12
Dic/2009

La Real Fábrica de Artillería o la invención de Morel

Julián Sobrino. Coordinador del Foro de  Arquitectura  Industrial en Andalucía

La ciudad de Sevilla ha estado íntimamente ligada a la historia de la metalurgia en sus diferentes manifestaciones y especialmente al arte de fundir metales con fines militares dada su singular importancia geoestratégica en diferentes momentos de la historia de España.
La Fábrica de Bronces de Sevilla, antecesora de la actual Real Fábrica de Artillería, surgió alrededor de 1565 producto de la iniciativa privada de la familia Morel, ubicada en dos solares del barrio de San Bernardo, con tan sólo un pequeño taller y dos hornos. En 1634 la fábrica pasó a ser propiedad de la Real Hacienda, iniciándose una etapa denominada de los ‘Asentistas’, en la que los fundidores quedaban unidos a la fábrica por asientos o contratos de diez años. Este periodo fue muy productivo debido al comercio con las Indias y a los encargos de la Corona. Como consecuencia de este desarrollo se llevaron a cabo continuas ampliaciones configurando un conjunto dentro de la trama urbana del barrio, al que se incorporaron calles y casas en un proceso de agregación muy habitual en la configuración tipológica del parcelario urbano de esta ciudad.
La actual Real Fábrica de Artillería inicia su construcción en el primer tercio del siglo XVIII recibiendo un fuerte impulso constructivo durante el reinado de Carlos III con el excelente proyecto de Jean Maritz respondiendo, con su tipología, al modelo de las grandes manufacturas reales de la época gracias al sentido unitario, a la par que flexible, del espacio. Su configuración inicial se basa en la definición de una cuadrícula continua cuyo módulo de repetición está formado por cuatro pilares unidos por un sistema arquitrabado y cubierto por una bóveda vaída, cuyas proporciones son las del gran horno de fundición. Con este sistema se lograba un espacio de grandes dimensiones, capaz de albergar libremente los diferentes talleres en los que se había de desarrollar el proceso de básico de la fundición.

Como resultado de los cambios en la estrategia militar acontecidos desde mediados del siglo XIX y, sobre todo, en las décadas iniciales del siglo XX se hicieron necesarias importantes reformas en el edificio histórico (declarado actualmente BIC) y que gracias a la ordenada secuencia estructural de este edificio permitió que la fábrica se adaptara con facilidad a las sucesivas ampliaciones realizadas con nuevos sistemas constructivos y materiales diferentes a los originales.
En los años iniciales del siglo XX se constató la necesidad, no ya de reformas parciales sino de una importante ampliación que incorporase nuevas instalaciones y talleres de maquinaria, además de viviendas y otros servicios. Esto se produce en los terrenos situados enfrente de la antigua fábrica, junto al antiguo edificio de la Carbonería construido también en el siglo XVIII. En esta importante parcela, colindante con el Ferrocarril de Sevilla-Cádiz, se realizaron entre 1906 y 1945, las diferentes fases de esta importante ampliación. La primera fase se marcó como objetivos la construcción de viviendas para los directivos y jefes en el borde de la parcela con la avenida de Eduardo Dato, en base a unas viviendas unifamiliares de estilo ecléctico muy interesantes y la construcción en 1906 de una importante nave de planta rectangular de cerca de 3.700 metros cuadrados, con cerramiento de muro de carga perimetral, cubierta en diente de sierra y estructura metálica realizada en la Fundición San Antonio de Sevilla (antigua Fundición Bonaplata) fábrica en la que se fundieron interesantes estructuras metálicas como el Puente de Isabel II o las Cocheras de los Ferrocarriles Andaluces en Utrera (de similares características a las de esta nave). La segunda fase se produce a finales de la década de los veinte del pasado siglo y consistió en la construcción de dos nuevas naves perpendiculares a la vía férrea de Sevilla-Cádiz y paralelas a Eduardo Dato inauguradas en 1930 y un laboratorio de clara influencia racionalista. La tercera fase se produce ya hacia 1945 con la adición de una pequeña nave al final de calle principal y pequeñas reformas.

Hoy, cuando los espacios industriales, sean de la Era de las Artesanías Manuales o de la Era Industrial Mecánica, son minusvalorados tanto por la Academia, pretendidamente artística, que no los asume como monumentos, como por las Empresas-Estados o Estados-Empresas del opulento y decadente final del periodo post-capitalista que sólo las ve como lugares para la especulación. Hoy, cuando ya se ha disuelto el vínculo entre materia prima-producción-consumidor, los espacios industriales han perdido fuerza narrativa y carácter físico. La estrategia que propongo, por tanto, ha de venir marcada por salvaguardar el valor intrínseco del monumento, como monumentum, del latín munere “que recuerda”, desde la memoria de la primitiva y giraldesca fundición de Juan Morel, trayendo en nuestra ayuda el cuento de La Invención de Morel (Adolfo Bioy Casares, 1940) relato en el que una máquina es capaz de reproducir todos los sentidos juntos, simultáneamente, y donde Morel explica su invento diciendo que “congregados los sentidos surge el alma” al igual que lo que necesita esta fábrica. De esta manera hagamos método de la memoria ya que en la Real Fábrica de Artillería encontramos una historia auténtica de la ciudad de Sevilla. Condensada en sus altas naves, en sus espaciosos patios, en sus calles. En forma de esplendor y de crisis, de estructuración y descomposición, de construcciones y demoliciones, de ampliaciones y abandonos. La Real Fábrica de Artillería es una tipología territorial. Constituye un paisaje histórico industrial, paisaje de la producción, del cual sólo se identifica en la actualidad la arquitectura emergida del antiguo iceberg diacrónico y cliodiverso. Es una topocronía. Y nos exige un análisis acorde con su específico ser-patrimonio para intentar habitar un fósil sin destruirlo.

Mi propuesta consiste básicamente en abrir un debate en la ciudad de Sevilla en el que se impliquen los ciudadanos y las instituciones, creando un grupo de estudio, para objetivar el proyecto de rehabitación que permita conservar la memoria histórica de la Real Fábrica de Artillería recuperando su patrimonio material e inmaterial como soporte básico de la intervención. Que ayude a transformar la Real Fábrica de Artillería en un espacio de actividad e innovación marcado por usos compatibles con la difusión de sus contenidos arquitectónicos, tecnológicos y científicos. Que genere un programa que facilite la integración coherente del nuevo proyecto en un monumento histórico industrial excepcional. Que conecte la Real Fábrica de Artillería con iniciativas similares existentes en los ámbitos nacional e internacional. Que integre los valores de este conjunto industrial en la oferta de difusión y recuperación patrimonial realizada desde la ciudad de Sevilla. Que convierta a la Real Fábrica de Artillería en una marca de identidad de las políticas patrimoniales desarrolladas desde la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla. Que responda a una estrategia sostenible de proyecto, gestión y mantenimiento.
La Real Fábrica de Artillería, parafraseando a Pier Luigi Cervellati, ha representado un punto de referencia en la vida de las pasadas generaciones de sevillanos y gentes de otros lugares. Hoy debe significar un espacio de encuentro entre nuestra existencia actual y la de las generaciones futuras. Relacionarse de nuevo con una historia, que para Sevilla, significa conectar de nuevo el orto de esta ciudad, Domínguez Ortiz, con la Sevilla innovadora, sostenible y respetuosa de su pasado que todos queremos para este nuevo siglo XXI.

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