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04
Nov/2009

Dos maneras de concebir las estatuas

Raquel Rico Linage. Presidenta de Iniciativa Sevilla Abierta.

Hace ya algunos meses la ciudad de Londres inauguró una escultura en homenaje a todos los periodistas muertos mientras realizaban sus labores profesionales. En los últimos 10 años, cada semana han muerto dos reporteros de guerra en el mundo, mientras caían asesinados otros muchos periodistas de humildes medios locales cubriendo asuntos de corrupción.

Para realizarla se convocó un concurso internacional que ganó un artista español, el catalán Jaume Plensa, siendo inaugurada por el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon. El cono invertido de Plensa se iluminará cada noche a las diez en punto, coincidiendo con el inicio del informativo más importante de la BBC, en el que muchos periodistas muertos han visto difundido y apoyado un duro trabajo del que toda la sociedad se beneficia. Mark Thompson, su director general, deseó que “este conmovedor monumento sirva para recordar cada noche el sacrificio de muchos por la libertad de expresión”.

Y en Sevilla, también hace algunos meses, se inauguró la estatua de la Infanta Doña María de las Mercedes, madre del Rey, instalada delante de la plaza de toros de la Maestranza, un espacio en el que, emulando a los guerreros de Xian, se acumulan otras muchas de similar concepto: Carmen la Cigarrera, Curro Romero y Pepe Luis Vázquez.
En este caso la prensa informó a los sevillanos de los valores que la justifican: siempre se declaró una amante de los toros y de todas las tradiciones y fiestas que jalonan el calendario sevillano, como la Semana Santa y la Feria de Abril, además de ser una seguidora del Real Betis Balompié. A la inauguración asistieron numerosos cargos socialistas, representantes eclesiásticos y personajes relacionados con las dos aficiones más conocidas de la difunta madre del Rey: los toros y el Betis.
Y en estas fechas, la prensa sevillana anuncia que la saga tendrá continuación. La Duquesa de Alba, con mantón de Manila y flor en el regazo, con una imagen que hasta en el siglo XIX resultaría cursi y que nada tiene que ver con la que en ella es habitual, será instalada en los Jardines del Cristina con el visto bueno de la Comisión de Patrimonio y de la delegada de Cultura de nuestro ayuntamiento, unas autoridades ajenas al parecer a la cultura del siglo en el que viven.
Y esas noticias nos informan también de algunas razones. No va a costar una peseta, lo que parece indicar que si no cuesta se instala lo que sea. Además, la presidenta de la Academia de Bellas Artes ha calificado a la homenajeada de “una mujer del pueblo” pero una de las entidades que sufragan es la Real Maestraza, lo que indica desde luego otros intereses distintos a la representación de valores populares. No deja de extrañar que una entidad que con los carteles de toros había apostado por la modernidad retroceda ahora a tiempos que creíamos periclitados.
Y hablando de valores, ¿estos son los nuestros? La duquesa de Alba ha sido nombrada hija adoptiva, hija predilecta, tiene una glorieta y ahora una estatua que se pretende instalar en un jardín triste y descuidado, lleno de cristales rotos. ¿Qué le debemos para tanto homenaje? Pese a que los avances experimentados por la sociedad en los dos últimos siglos tienen fechas y nombres muy significativos, Sevilla ignora esos valores de progreso y a quienes los representan.

Tras treinta años de democracia, y bastantes de alcaldía socialista, parece razonable solicitar que se atienda a méritos de mayor entidad moral. La lucha por una sociedad más libre y justa, la defensa de los derechos humanos, las aportaciones científicas, la sabiduría o la excelencia artística parecen no importarnos.

Y desde luego no deja de resultar llamativo que –precisamente cuando se cumplen doscientos años de que la Junta Central convocara en el Alcázar de Sevilla las Cortes que en Cádiz aprobaron una Constitución por la que los españoles dejaron de ser súbditos para convertirse en ciudadanos– los sevillanos, en vez de homenajear a quienes tanto lucharon por los derechos que hoy disfrutamos, sigamos levantando estatuas a una nobleza que comenzó entonces a perder sus privilegios históricos.
Y como un dato más de nuestra indolencia, con motivo de la Expo se instalaron en la Cartuja algunas esculturas donadas por países participantes y que representaban conceptos contemporáneos. Ya no eran figuras insignes, vidas ejemplares. Se llamaban “Figura con sombrero”, “Europa en el corazón”, “Una casa para el arte”, “Hombre con camisa blanca”. Algunas, como esta última, incluso han desaparecido –de las doce iniciales sólo quedan ocho– y con ellas hemos abandonado también las referencias al siglo al que pertenecemos.

Por todas esas razones, y por la pésima calidad de las que se han multiplicado en los últimos años, desde Iniciativa Sevilla Abierta solicitamos, una vez más, que se revise la política de monumentos de manera que se representen valores de una sociedad libre y avanzada, que se actualicen los criterios artísticos y se encarguen a artistas de reconocido prestigio y finalmente que se dignifique el espacio en el que se instalan.