Daily Archives: 30 Noviembre 2009

30
Nov/2009

Por encima de todo, información, mucha información

enriquezok Carmen Enríquez, presidenta del Club Internacional de la Prensa

Parece una obviedad, una verdad de Perogrullo, algo innecesario. Pero, a pesar de todo, creo que  es hora de volver a reivindicar la información como la principal tarea que tenemos los periodistas, el objetivo principal de un trabajo marcado por la obligación ineludible de informar.

Estamos en un tiempo en el que si una noticia no contiene su dosis adecuada de opinión, si no lleva sus gotitas ácidas de crítica, si no tiene suficientes elementos para que sea entretenida o divertida, no vale y los editores o redactores jefes la rechazan por falta de interés. Estamos en un momento en que la información sesuda y pensada, en la que se analice con detalle los antecedentes de la noticia, el contexto en que se ha producido, las causas posibles de lo que ha ocurrido y otros detalles fundamentales para entenderla, no se valora en absoluto, se considera aburrida y falta de interés que no va captar la atención de los lectores, oyentes o espectadores según sea el medio en el que se vaya a difundir o publicar.

Es como si la filosofía de la comida rápida o fast food se hubiera trasladado también al mundo de la información y lo que ahora se requiera es la noticia rápida o fast news. Todo de usar y tirar, obligando a consumir cientos de noticias a la semana pero sin dar tiempo a que la gente las digiera, las entienda, las asimile. Es verdad que las noticias deben ponerse al alcance del público con la mayor celeridad posible ya que si no es así, envejecen rápidamente. Pero creo que estaría bien dar tiempo a que se asienten, a que se asuman, antes de borrarlas y dar paso a la siguiente historia.

Pero volvamos a la información. A la necesidad de que la información sea veraz, ponderada, contrastada por más de una fuente, neutral, honesta y también ¿por qué no? interesante. Pero no divertida, porque aplicar ese calificativo a las noticias me parece frívolo y poco serio y porque esa palabra entraña muchas veces que la información deba ser entendida más como espectáculo y, consecuentemente, lo espectacular pase a un primer plano por encima de otros conceptos imprescindibles como la rigurosidad o la responsabilidad del periodista a la hora de elaborar un reportaje, un artículo de fondo o cualquier otro género informativo. Si sólo se aborda el trabajo periodístico desde una óptica del entretenimiento, se puede caer fácilmente en la banalidad o en la superficialidad. Y lo que es peor, que la anécdota se eleve a la categoría de titular de la noticia y la esencia de la misma se obvie en aras de lo divertido o lo chocante. ¡Cuántas veces se ha dejado de dar el meollo de una información por ocurrir al mismo tiempo un hecho fortuito que acaparó la atención momentánea del público!

Ala hora de repasar la obligación de todo periodista de que la noticia que redacte sea veraz, estamos hablando de una cuestión de ética importantísima que no se respeta con frecuencia. Hay un dicho un poco cínico conocido por todo el que se dedica a las tareas informativas: no dejes que la verdad te estropee una buena noticia. Y hablo en este caso de personas que fabrican primero los titulares de la historia que van a contar y luego tratan de comprobar o buscar justificación a esa historia preconcebida. Muchos de los que lean esto, sabrán perfectamente de qué estoy hablando y recordarán las ocasiones en que los responsables de una publicación le hayan pedido que busquen las pistas para confirmar lo que han predeterminado que iba a ser la portada, en vez de recorrer justo el camino contrario: primero investigar y comprobar todos los datos, entrevistar a los protagonistas e implicados en la historia, y después valorar el alcance y la importancia de la misma.

Un escollo importante a salvar por parte de los profesionales de la información es la incomprensión total con la que tropiezan muchos periodistas a la hora de hacer entender en los medios en los que trabajan estos principios básicos de la ética periodística en los que se debe basar el ejercicio responsable de nuestra profesión. A veces, cuando alguno apela a la objeción de conciencia, a la obligación de preservar el secreto de las fuentes, a la elemental regla de consultar más de una de esas fuentes antes de dar una noticia o cualquier otro comportamiento responsable, se encuentra con que lo miran con malos ojos, que le dicen que todo eso son paparruchas y que tire para delante y se olvide de plantear esos tiquismiquis.

En un momento en que crecen los medios de comunicación, especialmente los digitales que se encuentran en Internet, nos encontramos con que la profesión periodística está bastante devaluada. La opinión pública en general, salvo pequeñas excepciones, tiene la impresión de que los que nos dedicamos a esa tarea tan apasionante de informar, somos la mayoría personas indocumentadas, que tratamos los temas superficialmente, que metemos la pata por no profundizar un poco más en los asuntos que nos encargan y que no hay que fiarse mucho de lo que hacemos. Y lo peor de todo es que, aunque me pese confesarlo, muchas más veces de las debidas, tienen razón.

Por eso, a la hora de plantear el necesario cumplimiento de las normas elementales de la ética, de recordar que es obligación de todos el respetar esos principios sin los cuales el oficio de informar se convierte en un carrera de obstáculos en lo único que impera es la ley de la jungla, algunas personas te miran y te dicen que hablar de ética periodística hoy en día es hablar de la utopía. Pero no es verdad. Y si lo es, entonces reivindico la utopía.