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24
Nov/2009

Sevilla y los cambios

EnriqueHdez

Enrique Hernández Martínez. Director del Plan Estratégico Sevilla 2020.

Desde que el hombre existe, nuestro mundo no ha hecho sino cambiar. Nosotros mismos, nuestra sociedad, nuestra manera de ser y de estar, es producto de miles de cambios producidos con anterioridad. Lo que ocurre es que cambios y transformaciones que antes tardaban generaciones e incluso siglos en producirse, hoy tienen lugar en el plazo de décadas y hasta de años. El universo tecnológico que hace nuestra vida cotidiana bastante diferente de la de nuestros padres no es sino la punta del iceberg.

Otros cambios, mucho más profundos, a menudo nos pasan desapercibidos.
Por ejemplo, el mapamundi de este siglo parece que va a ser muy diferente del que aprendimos en el colegio. Pocos saben que actualmente el 45% de los graduados en carreras científicas y tecnológicas del mundo son asiáticos. El PIB mundial no ha hecho sino crecer en los últimos 30 años, pero la mayor parte ese crecimiento económico se ha producido en países que hace poco tenían una escasa importancia económica, como China, India o Brasil. El PIB de los países emergentes supone ya el 50% del mundial, aunque es evidente que el crecimiento mundial no ha servido para solucionar la pobreza, sino para incrementar las desigualdades.

La presión sobre las fuentes de energía y los recursos naturales, es un factor crítico. Como lo es el calentamiento del planeta, verdadero reto contemporáneo, cuyas posibles repercusiones han sido ya estimadas en una caída del 20% de la economía global. Todo ello está promoviendo ya cambios en el desarrollo de fuentes de energía renovables, y en la búsqueda de modelos productivos sostenibles, un camino que afortunadamente el gobierno de España se ha tomado en serio.

Por otra parte, la conexión instantánea entre los seres humanos está propiciando el surgimiento de redes, el intercambio de ideas y de información, y la capacidad casi ilimitada de interactuar entre nosotros en todos los campos imaginables (intelectual, económico, político, social,…). Los efectos de estos procesos son complejos, muy difíciles de ver y comprender en su integridad.

En definitiva, no hay casi ningún aspecto que analicemos que no nos hable, por tanto, de que nuestra generación va a conocer, está conociendo ya, importantes transformaciones de la sociedad humana. Si bien en esta ocasión los cambios, profundos o triviales, se deslizan entre nosotros y nuestro tiempo de manera mucho más sibilina, menos abrupta y menos traumática que en otras épocas. No hemos visto una Revolución Francesa, ni una Revolución Industrial ni, afortunadamente, grandes conflictos que hicieran de resortes para estos importantes cambios históricos.

Acercándonos a nuestra escala urbana, la opción que se nos plantea en Sevilla no es, por tanto, si queremos que el mundo cambie o no. Eso no está en discusión. Lo que tenemos que ver es qué hacemos ante los cambios. Es inútil mantener la fantasía de la inmutabilidad, con su variante local de todo tiempo pasado fue mejor y el lamento lírico por la Sevilla que se nos fue.

Es aquí donde cabría preguntarse por qué un cierto número de sevillanos y sevillanas tienen tanta prevención ante los cambios, los temen, hacen todo lo posible para que no se produzcan y se sienten agraviados cuando éstos finalmente ocurren. Dejando aparte la defensa de privilegios que se vean amenazados o las tácticas políticas coyunturales, yo creo que en algunas personas de la ciudad subyace el sincero temor a la pérdida de nuestra identidad. Es decir, aquel conjunto de elementos materiales e inmateriales que la mayoría de los sevillanos amamos, disfrutamos y gustamos de transmitir a nuestros hijos. Pero, al igual que todas las creaciones humanas, la identidad, traducida aquí como “sevillanía”, es también producto de la suma de cambios a lo largo del tiempo. Siendo tan sevillanos como ellos, nosotros no somos ni pensamos de Sevilla lo mismo que nuestros abuelos. Nuestro mundo es otro y nuestra ciudad es otra. Y la de nuestros hijos también será diferente.

La clave consiste en trabajar tanto a favor de aquello que creemos mayoritariamente que merece la pena ser preservado, como también a favor de aquellos cambios que nos deben de servir para generar una sociedad más justa en ciudad más prospera. Creo que en Sevilla somos capaces de pensar nuestra ciudad de manera inteligente, generosa y sosegada, con la vista puesta en un horizonte a medio plazo y comprendiendo las distintas visiones que unos y otros tenemos de ese espacio compartido que llamamos Sevilla. Si así lo hacemos, nuestra comunidad será capaz de avanzar aprovechando sus oportunidades en los nuevos tiempos, que no son pocas. Gobernando los cambios a nuestro favor. La elaboración del nuevo Plan Estratégico Sevilla 2020 es una buena ocasión para ello.
Intentar no cambiar también es una opción: mas una opción perdedora.