Monthly Archives: Diciembre 2009

31
Dic/2009

Ciudad tomada

Francisco Espinosa Maestre. Historiador especializado en la recuperación de la Memoria Histórica

Pronto hará un siglo que el Ayuntamiento de Sevilla decidió bautizar la calle Rubios, así llamada desde varios siglos antes, con el nombre del fanático fraile capuchino Diego de Cádiz (José Francisco López-Caamaño García-Pérez). Éste había muerto en 1801 pero, con motivo del centenario, tanto en su Cádiz natal como en otras ciudades, caso de Sevilla, decidieron organizar actividades diversas en su memoria. Fue entonces, en torno a 1910, cuando los capuchinos de la Puerta de Córdoba pidieron una calle para él, y el Ayuntamiento, tan solícito como siempre para todo lo que venga de la Iglesia, decidió poner a su disposición el nombre de la calle Rubios. Una vez más la derecha permanente demostró que la tradición le importa un bledo (recuérdese cómo recientemente ha sacrificado la calle Escoberos, así denominada desde la Edad Media) y que, en cualquier caso, lo suyo es la santa tradición.
Cuando llegó la II República la calle Rubios recuperó su nombre (la imagen de fray Diego de la capilla de San José fue quemada en mayo de 1931 y arrojada al río) y la Ronda de Capuchinos pasó a ser la avenida de Blasco Ibáñez, cambios que duraron exactamente hasta finales de 1936, en que se volvió a la situación anterior. Y así hasta la fecha, ya que desde la transición nadie ha considerado oportuno que la calle recupere el nombre de Rubios. Por lo visto, el hecho de que el fraile gaditano sea representante del integrismo carlista y constituya un hito del pensamiento reaccionario carece de importancia. Lo asombroso del caso es que, cien años después de que la calle fuera secuestrada por la Iglesia con ayuda de la corporación de turno, la gente siga nombrándola por su antiguo nombre. Naturalmente pocos recuerdan ya el motivo por el que se concedió la calle al fraile: sus incendiarios sermones por toda España y muy especialmente por Andalucía representaron en el último tercio del siglo XVIII una de las puntas de lanza contra la Ilustración y contra todo lo que conduciría en 1789 a la Declaración de los Derechos del Hombre por la Asamblea francesa. Otro mérito no tiene.
Un siglo después, a fines del XIX y principios del XX, será el jesuita valenciano Tarín (Francisco de Paula Tarín Arnau), otro fanático integrista, el que recoja la antorcha del agitador gaditano. De él nos cuenta William J. Callahan en La Iglesia católica en España (1875-2002) que en cierta ocasión en que durante una misión coincidió en Gata (Cáceres) con misioneros protestantes reunió todos los libros que éstos habían repartido e hizo una pira con ellos a plena luz del día y en medio de la plaza. Este Tarín, que murió en 1910, también tiene calle desde 1950 y en 1987 fue declarado “venerable” por el papa polaco Woytila. Según cierto cronista sevillano, era tal su poder que cuando predicaba en San Roque eran los propios obreros, muchos de ellos anarcosindicalistas, los que lo sacaban a hombros. De ser cierto esto, lo cual me permito dudar, quedaría a la vista el desnortamiento absoluto, cuando no la completa enajenación, de la clase obrera sevillana.
El padre Tarín tuvo por biógrafo al jesuita Pedro María Ayala, especialista, junto con su hermano Mariano, también jesuita, en sermones durante los años treinta y especialmente en los tiempos posteriores al golpe militar del 18 de julio, cuando aparecen por la prensa dando luz y guía a militares golpistas, falangistas o incluso a las damas católicas, a las que aconsejaban que procurasen ir acompañadas de la servidumbre. Los tres tienen calle, el primero en Sevilla y los otros dos en Bollullos del Condado (Huelva), de donde eran naturales. Con motivo de la muerte del primero en 1949, el ABC de Sevilla destacó que era “muy estimado por las familias humildes, a las que repartía abundantes limosnas”. Desde luego difícilmente se encontrará una situación más apropiada para la filosofía de la limosna que la creada en España a consecuencia del ciclo represivo abierto con el golpe militar y cerrado con la durísima posguerra.
He aquí pues a tres personajes, fray Diego de Cádiz, el padre Tarín y el padre Pedro María Ayala, a los que la ciudad y sus habitantes rendimos homenaje permanente pese a no representar más que tres ejemplos destacados del pensamiento reaccionario español. ¿Merecen realmente una calle tales individuos? En tiempos de Franco no hay duda; hoy no se entiende. ¿No sería acaso más lógico, si ése fuera su deseo, que este homenaje tuviese carácter interno dentro de círculos católicos? Todos ellos gozan de ese privilegio gracias a la dictadura franquista; todos ellos sirvieron a la reacción y lucharon por una sociedad clasista dominada por los tres grandes centros de poder: la hacienda, el cuartel y la sacristía. Aparte de porque ese proyecto social lo culminó el franquismo, ¿existe algún motivo para que sus nombres permanezcan en el callejero?

No hace falta ni abogar por la memoria histórica para justificar su caída del callejero. Se trataría de pura higiene democrática. Incluso de simple sentido común. La calle dedicada a fray Diego de Cádiz debe desaparecer aunque sólo sea por premiar la tenacidad popular de haber sabido conservar durante un siglo el nombre anterior. ¿Qué mejor prueba que ésta? Un barrio que durante cien años no asume que una de sus calles principales cambie su nombre de siempre por el de un fraile que no saben ni quién es merece que la calle vuelva a denominarse Rubios. Y no con ese truco malo de añadir al nombre actual otro rótulo con eso de “Antigua calle de…” sino dejando claro que la calle es y sigue siendo Rubios. En el caso de Tarín, el “León de Cristo” según definición de Javierre, sin necesidad de acudir a su integrismo o a su ideología carlista –¡treinta años (1880-1910) predicando contra “los errores modernos” y “las falsas libertades”!–, bastaría la aludida actividad de incendiario de libros para bajarlo del callejero. Un sujeto que hace eso no merece dar nombre a nada. Y en cuanto a Ayala es uno de los numerosos curas al servicio del fascismo español, al que sin duda contribuyó a aliviar de sus muchos pecados.
Como en aquel magistral relato de Julio Cortázar titulado Casa tomada, la parte antigua de la ciudad de Sevilla sigue siendo ocupada paulatina pero firmemente por los católicos y cofrades –aquí una “Divina enfermera”, allá una “Virgen del Carmen Dolorosa”, acullá un “Cristo Divino Redentor”…–, que incansablemente no deja de imponer su modelo de ciudad, predemocrática, elitista y beata. En Sevilla el cuento de Cortázar se llamaría Ciudad tomada.

30
Dic/2009

Sevilla, capital del estudio contra la Contaminación Acústica

Joaquín José Herrera del Rey. Presidente de Juristas contra el Ruido. Abogado. Doctor en Derecho
El Ecobarómetro 2009 hace un retrato de la conciencia medioambiental de los andaluces. El informe muestra cómo los ciudadanos consideran que el primer problema ambiental de su localidad es el ruido, seguido de la suciedad de las calles y la falta de parques y jardines” (informa el diario El País. Sevilla. 24-11-2009).
Dado que para el ecobarómetro de la Consejería de Medio Ambiente el ruido es el principal problema medio ambiental urbano, pretendemos que Sevilla sea referente en su estudio, investigación y soluciones innovadoras.
El ruido sigue siendo en España uno de los principales problemas que sufre la población, y así se recoge tanto en los datos del INE como en los ecobarómetros de las Consejerías de las diferente autonomías y en los informes de los distintos Defensores del Pueblo. Además, en ningún momento la Administración Pública ha pretendido rebatir el informe de la OCDE que nos sitúa en el segundo país más ruidoso del mundo después de Japón.
Los ciudadanos no entienden que el denominado estado del bienestar se inhiba radical y fehacientemente en buscar soluciones verdaderamente eficaces frente a este problema. Es lo que algún autor ha denominado “hipocresía del Estado de Derecho”, teóricamente Estado del bienestar.
El ejemplo lo tenemos en el reciente proyecto de Navegación Aérea, que hace preponderar la economía al medio ambiente, obligando a los vecinos a soportar el ruido de las zonas aereoportuarias.
Lo mismo ocurre con la Delegación de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Sevilla, que bajo el pretexto de la nueva normativa de servicios, pretende eliminar la regulación administrativa específica y la licencia previa, en materia de actividades molestas y peligrosas (sustituyéndola por un canto al sol o declaración de autoresponsabilidad).
Tampoco “se creen” los vecinos que un procedimiento contencioso administrativo pueda tardar habitualmente cuatro años sin que este hecho demencial levante protestas ciudadanas.

Desde el punto de vista genérico, y sin perjuicio de la indudable conexión entre derecho administrativo y derecho civil (y el carácter prevalente de este) en las actividades molestas, sigue siendo fundamental la comprensión de lo que el decibelio significa, de forma que sólo tres decibelios por encima de los límites legales puede implicar una afección para una persona (sana o no, mayor o no, más o menos sensible) del doble del ruido permitido. Esto es física pura, no es una percepción personal. Este es el primer problema que nos encontramos ante los tribunales. El entendimiento de lo que el exceso sobre los límites realmente significa en la vida cotidiana. La ponderación del problema, seleccionando el bien jurídico a proteger.
Quizás parte de los problemas tienen su origen en que la Ley del Ruido (Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del ruido) traspone la directiva europea sobre contaminación acústica, que no se adapta a nuestra realidad social, con un ocio y costumbres horarias muy distintos a los del centro de Europa). Por tanto:
1.-Es necesario medir el ruido. Sin medición no hay incumplimiento. Cosa absurda ya que a veces basta con meras inspecciones oculares previas. Los médicos piden radiografías u otras pruebas pero después de examinar el problema.Aquí, el contaminado tiene la carga y la molestia de la prueba.

2.- Califica como tolerables (¿civilmente?) siempre que se esté dentro de los límites legales. Siendo esta apreciación incorrecta ya que puede haber algún ruido dentro de los límites legales, que sea molesto, e implique un uso abusivo del derecho y por tanto no se tenga la obligación jurídica de soportarlo.

Conviene interpretar conjunta y constitucionalmente las normas e indagar, a continuación, y abstracción hecha del número de decibelios que arroje la medición que en su momento se haga, si quien es propietario o usuario del objeto productor del ruido que altera la paz diurna y nocturna precisa, inexcusablemente, utilizarlo a todas horas del día, o en horas nocturnas, y sobre todo, si puede evitarse de alguna manera la emisión de dichos ruidos, cuando menos en esas horas en que el mayor porcentaje de los ciudadanos descansa o intenta hacerlo.

3.-Entre todos los emisores acústicos se encuentran bandas, veladores, veladas, concentraciones, fiestas, puertos aeropuertos, tranvías y atracciones de feria etc, etc. Los veladores, por ejemplo, son focos de ruidos a estudiar, por mucho que la futura Ordenanza de veladores lo ignore ilegítima y supinamente.

La Asociación Juristas contra el ruido se constituyó el 3 de marzo de 2001 (unos 30 abogados repartidos por toda España). Ha llovido poco, pero hemos tenido mucho ruido. Se ha evolucionado, sin duda, pero más largo es el camino por recorrer, sobre todo dada la percepción ciudadana (el ruido se considera el problema de contaminación urbana más importante) y la escasez de medios empleados y resultados logrados.

A petición argumentada de distintas asociaciones, hemos dado el premio petardo acústico (a las peores prácticas en gestión sobre el ruido) a la ciudad de Ceuta. Y el premio a los peores comportamientos sobre información, participación y acceso en materia de medio ambiental a la ciudad de Sevilla.

Sus gobiernos municipales no han mostrado demasiado sentido del humor cuando se han enterado de la concesión, gracia y arte que sí ha derrochado siempre nuestro tercer premiado. Premio que se concede a aquellas personas del ámbito intelectual y de la cultura especialmente sensibilizadas con la contaminación acústica, que hemos concedido al dibujante Antonio Fraguas Forges.

Entendemos que criticar positivamente debe ser bienvenido. (Aunque sea heterodoxo en esta ciudad de los besamanos y besapies). Vaya nuestra mano tendida a todas aquellas instituciones que quieran apoyar y valorar Sevilla como la capital sobre el estudio y la reflexión sobre la contaminación acústica o cualquier iniciativa para mejorar la situación: tribunales arbítrales, premios escolares, estudios de investigación o educativos, jornadas, etcétera, pues entendemos que la política del avestruz no es positiva.

29
Dic/2009

Paisajes sobresalientes de Los Alcores: una protección de cartón piedra

David Roldán Sánchez. Miembro fundador del Colectivo Ecopacifista Solano de El Viso del Alcor.

Como dijera el escritor estadounidense Upton Sinclair “las tierras pertenecen a sus dueños, pero el paisaje es de quien sabe apreciarlo”. El paisaje es el resultado de la interacción milenaria entre el ser humano y su entorno natural y, por tanto, constituye una herencia de interés general. Conservar los paisajes es un signo inequívoco de desarrollo sostenible.
La Cornisa de Los Alcores es un espacio singular que conforma una unidad geológica y paisajística insólita, en base al afloramiento a lo largo de toda ella de un material autóctono muy peculiar, las calcarenitas, conocidas popularmente como albero. Sus suelos de albero son los que han determinado, en gran parte, qué especies vegetales y animales pueblan naturalmente esta zona, rica reserva de biodiversidad.
La cadena de rocas que forman Los Alcores se desarrolla de manera semejante a un arrecife en el mar, sobresaliendo su escarpe acantilado que supone una ruptura con el resto del paisaje comarcal. En el escarpe existen lugares tan espectaculares como El Acebuchal, El Judío, Trigueros o Marileón, donde se escenifica una verdadera lucha entre el árbol y la piedra. El primero se retuerce y toma expresiones casi humanas. Si por un lado sucumbe aplastado por un peñasco, por otro se levanta victorioso, después de despedazarlo con sus poderosas raíces. Estos lugares sirven de refugio de aves rapaces, reptiles y mamíferos, cumpliendo un importante papel ecológico en relación a los ecosistemas de la desarbolada vega y de las terrazas del Guadalquivir.
En la Memoria de Información del POTAUS se reconoce que “el escarpe de Los Alcores constituye un recurso paisajístico de primer orden”. Al margen de su peculiar orografía, otro valor del escarpe es que sirve de extraordinario mirador para contemplar las impresionantes vistas que nos ofrece su mar seco, la vega, hecho que ha suscitado la admiración desde el origen de la conciencia paisajística.
Además, esta comarca posee un excelso patrimonio arqueológico. Es muy valiosa la herencia dejada por las sucesivas civilizaciones en forma de castillos, palacios, ciudades milenarias o necrópolis. También es destacable el legado paleontológico, porque Los Alcores se han formado a partir de la sedimentación de fósiles marinos muy fragmentados unidos con cemento calcáreo. En el albero se pueden hallar muchas especies de invertebrados desconocidos por la ciencia, y de cetáceos, que se pueden estar perdiendo debido a la brutal e incontrolada extracción de este recurso. Son numerosas las canteras ilegales existentes –como viene denunciando la asociación Alwadi-ira– y las que, teniendo autorización, incumplen las condiciones ambientales, con el consiguiente impacto sobre el paisaje, los fósiles y el acuífero, hoy abandonado cual enfermo irrecuperable.
Por todas las razones esgrimidas, desde hace unos años, organizaciones culturales y ecologistas venimos impulsando una campaña en favor del Parque Cultural de Los Alcores, un órgano de gestión que serviría para poner en valor su exuberante patrimonio y para garantizarle una protección integral que frene su vulnerabilidad. Todo ello con la vista puesta en hacer posible la visita y el disfrute de todo el conjunto, lo que fortalecería el potencial turístico y económico de la zona.
Mientras llega el ansiado día en que el sueño del Parque Cultural se hace realidad, conviene recordar lo ineficientes que han sido figuras de protección vigentes como la de los Paisajes Sobresalientes (PS). Los PS recogen espacios de reconocida singularidad paisajística con notables rasgos geomorfológicos, botánicos y faunísticos, caracterizados por una relativa uniformidad y por una gran calidad visual. En estos espacios se prohíbe, en teoría, cualquier actividad que pueda implicar degradación de los valores paisajísticos. Pero en la práctica esta protección es muy débil, de cartón piedra, al menos en nuestra comarca. En la Cornisa de Los Alcores contamos con dos Paisajes Sobresalientes recogidos en el Plan Especial de Protección del Medio Físico de Sevilla: el PS-1 y el PS-2. Durante años, las administraciones con competencias en disciplina urbanística o en defensa del medio ambiente, han hecho gala de una perversa inhibición ante las agresiones que han sufrido: construcciones ilegales, aterrazamientos, pastoreo incontrolado, usurpación de lo público, vertederos, deforestaciones, quema de rastrojos, etc. A la falta de persecución de los atentados al medio se ha sumado la falta de restitución de las cosas a su estado original y la escasez de medios destinados a la salvaguarda de los bienes patrimoniales, en resumen, la omisión del deber de conservación.

Pero, por desgracia, no es la actitud pasiva de las administraciones lo único preocupante. También genera desazón su actuación destructiva en estos espacios, mal llamados protegidos. Me refiero al daño de las gigantescas obras del trazado del AVE sobre las entrañas del PS-1 y sus alrededores. Las obras y el trasiego de vehículos pesados van a suponer un deterioro del acuífero y de los valores paisajísticos protegidos, tanto por las actividades a realizar (desmontes, rellenos y descargas) como por el impacto visual del cableado y del vallado de la línea férrea. Además, el enclave elegido para el emboquille oriental de los dos túneles subterráneos es un disparate, pues se va a realizar precisamente donde hay un cúmulo de importantes yacimientos arqueológicos. Tan es así que, recientemente, el Colectivo Ecopacifista Solano ha descubierto un lienzo de muralla inédito que corre el riesgo de ser destruido por el TAV, a no ser que la consejera de Obras Públicas y Transportes modifique el trazado mediante un túnel algo más largo y profundo. Hasta la propia Delegación Provincial de Cultura ha reconocido que “el hallazgo viene a redundar en la riqueza arqueológica de la zona” y que de tratarse de una fortificación “dado el trazado y sus dimensiones nos encontraríamos ante la mayor de las halladas hasta el momento”.
Concluyendo, creo que la actuación de la Consejería de Obras Públicas y Transportes, por ser Administración, debería ser brillantemente modélica y tener un exquisito respeto a los bienes protegidos, siendo más proteccionista que la propia ley. En ese sentido, debería corregir el trazado del AVE en el Tramo Túnel de Los Alcores. Por otra parte, dada la facilidad con la que hoy día se cuelan impactantes obras de infraestructuras por lugares, que habría que esforzarse en preservar, el poder legislativo debería revisar estas figuras de protección – los PS– para que sean dignas de tal nombre en vez de un clamoroso engaño.

28
Dic/2009

Las infraestructuras ferroviarias en el área metropolitana de Sevilla

getImageJaime Raynaud Soto. Portavoz del PP en la Comisión de Obras Públicas y Transportes del Parlamento de Andalucía.

Resulta, cuando menos, sorprendente y contradictorio la actitud de la Junta de Andalucía en materia de infraestructura ferroviaria en el conjunto del espacio que abarca el área metropolitana de Sevilla y me estoy refiriendo concretamente, a las redes de cercanías, tranvías y metros, sistemas que combinados y complementados, dan una auténtica respuesta a las necesidades del transporte y las comunicaciones, en la actualidad, en cualquier parte del mundo.

Decía al principio, que resulta sorprendente y contradictorio, dado que sobre el papel y en todos y cada uno de los documentos aprobados, publicitados y profusamente vendidos, por la administración andaluza, el transporte ferroviario, de larga y media distancia, así como en las aglomeraciones urbanas, figura como objetivo prioritario, en todos y cada uno de ellos.

El Plan de Ordenación Territorial de Andalucía (POTA), el Plan de Infraestructuras para la Sostenibilidad del Transporte (PISTA 2007-2013), los Planes Sub-Regionales y Generales, así como los Planes Metropolitanos de Transportes, en las distintas áreas priorizan y adjudican un papel destacado y fundamental, en el apartado de movilidad y de conseguir un transporte ecológico y medioambiental sostenible, al ferroviario.

Ratifica lo expuesto, que el PISTA 2007-2013 contempla una inversión global de 30.000 millones de euros en Andalucía (curiosamente adjudica al Estado el 70% de la inversión) pero de la totalidad de la misma, es precisamente al ferrocarril en todas sus extensiones quien asume el 70% del total.

Partiendo, pues, de este somero análisis de teóricas voluntades y muy reiteradas promesas incumplidas, veamos cuál es la realidad, en nuestra saturada y deficitaria aglomeración urbana de Sevilla.

1. METRO: En funcionamiento, una sola línea –Línea 1– inaugurada con tres años de retraso y tras seis años de obras, conecta el poniente y el sureste del primer anillo metropolitano (Mairena–Dos Hermanas) no penetra en el centro de la ciudad y adolece de prolongaciones, en sus dos extremos, con municipios del Aljarafe y Dos Hermanas, ciudad, bien ferroviaria o buses de conexión.

El único intercambiador, con el cercanías a Dos Hermanas y Utrera –Línea C1– es la estación de San Bernardo, inexplicablemente no está operativa la estación de Guadaíra, que conecta con el Anillo de cercanías –Línea C4– (Renfe) y permitiría acercar el metro a toda la zona este de la ciudad, incluido el Palacio de congresos y Santa Justa y dar mayor servicio a la Universidad Pablo de Olavide.

El compromiso de la Junta, para la ampliación de líneas, se limita a la línea 3, con una simbólica cantidad en los Presupuestos de 2010 y sin compromiso de fechas de comienzo de obras ni, por supuesto, de entrada en servicio, incumpliendo lo inicialmente previsto de simultanear las obras de las líneas 2 y 3.

2. CERCANÍAS: Todavía competencia de Renfe (Ministerio de Fomento), el anillo de cercanías C-4, tiene la posibilidad de aumentar su número de estaciones (Infanta Elena, Pineda, etc.) lo que le hace perder un caudal importante de usuarios y la citada interconexión en Guadaíra con la línea 1 del metro.

La línea C-2 continúa sin estar operativa en la Cartuja, estando todos los estudios de viabilidad efectuados desde 2001, su prolongación por el muro de defensa conectaría con la estación Blas Infante de la línea 1 del Metro.

Esto se convertiría en una auténtica alternativa para el transporte en la Isla de la Cartuja, en la dinámica de aumentar usuarios.

Sería necesario también adaptar el apeadero de La Salud de la línea C-1 para captar toda la población residente en Bermejales y prolongación de Avenida de La Palmera.

Por último, son incontables las promesas del Gobierno de Rodríguez Zapatero, anunciando una y otra vez el comienzo de las obras de cercanías del Aljarafe, aprovechando la infraestructura existente de la línea férrea a Huelva, lo que le permite ponerla en servicio gradualmente y en poco tiempo.
Desgraciadamente y una vez más los Presupuestos Generales del Estado para el 2010 eternizan el que esta obra vital para descongestionar el tráfico en el Aljarafe sea una realidad.

3. TRANVÍAS: La apuesta firme de la Junta de Andalucía por este medio, conjuntamente con el Ayuntamiento de Sevilla, ha sido la línea absurda Plaza Nueva–Prado de San Sebastián no priorizando otras zonas, que en modo alguno hubieran afectado al entorno histórico–artístico y a la peatonalización de la Avenida de La Constitución. Para colmo, la ampliación de la línea la siguen haciendo coincidir con el trazado de la línea 1 del Metro, lo que le hace caso único de dos recorridos iguales, uno en superficie y otro subterráneo.

En el área metropolitana, los tranvías de Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas, han pasado este año al cuadro de inversiones específicas público–privadas, lo que le hace poner en riesgo su financiación y, por tanto, su puesta en servicio.

Respecto al tranvía del Aljarafe es, en este momento, un auténtico mar de dudas sobre su recorrido definitivo por lo que ni están ni se le esperan ni los proyectos ni, por supuesto, las obras.

El único ramal teóricamente decidido, Mairena del Aljarafe–Bormujos, ha perdido una oportunidad de oro de ejecutarse a la par que el boulevard que actualmente se construye entre ambas poblaciones.

Ésta es la realidad pura y dura de la política en materia de transporte metropolitano de la Junta de Andalucía en Sevilla y su entorno, que contradice todo lo que anuncia el Gobierno, antes de Chaves y ahora de Griñán, pero la realidad es tozuda, más de veinticinco años de gobierno socialista y siguen los atascos para desesperación de los sevillanos.

26
Dic/2009

De súbditos a ciudadanos: educación permanente de calidad

DIOSDIZ

Manuel Dios Diz. Presidente del Seminario gallego de Educación para la Paz.

FEDERICO mayor zaragoza

Federico Mayor Zaragoza. Ex director general de la Unesco. Presidente de la Fundación para una Cultura de Paz.

Profesorado y sociedad: deberíamos procurar la cotidianidad, en nuestras mentes y corazones, del “día del docente”, rindiéndoles el homenaje que merecen, porque les debemos muchísimo y, en general, les reconocemos muy poco.

En el debate educativo lo primero que debe quedar claro es que son los principios éticos los pilares sobre los que se asienta y discurre todo el proceso hasta alcanzar “ser uno mismo”, capaz de desarrollar plenamente la desmesura creadora, facultad distintiva de la especie humana. Se confunde con frecuencia educación con información, con formación, con entrenamiento… y es muy distinto ser diestro a ser educado, poseer habilidades profesionales a ser libre, con amplias alas, sin lastre ni adherencias, para el vuelo alto en el espacio infinito del espíritu. Ser ciudadanos que adoptan sus propias decisiones y que se implican y participan, en lugar de “aposentarse” como receptores pusilánimes, resignados, silenciosos, obedientes.

Para la gran transición que puede representar un cambio de época en los albores de siglo y de milenio, la de súbditos a ciudadanos, la de la fuerza a la palabra, es imprescindible una educación permanente de calidad.
En el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se establece: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”… y proclama como aspiración “más elevada del hombre el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”…
Es realmente extraordinario, desde un punto de vista conceptual, subrayar y retener una Declaración que proclama un “ideal común” por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que, tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos.

Para hacer realidad el artículo 1º -“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”– es preciso que la educación se realice en virtud de lo que establece el artículo 26: “Cada persona tiene derecho a la educación… La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”…

Educación que permita contemplar la tierra en su conjunto, pensar y sentir el misterio de estar viviendo, ser conscientes de los 6.300 millones de seres humanos –los “ojos del universo”– que comparten nuestro destino. Ésta es la gran labor de los padres, de los maestros, de los medios de comunicación: ayudar a todos los ciudadanos a observar y reflexionar sobre el conjunto de la tierra y quienes la habitan.

Ayudarnos mutuamente a ser ciudadanos del mundo, con respuestas propias, no prestadas ni impuestas, para vivir en un contexto democrático, de participación, de representación genuina, de anticipación. Contexto democrático con iguales oportunidades de acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a la expresión artística, al ejercicio deportivo… . ¡Dueños de sí mismos! Este es nuestro compromiso con todos los ciudadanos y, en especial, con la juventud. Que la juventud no sea nunca una juventud pusilánime y amedrentada.
No se puede ser responsable si sólo se observa una parte del escenario, si hay una parcialidad de pensamiento, de sentimiento y de acción. Permanecer a la escucha de los jóvenes y procurar que ellos, a su vez, permanezcan a la escucha. Es así como, poco a poco, la palabra sustituirá a la espada, la voz a la fuerza y la imposición.
Educación a lo largo de toda la vida, como fuerza emancipadora, liberadora, como forjadora de un comportamiento “personal”, decidido con total autonomía por cada uno. Educación, según las recomendaciones de la Comisión Jacques Delors, para aprender a conocer, a hacer, a ser, a vivir juntos. Para la interacción, para el enriquecimiento recíproco, para el respeto a los demás. Educación para aprender a emprender, para aprender a atreverse.

El aumento de los conflictos interétnicos y interculturales, el racismo y la xenofobia; la ampliación de la brecha que existe entre ricos y pobres; la exclusión y marginalidad del más del 60% de la humanidad; la destrucción del medio ambiente; la progresiva violación de los derechos humanos; el genocidio silencioso del hambre; el nihilismo de una parte considerable de la juventud de las sociedades más acomodadas, la drogadicción, el alcoholismo, la anorexia y otras formas de evasión autodestructiva,… plantean a las nuevas generaciones el desafío de equiparse con valores y destrezas que les permitan actuar con una nueva visión en favor de la vida, de su propia vida, y de la dignidad de todos los seres humanos. Es por ello que la educación debe dar un giro total a su actual dirección. Pero no un giro técnico, sino humano. Las nuevas generaciones deben reinventar la paz en el actual contexto, lleno de artificios, de instrumentos y tecnologías, pero vacío de dirección y objetivos éticos.
Ante este estado de cosas de particular complejidad, ¿por dónde empezar?, ¿cómo involucrar a los gobiernos y parlamentos?, ¿cómo crear conciencia en la familia y en los medios de comunicación, incluyendo las nuevas tecnologías? Es preciso un plan de acción para “globalizar” la educación y frenar la violencia en todas sus formas, yendo a las raíces de los problemas y estudiando las circunstancias que originan estos comportamientos que hacen imposible la convivencia pacífica y que son utilizados como disculpa para las acciones de fuerza frente a los síntomas. Lo que importa es el futuro. El por-venir está por-hacer. El pasado ya está escrito y sólo puede describirse. El presente es irremediable. El futuro es nuestra responsabilidad suprema.

Aprender a convivir es una finalidad básica de la educación. Se trata, por consiguiente, de sumar esfuerzos para dar respuestas, conscientes de que la educación para la convivencia democrática y la ciudadanía, para la igualdad entre hombres y mujeres, la educación intercultural, en definitiva, la educación para una Cultura de Paz, son desafíos que la escuela no puede obviar si quiere, realmente, dar respuestas positivas y constructivas a los problemas escolares y sociales del siglo XXI.

Es cierto que la escuela, en cuanto comunidad educativa, no tiene todas las respuestas, pero sí tiene muchas respuestas y también las necesita del entorno. Estamos hablando de una colaboración estable e interinstitucional, de unas respuestas compartidas con el resto de los agentes sociales, especialmente de aquellos que están más directamente concernidos y afectados por la calidad del proceso educativo y violencia escolar, es decir, Salud, Justicia, e Interior, sin olvidar a los ayuntamientos, partidos políticos, sindicatos y demás organizaciones de la sociedad civil. Y, desde luego, en primer lugar las asociaciones de padres de familia.
Un plan integral de convivencia escolar y su adaptación en cada centro educativo tiene que especificar y desarrollar medidas de carácter formativo, anticipativo y disciplinario con protocolos bien detallados para la más oportuna actuación (agresores, víctimas y testigos pasivos de la violencia escolar). Son las propuestas de carácter educativo las que deben centrar el marco general de las actuaciones.

La actual discusión sobre la autoridad del profesorado hay que enmarcarla en una reflexión mucho más global sobre la sociedad, sobre el fracaso (social y escolar), sobre el papel que jugamos cada persona y, de manera más particular, sobre la propia comunidad educativa que no se circunscribe a los padres y a las madres, a los docentes y al alumnado, porque existen nuevos agentes, algunos muy activos y poderosos, en la transmisión de valores y de contravalores como son, por ejemplo, los iguales, los medios de comunicación y la publicidad.

La escuela y el instituto que conocemos y recordamos los adultos tienen muy poco que ver con los actuales. Basta escuchar los comentarios de algunas personalidades públicas en estos días para enterarse de lo lejos que están de la realidad educativa presente. Entre otras cosas, porque la sociedad cambió extraordinariamente y de manera muy rápida, como nosotros mismos, y porque ahora van a los centros docentes todos los alumnos y alumnas, no una minoría seleccionada, como en otras épocas. Hablamos de la totalidad de los chicos y chicas en edad escolar, es decir, de los que quieren estudiar, de los que valoran el esfuerzo y el saber, de los que provienen de ambientes económicos y culturales acomodados, y de aquellos que viven en familias desestructuradas, junto con los que objetan, los que asisten por obligación, los que arrastran carencias relevantes (afectivas, económicas, culturales…), y los superprotegidos, los de la llave, los “amos”, los “pequeños dictadores” en palabras de Javier Urra, los que viven la violencia (de género y otras) como modelos, los hiperactivos, los que tienen dificultades, los que detestan la imagen que la escuela les devuelve de sí mismos… Esto, simplemente esto, cambió por completo los colegios y los institutos. Y son muchas las personas que siguen sin comprenderlo y, mucho menos, asumirlo.

Si algo compartimos es que no debemos legislar a golpe de titular ni tampoco en función de la alarma social generada. No parece lo más sensato. La educación maneja (o debe manejar) “tiempos” muy distintos de los que utiliza el periodismo o la política. El profesorado trabaja con personas concretas, con ritmos y necesidades distintas, no en función de intereses económicos, mercados, ventas, beneficios, audiencias… o votos. Por eso el “tiempo” educativo no tiene nada que ver con la fugacidad del tiempo televisivo, radiofónico o electoral.
Analizar la situación, conocer lo que sucede en el sistema educativo, hacer un buen diagnóstico, resulta imprescindible para encontrar vías de mejora de la calidad, de la convivencia, de los resultados académicos, del clima escolar. Y esto no tiene nada que ver con las ocurrencias, ni con los aspavientos y el pensamiento maniqueo, con el blanco y el negro, el todo o el nada, tan frecuente en titulares y declaraciones.

Aprender a lo largo de toda la vida. Todos los ciudadanos, para dejar de ser súbditos, receptores, testigos adormecidos de lo que sucede, deben ser aprendices permanentes. Todos somos, en alguna medida y momento, maestros y estudiantes. En España hay hoy 9 millones de alumnos y 800.000 profesores que, lógicamente, son los grandes protagonistas de la constante adecuación del sistema escolar.

Transmitir valores es el papel crucial de las familias, que tienen que tener especialmente presente que “más vale un ejemplo que mil sermones”. Cuando se dice y se repite que “hay crisis de valores en los adolescentes” lo primero que tenemos que hacer es ver cómo está el patio de los que no son adolescentes… y de los medios audiovisuales, y de la prensa, y de la comunicación interactiva…
No podemos solventar temas de tan hondo calado a golpe de frases ingeniosas. La conflictividad escolar no puede resolverse con tarimas, recuperando tratamientos que quizás no hubieran debido abandonarse, con galones más o menos llamativos impuestos por la autoridad política. Las cosas, por desgracia, no son tan simples. La educación es lo más complejo porque cada ser humano es único, biológica e intelectualmente, en cada momento de su vida.
Pero es que, además, no es verdad que la gran mayoría del profesorado carezca de autoridad o decline de ella. Tampoco lo es que el alumnado en general no respete a sus profesores, que sea violento o borracho, inconsciente o irresponsable, como tantas veces se reitera. O que las madres y los padres “pasen” de la educación de sus hijas e hijos. Y que los institutos sean “territorio comanche”. No es cierto. Nada más lejos de la realidad. Tenemos que huir de las generalizaciones, de las atribuciones globales de responsabilidad, de confundir una parte con el todo, por muy llamativo que sea, y analizar con detalle lo que sucede, con rigor, sin prejuicios, distinguiendo la paja del grano, identificando bien los problemas, asumiendo que todos tenemos porciones de razón y de culpa, y debemos ser parte de la solución.

Familia, educadores, alumnos, sociedad civil, Parlamentos, Gobiernos, medios de comunicación. Si unimos nuestros conocimientos y experiencia, podemos resolver la mayoría de los problemas. Existen, desde hace años, en todo el Estado, en las CC.AA, planes integrales de mejora de la convivencia escolar, observatorios, protocolos, departamentos de orientación, equipos de mediación y tratamiento de conflictos… Lo que sorprende es que esta realidad, la mayoritaria convivencia escolar en los miles de centros educativos, no resulte visible, atractiva, interesante, reconocible, evaluable, lo que provoca grandes dosis de frustración en la comunidad educadora, en las miles de personas que se esfuerzan cada día, a pie de aula, por mejorar el clima escolar, por ilusionar a su alumnado, por hacerles ver que la educación, la cultura, el trabajo bien hecho, son útiles, contra todo el ambiente social y los mensajes constantes que reciben, a diario, en sentido contrario, la fama, el éxito, el minuto de gloria, el triunfo sin esfuerzo, el dinero a manos llenas, y modelos y referentes poco edificantes… Mañana y tarde, a todas horas, intentan reducirnos a espectadores impasibles con todo tipo de entretenimientos a los que se destinan, por los magnates del deporte y de la banca, cantidades tan desmesuradas que deberían provocar profundo rechazo social.
Con mucha frecuencia confundimos la auctoritas con la potestas, que tan bien distinguían los romanos. La primera tiene que ver con la autoridad moral que tenemos que ganar cada día con nuestra profesionalidad, con el buen ejemplo, con el respeto, con la dedicación, con el cariño, con los afectos y los sentimientos, con la persuasión y la convicción, con el diálogo, con la comunicación, con generosidad, con nuestros conocimientos, experiencia, comportamientos y conductas, sabiendo y preparando la materia… Esta ascendencia moral no se compra ni se vende, se aprende y se construye cada día, con mucho esfuerzo, con ilusión, con vocación, con amor propio de una de las misiones más nobles y bellas, que es mucho más que un oficio. La misión de formar, de enseñar, de aprender y compartir cultura, saberes y sabiduría… Potestas, por el contrario, consiste en un conjunto de facultades públicas que son otorgadas, desde fuera, a una persona de acuerdo con unas formalidades bien definidas. Se trata de un poder que no emana de la condición personal del titular, sino que está relacionada con la fuerza y la imposición coercitiva, con aquello que Maquiavelo decía: el príncipe debe infundir temor e imponerse por la fuerza de la espada… Por eso, el debate sobre la autoridad debiera de ser moral, ético, profesional, humanista, educativo… y no simplemente administrativo o jurídico, ni vengativo,… ni ser la “revancha del ‘68”, que propugnan quienes añoran un pasado que ya está escrito…
La gran mayoría del profesorado tiene autoridad suficiente, capacidad de persuadir y de convencer, auctoritas. Y el sistema educativo, como el jurídico, cuenta con legislación y sentencias que protegen y respaldan al profesorado. Los propios centros escolares tienen, además, recursos y mecanismos variados, planes, equipos, guías de acción que permiten resolver los conflictos razonablemente bien, sin caer en el victimismo, por lo que no necesitan investirse de potestas que alguien externo al propio sistema les imponga, porque, entre otras cosas, sin auctoritas no hay potestas, por mucho que se empeñen en convertir a los docentes en agentes de la autoridad pública.
Es tarea de toda la sociedad, es responsabilidad común ayudar a conservar la autoridad y calidad de quienes la poseen y contribuir activamente a detectar, corregir, establecerla o restablecerla en quienes carecen de ella o la han perdido. Como en tantos otros colectivos, se trata, en una democracia auténtica, de regular permanentemente su correcto funcionamiento. Para transformar la realidad hay que conocerla en profundidad, lo que requiere la aportación de todos los concernidos. En este caso, podemos sentirnos esperanzados porque contamos con una inmensa mayoría de educadores excelentes y responsables.

24
Dic/2009

El valor más sostenible

bellosoEnrique Belloso Pérez. Delegado diocesano de Apostolado  Seglar de la Archidiócesis de Sevilla.

Mirar al futuro con optimismo es algo poco usual en nuestros días. Muchos viven siguiendo la máxima clásica ‘carpe diem’, aprovecha el día. Vivimos el momento presente volcados en las mil y una tareas de cada día, y al mismo tiempo experimentamos la complejidad de un sistema económico y social cada vez más inestable.

Y ahí estamos los cristianos, que buscamos la justicia en la verdad, sin renunciar a nuestra fe. Creemos en alguien concreto que existe y nos dijo que Él estaría con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos. Por ello, nosotros no hemos de tener nostalgia del pasado, sino confianza en el futuro. Buscando siempre el equilibrio personal y como grupo para ser personas, cristianos creyentes y creíbles, subrayando lo positivo de la sociedad, de la familia, del interés por trabajar, por construir cada día una sociedad mejor.

A nosotros no nos importan los números, nos importan las personas, por eso queremos que los alumnos que cursen la religión en la escuela lo vivan como una oportunidad. Los que asisten con regularidad a nuestras eucaristías o reciben los sacramentos, que sepan que hoy estamos todos viviendo una fe compartida con muchos.

Nuestra sociedad envejece, sabemos que cada vez nacen menos niños, y que en pocos años nuestra población será principalmente de mayores, esto nos llevará a nuevas realidades, nuevas necesidades económicas y sociales. Sin duda, los cristianos hemos de ser conscientes de esta realidad y ser generosos; ya muchos lo son. Los cristianos tenemos que ofrecer a la sociedad un nuevo estilo de vida, más austero, más real, más auténtico. Esperamos que la ciencia avance más rápidamente pero sin dejar en el camino a los más débiles.

Muchas veces, ante debates interesados, las personas que seguimos a Jesús y que queremos vivir en armonía con nuestro entorno, en igualdad, sin renunciar a nada y al servicio de todos, nos desilusionamos. Por eso es necesario que seamos mejores cristianos, para ser mejores personas, mejores ciudadanos. Es importante apoyar la vocación a la vida pública, a la vida política, al mundo empresarial, a la colaboración social, para ofrecer lo mejor que tenemos. Así surgen personas esperanzadas, personas que no huyen de los problemas, que tienen interés en trabajar el presente y sembrar el futuro, personas que tienen confianza.

Constatamos cada día que el hecho religioso es un factor positivo para la construcción de nuestra sociedad, sin embargo desde muchos sectores se observa con desinterés e incluso con desidia. Dios hoy no es negado sino desconocido. Esto provoca la necesidad de testimoniar nuestra fe ante toda la sociedad, exponiendo nuestras razones y motivos religiosos sobre el sentido de la vida, sabiendo que el Estado tiene un papel armonizador de las expresiones públicas de la fe, como recoge el artículo 16 de la Constitución Española.
La reciente Encíclica ‘Caritas in Veritate’ nos presenta la crisis económica como una expresión de la profunda crisis de valores en la que estamos inmersos, incidiendo en que es necesaria la ética para dejar de superar el tener, que tiene como único objetivo el afán de poseer sin medida. Así, constatamos como la crisis afecta de una forma importante a los jóvenes, la mayoría mileurista; más del 50% de nuestros jóvenes conviven con sus padres hasta los 34 años impidiéndoles emanciparse a un gran porcentaje. No solo a los andaluces, también a otros jóvenes europeos les cuesta incorporarse a la sociedad como ciudadanos de pleno derecho; la familia se resiente y no ofrece a la sociedad todo lo que esta necesita, como lugar de solidaridad y de diálogo.

En septiembre de 2008, Benedicto XVI habló en París de la laicidad positiva, incidiendo en que si las culturas se entrecruzan es necesario repensar la laicidad: “es en efecto fundamental, por una parte insistir en la distinción entre lo político y lo religioso, con el fin de garantizar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos cuanto la responsabilidad del Estado hacia ellos, y, por otra parte, tomar una consciencia más clara de la función irreemplazable de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que ella pueda aportar, junto a otras instancias, en la creación de un consenso ético fundamental en la sociedad”. Una laicidad positiva, una laicidad que reúna, que dialogue, abierta y que acoja a todos los que quieran trabajar por un mundo mejor da confianza y abre nuevos horizontes.

Benedicto XVI en su mensaje sobre la Paz para este año dedicado al medio ambiente nos da algunas pistas para trabajar en esta línea, un camino nuevo y multicultural. En Copenhague en la Cumbre del Clima, se ha trabajado en paralelo, con jefes de estado y representaciones de más de 193 países que buscan soluciones, medidas y estrategias para frenar el deterioro de nuestro planeta Tierra. El Papa observa y plantea soluciones, posibles y reales, nos dice que es necesario cambiar nuestro estilo de vida. Esta pregunta nos la dirige a cada uno de nosotros, y nos pide que seamos más austeros.

Hace este llamamiento en un momento de crisis y nos dice que sería irresponsable no tenerlo en cuenta de cara al futuro, en relación al efecto sobre generaciones venideras, no es ético hipotecar su futuro. Por tanto, es una responsabilidad de todos los países, de todas las personas, pero quizás más de aquellos que vivimos en este primer mundo y estamos comprometidos con la verdad.

Sin duda, esta crisis económica y ecológica puede ser una oportunidad histórica para revisar nuestros modelos económicos basados en el mero consumo. Por eso, hay que tomar conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida. No podemos consumir energía sin medida utilizando fuentes muy contaminantes. El Papa hace una apuesta decidida por la energía solar y por el empleo de la inteligencia positiva en los avances en I+D. Ya la Iglesia, no solo en el Vaticano, sino en sus instituciones por todo el mundo sostiene muchos de sus proyectos de desarrollo con fuentes de energía renovables, pozos, centros de salud, educativos… Pero el Papa va más allá, pidiéndonos que seamos consecuentes y que adaptemos nuestro modelo de vida a nuestras circunstancias actuales y futuras.

Y en el centro de todo la persona humana. Amar a la creación, a la naturaleza, como nos recuerda Francisco de Asís en su cántico de las criaturas, puede ayudar al hombre a acercarse a los demás y también a Dios. El respeto al medio ambiente ha de acercarnos a la persona humana, a toda persona humana, su vida y dignidad. No hay paz sin respeto a la creación y no existe valor más sostenible que la confianza de que seremos capaces de mirar al futuro con ojos nuevos, desde un compromiso personal. Por eso, quienes se sientan cristianos en el día a día de sus vidas pueden conseguirlo caminando con aquellas personas y estructuras temporales que busquen metas concretas, cambios reales, desde la esperanza de saber en quién hemos confiado.

23
Dic/2009

Alfonso Perales: la dignidad de la política

graciaOkManuel Gracia Navarro, miembro del Consejo Asesor de la Fundación Alfonso Perales.

Se cumplen hoy tres años de la muerte de Alfonso Perales. Vivimos un tiempo político en el que, me parece, el ejemplo y la figura de Alfonso son más útiles y más aleccionadores que nunca.  La sociedad española y andaluza llevan atravesando desde hace casi dos años la peor crisis económica que se recuerda desde hace décadas, con sus secuelas de aumento del paro, disminución de la actividad empresarial, y sentimientos de incertidumbre en amplios sectores sociales. Pero lo más grave es que hay quienes en vez de arrimar el hombro para aportar soluciones y generar un clima de confianza en la sociedad, apuestan por el discurso agorero, catastrofista: todo les parece mal, pero no aportan ni una propuesta concreta. Les parece mal que los empresarios y las centrales sindicales hayan firmado con el Gobierno andaluz el VII Acuerdo de Concertación Social, les parece mal que los Sindicatos no convoquen una manifestación contra el Gobierno central, sencillamente porque en la mala situación económica ven una oportunidad de arañar votos, y en eso están.
Paralelamente, el creciente predominio de los medios de comunicación de carácter audiovisual está produciendo una banalización de los contenidos informativos; cada vez es más importante la dimensión espectacular de la noticia y no la realidad de la noticia, la anécdota se convierte en categoría. Por eso importan más los pelos y señales de una investigación criminal que el riesgo de interferir y dificultarla, y el de propiciar un juicio paralelo en la opinión pública. Importa más la opinión de un ecologista tras la Cumbre de Copenhague de que todos los políticos del mundo son unos inútiles que saber exactamente qué se ha aprobado en esa Cumbre. Del mismo modo, es más fácil hacer populismo que información, y se practica lo primero cuando se llenan los diez primeros minutos de todos los informativos de televisión con sucesos, catástrofes y muertes, incluso lejanas geográficamente, postergando lo que ocurre en nuestro entorno, aunque sea una buena noticia.
Por último, la dialéctica política en Andalucía y en España está siendo contagiada por ese estilo tan absurdamente castizo, tan inútilmente altanero y tan violentamente chulesco de quienes, acodados en la barra de un bar, piensan que todos los políticos son iguales… iguales de corruptos, claro, y que “aquí lo que hace falta es mano dura”. Son los mismos que dicen que a los extranjeros, a los pobres, claro, “lo que hay que hacer es echarlos”, o que cuando hay otra noticia de  insoportable violencia machista dicen “algo habrá hecho ella”… Es la dialéctica política de la antipolítica, el machismo y la xenofobia mezclados que, como Alfonso recordaba y todo el mundo sabe, tantos y tan cruentos disgustos nos ha dado a los españoles en los dos últimos siglos.
No es un cuadro agradable, lo sé, pero sinceramente es el que veo y me preocupa. La percepción social de inseguridad económica, unida al bombardeo informativo de males de toda condición, más una dialéctica política cainita cuando no cargada de cierto matonismo constituyen un combinado que puede acabar encontrando su expresión en el liberalismo neoconservador de sálvese quien pueda en lo económico, y en el populismo fuertemente autoritario en lo político.
Por eso decía al principio que, tres años después, los valores humanos y políticos que encarnó Alfonso Perales son hoy más necesarios que nunca, porque en su defensa y difusión pueden estar algunas de las claves de nuestro futuro. ¿Cuáles son esos valores? ¿Cuáles de ellos son especialmente necesarios en estos tiempos?

En primer lugar, el valor de lo público; lo público como medio para garantizar unas condiciones de igualdad entre los individuos y los grupos, para asegurar un acceso en condiciones de igualdad al ejercicio de los derechos y libertades. En estos tiempos en que se sataniza a lo público con tanta facilidad, en que el servicio a lo público se intenta ensombrecer con casos aislados de corrupción, tenemos el deber de reivindicar el valor de lo público, que tiene que ver con la igualdad, pero también con la transparencia. Quienes cuestionan el sector público sin más esconden la intención de privar a los más frágiles de nuestra sociedad de su única esperanza: la política democrática entendida como servicio público, de la que fue un ejemplo la trayectoria de Alfonso Perales.
En segundo lugar, el respeto al diferente, el saber que nadie es más o menos por pensar de una u otra forma, que nuestro adversario político es eso, adversario, nunca enemigo, que siempre habrá algo entre él y yo que permita el diálogo. Por eso no es democrático querer llevar la legítima confrontación política a la destrucción política y humana del adversario. Firmeza en las convicciones, toda, destrucción de las otras, ninguna. Alfonso Perales nunca practicó ese cainismo ni dentro del PSOE ni en sus relaciones políticas e institucionales.
El tercer valor, el diálogo, la capacidad de consenso, de llegar a acuerdos. Hace un año que murió Rafael Álvarez Colunga, hace unos días lo hizo José Ma Javierre; como Alfonso, eran hombres que desde sus perspectivas, buscaban el acuerdo. Quienes en la vida pública hacen profesión de no alcanzar acuerdos no merecen la confianza de los ciudadanos y ciudadanas.
Dignidad de la política como servicio público, respeto a la diferencia, y diálogo son esos valores que tan bien ejemplificó Alfonso Perales, que tan necesarios son hoy, y por los que debemos continuar trabajando.

22
Dic/2009

Creación y difusión en Sevilla

jreina

Jesús Reina Palazón. Comisario de exposiciones.

En una ciudad tan hermosa y ensimismada como Sevilla, la creación y la difusión del arte contemporáneo encuentra dificultades, pero lo importante es resistir.
El arte no puede ser indiferente. El feminismo, el arte y género, el sufrimiento humano, el poder, la política, y la tragedia cotidiana son los temas de los que el arte se sirve para reflexionar. Lo que lo distingue es el foco.
En cierto modo, el arte nos puede sorprender por sus contundentes propuestas y por sus radicales denuncias. Porque el arte no puede vivir indiferente a las tragedias de su entorno. Pero la creación rechaza con firmeza caer en el panfleto y recuerda que el arte no es un coto reservado a las formas y el puro experimento. La fotografía, el vídeo, la pintura, las instalaciones y el texto son armas que los artistas usan para reflexionar y mostrarnos sus creaciones.
Como argumenta la artista vallisoletana Dora García, “la ficción es el único modo de construir la realidad, de aprenderla. Es una necesidad.”

La fotografía, según el experto y gran comisario Alberto Martín, “es un medio que siempre ha estado asociado de un modo u otro a la construcción de una mirada sobre el mundo. Cuando esa construcción se configura con rotundidad conlleva, además,el desarrollo de una experiencia sobre los lugares y las personas”.
Aquí podríamos mencionar las fotografías y vídeos de la artista sevillana Pilar Albarracín, que utiliza la parodia y la ironía para desacralizar nociones presentadas como verdades casi indiscutibles. Y si seguimos en la fotografía, tenemos que mencionar a Juan Del Junco, jerezano que trabaja en Sevilla y que desarrolla una mirada hacia el mundo natural, mediada por la observación y el conocimiento científico; las fotografías y vídeos de Manolo Bautista, que descontextualizan la realidad y crean un atmósfera extraña, diferente de lo habitual, con aires de verosimilitud; a Jorge Yeregui, quien aborda la naturaleza, los jardines, los espacios, las casas abandonadas; a Juan Carlos Robles, sevillano que elabora un discurso particular sobre la construcción de sujeto/individuo y la ciudad, pero fácilmente extrapolables a cualquier otro lugar; o los vídeos y el largo de Guillermo Paneque.

Más allá de los jóvenes creadores que utilizan la fotografía como soporte, quiero destacar la curiosidad intelectual y humana que el veterano pintor Ignacio Tovar (Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1947) ha ejercido siempre con las nuevas generaciones y sus propuestas. Su incansable interés por ver todo lo que se expone, en todas partes, con Eduardo y Sema D’Acosta.

Y citar también la ósmosis entre dos generaciones, la de los 80 y la del 2000:
En los 80 hay que destacar las fotografías y vídeos de Gonzalo Puch, las obras de Rafael Agredano, las pinturas complejas, vídeos y esculturas de Curro González, la iconografía vegetal y su compromiso solidario con el Sahara de Fede Guzmán y Alonso Gil.
Están también los dibujos barrocos de Antonio Sosa, las pinturas de Patricio Cabrera, Abraham Lacalle, Ricardo Cadenas, Javier Buzón y las creaciones iconoclastas de Pedro G. Romero.

En el 2000 nos encontramos con una generación de jóvenes pintores sevillanos compuesta por Miki Leal, José Miguel Pereñiguez, Rubén Guerrero, Ramón David Morales, Cristóbal Quintero, Javier Martín y Felipe Ortega Regalado; las féminas Gloria Martín, Susana Ibáñez, María José Gallardo y Montse Caraballo, que demuestran mayoritariamente la vigencia de la pintura aquí y fuera de España; lo multidisciplinar, lo híbrido y la presencia del doble de los hermanos MP&MP Rosado; y las instalaciones y dibujos de Jesús Palomino y Martín Freire.
En Sevilla contamos también con BNV Producciones, una empresa de producción cultural contemporánea que se ocupa de producir, coordinar, diseñar y montar exposiciones. Integrada por Miguel Benlloch, Joaquín Vázquez, Alicia Pinteño, Manuel Prados y Felisa Romero, crean un diálogo entre arte y espacio social, lo que les ha conducido a impulsar proyectos que intentan interrelacionar la experiencia artística contemporánea con el contexto donde se presenta y a su vez, a entender el contexto no sólo como el lugar de presentación sino como un espacio que genera esos mismos proyectos. Proyectos como Plus Ultra, comisariado por Mar Villaespesa, en colaboración con Berta Sischel y José Lebrero; Ir y venir de Varcácel Medina, comisariado por José Díaz Cuyas; y Desacuerdos sobre Arte, Política y Esfera Públicas en el Estado Español, exhibido en Sevilla y por Andalucía, son algunos ejemplos de sus producciones y eventos realizados, aparte de los cursos de la UNIA, Arte y pensamiento.

Es necesario plantear un diálogo con el espacio social, que se enfrenta a una reflexión sobre los límites del arte como objeto de consumo, que a partir de un contexto, permite a los artistas invitados desarrollar obras capaces de crear otra sensibilidad y una redefinición tanto de arte como de cultura. Generar un proceso de reflexión y producción que sustituya a la fórmula cultura/ocio/espectáculo por cultura/acción/reflexión/documentación. Deberíamos convertir la vida en arte, para que no sea la confección de un yo, sino algo que sea un diálogo con el otro.
Es justo también, en el panorama sevillano, felicitar a Rafael Ortiz y Rosalía Benítez por su labor heroica y profesional de sus 25 años de galerismo serio, atento y bien hecho, con su exposición Aprendiendo a mirar, cuyo título demuestra su humildad y su capacidad de enseñarnos a seguir observando y a mostrarnos otros “modos de ver”, como John Berger: Ser galerista, ser espectador, coleccionista es encontrar entre las creaciones actuales lo que transciende en algo significativo…

Por último, quisiera destacar la labor de Paco del Río y sus comisariados, con la Obra Social de Cajasol; los textos, seminarios y la docencia de Juan Bosco Díaz-Urmeneta, y las críticas de José Yñiguez, Sema D’Acosta, Iván de la Torre y las columnas de Diego Valdés, entre otros muchos.

21
Dic/2009

Bolonia y la perpetuación de la educación religiosa

Sergio Villalba Jiménez. Plataforma por una Universidad  Pública, Democrática y de Calidad. Stop Bolonia

La Universidad de Sevilla como institución inmersa en los avatares del discurrir histórico desde su fundación, se encuentra en estos momentos en un cambio oficial casi eufórico, hacia las lindes del Espacio Europeo de Educación Superior. Este proceso, popularmente conocido como “de Bolonia”, ha recibido duras críticas de la plataforma de docentes a la que pertenezco, que junto a muchos y valerosos alumnos ha tratado de evidenciar durante estos años de “implantación”, las incongruencias y lamentables derivas hacia donde nos dirige. En esta ocasión nos parece importante hablar críticamente del papel que tiene asignado la religión y la religiosidad en una entidad y comunidad de profesionales que se supone regulada por la innovación y la investigación científica.

Al comienzo del presente año académico se nos hacía una vez más, invitación a una misa de “apertura de curso”, situación absolutamente anacrónica promovida desde el SARUS (Servicio de Asistencia Religiosa de la  Universidad de Sevilla), que una vez más generó la consiguiente protesta en las listas de opinión internas, así como las consiguientes réplicas y contrarréplicas sobre la presencia de la religión en el espacio universitario. En este sentido, aquellos que consideramos injustificable tal intromisión, criticábamos la existencia y sentido de este particular servicio de asistencia (en tiempos además de crisis económica), y mencionábamos realidades arcaizantes como la presencia de símbolos religiosos en salas de reuniones de facultades o clases, así como capillas “ligadas” a la tradición de la U.S. o presentes en centros como la actual sede de Magisterio en la Facultad de Ciencias de la Educación, (por cierto, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de sentenciar a favor de la retirada de estos símbolos).

Sin embargo, lo que nos parece más grave de estas intromisiones en el necesario laicismo-laicidad de la institución universitaria tiene que ver precisamente con este último centro mencionado y sus nuevos planes de estudio. Como miembro de la comisión para la elaboración de estos planes, (Grado de Magisterio en Primaria), aparte de constatar lo que era una simple y vergonzosa nueva repartición de “la tarta”, quedé estupefacto cuando ante circunstancias dramáticas para determinadas áreas de conocimiento (Ej. Didáctica de la Expresión Plástica se ha quedado con sólo una asignatura de 6 créditos en toda la titulación) otras… como la formación religiosa… no tenía que entrar en la fraticida contienda burocrática, puesto que la patente de corso que le otorga el Concordato con la Santa Sede, les coloca en una parcela propia y autónoma para seguir hablando de religión y adoctrinar o preparar para ello a los futuros maestros de nuestros ciudadanos; curiosa ventaja frente a la de aquellos padres que quieren (en un sistema público) que sus hijos no reciban clases de “religión” y que a cambio no pueden más que pasar al pairo esas horas, para no generar “agravio” comparativo o ventaja “formativa”. Curioso también es que estamos hablando de personal docente religioso “acreditado” para la docencia por la infame agencia nacional de evaluación o ANECA, (supongo que con menos rigor que lo que nos hace pasar al resto de mortales), y que tiene su docencia garantizada con el sueldo pagado por todos, pero con su designación a cargo de las autoridades religiosas correspondientes.

En el fondo de todo este asunto subyace una muestra representativa de la imperfección con la que en este país se pasó de un estado dictatorial a uno de derecho. Las trabas y concesiones que se tuvo que hacer a los sectores más recalcitrantes de una sociedad oscura y ultraconservadora, quedó reflejada en armisticios ventajosos para una de las partes, con la siempre amenazante cláusula de la fractura social. En un país en el que me temo que las heridas no parecen cicatrizar bien, todos los gobiernos democráticos ratificaron los acuerdos establecidos con una determinada confesión –la católica– y propiciaron en menor medida la ampliación “publica” a la consecución presencial de otros cultos.

La libertad de que los progenitores decidan las creencias de sus hijos y el manejo  porcentual de las “mayorías” de una doctrina para insertar la religión en un sistema de enseñanza público, no es más que una falacia que se esgrime para perpetuar aspectos de una tradición en la mayoría de los casos irreflexiva. Si la misma Iglesia Católica fuese estricta con sus feligreses, y no asumiera como “propios” ciudadanos que viven en situaciones “contrarias” a sus mandamientos o que rayan en una idolatría absoluta hacia imágenes procesionales, la contabilidad de adeptos quedaría bajo mínimos. En otro sentido y quizás con cierta indulgencia pseudoprogresista,  otras comunidades religiosas como la musulmana o la evangélica siguen este rebufo que les permite el adoctrinamiento en la escuela, adquiriendo “corpus representativo” día a día.

Independientemente de que personalmente piense que en general el concepto religión es y ha sido contraproducente para una universalidad de los derechos humanos, y que su enseñanza deba quedar relegada a sus propios centros (parroquias, sinagogas, mezquitas, etc.), no es de recibo que una o algunas de estas creencias puedan tener privilegios de propagación en el sistema público educativo, copando todos los niveles de formación e impartición docente. Este planteamiento no conllevaría que el hecho religioso no sea tratado como parte de estudio de la materia que le corresponda (Ciencias Sociales, Filosofía, etc…). Es más, si diseccionáramos cualquier religión, secta, o no religión (ateísmo, agnosticismo) y las confrontáramos en un espacio abierto de diálogo y crítica (la escuela)…probablemente la defensa de cada entidad llevaría a posiciones ciudadanas mucho más activas y críticas en la elección de su pensamiento; algo desde luego, infinitamente más interesante y duro que simplemente abrazar un procedimiento por inercia.

Volviendo a la conexión inicial de este texto, es curioso que el Espacio Europeo de Educación Superior (además del “gran servicio” que está prestando al mercado neoliberal), en su afán “renovador” y en su versión española, no tenga reparos en perpetuar los privilegios de un concepto indemostrable, adyacente y circunstancial como es la religión, añadiendo otro psicotrópico más a la ya de por sí adormecida población. Como en las perversas dictaduras de otra época, son pocos los que alzamos la voz y muchos los que callan o aplican el concepto de “obediencia debida” de los procesos que vienen desde arriba. El Claustro de la U.S. acaba de aprobar una medida en la línea de la recuperación de la Memoria Histórica. Es un buen momento también para ir eliminando todos los vestigios de cualquier adoctrinamiento religioso e ir elevando una petición que encabece el rectorado de la Universidad de Sevilla, (así se comprobará su progresismo) para que el gobierno central desligue definitivamente el adoctrinamiento religioso de los espacios educativos públicos. Como comenta el ejemplar José Saramago: “el factor dios ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a la intolerancias más sórdidas”. Desde el conocimiento, la razón y la educación es hora de convencernos de las bondades y urgente necesidad de las mismas para regir nuestros espacios de convivencia.

19
Dic/2009

Mitad cura, mitad periodista

AntonioramosAntonio Ramos Espejo. Periodista y escritor.
Justo la noche anterior, José María Javierre simbólicamente estaba presente entre todos los que acudimos, convocados por El Correo de Andalucía, a la cita de la presentación de ‘Tiempo de riesgos’, escrito por el periodista Juan Holgado Mejías. Estábamos recordando aquellas páginas laborales que abrió el periódico, a petición de Felipe González, Rafael Escuredo, Eduardo Saborido… y que representaron un oasis de libertad de expresión para los trabajadores, curiosamente a través de un periódico de la Iglesia, bajo la bendición del cardenal Bueno Monreal, la dirección del cura Javierre y la coordinación de esa sección, única en el panorama periodístico de España, del jesuita y redactor, Eduardo Chinarro. Estaba vez los rojos de solemnidad no se habían topado con la Iglesia. Al contrario, se les abrían unas puertas frente a la dictadura. Esa noche ya hacía un frío de tembleque y horas más tarde muchos sevillanos se levantaron aterrados unos, sorprendidos otros, por el terremoto que sacude a Andalucía desde el Cabo de San Vicente. Desde su casa, mirando a Triana, el cura, como le llamamos sin más apellidos, debió sentir algo más del frío que le subía de las aguas del Gran Río y tal vez notaría también el temblor de su vida. Esa fue su última noche del 17 al 18 de diciembre.

Mientras anota ese momento de la madrugada, recuerdo que la última vez que estuve en su casa fue para hablar para un documental sobre San Juan de la Cruz. José María me dijo, según sus palabras grabadas, sobre los últimos momentos del místico de Ávila, en los que ahora quiero reconocer también al maestro: “Los momentos finales son un poema… Un poema literario, un poema de sufrimiento, de aguante, de no digamos de una actitud perdonadora, porque él no se veía autorizado a perdonar, para él eran decisiones que venían del Altísimo…”. Como San Juan de la Cruz, que llegó a Andalucía después de escaparse de una cárcel conventual de Toledo para seguir la reforma de Santa Teresa por tierra andaluza hasta morir en Úbeda; también Javierre, no llegó de ninguna cárcel sino del frío de Alemania, se encontró con la fascinación de Sevilla, con los venerables, santos o santas, a los que dedicaría espléndidas biografías, –al cardenal Spínola, fundador de El Correo, a Sor Ángeles de la Cruz…– y notando el pulso de la ciudad en sus manos, el periódico, por indicación del cardenal de Sevilla. Y finalmente, también Andalucía, también Sevilla para morir.

En una entrevista que Antonio Checa le hizo a José María, para nuestro común programa ‘Andalucía es su nombre’ de Canal Sur, en septiembre de 2006, habla de la etapa que vive con tanta intensidad a través del periódico: “Los últimos años del franquismo pues fueron unos años andaluces para mí de un contenido verdaderamente, para mí, en mi historia especial, casi épico, porque aquello era una batalla permanente. Tolerada por el franquismo porque el cardenal estaba detrás y nos cobijábamos todos, se lo dije a Felipe González y a Alfonso Guerra, nos cobijábamos en la capa del cardenal y era desde allí desde donde podíamos funcionar. En Palacio es donde se celebraban reuniones de las CCOO. En las Iglesias es donde teníamos una especie de retiros espirituales que eran conciliábulos. Claro, la policía lo sabía pero con el cardenal detrás… Entonces el periódico me hizo conocer la realidad absoluta de Andalucía. Era una Andalucía que verdaderamente merecía la pena, porque teníamos todos una gran esperanza…”.

Los periodistas de Andalucía de ese tiempo, los que estábamos donde él estaba, con los periodistas que así jugaban porque compartían el pan y el sueño de la libertad de expresión con los que se sentían reprimidos en el campo, en las aulas, en los conciliábulos políticos y sindicales, sabemos quien es este maño, mitad cura, mitad periodista, con sus vidas llevadas al compás, al servicio de una Andalucía, que él adoptó como patria y en la que se comportó como un activista nato. “Los años aquellos que estuve aquí y estábamos codo a codo trabajando, todas las gentes, de todos los colores políticos y hasta religiosos, porque estábamos de todo en el grupo, pues formábamos una piña, una unidad, y soñábamos con una Andalucía que iba a ser grandiosa, que iba a ser una maravilla cuando se muriera Franco, que le costó mucho trabajo, porque no se moría nunca”, dice también en la entrevista mencionada.

Pero Franco murió. Y llegó la democracia y la hora de la verdad de la autonomía. Javierre, que había participado intensamente, con la mezcla de sensibilidades que había, actuando todavía con la ingenuidad de los soñadores, con su doble condición de cura y periodista, director espiritual, maestro de plumillas, convertido en un hombre clave en situaciones difíciles. El cura lo era todo, como la figura de un defensor del pueblo. Andalucía, creía, creíamos muchos, estaba por encima de todo. Recuerdo que en más de una ocasión nos citaba, a los periodistas y algunos políticos de toda Andalucía, en Antequera. A veces para tener una línea editorial en defensa de Andalucía; otras para intervenir incluso en las primeras listas de independientes en las candidaturas al Senado. Y es verdad que todos aquellos que acudíamos, aunque él estuviera más centrado en Sevilla, no íbamos a estar así al llegar la democracia con el cambio editorial en algunos periódicos, los que éramos de ese mundo, ni se iban ya a compartir los mismos proyectos con la legalización de los partidos políticos.

A José María le había decepcionado esa Andalucía que se fue dividiendo en mil corazones. Reconoce que tras unos años no se siente a gusto. Pero él mismo interpreta la razón de su tristeza: “… Al llegar me encontré con que ya aquellos equipos de soñadores se nos habían desintegrado. Era normal, yo fui un estúpido, porque claro, si estábamos: comunistas, socialistas, derechistas, andalucistas… Cada uno pertenecía a una corriente partidista y tenía que incorporarse a su partido, y comenzaron las tensiones y las luchas, y las luchas también electorales”.

A José María le hubiera encantado, en aquellos primeros años de la democracia, haber sido senador. Se lo hubieran rifado los partidos. Pero no se atrevió a dar claramente el paso. Y también le hubiera gustado, aún más, ser el alcalde de la ciudad que lo tenía embrujado. En este documento que estoy consultando, le confiesa a Antonio Checa un dato que yo al menos desconocía. En las segundas elecciones municipales, después del mandato de Luis Uruñuela como alcalde democrático, dice que tuvo esa oportunidad “y me hubiera encantado ser alcalde de Sevilla”. Y dice: “Recuerdo que le dije a Manolo “imagínate los discursos que voy a echar yo”, “tú te meterás conmigo”. Él se reía mucho porque sabía que no iba a ser verdad. Siempre he pensado que fue un acierto el cardenal Tarancón el que nos puso a los curas en su sitio, es decir, que los curas no debíamos meternos directamente en política”.

Quiero, por último, confesar mi admiración por este personaje. José María siempre me mostró la mano tendida, a veces con cierto paternalismo, como con otros compañeros que veía en situación de riesgo. Desde hace tiempo, cada vez que me saludaba decía lo mismo. “He temido que te metieran en la cárcel y Dios sabe…”. Y yo le decía, no te preocupes: “Ya tuvieron bastante con los tres que dejaron muertos en el barranco de Gergal”. Él se refería a mi atrevimiento por haber escrito el libro El caso Almería, antes de la celebración del juicio.

Por otra parte, como discípulos he sentido, aunque sea en pequeñas dosis, haber seguido sus paso, como director de El Correo y como director también que he sido de la nueva Enciclopedia General de Andalucía. Ha merecido la pena crecer con ese modelo de referencia. En esta hora de la despedida, me gustaría, después de esa noche de frío y recuerdos que vivimos recordando las páginas laboralistas de su periódico, haber acudido a su mesa de escritorio para ver sus papeles, en qué seguía trabajando este incasable periodista. A esa última hora, que en Sevilla es entre la Giralda y el Guadalquivir, el maestro, el hermano junto a su familia, diría como San Juan de la Cruz: “Váyanse con Dios y recójanse, que es hora de cerrar el convento; que esta noche tengo de ir a decir maitines al cielo”.