sin que la condición de la mujer sea la ideal, al menos se han erradicado algunos de los prejuicios de un pasado en el que, como decía el poema citado al iniciar este artículo, era solo un caminito el que nos dejaban correr.

09
Abr/2011

El escándalo de los ERE y la ‘culpa in vigilando’

OJEDAAntonio Ojeda Avilés. Catedrático de Derecho del Trabajo y Seguridad Social.

Ocurre en la opinión pública un fenómeno muy conocido por los médicos y abogados cuando algún acontecimiento despierta al especialista que llevamos dentro: que a todos nos da por desautorizar el diagnóstico del galeno o el letrado, como si fuera tan fácil llegar a una solución conforme a la pericia del caso. A los jueces, pobres jueces, también sucede lo mismo, agravada por las gruesas descalificaciones como la que en su momento profirió el exalcalde de Jerez. Pero para ellos lo peor ocurre antes, y no después de la sentencia, cuando la opinión pública ya ha juzgado una situación y corresponde a los tribunales resolver con los matices propios del Derecho.

En el caso de los expedientes de regulación de empleo (ERE) autorizados por la Junta de Andalucía, donde se han advertido fraudes en ciertos casos, hemos visto aparecer en la prensa un crescendo de juicios de valor en los que prácticamente han sido ya condenados desde el presidente de la Junta hasta el mecanógrafo que escribió el listado.

Me gustaría terciar en el debate para reflexionar sobre algunos aspectos que han pasado desapercibidos hasta el momento, salvo honrosas excepciones, y que podrían matizar un algo los durísimos juicios que se vienen emitiendo sobre los responsables de setenta casos fraudulentos en un conjunto de 1.700 beneficiarios. Sin minimizar la gravedad de unos comportamientos que comprometen una parte de los 647 millones de euros invertidos en reducir plantillas de las empresas andaluzas en los últimos diez años, creo que mezclar toda clase de responsabilidades y de culpables para llevarse por delante lo conseguido con esos ERE conduce a una tergiversación que en nada beneficia a la justicia.

Ante todo, los expedientes de regulación de empleo constituyen una fórmula altamente sofisticada, no exclusiva de España desde luego, que ha permitido en muchos casos sobrevivir a las empresas en crisis y a los trabajadores que permanecen en ellas. En España ni siquiera podemos criticar la facilidad con que se despide por esta vía, pues en otros países europeos el empresario solo tiene que consultar al comité y después obrar como le parezca más oportuno, y en Estados Unidos ni siquiera hay consulta. En nuestro país, además, las Administraciones se implican de mil maneras, aportando fondos para las indemnizaciones, mediando entre empresas y sindicatos, desbrozando el camino. Cada ERE significa un encaje de bolillos con mil matices a tener en cuenta, y la presión sindical es fortísima. En ese ambiente de enorme tensión, cuando se juegan los destinos de muchos trabajadores, la concesiones son múltiples por ambas partes, y con facilidad los límites jurídicos se difuminan. Hay que llegar a un acuerdo como sea, porque nuestra tradición impide que sin acuerdo pueda otorgarse la autorización administrativa para despedir. Quienes se llevan las manos a la cabeza señalando con el dedo las desviaciones de cuanto debería ser una escrupulosa y milimétrica observancia de la legalidad posiblemente prefieran la solución americana de una incisión quirúrgica, limpia aunque traumática.

Pero es que los ERE andaluces no han infringido la legalidad. Se ha abundado por los críticos en los informes de la Intervención de Hacienda poniendo en guardia sobre la asignación de las ayudas por el epígrafe de transferencias de explotación, en lugar de por el más apropiado de subvenciones excepcionales, pero los informes solo alertaban de que el atajo podría ser ilegal, sin por ello condenarlo. En la situación de los ERE, los trabajadores necesitan comenzar a cobrar de inmediato, sin esperar a una aprobación de partidas ordinarias que puede durar meses. Me consta, además, que en todo momento la Consejería de Empleo ha actuado con el asesoramiento jurídico de los mejores bufetes del país, y han seguido la opinión de reconocidos expertos. No creo, por tanto, que haya existido lo que podríamos llamar culpa in contrahendo, aunque tanto la Consejería como sus asesores pueden haberse equivocado en la elección del procedimiento de urgencia.

Ahora bien, lo que sí ha existido es el fraude y el beneficio de algunos desaprensivos, operando dentro de las instituciones que concedían las ayudas. Y si esto es así, podríamos pensar que la Junta ha incidido en culpa in vigilando por no haber detectado los abusos de tales irresponsables. Esa culpa no se exige por los tribunales en su grado máximo, o en otros términos, la diligencia requerida es la normal que podríamos llamar de un buen padre de familia o de un buen comerciante. Con lo cual estamos diciendo que incluso a un buen comerciante le pueden engañar sus empleados. Pedir las dimisiones de Griñán, Chaves, Zapatero y de los consejeros de Empleo de los últimos diez años parece desde esta óptica desorbitar los términos, e igual en este trance se debería pedir además la dimisión de Van Rompuy por si las moscas.

La presente historia siempre tendrá un final feliz, porque por vez primera se ha denunciado la trama y se ha puesto a disposición de los tribunales la documentación existente. Algo hemos aprendido, al menos en Andalucía. Y, junto a la enérgica actuación frente a los pícaros, creo que también hemos aprendido algo más subliminal: subvencionar los despidos en masa para salvar empresas no debiera ser el destino de los fondos públicos, sobre todo ahora que la ley 35/2010 ha puesto en marcha el modelo alemán de reducciones de jornada en lugar de despidos. Porque, como bien ha dicho el profesor Ferraro, las Administraciones pagan solo en casos en que la paz social está en peligro, solo para las grandes empresas con organizaciones sindicales fuertes, y eso implica un trato diferente para las crisis de tantas pequeñas empresas cuyos cierres pasan desapercibidos y ni siquiera intentan evitarse.

07
Abr/2011

Empaticemos con las víctimas de la violencia de género

flor_torresFlor de Torres. Fiscal Delegada Autonómica de Andalucía de Violencia de Género.

Qué tienen en común Irina Petrova y su hijo Sergio de ocho meses, Ana Padilla, Cecilia Natalia Coria Olivares, María Victoria Ochando, Yadira Mirella, María Isabel Ortuño, Susana Galdeano, Catalina Mondejar, Chulí Jin, Violeta y tantas y tantas mujeres que mueren asesinadas por actos de violencia de género?

¿Hay tantas similitudes culturales, educacionales, de comportamiento, de asertividad, de tolerancia a la frustración, de edad o de nacionalidad que las determina a morir asesinadas por sus verdugos?

No tuve el honor de conocerlas personalmente, pero conocí sus vidas a través de sus familias, de sus hijos y de la cruel forma de como murieron al estudiar sus autopsias y reconstruir los hechos en el lugar donde se produjeron.

Nunca voy a olvidar la sonrisa de Sergio de ocho meses junto a su madre. Ambos asesinados por su padre y marido cuando Irina estaba alimentándolo. Les clavó a ambos por la espalda un cuchillo. Luva Petrova, su abuela y madre, tras el juicio me sigue visitando y contando historias de Rusia porque ella sobrevive a su tragedia con sus fotos sonriendo. Cada día me trae nuevas fotografías que va recogiendo de la casa que yo visité ya vacía y sin vida cuando con el Juzgado reconstruimos los asesinatos.

Tampoco soy capaz de cerrar la historia de Ana Padilla, pese a que ya han pasado casi tres años del juicio. Pero su familia sigue en contacto conmigo. Sus hermanas me visitan y me gusta que me digan que los hijos de Ana siguen estudiando y que casi son ya adolescentes. Ellas, sus hermanas y sus dos hijos, son las supervivientes de la violencia de género. Viven para sus hijos y para los hijos de Ana.

A veces he tenido que contener la emoción o las lágrimas cuando probamos en el tribunal o en el jurado esa forma de vivir a las que eran condenadas en vida. Mi visión se nubla aun más cuando se vuelve a cuestionar esas vidas y esos testimonios neutralizando estos sacrificios humanos con los privilegios de la Ley.

¿Para qué quieren Irina, Sergio su hijo, Ana, Yadira, María Isabel y tantas mujeres asesinadas esos privilegios? ¿De qué forma piensan ellas neutralizar los beneficios de una Ley que las posicionaba en una eventual discriminación positiva frente a sus asesinos ya condenados por sus asesinatos?

Para ellas no fue suficiente porque no supieron derrotar al monstruo de la violencia de género con su lucha silenciosa. No supieron o no les hicimos entender que la lucha no era a solas con el asesino, sino que la lucha era una lucha social. No llegamos a tiempo.

Han transcurrido algunos juicios, hemos conseguido sentencias absolutamente ejemplares. No sólo se ha hecho justicia, sino que además estas sentencias están impregnadas todas ellas de una razón: se mata. Se asesina. Pero se ha matado y se ha asesinado porque a Irina, Sergio, Ana, Yadira. María Isabel y sus compañeras previamente les asesinaron su integridad moral.

Porque como ya reconoce el Tribunal Supremo se han sentido previamente envilecidas, humilladas o vejadas en su dignidad. Esto es, se les ha violado su integridad moral. Se les ha arrebatado previamente el espacio propio y por consecuencia necesitado, susceptible y digno de protección penal.

El Alto Tribunal nos recuerda que este espacio o ámbito propio se define fundamentalmente desde la idea de la inviolabilidad de la personalidad humana en el derecho a ser tratado como una misma, como un ser humano libre y nunca como un simple objeto de propiedad privada.

Y solo después se las mata y se las asesina. ¿Hay peor crimen que éste?

De todas las reflexiones que hago con ustedes, sólo tengo certeza de una respuesta para esta última pregunta. No conozco un hecho más deplorable que asesinar a una mujer por el hecho de serlo y por ser o estar unida a su asesino en una relación afectiva.

Y a partir de aquí reconstruyamos nuestra aproximación a una víctima de violencia de género.

Entendamos la distorsión cognitiva, la falta de asertividad, la frustración y las presiones a las que se ve sometida una víctima de violencia de género que incluso la lleva a morir, a dejarse morir y luego a que las maten.

Pagan con sus vidas sus silencios.

A partir de esta cruda realidad aprendamos a empatizar de una vez con las víctimas de violencia. Sólo así sabremos que si no nos quieren hablar es porque las han callado, que si presentan altos niveles de tolerancia a la violencia es porque es lo único que le han dejado aprender, que sobrevaloren el rol masculino sobre el femenino porque eso es lo único que han visto, que no quieran declarar es por su falta de asertividad, que sean vulnerables al estrés y presenten conductas de huida pues es lo que las hizo supervivientes.

He tenido el privilegio de trabajar en lugares tan dispares como Bolivia, Guatemala y Marruecos y conocí a sus víctimas de violencia de género, a su sociedad y a sus leyes. Cambian los nombres. No las protagonistas. No cambian las víctimas ni por supuesto los asesinos. Se habla de Femicidios y Feminicidos. Allí son denominadas Supervivientes de la Violencia de Género.

Por mi parte me gustaría que fueran recordadas todas ellas como autenticas Heroínas de la Violencia de Género. Hagamos entre todos y todas un esfuerzo por ello. Pero por favor: empaticemos de una vez con las víctimas de la violencia de género y no cuestionemos su forma de actuar ante nosotros. Es un débito a su memoria y a sus familias.

05
Abr/2011

Sociedad civil y educación en compromiso: claves de la democracia

Tribuna Josu Gomez BarrutiaJosu Gómez Barrutia. Presidente de la asociación Progresistas de Andalucía.

Ciertamente vivimos tiempos malos para la lírica, tiempos cargados de retos y desafíos en la sombra alargada de esta crisis económica mundial que ha generado un efecto de pesimismo y de brazos caídos entre gran parte de la ciudadanía, no por menos las encuestas determinan un posicionamiento claro de la sociedad que se muestra incapaz de ver una salida a una crisis, a mi juicio sistémica, que ha puesto de manifiesto algo en muchas ocasiones ya referenciado por diferentes autores e intelectuales del mundo: el debilitamiento del Estado frente al poder económico.

Y este hecho sumamente grave ha llevado aparejado una tutela constante a la que la ciudadanía nos vemos condenados por unos denominados mercados que, constituidos en pequeñas mesas redondas en Londres o Nueva York, determinan qué es lo que se debe o no se debe hacer, qué recortes en los derechos de la ciudadanía se deben o no llevar a cabo por los estados en pos de la estabilidad económica mundial. Curioso cuando menos ver como quienes han sido los bandoleros de la economía globalizada ponen ahora sus reglas y pautas a los estados, incapaces éstos de hacer frente a una realidad política y económica supranacional en un mundo global en donde si Japón se constipa Europa estornuda. Se establece de esta forma un choque a mi juicio entre dos modelos de globalización o de gobernanza mundial, la defendida por un pensamiento progresista a favor de una globalización justa, un reforzamiento del Estado y del sistema público en pos de la igualdad entre la ciudadanía o medidas como la de garantizar la primacía de la legalidad y el control sobre los movimientos migratorios, fortalecer la cooperación internacional para mejorar las condiciones de vida, económicas y sociales en los países emisores, y desarrollar una política de inmigración clara, que provea de derechos y obligaciones a los ya emigrados. Frente a este modelo de sociedad global está el pensamiento neoliberal –en alza en la actualidad– en donde la economía manda frente a los derechos y las libertades y en donde los sistemas públicos garantistas se difuminan a golpe de tuerca en forma de medidas “de control presupuestario”, medidas que en el fondo llevan aparejadas la quiebra del principio rector de la igualdad en las democracias, principio que permite que la ciudadanía tenga la oportunidad de tener a su alcance conquistas de antaño como la educación o la sanidad pública entre otras. En definitiva es el propio modelo de Estado el que está en juego en las postrimerías de un siglo XXI cargado de nuevos retos que ahora tocan ser enfrentados por las generaciones que, nacidas al abrigo de la democracia, tenemos ante nosotros el deber y la responsabilidad de nuestra participación activa, y es cuando menos curioso observar cómo el apagón y el alineamiento en los contenidos ofertados desde las televisiones de países como España o Italia pretenden tal vez desmovilizar a través de esa nueva cultura ficticia que hace que los problemas personales de Belén Esteban o las tramas de Gran Hermano sean para las generaciones de jóvenes de nuestro país de más interés que el conflicto en Libia o la reforma laboral.

Llegados a este punto no cabe duda de que son dos las claves que desde el pensamiento progresista deben de ponerse en valor como elementos fundamentales para hacer frente a la situación que el presente y el futuro deparan a nuestra democracia, por un lado el reforzamiento de la sociedad civil, de una sociedad civil activa, libre, independiente y reivindicativa, una sociedad que debe de servir como contrapeso a los poderes tradicionales del Estado frente a las desviaciones que desde los mismos se pudieran realizar en relación al ejercicio de sus responsabilidades, la calidad de una democracia lo es mayor en base de la existencia por ende de una sociedad civil en los términos anteriormente señalados. Se convierte la misma de esta forma en una salvaguarda y una vigilante activa del propio desarrollo democrático, ¿o es que acaso nuestra propia transición democrática no fue gracias en gran parte a ese tipo de sociedad civil comprometida, o no lo fue menos en los movimientos que alzaron la voz para decir “No a la guerra”? Hoy, en cambio, asistimos a un inmovilismo, a una falta de participación y compromiso en las nuevas generaciones de jóvenes, generaciones de universitarios que se movilizan en torno a grandes botellonas o partidos de fútbol de la selección española en un mundial de Sudáfrica pero que se alejan en su mayoría del compromiso activo de la participación social y política, de las herramientas por ende que desde la sociedad civil se tienen no sólo para hacer frente a los retos de este nuevo tiempo, sino para seguir conservando los derechos y las libertades que anteriores generaciones han logrado con trabajo, esfuerzo y compromiso. ¿O es que acaso piensa alguien que los derechos que hoy disfrutamos son consecuencia de una tarde de verano? Y ante esta falta de compromiso analizada anteriormente y a mi juicio la casi inexistencia de una sociedad civil activa, tenemos que analizar desde el pensamiento progresista las causas que nos han llevado a ello. Aquí varias a mi juicio son las causas, y varias las soluciones.

Las causas claras: la falta de participación en la política y el alejamiento de ésta de la sociedad, la falta de una sociedad civil activa e independiente, la inexistencia de un modelo educativo que tenga como principio rector la educación en el compromiso o la existencia de modelos de comunicación a través de los mass media que forja a las nuevas generaciones de jóvenes en valores alejados del compromiso, el esfuerzo o la solidaridad. Las soluciones concretas: la puesta en marcha de un modelo de partidos políticos de apertura a la ciudadanía y de procedimientos de democracia participativa en su seno que posibiliten la participación real y libre de quienes quieran aportar su tiempo y su esfuerzo en la construcción de una sociedad justa, libre e igual, el apoyo decidido a la activación e independencia de la sociedad civil y el trabajo constante y en red de ésta con los agentes públicos y privados en la construcción de proyectos comunes y el replanteamiento del modelo educativo a todos los niveles son sólo algunas de esas soluciones que desde el pensamiento progresista tienen que ponerse en marcha. Cabe reseñar aquí la importancia de la educación, de la apuesta decidida en el replanteamiento de la misma, pues no sólo es educación la que se conforma en base a la asimilación de contenidos sino también la que fuerza a hombres y mujeres en el compromiso democrático. La asignatura de Educación a la Ciudadanía es un primer paso sin lugar a dudas, pero creo firmemente que deberían de existir otros, nuestras universidades por ejemplo deberían ser espacios a la reflexión y el compromiso, a la formación en valores, no sólo en conocimientos y la construcción de ciudadanos y ciudadanas plenos en el significado de la palabra ciudadanía, la puesta en valor de la creatividad y del espíritu crítico son otros de los valores que desde nuestra educación pública deberíamos de poner en valor y de igual forma, como señalaba recientemente el candidato a la Alcaldía de Sevilla Juan Espadas, la inversión pública constante en infraestructuras educativas que permitan el desarrollo de esa educación al alcance de todos y no sólo de unos pocos, pues es ésta el elemento fundamental que forja las democracias y es ésta la que determina la temperatura de nuestro presente y la hoja de ruta de nuestro futuro.

04
Abr/2011

La segunda muerte de Rafaela

amparo-caritaAmparo Díaz Ramos. Abogada.  Coordinadora del turno de trata de  personas con fines de  explotación del Colegio de Abogados de Sevilla.

No sé si la señora Rafaela Ruedas Contreras tenía hijos o familia cercana, pero creo que puedo imaginar –al menos en parte– el dolor y desconcierto que, si los tenía, deben sentir. No es fácil asimilar que una mujer pueda denunciar a su pareja por maltrato y que la administración de justicia lejos de poner límite a las conductas amenazantes, absolviera al denunciado. Más difícil debe ser todavía asimilar que hace un mes, después de que Rafaela muriera a hachazos y se entregara como autor de los mismos precisamente aquel a quien había denunciado, la Audiencia Provincial de Granada volviera a absolver a ese hombre de los hechos por los que había sido denunciado.

A mí como abogada nada de eso me sorprende, me indigna, pero no me sorprende. Al contrario, teniendo en cuenta cómo es nuestro sistema judicial lo que ha trascendido de las resoluciones judiciales me parece normal, lo raro es que algo así no haya sucedido antes.

Lejos de lo que se difunde habitualmente, las víctimas de violencia de género tienen que hacer un enorme esfuerzo para que su situación sea abordada en los Juzgados, y en la mayoría de los casos, ese abordaje es muy limitado pues no llegan a poder contar todas las conductas humillantes y violentas. Las personas que estamos ahí para atenderlas o para intervenir en la situación no tenemos una formación completa para hacerlo pues ni en la facultad de derecho, ni en la de psicología, ni en la de medicina, ni en la de trabajo social, se estudia a fondo esta problemática. Tras la Universidad los numerosos cursos a nuestro alcance, no suelen ser exhaustivos ni abordan toda la complejidad del fenómeno. Y normalmente tampoco son obligatorios. No tenemos conocimientos suficientes sobre cómo hacer valoraciones de credibilidad en casos en los que hay múltiples vinculaciones entre las partes, ni de peligrosidad. A esta ignorancia se une que cargamos sobre nosotros y nosotras los mismo prejuicios que el resto de la sociedad, solo que al actuar como “profesionales” esos prejuicios se vuelven más sutiles y peligrosos.

Nuestro sistema judicial no está hecho para proteger a las víctimas. De manera que los delitos más frecuentes, los que se realizan en el ámbito doméstico, y que suelen tener como víctimas a las mujeres, hijos e hijas, no encuentran una respuesta satisfactoria de la Administración de Justicia. Por supuesto se ha mejorado mucho en los últimos años, pero no se ha culminado el proceso de rediseño de la Administración de Justicia y ya hay una vuelta atrás hacia la situación anterior.

Con la Ley de Medidas de Protección Integral de Violencia de Género, se dio un paso muy importante, incidiendo en la gravedad del problema y en la necesidad de un enfoque integral para resolverlo. Pero no se modificó suficientemente la Ley de Enjuiciamiento Civil ni la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ni el Código Civil ni el Código Penal y, además, hay más cambios en los Juzgados de jueces y personal de los que sería aconsejable y en muchos de ellos no se dispone del tiempo suficiente para estudiar en profundidad cada caso. Así que la inercia hacia la “no intervención” o “minimización” de la gravedad del problema sigue estando presente en numerosos Juzgados.

Por eso lo que ha trascendido del procedimiento judicial de Rafaela no es infrecuente: el Juzgado al valorar la credibilidad de las partes no llegó a ninguna conclusión y posteriormente la Audiencia Provincial no entró a valorar las pruebas realizadas en el acto del Juicio, por faltarle inmediatez. Aunque se ha invertido una gran cantidad de dinero en poder grabar las sesiones de los juicios, según el Tribunal Constitucional si el juez o jueza no escucha y ve directamente a la persona que declara no puede valorar su credibilidad. Parece que la cercanía física debe conllevar algún tipo de percepción muy superior a la que se consigue mediante la reproducción de las grabaciones, y por eso en la segunda instancia no es posible volver a valorar esas pruebas. Personalmente jamás he sentido ese tipo de percepción mágica en un juicio y creo que con una buena grabación escuchada y visualizada de cerca puede accederse a la información con tanta garantía como estando presente, o incluso más, pues se puede ver y escuchar varias veces.

De hecho, la ley permite en determinados casos que la declaración en el acto del juicio se haga por videoconferencia o que se grabe durante la instrucción y luego se reproduzca en el juicio; así que en mi opinión es excesivo el valor que el tribunal Constitucional le otorga a la inmediatez, y si se quiere hacer justicia en el siglo XXI deben revisarse las sentencias usando las grabaciones. Eso sí, es importante que la grabación tenga calidad, y que se coloque el ordenador lo suficientemente cerca para poder ver y oír todo.

Al no valorar de nuevo la declaración de Rafaela la Audiencia Provincial de Granada, algo que tras su homicidio es notorio para la ciudadanía –que sufría maltrato y amenazas de muerte– a nivel jurídico es como si no existiera, como si esa parte de la vida de Rafaela hubiera sino aniquilada, como si también hubiera muerto.

Por respeto hacia Rafaela y hacia todas las víctimas, y también por respeto al concepto de justicia, creo que debemos pedir que nuestro sistema judicial sea modificado en profundidad. Necesitamos una justicia que sea capaz de descubrir la verdad, que saque a la luz las miserias que suceden con frecuencia en el interior de los hogares, y que no las entierre.