Nico Olivera sigue celebrando sus goles bailando reggae mientras surca el planeta

Olivera, bailando. Foto: PueblaFC

Olivera, bailando. Foto: PueblaFC

Nico Olivera no para. A sus 32 años, el delantero uruguayo que defendió los colores del Sevilla entre 1998 y 2002 continúa jugando al fútbol. Su actual equipo es el Puebla mexicano, octavo y, por ahora, enésimo destino de este auténtico trotamundos del balón que desde que abandonó la disciplina nervionense ha militado en el Valladolid, Córdoba, Defensor Sporting (Uruguay), Albacete, Defensor -segunda etapa en este equipo- y los mexicanos Atlas, Puebla y Tiburones Rojos de Veracruz.

Nico Olivera fue un auténtico ídolo en el Sevilla, posiblemente el club donde más rendimiento dio tras llegar procedente del Valencia. Su mejor campaña como nervionense fue la 2000/01, en Segunda División, cuando se erigió en el principal exponente de un conjunto que luchaba por recuperar el sitio en la máxima categoría del fútbol español. Dieciséis goles firmó entonces.
Pese a ser un jugador emblemático en aquel Sevilla, Olivera se marchó en busca de un nuevo destino. Gran parte de la culpa la tuvieron sus representantes, que pidieron al club una cifra millonaria imposible pagar para la entidad presidida por Roberto Alés, que bastante hacía con mantener la nave a flote. Posiblemente, aquella decisión fue una de las más equivocadas en la carrera profesional del uruguayo, muy identificado con la ciudad y con un club que le dio todo. El pasado 2 de mayo, con motivo del Sevilla-Atlético de Madrid en Liga, el charrúa estuvo en el palco del Sánchez Pizjuán, donde fue recibido como lo que fue, un ídolo muy querido por la afición.
Ahora, casi una década después, Olivera, ferviente seguidor de Bob Marley, sigue celebrando sus goles de la misma forma: bailando reggae. Y lo que le queda. Mientras llega el día de colgar las botas, surca el planeta disfrutando del fútbol.
Quico Canterla

Y Caparrós se puso de pie con Mario y Luis Gil

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Mario Cotelo.

Muchas veces se le pierdela pista a futbolistas cuando salen del Sevilla porque se adentran en las aguas del exotismo futbolístico. Pero otras veces se les pierde la pista sin necesidad de ubicarlos en la lejanía, más bien al contrario. Es el caso, por ejemplo, de Luis Gil y Mario. En el Sevilla vivieron el máximo ostracismo. Se hicieron más famosos por las palabras de Caparrós que por su juego. “Me pongo de pie con Mario y Lusi Gil”, dijo en su día el de Utrera. “Son profesionales y trabajan de forma impresionante en todos los entrenamientos”. Claro que luego no los ponía nunca. Cosas de Caparrós. Pero lo cierto es que fuera del Sevilla han sabido buscar su sitio, con más o menos fortuna, según el caso.

El primero llegó al Sevilla en 2001 procedente del Murcia. Destacaba por su velocidad y Caparrós recurrió a él en varias ocasiones buscando esa virtud. Fue incluso una vez titular en el Camp Nou, en punta. En su primera campaña en el equipo nervionense Luis Gil jugó 18 partidos, pero no hizo ningún gol. Y pronto el equipo hispalense se le quedó bastante grande. Tanto que fue cedido a la temporada siguiente al Poli Ejido, donde sí destacó. Empezaba a quedar claro que su categoría era la Segunda. Algo que se confirmó poco después. Volvió en junio al Sevilla y Caparrós apenas le dio cinco partidos, y acabó saliendo en enero de 2004 para nunca volver. Su primera parada fue el Elche, y de ahí se marchó al Tenerife, una temporada. Luego, de nuevo al Alicante, en Segunda. Dos años en la costa levantina le valieron para conocer la crudeza del fútbol, lo que significa no cobrar. De ahí su impliación en la AFE. Actualmente milita en el Alcoyano, de Segunda división B.

Luis Gil.

Luis Gil.

Mario Cotelo sí que tuvo más recorrido en la elite. Y tanto. Llegó al mismo tiempo que Gil, en 2001, pero éste aguantó menos. Sólo jugó cinco partidos con el equipo nervionense a las órdenes de Caparrós, y eso que llegaba precedido de una buena trayectoria en el Sporting. Pero el de Utrera no confió en él. Se marchó Primero a la UD Las Palmas, buscando el impulso de la Segunda división, pero donde ha triunfado es en el Getafe, donde todavía sigue. En el equipo madrileño ha jugado en Europa y ha vivido dos finales de la Copa del Rey, una perdida ante el Sevilla. Eso sí, no le pregunten por su etapa nervionense. Bien, precisamente bien, no habla de ella. Normal, no fue precisamente maravillosa para él.

Colusso, ¿promesa? frustrada

colusso2Cristian Daniel Colusso fue un claro ejemplo de promesa frustrada, aunque nunca ha llegado a estar claro si siquiera llegó a ser promesa. Lo cierto es que con esa vitola llegó al esquizofrénico Sevilla de José María González de Caldas. Tras haber debutado en la Primera división argentina en 1994 en el club de su ciudad, Rosario Central, y tras derrochar en sus inicios frescura y calidad, según algunos informes, llegó al Sevilla en 1996 como la gran joya del fútbol argentino. Ese fue su cartel, el que le colgó su representante, Roberto Rodríguez, y el que compraron los por entonces rectores sevillistas, incluido su entrenador, José Antonio Camacho. Pero su trayectoria no fue la de una promesa, ni la de una joya, más bien todo lo contrario. La primera vez que saltó al Pizjuán admitió que sus piernas “temblaron”. Con tal panorama Camacho no tardó en relegarlo a un segundo, tercer y cuarto plano. Pero su ostracismo, además, vino fomentado por motivos extradeportivos. Al poco tiempo se descubrió que su venta al Sevilla fue un timo en toda regla, que el club nervionense pagó a su representante, propietario de sus derechos, tres veces más de lo que en realidad costó el jugador (1,7 millones de euros, cuando Rodríguez se hizo con él por 500.000).
Colusso3Esta polémica en la que se vio envuelto acabó de hundir su carrera en el Sevilla. La mala jugada de su representante dejó al argentino parado durante un año. A medida que iba avanzando la investigación del club sobre el traspaso al argentino se le fueron cerrado todas las puertas, hasta llegar incluso a no ver abierta más, esa misma temporada, la que comunicaba a la ciudad deportiva donde entrenaba. Colusso apenas pudo entrenarse con el Sevilla B (actual Sevilla Atlético). Un año que el argentino recuerda con mucha tristeza y por la cual tuvo que necesitar ayuda psicológica, pues no sólo perdió la ilusión por jugar, sino también dinero. Su proyección, cierta o no, se vio cortada y en el limbo.
Un año más tarde, en 1997, se fue cedido al Club León de la primera división mexicana, pero por si fuera poca su mala suerte, justo cuando comenzaba a adaptarse a la liga azteca, se lesionó por una fisura en la rótula de la rodilla derecha. Esta lesión le creó un nuevo incidente con un club de fútbol. Colusso viajó a Argentina a tratarse de su rodilla y esto no gustó mucho a la entidad mexicana, que le echó una dura reprimenda, acusándolo de querer irse del equipo y lo mandó de vuelta a España.
Ya por fin en 1999, el argentino resolvió su conflicto con el club sevillista y regresó a Argentina para jugar con el equipo de su ciudad y donde se dio a conocer, el Club Atlético Rosario Central, pero tampoco tuvo continuidad.
En 2000, resignado pero con la ilusión de seguir jugando, aceptó bajar de categoría y fichó por el Atlético Tucumán, que entonces jugaba en la Segunda división argentina. Fue, el comienzo de su definitivo declive. Al año siguiente emigró a Inglaterra, donde jugó en el Oldham Athletic, también de segunda categoría. En 2003 se fue a Italia a probar suerte al Carrarese de la Serie B, dejando al equipo a mitad de temporada y acabando ese mismo año el Almirante Brown, equipo de la Primera B Metropolitana, que equivale a la tercera división argentina. En 2004 fichó por el USM Blida de la Primera división de la liga de Argelia, para justo al año siguiente volver a Latinoamérica, al Universidad Católica de Ecuador primero, y luego al Deportivo Anzoategui, de la Segunda de Venezuela. En 2007, Colusso volvió a Argentina con la esperanza de ayudar a su nuevo equipo, el San Martín de Mendoza, a ascender al Nacional B, la segunda división argentina. Con ellos, jugaría un par de años más.
En la actualidad, Colusso juega en el Club Atlético Pujato, que juega en la liga regional argentina de fútbol de Casilda. El argentino, con 33 años, asegura que una vez termine su carrera futbolística piensa aprovechar sus vivencias para ayudar a otros futbolistas a no pasar por el mismo trance. Sueña con ser algún tipo de consultor, y no descarta hacer el curso de entrenador.
Roberto Rodríguez, por cierto, adquirió la ciudadanía española y en actualidad colabora con el Real Madrid.

Rayco Armas

Petkovic: de no jugar en Nervión a ser el heredero del 10 de Zico en el Flamengo

dep Petkovic WEB

Petkovic celebra su reciente título con la afición del Flamengo.

No hay que remontarse mucho en el tiempo para recordar a Dejan Petkovic (Majdanpek, Serbia, 1972), centrocampista fichado a base de talonario por el Real Madrid de Lorenzo Sanz -pagó unos 600 millones de las antiguas pesetas- cedido en el Sevilla en la campaña 1995/96, tras ser incluido en la operación Davor Suker.

Formado en el Radnicki de la extinta Yugoslavia, su explosión en las filas del Estrella Roja le permitió dar el salto al Real Madrid, donde, pese a las expectativas, pasó desapercibido. En el Sevilla, Rambo, como así se le apoda por su combatividad sobre el césped, tampoco hizo gran cosa: ocho partidos de Liga y un gol. La explosión de esta considerada perla de los Balcanes nunca se produjo… en el fútbol europeo.

Tras regresar al Real Madrid, del que se despidió con un bagaje de cinco partidos de Liga, volvió a irse cedido, esta vez al Racing, donde tampoco triunfó. Sin embargo, el punto de inflexión de su carrera llegaría justo después. Una oferta de Vitoria de Bahia le animó a hacer las maletas e iniciar una aventura por Brasil que acabaría marcando su vida.

El Vitoria fue el primero de la larga lista de equipos  brasileños, con algún que otro paréntesis por medio (Venecia italiano, Shanghai Shenshua chino y Al Ittihad saudí), en los que ha jugado: Flamengo, Vasco de Gama, Fluminense, Goiás, Santos, Atletico Mineiro y de nuevo el Flamengo, su club actual, con el que ha sido elegido hace poco mejor centrocampista del campeonato.

Hoy día, Petkovic es un auténtico ídolo no sólo del histórico Fla sino en todo Brasil. A sus 36 años, este diplomado en Enfermería llegó a escuchar de boca del mítico Zico, el mejor jugador de la historia del club rojinegro, que debería llevar el ‘10′ y que Adriano -que tenía ese dorsal- debía usar el 9. Un detalle de lo apreciado que es, porque, evidentemente, le separa un mundo de Zico, uno de los más grandes que ha dado este deporte.

Especialista en lanzamientos de falta y en marcar goles olímpicos, faceta ésta en la que se acerca ya a la decena y que recientemente le permitió dedicar uno a Río de Janeiro tras ser designada sede de los Juegos, Petkovic será nombrado en breve ciudadano de honor de Belgrado, ciudad donde, siendo jugador del Estrella Roja, residió varios años.

En la actualidad, el director de cine Darko Bajic está filmando una película documental sobre él bajo el título ‘Gringo’. Un auténtico triunfador este Petkovic… lejos de Europa.

Quico Canterla

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Darío Silva, un genio dedicado a los caballos y a la representación de jugadores

Darío Silva puede ser considerado, sin temor a equdario-silvaivocarnos, como uno de los futbolistas más particulares que han pasado por la centenaria historia del club de Nervión. Precisamente, esa particularidad fue la que le permitió dejar de ser un jugador ‘odiado’ por la afición durante su etapa malaguista -marcó goles al Sevilla que hicieron mucho daño- a convertirse en uno de sus emblemas tras el golpe de efecto que se intentó dar con fichaje, en 2003. Una serie de frases afiladas contra el eterno rival y su pasión a la hora de defender el escudo le hicieron ganarse pronto el apoyo de una afición que, pese a su carácter díscolo, no tardó en mostrarle su aprecio.

Internacional con Uruguay en 49 ocasiones y trotamundos del balompié merced a su paso por Ligas como la charrúa (Defensor Sporting y Peñarol), la española (Espanyol, Málaga y Sevilla), la italiana (Cagliari) o la inglesa (Portsmouth), Darío Silva sigue sonriendo a la vida en la actualidad, como siempre hizo. Ni siquiera el infortunio que suposo para él la amputación de una pierna tras un grave accidente de tráfico le ha quitado su sonrisa y sus ganas de hacer cosas.

Hoy día, y tras anunciar hace algún tiempo su deseo de competir en los Juegos Olímpicos de 2012 en la modalidad de… remo, el que fuera espectacular delantero se dedica a la cría de caballos de carrera y ejerce de intermediario futbolístico. Sin ir más lejos, recientemente estuvo en Málaga y Sevilla hablando de jugadores. ¿Se imaginan ahora a José María del Nido negociando con Darío Silva? ¿O al charrúa negociando con… Manuel Ruiz de Lopera, con quien tuvo más que palabras durante su etapa nervionense?.

Quico Canterla

Un campeón de la UEFA en Gales

jordiLlegó a celebrar una Copa de la UEFA con el Sevilla, estuvo en la foto de Eindhoven y participó activamente en la histórica temporada 2005/06, pero el crecimiento permanente del equipo nervionense, la llegada de Poulsen al centro del campo y la tremenda competencia le dejaron de lado de los siguientes años sevillistas.
Jordi López fue un buen fichaje. Y lo fue porque, a pesar de no pasar a la historia como uno de los mejores futbolistas del club, cumplió con su cometido. Fue un gran repuesto de una pareja exitosa, Martí-Renato, y en su segundo año tuvo parte del mérito del éxito nervionense. Llegó a disputar 10 partidos en aquella UEFA y 19 en aquella Liga, cifras superiores a las de aquel año.
Pero fue llegar el gran danés, Poulsen, y el catalán formado en la cantera del Real Madrid verse obligado a buscar otro destino.
Primero se trasladó a las baleares, al Mallorc,a donde disputó 24 partidos, una muy buena cifra que no tuvo continuidad en el siguiente año en el Racing, donde apenas jugó 14 partidos. Por ello, el centrocampista se atrevió a dar el salto hacia Inglaterra en verano de 2008.
El proyecto semiespañol del Queens Park Rangers lo atrajó, pese a militar en la segunda división inglesa. Pero no le importó. Un buen contrato y un club histórico hicieron el resto. Pero la cosa no fue demasiado bien: 10 partidos, un gol.
Curiosamente, son los mismos partidos que ya ha jugado esta temporada, en la que milita en el equipo gales Swansea City, de la misma categoría. El canterano madridista, a sus 28 años, todavía tiene carrera por delante, aunque desde Gales.

Los belgas no tienen suerte en el Sevilla

Axel Lawaree, en su actual equipo, el Fortuna.

Axel Lawaree, en su actual equipo, el Fortuna.

No es el Sevilla un buen destino para los belgas. Está claro que Tom de Mul no ha tenido suerte en el equipo nervionense, pero es que su predecesor en el club sevillista, Axel Lawaree, fue un auténtico fiasco. Llegó al Sevilla en el proyecto del ascenso de la temporada 1997/98. Con él, una tropa de proyectos que se quedaron en eso: Rytter, Casagrande, Axel, Vukicevic, Wagner, Carlao, Eboue… Todo un material almacenado para esta sección. Pero vamos con el belga, que poca fortuna tuvo en el equipo hispalense, dicho sea de paso.

Ha hecho carrera Lawaree, tanto que a día de hoy sigue en activo, y con contrato en vigor hasta junio de 2010 en el Fortuna Düssedolrf, de la Bundesliga 2, es decir, la segunda división alemana. Actualmente el conjunto de Lawaree es cuarto en la tabla, aunque él ha jugado tan sólo tres partidos y no ha marcado gol alguno. Pero hasta llegar donde está y desde que dejó el Sevilla Lawaree ha dado tumbos en esto del fútbol. Emergió en el fútbol belga como una estrella en ciernes, y de hecho llegó procedente de uno de los clubes bandera del Benelux, el Standard de Lieja. En el Sevilla alcanzó un bagaje en la división de plata de 13 partidos y un gol. De ahí se marchó Axel al Mouscron, de nuevo a su país. Pero fue en 2001 cuando su carrera comenzó a remontar. Se marchó a Austria después de firmar en el Excelsior Mouscron un balance de 47 partiodos y 15 goles.

En la bundesliga austriaca, en el SC Schwarz, firmó un notable balance de 48 goles en 80 partidos, todos en tres campañas, hasta 2004. Es más, fue máximo goleador en la campaña 2002/03 con 21 goles. Su buen papel en el modesto equipo asutriaco le valió el salto a uno de los grandes del país, el Rapid de Viena, en enero de 2004. Con él logró su mayor título, el campeonato de Liga de la campaña 2004/05. Una vez consolidado, sus números fueron regulares, 13 goles en 29 partidos y la participación en la Liga de Campeones, en la que no pudo marcar ningún gol en los cuatro partidos que disputó. Fue su cima, porque en la campaña 2005/06 sus estadísticas empeoraron, cuatro tantos en 26 partidos, lo que le obligó a emigrar a la cercana Alemania, pero a la Bundesliga 2. Un año pasó en el Augsburgo, con 15 tantos en 33 partidos, pero fue sorprendente su cambio de aires un año después. Se marchó a un histórico que andaba en horas bajas, muy bajas, tanto como para jugar en la Liga Regional Norte de Alemania. El Fortuna de Düsseldorf, su actual equipo, le acogió en 2007 y Lawaree siguió haciendo goles. No grandes cifras, pero sí regulares: 15 goles en su primer año valieron para que el equipo ascendiera de categoría a la Bundesliga 3, y de ahí a la segunda alemana la campaña pasada, aunque ya con una Lawaree reservado para momentos puntuales y poca aportación. Seis goles hizo en el último año. Sigue en activo el ex sevillista, aunque, a sus 36 años y con contrato sólo hasta el próximo mes de junio, puede estar dando sus últimos pasos. Uno de ellos, de los menos afortunados, lo dio en el Sevilla.

Álvaro Ramírez

Rokki, de Vallecas a Qatar

rokki_rachidRachid Rokki fue uno de esos jugadores exóticos que llegó al Sevilla en una de las épocas más mediocres del club. Cuando deambulaba por la Segunda división y era lo opuesto a lo que significa actualmente la entidad. Cuando se recuerda su nombre es inevitable acordarse de otros de paso fugaz por Nervión, como Lawaree, Tethis, Eboué, Lucio Wagner, Molnar, etc. Pero lo cierto es que, con la perspectiva de los años, el caso de Rokki ha virado e incluso, teniendo en cuenta su discreto nivel, ha dado de sí en el futbol. Rachid Rokki tuvo un paso discretísimo por el Sevilla. Ocho partidos, un gol, en Vallecas. Llegó (1998/99) como delantero vertical, veloz y goleador, se fue como fiasco y poco más. Tras abandonar el conjunto hispalense volvió a probar suerte en un conjunto que servía como destino a varios fracasos sevillistas, el Albacete, que le dio otra oportunidad. Su balance, algo mejor, 24 encuentros, tres tantos. Pero evidentemente, no cuajó. España era demasiado para Rachid Rokki, que no se lo pensó y emprendió carrera qatarí. El jugador nacido en Casablanca en 1974 se marchó primero al Al-Taaoune, durante dos años. Luego se marchó hasta 2006 al Al Khor, equipo en el que logró sus mayores glorias deportivas. De hecho, se llegó a proclamar pichichi en Qatar en el año 2003, con 15 tantos. En ese equipo, tras un breve paso por el Umm-Salal, continúa hoy día, a los 34 años. Evidentemente, Rokki nunca llegó a dar lo que se esperaba de él, probablemente porque no lo tenía y porque en aquel Sevilla se fichaba casi a ciegas, pero sí que ha hecho carrera futbolísitca digna. Es más, llegó a estar en el Mundial de Francia 1998 con Marruecos, convocado al menos, y puede presumir de haber disfrutado de minutos, poco más de 30 en total, en la Copa de África de Malí 2002.

Álvaro Ramírez

Dassaev, el último arquero de la URSS

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Rinat Dassaev, el día de su presentación.

Rinat Fayzrakhmanovich Dassaev nació un 17 de junio de 1957 en Astrakán, entonces URSS, ahora Rusia, cerca del Cáucaso. Empezó a jugar a los 18 años en el Volgar Astrakán, entre 1975 y 1977.

Al año siguiente fichó por el Spartak de Moscú, club donde permaneció durante nueve temporadas, de 1978 a 1987. Ganó cinco ligas soviéticas y fue elegido mejor portero de la URSS en 1980, 1982, 1983, 1985, 1987 y 1988. Fue el último gran portero soviético, para muchos, el sucesor natural del legendario Lev Yashin, la Araña Negra.
Formó parte del equipo olímpico soviético en la Olimpiada de Moscú de 1980 y ganó el bronce.

Se le recuerda por sus felinos reflejos, su seguridad y por ser subcampeón de Europa de selecciones con la URSS en Alemania 1988. Defendió la portería de la Unión Soviética en 91 ocasiones, entre 1979 y 1990.

Es el segundo jugador de la historia que más éxitos ha conseguido con la camiseta de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Además del subcampeonato de Europa en 1988, Dassaev ha participado en tres Mundiales: España 82, México 86 e Italia 90.

Tras ser un héroe para el Spartak de Moscú y la Unión Soviética, en la década de los 80 el guardameta ruso cambió de rumbo y recaló en un Sevilla que presidía Luis Cuervas, con Xabier Azkargorta en el banquillo. Rinat estuvo hasta 1992 en el equipo de Nervión, hasta su retirada, debida a una lesión en una rodilla.

El recibimiento que le brindó la afición sevillista fue multitudinario. Unas 3.000 personas le esperaron, en 1989, en el aeropuerto de San Pablo cuando fichó por la entidad nervionense. Además, fue curioso cómo llamaban al cancerbero los hinchas del equipo hispalense, quienes buscaron un apelativo cariñoso, o al menos más cercano a la tierra y le bautizaron como ‘Rafaé’.

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Dasasev se entrena junto a Monchi, entonces con pelos.

Llegó a España con mujer y dos hijas, Elmira y Cristina. Ella era gimnasta y tras romper su relación matrimonial con Rinat se fue con sus hijas a Zaragoza, donde actualmente residen y es entrenadora del Club Zaragozano de Gimnasia. Su primogénita, Elmira Dassaeva, sigue los pasos de su madre y en los últimos años ha sido considerada la número uno mundial en aeróbic , defendiendo la bandera de España en las competiciones a pesar de haber nacido en Moscú.

Cuando Dassaev se marchó del Sevilla, las dejó en España y se marchó a su país con una sevillana, con la que tuvo cuatro hijos allá en Rusia.

Su trayectoria profesional no culmina en el fútbol. Dassaev, todavía en territorio español, se interesó por el mundo del comercio y abrió una tienda de deportes, pero la aventura empresarial le duró poco, ya que pronto comenzó a registrar pérdidas. Después de anunciar su retirada como futbolista profesional, volvió a Rusia y en la capital, Dassaev creó la ‘Academia Internacional de Fútbol y Guardametas Rinat Dassaev’, que él mismo preside y que compagina con otra actividad, dando muestra de lo que fue, el mejor portero ruso, formando la cantera de porteros del Torpedo de Moscú.

Mª Ángeles Cortés

Paradas legendarias

 

 

Juric aún no ha parado de correr

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Iván Juric, con la camiseta del Genoa.

Ivan Juric llegó al Sevilla en 1997 al albur del buen resultado que había dado el mercado croata en el equipo nervionense. Recién traspasado al Real Madrid Davor Suker, el equipo nervionense probó suerte con otro jugador balcánico, aunque de espíritu y perfil muy diferente. Apostó aquel Sevilla menor, en Segunda división, por un jugador luchador, con carisma, aunque algo limitado técnicamente procedente del Hadjuk Split, la factoría de talentos croatas. Y lo cierto es que Juric no defraudó. Quizás sea uno de los jugadores de los que la afición guarde mejor recuerdo (”Juric, Juric”) entre aquellos nefastos años salpicados de mediocridad. Uno de los jugadores que se gana a la agrada por su garra y su lucha, el jugador que arranca el aplauso del público por acabar la carrera peleando por el balón, el jugador que siempre llegaba a la línea de fondo.

Su última temporada no fue de buen recuerdo, ni para él, que se pasó mucho tiempo lesionado, ni para el Sevilla, que con Marcos Alonso primero en el banquillo y con Juan Carlos Álvarez después acabó con sus huesos en Segunda, y con Juric fuera del equipo. Su último partido como sevillista fue un Sevilla-Rayo Vallecano (2-3). En el banquillo visitante se sentaba Juande Ramos.
Un año más duró Juric en España, hasta junio de 2001, jugando en el Albacete. Pero en 2001 puso fin a su aventura española y abrió su extensa y definitiva etapa italiana. Como si de un juvenil se tratara volvió a empezar de cero, comenzaba otra de sus largas carreras. Se marchó con sus botas al talón de la bota italiana, a Crotone, pequeña ciudad del sur de Italia, en Calabria, y pequeño equipo que disfrutaba de la Serie B italiana, su techo. Pero fue llegar Juric y descender el conjunto sureño a la serie C, la tercera categoría italiana. Ahí se tuvo que debatir Juric, alejado de la elite y del glamour futbolístico, para volver a salir a flote. Pero lo logró. Estuvo cinco años en el Crotone y en 2004 logró su equipo retornar a la Serie B italiana y, el croata mejorar deportiva y económicamente. Desde su ascenso se convirtió en pieza clave de este modesto equipo calabrés, hasta el punto que se mantuvo en la serie B mientras Juric formó parte de sus filas.
Pero el resurgir de Juric aún estaba por llegar. Cuando parecía que no podía más, el croata se marcó otra carrera, y de las buenas, las que encuentran el premio del aplauso. Porque en 2006, a sus 31 años, le volvió a llegar el tren, el que se había buscado durante tantos años. El Genoa lo repescó para la elite. Era ya un Juric menos impetuoso, pero más calmado, más maduro en su fútbol, y con la garra de siempre. Tras una temporada un tanto convulsa, en la 2007/08 y en la 2008/09 se convirtió en una pieza clave en las buenas campañas del conjunto genovés. Sus 34 y 33 partidos, respectivamente, lo atestiguan. Se convirtió en una referencia en su equipo, hasta portando el brazalete. Décimo y quinto fueron los puestos del Genoa con un Diego Milito espectacular marcando goles y un Juric incansable peleando.
A sus 34 años Juric ha debutado pues en Europa, en la UEFA Europa League, con el Genoa, pero aún hay más. Este año, además, ha debutado con la selección croata, con la que ha disputado cuatro partidos. Finalmente no ha llegado a Croacia al Mundial. Quizás con él desde antes…
Quién sabe, Iván Juric no ha terminado aún de correr.

Álvaro Ramírez