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Sep/10

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Primarias: libertad, democracia y también liderazgo

barrutiaJosu Gómez Barrutia. Presidente de la asociación Progresistas  de Andalucía

Sin lugar a dudas  los últimos acontecimientos políticos que han tenido lugar en Madrid en torno a la  celebración  de las elecciones primarias entre el secretario General  de la federación socialista madrileña, Tomas Gómez, y la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, representan a todas luces uno de los mejores acontecimientos que han podido tener lugar en pos de la democracia  interna en el seno de los partidos políticos.
La posibilidad  de dar la voz  y el poder de decisión a las bases de los partidos políticos es un modelo de coherencia, valentía y estética de la ética de la que Tomas Gómez y el propio PSOE han hecho gala, todo ello en un tiempo en donde la incoherencia entre el discurso y la acción aparece por desgracia por muchas esquinas de los despachos de la política de nuestro país. Pero no sólo el efecto de las primarias ha producido un efecto interno en las estructuras de partidos, sacando los colores y poniendo en jaque el modo democrático de asumir responsabilidades de quienes, una vez apoltronados en sus sillones y chaquetas con corbata, olvidan que la democracia plena se debe practicar desde que uno pretende “escalar”  hasta cuando uno ya está en la “cima “de la montaña.
Además, se ha lanzado a la ciudadanía de a pie un mensaje claro y directo de que “otra política es posible” , hecho éste que cobra un valor excepcional en una sociedad en la que crecen las cifras de absentismo político y en la que la clase política, según indican periódicamente los barómetros del CIS,  se han convertido en el tercer problema por orden de importancia que más preocupa a los ciudadanos.
Así, ha quedado blanco y en botella que el fenómeno de las primarias es a todas luces la mejor herramienta para que cada cuatro años las bases de los partidos políticos tengan la opción de opinar libremente y en igualdad, y evitar de esta forma que las oligarquías societarias que en muchas ocasiones asumen la democracia delegada impongan bajo sus criterios personales a las personas más “capacitadas” al frente de las listas electorales.

La política actual debe estar marcada por los pilares fundamentales de la libertad, la democracia y el liderazgo de la ética. Ésa que nace desde la coherencia entre el pensamiento y la acción, entre el espíritu progresista de quienes con la verdad en la palabra y sin ambages de ningún tipo quieren cambiar el mundo en cada uno de sus cinco metros cuadrados que le rodean. Es el tiempo para ello y Tomás Gómez el primero de los secretarios generales socialistas de nuestro país en sumarse a esta propuesta.
De esta forma, España se suma a un debate que ya se está dando en el ámbito de la socialdemocracia Europa, y que viene marcado principalmente por dos tendencias en los partidos políticos que conforman dicha ideología socialdemócrata. De un lado, aquellos que defienden y entienden que las estructuras políticas de los partidos de la llamada izquierda deben de flexibilizar sus estructuras a las nueva realidades sociales, económicas y culturales, abriendo de manera decidida las mismas a la ciudadanía de pie. Y, por el otro, quienes defienden la necesidad de mantener una estructura ordenada y piramidal de sufragio indirecto en donde la dirección política y la decisión sea marcada por la cúspide.
Tal vez la  síntesis de ambas posturas pasen por la necesidad de unificar el modelo de dirección político indirecto con el derecho recogido de los militantes de los partidos políticos de decidir en igualdad, libertad y en voto secreto cada cuatro años quienes deben ser los llamados a representar la voluntad de la militancia de base, que no es otra cosa que lo más parecido a esa soberanía popular desde donde emana la democracia, aquella donde se sustentan los pilares de las sociedades justas, equitativas, igualitarias y libres.
Tomás Gómez ha dado ese paso de dar voz a quienes democráticamente deben de participar en la elección del candidato, permitiendo que se celebre un debate interno ,bueno y saludable en una organización política: el de los militantes de base.