22
Mar/2015

Estatuas y huesos

Ni los huesos ni las estatuas. Con todos los respetos a quienes guardan un reverencial ídem por ambos, no parece los más importante para la literatura o la tradición esos gestos tantas veces banales.

Lo malo de la vida, y lo bueno, es que no es en blanco y negro. Invertir lo que se quita a bibliotecas en identificar, dudosamente, si es Cervantes el cadáver mondo de las Trinitarias parece un dispendio. Especialmente si comparamos lo que se invierte en la obra del escritor más grande de todos los tiempos en español, con lo que ha costado el escrutinio de su momia indemostrada. Y lo digo a pesar de que formo parte de esa rara especie que gusta de visitar cementerios, mausoleos y demás piedras llorosas con señales de que una vez vivieron allí como seres mortales. Por mucho que algunos amemos la geografía romántica del hito funerario, lo cierto es que lo de verdad hace sobrevivir al autor es su obra y no una lápida con la que hacerse un selfy y colgarlo en la red.

Foto de los restos de Miguel de Cervantes en la presentación del informeLos británicos, que son excesivos en sus ritos y cursis como repollos, guardan un honor reverencial a sus celebritys y sobre todas ellas a William Shakespeare. En su ciudad natal, Stratford-upon-Avon, está su tumba y toda una suerte de gira shakesperiana rozando el punto de parque temático. Iconografía, por un tubo. Pero es que, al mismo tiempo, se mantiene una compañía pública estable (la famosa Royal Shakespeare Company) con permanente reposiciones de su obra y una activa agenda de reediciones, investigaciones y encuentros sobre el escritor. No podemos decir lo mismo de Cervantes, a pesar de los muchos esfuerzos e ilusiones del Centro Dramático Nacional que un día se concibió como el gran programador y productor de obras de los autores más señeros e internacionales del teatro español. De El Quijote se habla mal y mucho, como de algunos familiares que asumimos como carnales y profesamos una cierta ojeriza, sin evitar aún que el noventa por ciento de los escolares le coja una tirria pertinaz gracias a la lectura obligada de sus páginas originales y sin anestesia. Hay excepciones prodigiosas, no sólo con las pulcras ediciones de sabios como Francisco Rico, sino por atrevimientos gozosos como esa segunda parte de la obra, Sancho y compañía después de la muerte del hidalgo, que ha escrito Andrés Trapiello y en la que sale Sevilla de frente y de perfil. Por no hablar del esfuerzo y la pasión que tantos docentes ponen de verdad a la hora de contagiar el amor por la literatura y el pensamiento. Pero, por lo común, con las obras y los huesos ocurre como con las estatuas: que le damos más importancia al envoltorio (al esqueleto) que al alma de quien fuera al fin y al cabo su dueño.

Sevilla tiene muchas estatuas y la mitad francamente desafortunadas, vaya por delante que entiendo a quien le chifle la figura ecuestre de la madre del Rey jubilado o el conjunto escultural de la Alameda. Hubo, de hecho, una fiebre escultórica municipal de la que se salva, a mi juicio, el Mozart de Rolando en la Maestranza y poco más, porque a pesar de ser bonita a ver quién tiene narices de adivinar que es a Clara Campoamor a quien evoca la niña lectora de la Cuesta del Rosario, más propia de Calleja y sus cuentos.  Y ahora, por si se nos había pasado el sarampión, se nos ocurre un homenaje al Costalero que confirma cierta tendencia a invertir en lo que se vea y sea, con perdón, inaugurable. Aunque la causa sea buena: cuánto asesinato versiculario en nombre de la anemona, que le diría Unamuno a Amado Nervo.

Ay cuántas fantasmagóricas figuran que se suben a los pedestales, y no hablo de las estatuas precisamente.

14
Mar/2015

Me como una…

No quiero señalar, pero ese recurso del inocente juego de mesa se ha usado mucho como chiste, para hablar de la mentalidad masculina de la conquista.  Asunto sobre el que resulta tentador abundar pero que, ya a mis años, observo hasta con ternura y con cierta comprensión fruto del colaboracionismo que practico con el sexo opuesto.  Menuda presión tienen las criaturas con tanta viagra y tanta bebida energética que les obliga a repetir y repetir. Cuándo encontrarán esas almas descanso ante la ingente tarea de tener que sumar victorias a su ariete. O penacho, o lo que ustedes quieran usar como metáfora.

El tener que presumir de macho debe ser agotador. Cualquier etiqueta es extenuante si implica un determinado comportamiento que, ni en los mejores casos, resulta llevadero las 24 horas del día. Me confieso nada femenina en según qué artes, pero ni esa es la cuestión ni voy a ponérselo fácil a quien quiera darme una dentellada en mi, tampoco muy largo, cuello.

El caso es que el impulso sexual como una maldición genética parece ser la razón de comportamientos que muchos  hombres (todos nooo, tranquilo juez Serrano, siga con su buzoneo y su campaña)  en su intimidad admiten como inevitable. Esa, por ejemplo,  es la razón por la que en un estudio cualitativo del profesor Sáez, entre otros, se justifique el consumo de pornografía y prostitución:  para aliviar el natural ardor guerrero. El estudio es  muy interesante y mas aún lo fue la aportación que profesores como Milione, Cobo o Salazar aportaron  en las jornadas sobre prostitución que se celebraron el martes en Córdoba. Tema espinoso, y a la vez mollar, para entender que el negocio de la explotación sexual no solo no ha parado sino que parece ir a más.

La construcción de un yo requiere muchos siglos de paradigmas y lecciones. Aunque como buen adolescente una creyera  en aquel  momento de su vida ser muy original, y aun siéndolo a veces, el caso es que reproducimos comportamientos que a veces se cuelan hasta en actividades que nada tienen que ver.

Y me explico: el uso de acciones de otros, de frases de otros,  de logros de otros resulta una estrategia que funciona en esta guerra de marichulos que suele ser la contienda pública. Ya sea de arquitectos, poetas o alcaldes, vayamos yendo al grano. Comerse una y contarse diez, a lo que iba.

Que el alcalde de Sevilla para justificar la cesión de un Bien de interés Cultural como son los Baños de la Reina Mora  a una Hermandad haya usado la inversión que su antecesor hiciera con algún grupo de teatro, es además de feo, un farol.   Se lo haya aconsejado Agamenón o su porquero. De hecho, el teatro la Cuadra ha tenido que salir al paso y matizar que, efectivamente, el proyecto de Hytasa recibió 400.000 euros en cuatro años… pero con otro alcalde y otra corporación.  Que Salvador Távora está muy agradecido al abrazo, con foto,  del alcalde   en un momento tan doloroso como plantear el cierre de La  Cuadra y su embargo por una caja catalana. Que todo le parece muy bien,  y que no entra en otras decisiones con el patrimonio de todos, pero que se diga la verdad. La inversión en un determinado modelo de equipamiento cultural no se ha hecho ahora. De hecho ha quedado a  la mitad. Las causas son motivo de análisis y de otro debate pero la verdad, cuando se manifiesta en números, resulta irrefutable.

Ha venido a decir nuestro dramaturgo lo que  Groucho Marx, en Una Noche en la Ópera:” he pasado una noche maravillosa, pero no ha sido ésta”. Qué apañados los clásicos para poner punto final.

 

08
Mar/2015

Hagamos un trato

Mario Benedetti pudo convertir un palabra chusca en la mejor de las expresiones de amor: el trato como pacto, la mejor de las alianzas para que el amor se convierta en amar, algo mucho más serio sin duda.

Viene marzo con elecciones y bodas, que tienen en común que nos ponemos todos guapos y hacemos promesas de amor. Algunas, las bodas, acaban en divorcios al poco y otras, las elecciones, en relaciones estables, felices, productivas. O viceversa, según le vaya a cada cual que el voto tiene a veces razones que la razón no alcanza. ¿Y el corazón?: Pues hasta arriba de Actimel que de sustos hemos ido completos en lo que va de año.

Las elecciones, y ese prefacio que se llama campaña, colorean nuestras calles de mopys, banderolas y de alegres caravanas de personas sonrientes, que le echan coraje y piden el voto al personal paseante. Que hay que echarle el valor de Joselito y la mística de Belmonte, y creer mucho en un proyecto para, a pesar de la moda de culpar a los políticos hasta de la muerte de Manolete, valgan símiles taurinos ya que estamos, parar a los viandantes y, sigla en mano, ofrecer conversación y hasta la otra mejilla si hace falta.

Todo ello en alegre concordia con esa otra caravana de color que suele merodear por templos, ayuntamientos y juzgados: la comitiva de las bodas, cada vez más parecida a un carnaval, al menos por la testa. En este caso el valor se relaciona, y se comprueba a primera vista, con los tocados impasibles y los tacones imposibles de ellas y las corbatas tornasoladas de ellos. Para gustos los colores, aunque como bien sabemos del gusto, precisamente, es de lo que más se ha escrito.

Que digo yo que como el personal de los partidos es gente normal y corriente, dicho sea como piropo y ante el afán de pintarle los cuernos de Belcebú de algunos, pudiera ser que algún día ambas comitivas fueran la misma. O sea que un buzoneo o entrega de carteles y claveles, un poner, coincidiera con el día que se casa la prima Mary Pili, y matando dos pájaros de un tiro, la misma tropa electoral se calzara los tacones de aguja, las pirámides chillonas junto al moño y las pajaritas en los cuellos cerrados hasta la asfixia. Para un contemplador del paisanaje sería toda una mixtificación, también llamada maridaje por los gastrónomos que quieren ser Valdano, en la parte prosopopéyica se entiende.

Tendemos a lamentarnos públicamente de las unas y en privado de las otras. Está de moda poner los ojos en blanco como si las citas electorales fueran una condena y no un derecho, bien alto y aun siendo periodistas (las elecciones deberían ser motivo de un mayor interés por quienes dicen ser notarios de la actualidad y alguno hasta lo logra, a veces) y, sin embargo, solamente en susurros confesamos la pereza que da que la tal Mary Pili se haya acordado de su pariente lejano (nosotros) y le haya mandado esa manzana envenenada que es la invitación, con hora de enlace y ágape y cuenta corriente o lista de regalos incluidas.

Y sin embargo, pura contradicción como somos, en la boda terminamos bailando el Macarena y dando besos de todos los estilos por mucho que los juanetes clamen venganza o que el rebuscado atavío de la cabellera yazca como un muerto en combate en el albero, debajo de la mesa. Y exactamente igual, en la noche electoral, nos apasionamos, estrujamos, gritamos o lloramos cuando, alea jacta est, sabemos quién ha ganado, quién no y a la postre quien va a gobernar los próximos años.

Hagamos un trato: afrontemos el envite con galanura, y gocemos. Votemos y acudamos encantados a bodas: porque en ambos casos, fíjense, estaremos expresando nuestra santa voluntad.

A pesar de tocados y estocadas, cada cual en su caso.

 

06
Mar/2015

Hagamos un trato

Viene marzo con elecciones y bodas, que tienen en común que nos ponemos todos guapos y hacemos promesas de amor. Algunas, las bodas, acaban en divorcios al poco y otras, las elecciones, en relaciones estables, felices, productivas. O viceversa, según le vaya a cada cual que el voto tiene a veces razones que la razón no alcanza. ¿Y el corazón? : Pues hasta arriba de Actimel que de sustos hemos ido completos en lo que va de año.

Las elecciones, y ese prefacio que se llama campaña, colorean nuestras calles de mopys, banderolas y de alegres caravanas de personas sonrientes, que le echan coraje  y piden el voto al personal paseante.  Que hay que echarle el valor de Joselito y la mística de Belmonte,  y creer mucho en un proyecto para, a pesar de la moda de culpar a los políticos hasta de la muerte de Manolete, valgan símiles taurinos ya que estamos, parar a los viandantes  y, sigla en mano, ofrecer conversación y hasta la otra mejilla si hace falta.

Todo ello en alegre concordia con esa otra caravana de color que suele merodear por templos, ayuntamientos y juzgados: la comitiva de las bodas, cada vez más parecida a un carnaval, al menos por la testa. En este caso el valor se relaciona, y se comprueba a primera vista, con los tocados impasibles y los tacones imposibles de ellas y las corbatas tornasoladas de ellos. Para gustos los colores, aunque como bien sabemos del gusto, precisamente, es de lo que  más se ha  escrito.

Que digo yo que como el personal de los partidos es gente normal y corriente, dicho sea como piropo y ante el afán de pintarle los cuernos de Belcebú de algunos, pudiera ser que algún día ambas comitivas fueran la misma. O sea que un buzoneo o entrega de carteles y claveles, un poner, coincidiera con el día que se casa la prima Mary Pili, y matando dos pájaros de un tiro, la misma tropa electoral se calzara los tacones de aguja, las pirámides chillonas junto al moño y las pajaritas en los cuellos cerrados hasta la asfixia. Para un contemplador del paisanaje  sería toda una mixtificación, también llamada maridaje por los gastrónomos que quieren ser Valdano, en la parte prosopopéyica  se entiende.

Tendemos a lamentarnos públicamente de las unas y en privado de las otras. Está de moda poner los ojos en blanco como si las citas electorales fueran una condena y no un derecho, bien alto y aun siendo periodistas (las elecciones deberían ser motivo de un mayor interés por quienes dicen ser notarios de la actualidad y alguno hasta lo logra, a veces) y,  sin embargo, solamente en susurros confesamos la pereza que da  que la tal Mary Pili se haya acordado de su pariente lejano( nosotros) y le haya mandado esa manzana envenenada que es la invitación, con hora de enlace y ágape   y cuenta corriente o lista de regalos incluidas.

Y sin embargo, pura contradicción como somos,  en la boda terminamos bailando el Macarena y dando besos de todos los estilos por mucho que los juanetes clamen venganza o que el rebuscado atavío de la cabellera yazca como un muerto en combate en el albero, debajo de la mesa. Y exactamente igual, en la noche electoral, nos apasionamos, estrujamos, gritamos o lloramos cuando, alea jacta est,  sabemos  quién  ha ganado, quién no y a la postre quien va a gobernar los próximos años.

Hagamos un trato: afrontemos el envite con galanura, y gocemos. Votemos y acudamos encantados a bodas: porque en ambos casos, fíjense, estaremos expresando nuestra santa voluntad.

A pesar de tocados y estocadas, cada cual en su caso.

28
Feb/2015

Y la radio hizo Andalucía

Hay personas maduras, aún jóvenes pero de cierta edad, que no habían nacido aquel 28 de febrero hace 35 años en que los andaluces dimos una lección de ciudadanía como pocas, en cuanto a civilizada, seria y responsable, se han dado en esta España de democracia reconstruida. También hace cuarenta años de la muerte de Franco, efemérides ambas muy ligadas, porque el cierre de un régimen dictatorial y la construcción de otro democrático implicaba, en esta España de tradición pendenciera, redefinir el mapa territorial y pactar el modelo de convivencia. Sabido es que la constitución del 78 había dejado un artículo así como enunciado, sin concretar en demasía, y que los estatutos autonómicos primero y el desarrollo constitucional después fueron definiendo nuestra naturaleza y nuestro formato territorial. Nos quedamos a las puertas de definirnos como una unidad desde el federalismo, pero con los suficientes interrogantes para que las llamadas autonomías empezaran a cumplir su papel.

Aunque en el parecer ya negociado tablero de tres nacionalidades históricas y el resto, se le vino a indigestar la vía del 151, o sea los andaluces amparados por la flamante constitución, reclamando municipio a municipio, pleno a pleno, la equiparación a las nacionalidades españolas, que no regiones. Fue una gesta civilizada y ejemplar que conviene no olvidar, porque en las loas a los pactos de la transición se echa en falta la fantástica lección, dentro del pacto social, que dio una Andalucía maltratada en el censo y ninguneada por un gobierno que pidió la abstención de un referéndum y redactó una pregunta que era todo un insulto.

Y mientras se construía comunidad, se alzaban puentes entre ciudades, pueblos, hablas y maneras diferentes que se habían desoído y que tenían su cordón umbilical con Madrid. No existía una Andalucía horizontal, no había un espacio de comunicación, de conocimiento mutuo.

Las carreteras, la administración, el poder próximo sin duda fueron configurando un territorio común, a pesar de las amenazas de ciertos localismos, tan rentables a la hora de pedir el voto contra alguien. Es mejor nombrar como enemigo a Sevilla, a Málaga, o al pueblo de al lado que ponerle rostro a las amenazas, cifras a los problemas. Entonces le llamamos vertebrar Andalucía, y suponía articular un territorio tangible pero también imaginario, un lugar donde habitaran los acentos, los ilustres, las historias, las costumbres.

Ese lugar, ese foro que nos unió, lo tejió antes que nadie la radio. La radio que es un medio imposible de sostener sin el otro, la radio que nunca puede ser sermón ni monólogo, la radio que no es sin los oyentes. La radio que construye quien habla, quien escucha, quien dialoga.

Este 28 de febrero se ha premiado a una veterana, una de las emisoras más viejas y venerables de España, Radio Sevilla. Que tiene una larga prolija y comprometida historia con su entorno inmediato. Pero que formó parte también, como otras muchas, de ese espacio general que fue la conversación múltiple. El lugar donde los andaluces empezamos a oírnos sin que nadie impostara nuestro deje, el lugar en que nos reconocimos.

Una radio, que a fuerza de respeto y compromiso ha logrado sepultar en el anecdotario cruel de la historia de la infamia aquella primera vez que fue usada como arma política, sepultando con su brillo y su grito de libertad aquellos escupitajos soeces con que Queipo manchara sus micrófonos.

La radio, herramienta de democracia, plaza en la que somos y vivimos.

21
Feb/2015

Instrucciones, instructores, instruidos

A veces rebuscar en los papeles, de hoja real o en el inmenso universo de la red, tiene buenos resultados. Se le aclaran a una las ideas gracias a la opinión de expertos que, fuera de la rutina vocinglera del periodismo de declaraciones  y de las inercias opinadoras, han intentado alguna vez explicar lo que saben con afán didáctico.

Que el  presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, asegurara el miércoles que la imputación de los expresidentes de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, es un “mero trámite que resultaba necesario y obligatorio atendidas las circunstancias”, puso un poco de calma en la batidora a 200 velocidades que las tales imputaciones  provocaron  y las afirmaciones de políticos y periodistas. No me extiendo,   porque a esta hora el sarao se habrá ido apagando dejando varios muertos, y no hablo de los protagonistas precisamente, sino del sentido común y de la veracidad. Mal lo tiene quien, como dice un buen amigo mío, se queda con la explicación como bandera. Esto no es lo que parece es la frase menos práctica del mundo que, no obstante, todos hemos tenido que usar alguna vez, con nefasto resultado invariablemente.

¿Qué pasa con los procesos de instrucción en este país? ¿Si un juez juzga qué papel hace el togado en la fase de una instrucción de cualquier causa? Indagando, he hallado la reflexión del fiscal , en 2002, de la Audiencia Provincial de Huelva Jorge Ángel Espina Ramos.  Es un señor al que no conozco personalmente y que según figura en el blog Noticias Jurídicas es, o ha sido, Consejero Pre-Adhesión en la República Eslovaca para la lucha Anticorrupción.

 

Sostiene Espina Ramos que nuestro aparato judicial dista mucho de ser moderno, lastrado por “circunstancias históricas y frenos institucionales muy determinados” que se concretan, aparte de otras cuestiones, en la fallida atribución del proceso de instrucción a los jueces y no a los fiscales. Según el, y  por cierto el renombrado sistema americano, la “figura distante, imparcial e independiente que debería ser el juez” queda quebrada por hacerlo protagonista de una instrucción, paso previo a lo que deben juzgar sus señorías. Un juez, viene a decir, está para juzgar. Añade desde luego que con este drástico cambio de paradigma debe acometerse, también, la reformulación de la misma fiscalía y la garantía de su independencia.

No sé hasta qué punto ésta puede ser la  madre de un cordero que nos tiene a todos amoscados y desprovistos de fe en una institución que es básica para un Estado democrático y para, de paso, sentirse seguro como ciudadano. Probablemente la intervención de la Justicia en la agenda política por la vía de las acusaciones, indeseada sin duda,  contamina todo: A la política, si no viene ya sucia de casa, y a la justicia si no viene politizada cuando llega al juzgado.

Pero sin duda el sistema necesita un meneo de arriba abajo, por razones de eficacia, y de justicia incluso, pero muy especialmente para recuperar la confianza que ocho de cada diez andaluces, en la Encuesta de Realidad Social de 2014, dijo haber perdido. Un vínculo roto que ríete tú del amor que tanto usaba la copla de Rocío Jurado  y que, a lo peor, termina en divorcio.

“Todo progreso no es sino un error constantemente rectificado”, al pelo esta cita del filósofo alemán Hans Vainhinger con el que el fiscal abría su artículo y yo lo termino. Amén.

 

14
Feb/2015

El vano ayer

Que este país tiene rarezas lo repetimos hasta con cierto orgullo, no es que emulemos el Spain is difherent que usó la dictadura para traer turistas y sin embargo no importar ni una sola idea de modernidad, democracia o progreso, pero en el fondo creemos que somos los más raros, los más caóticos, los más disparatados. Salvo Italia. A la que siempre le damos el top ten del descontrol incomprensiblemente silente, como un sostenutto, viene al caso.

Y es que algo más que rara resulta la obstinación de preservar símbolos de una época negra que, a excepción de algún rufián, pocos pueden recordar como feliz. La resistencia de cierta derecha, la tramontana, la que tiene las cuentas corrientes y la conciencia, manchadas de sangre, de silencio y de injusticia, es entendible. Pero esa otra derecha moderada (haberla, hayla) que siendo conservadora abominaba de la dictadura mojigata y militar… ¿por qué se resiste ahora a limpiar, sí limpiar, de las calles los símbolos fascistas? Otra cosa es que el pasado deja una huella inevitable, especialmente si forma parte del mobiliario urbano. Por no señalar casos patrios: el mastodonte que Stalin hizo levantar en Varsovia como sede del ministerio de Cultura y que representaba lo mejor, por enorme y amenazador, de la llamada arquitectura soviética, sigue ahí. Los polacos por mucho que han sufrido, y a dolor hay pocos pueblos europeos que les ganen, lo usan, desprovisto ya de la parafernalia comunista en su interior y como sede de oficinas varias. De hecho es uno de los lugares más visitados de una ciudad en la que todavía se aprecian los rotos de tanta guerra y el grito del Guetto.

Por tanto no se trata de demoler los hospitales, los silos, ministerios o incluso comisarías que se construyeron durante los cuarenta años de plomo sino, desde el rigor de los datos y la entereza de los principios, asumir que la dictadura fue una desgracia, que la democracia no puede heredar ni una sola de sus prácticas y que una sociedad que crea en la igualdad, la pluralidad y la libertad tiene que abominar de los símbolos que representen lo contrario.

Aunque se haya dicho mucho parece que hay que repetirlo: a nadie se le ocurre en la Europa desangrada por el fascismo y el nazismo hacer una sola apología de semejantes horrores. Por no hablar únicamente de la locura del holocausto: Cerca de la famosa plaza Wenceslao donde el joven Jean Palach se quemaría a lo bonzo un año después de la invasión, en 1968, de las tropas de la URSS, hay un museíto modesto y brutal en el que se recoge toda la iconografía comunista y hasta se reproduce una checa. Al final del recorrido donde abundan carteles, insignias y hasta estatuas, se proyecta un documental donde se le explica al visitante la historia reciente de Praga y muy especialmente su llamada Primavera y su intento de socialismo de rostro humano.
Parece evidente que España, y con ella Andalucía muy especialmente, paró el reloj de la modernidad con la dictadura franquista, en progreso, ciencias, cultura, libertades y derechos. Es obvio que quienes resistieron y pagaron con su vida, o con prisión y privaciones su resistencia, son los mejores de nosotros mismos. Tan evidente como que una mayoría acobardada y cautiva tuvo la oportunidad de rehacer su vida en 1975 y recuperar la autoestima que el silencio y el miedo le había robado. A la ciencia, o sea a la Historia, le toca dar acta escrupulosa y aplicada del pasado, sin fantasear o sublimar, pero a la ciudadanía y con ella a sus representantes les toca definirse: si algún valor histórico cultural tuvieran los símbolos franquistas, al museo.

A la Historia, para ser más exacta.

08
Feb/2015

‘Arriba y abajo’

Dice el conejo en ‘Alicia al otro lado del espejo’: lo importante no son las palabras, lo verdaderamente importante, lo que de verdad importa es quién manda. O a quien beneficia el crimen como en las novelas de intriga, añado yo.

Atención a la generación de Big Bang Theory y otras series de culto: antes de la televisión a la carta de ahora, en España, hubo otros pelotazos televisivos, llegados de la BBC y no de los EEUU, y entre todos ellos una historia ambientada en los albores del siglo XX que era una joya. Se llamaba Arriba y Abajo, en indígena británico Upstairs, Downstairs y retrataba deliciosamente la soterrada lucha de clases en la mansión de la adinerada familia Bellamy en un barrio pijo londinense. Como suponen, y aciertan, arriba vivían los propietarios aristócratas y abajo la servidumbre, comandada toda ella por esa especie interclasista (también llamada servil por los biliosos) que era el mayordomo, el inolvidable señor Hudson. Como todas las buenas series tenía un guion de teatro clásico en el que aparecían reflejadas las pasiones humanas teñidas del conflicto entre pobres y ricos, o sea la vida misma.

ITV ARCHIVEY viene a cuento porque en el diccionario de la neopolítica de Podemos parece que algunos (no lo ocultan, lo dicen y lo defienden) creen superada la tensión entre derechas e izquierdas, incluso la existencia misma de ambas definiciones políticas y prefieren la metáfora (así la llaman) «los de arriba y los de abajo». O sea conceptos de antes del Manifiesto Comunista de Carlos Marx, y hasta de la Escuela de Frankfurt, puro siglo XIX, y si me lo permiten, deliciosamente literarios.

Lo que no tengo claro es cómo encaja tan plástica expresión en esta suerte de mansión familiar que es la sociedad democrática europea, capitalista sin duda y, al menos de palabra, empeñada en el Estado del Bienestar y el cumplimiento de los derechos sociales y civiles.

¿Qué leyes favorecen a los de arriba y cuáles a los de abajo? Suponiendo que la clase media sea algo más, políticamente hablando, que un asalariado con suerte. ¿Saben los postulantes a un hueco en la representación política española si el nuevo código penal, la presunta reforma tributaria, la nueva ordenación medioambiental afecta a los de abajo tanto como a los de arriba?

Hasta que no se demuestre lo contrario, al menos en España donde la Iglesia católica tuvo un papel abisal en el cuerpo teórico de la dictadura, el laicismo lo defiende la izquierda, y con matices, no la derecha. La reforma laboral reciente la ha hecho un gobierno de derechas, la Ley de Dependencia uno de izquierdas. Por no mentar el centro que es ese lugar donde somos un poco conservadores y un poco progresistas, hasta cuando se nos toca algo sensible, cada cual según su estilo, que nos extremamos como si nos metieran un dedo en el ojo. Hay quien sale por lo Le Pen y quien añora a Durruti dependiendo de por dónde perciba que viene la amenaza.

Que la ciudadanía exige cambios y que haya partidos nuevos es una buena noticia, a mi juicio mucho mejor que la amenazante abstención que nos presagiaban los politólogos hace menos de un año. Que el poder desgasta, hasta a los que llevan en su adn la crítica al mismo poder, está claro tanto como que nuestra democracia hoy tiene agujeros que si no los rellena la política los ocupa la economía, como siempre. Pero no porque les cambiemos el nombre los derechos de unos y los privilegios de otros significarán otra cosa distinta a lo que representan.

Arriba y abajo, como toda la vida. Y eso que no he metido en el dedo en la llaga entre ellos y ellas.

 

31
Ene/2015

¿Igual da? Igualdad

Qué viejuno lo de explicar la ausencia de mujeres con que se han buscado los perfiles necesarios. Tan antiguo como la misma Grecia y tan conocido como todos esos consejos de administración o incluso consejos a secas donde se hace todo por la igualdad, sin la igualdad.

Los valores como la igualdad parecen pertenecer a las vacas gordas, o sea nos permitimos la presencia equilibrada de mujeres en ámbitos de decisión, cuando otros asuntos más importantes están más o menos domeñados. Me refiero, claro está, y como ese clamor que afortunadamente ha hervido en las redes sociales, al Mujeres Cero del gobierno de la alternativa de izquierdas griega pero no sólo a eso, no saquemos pecho, que aquí nos cargamos los contenidos de violencia de género en las aulas o y los continentes en los  PIM  y nos quedamos tan anchos. Lo importante es ponerle cara de perro a Cruceñas y los bancos y las mujeres, que apoyen desde atrás, puñetas que no estamos para ponernos sutiles. Es lo mismo que un código penal que homogeniza a padres y madres en el derecho a  la custodia de los niños  aunque ella sea víctima y el un maltratador. Migajas.

El caso griego es, sin ninguna duda, la evidencia   de que  la izquierda que no quiere jugar las verdades del banquero se atranque en las del barquero, las niñas bonitas no pagan dinero ni de paso se suben en la barca y mucho menos se arriman al timón. El retroceso en valores, ese del que hablamos tanto cuando hablamos de monetarismo y de la Europa de la moneda y no de la ciudadanía y el chollo de descubrir que las cuentas salen si retrocedemos en derechos , afecta tanto a la igualdad real que hasta la eliminamos de nuestra hoja de ruta. Como si eliminar la corrupción inmune, evaluar las políticas publicas y controlar la gula de los Mercados fuera incompatible, o jerárquicamente superior, a integrar a las mujeres, esas ciudadanas de pleno derecho que al parecer no saben de economía.  Ni de cultura ni de defensa ni de urbanismo. Para saber ya están ellos.

Enternece incluso  que repetir esta obviedad no sonroje a quien es el objeto de reproche sino que actúa de boomerang en las reprochadoras. Pesadas, tú, siempre con lo mismo, contando mujeres allá donde van como si el genio de las matemáticas de Steiner se les hubiera contagiado pero en plan regañón y antipático.

Y todavía que no haya mujeres en un gobierno como el griego  sí parece reprochable, sobre todo a quienes no le aguantan a   esta izquierda lo que le reprocharon a la nativa, las cuotas ¿ se acuerdan?

Aunque no hace falta hablar de gobiernos sin mujeres, que es el colmo, para señalar la bajada de guardia. Porque  si descendemos  un milímetro y nos fijamos en, por ejemplo, el vacío abismal en medidas para controlar los mensajes igualitarios en la escuela o en la tele o en la publicidad,  da más melancolía que con las ruinas de itálica a Rodrigo Caro . A nadie  se le ocurre ahora en España y en plena crisis seguir pidiendo la retirada de los anuncios de prostitución en la prensa de papel.

Un ejemplo: se hace una mesa redonda en una biblioteca pública de Sevilla   para solidarizarse con los humoristas asesinados  de Charlie Hebdo y se sientan un porrón de instituciones en la cabecera, todas con sus atributos bien dispuestos en las perneras de lanilla. Por el frio. Y porque no había una sola mujer. Aunque precisamente las mujeres llenarían la sala porque son las usuarias mayoritarias de estos establecimientos, qué humorada.

Se empieza por un gobierno de hombres y se pone uno a horcajadas para hablar con los Bancos. Sin moñerías, oye,  que para los asuntos menores ya habrá tiempo cuando hayamos resuelto los mayores.

Con dos…

25
Ene/2015

Concha de Oro

No guardo apenas papeles que me conciernan, ni entrevistas que hice ni las que me han hecho, ni siquiera maravillas de otros que la prudencia me aconsejaba atesorar antes de la enorme biblioteca de la red.

Seguramente es por exceso de orgullo (todo lo que no sea el Nobel es una bagatela) o por desorden, algo curioso teniendo en cuenta mi tendencia natural a las manías y a la neurastenia. Pero sí conservo algunas reliquias que son pura emoción y que han sufrido tantos traslados como mi azarosa vida. De cajas de cartón a cajones a archivadores de diseño ha ido pasando una pequeña porción de billetes, que diría Jane Austen, que me han acompañado en los últimos treinta años.

Concha Caballero.

Concha Caballero.

Y entre ellos un telegrama. Tan breve como todos los de su especie, pero tan emotivo como toda una tarde oyendo a Tom Waits. Es de Concha Caballero y es un mensaje de solidaridad por la muerte de mi padre. Junio de 1985. Nos conocíamos leve y amistosamente, yo era periodista pero no me dedicaba a la información política, nuestros encuentros eran más por afinidades que por oficio. Pero en ese devastador momento las palabras de Concha me abrazaron el corazón, y ahí siguen, guardadas, recordándome que la cortesía de verdad no es más que la bondad convertida en modales.

A veces te marcan hechos o gestos de personas que no son parte de tu vida diaria, pero que se aferran a quien eres como si fueran un moratón o un tatuaje. En pocas ocasiones tienes la oportunidad de hacérselo saber a la persona en cuestión, y más si una es sociable pero introvertida. O si otros miles de asuntos de la actualidad, la política, la literatura o la profesión vampirizan las conversaciones que los charlatanes tanto amamos. Yo pude. Afortunadamente en octubre pasado, en una comida con amigos, celebrando una visita relámpago de Pilar del Río, se lo conté a Concha. Sonrió, si no estaba sonriendo ya. Y pasamos página las dos, acharadas, continuamos hablando de libros, del libro que le había pedido una importante editorial, del que quería escribir en realidad, de ficción, del que podíamos encargarle desde el Centro de Estudios Andaluces. Hablamos de Téllez y de García Montero y de Almudena Grandes y de sus alumnos de Coria y de las vidas que descubría cada día en las aulas.

Porque a Concha le han sentado los cincuenta como el mejor de los regalos. No es que tuviera una retirada de la vida pública digna y sosegada, es que su vida pública se multiplicó cuando dejó el parlamento andaluz para, y por, el que había trabajado tanto. Concha siempre entendió la acción política como una forma eficaz de influir en la realidad, desde su transformación por la vía de hechos y las leyes, a la actitud beligerante y crítica cuando no se tiene el poder y se está en la oposición. Era una adversaria de traca. A la que no se le agrió el carácter, mire usted por donde, y para ir desmontando falacias y estereotipos que tanto odiaba. Y era una observadora aguda de la realidad que, precisamente, tras el abandono de la vida orgánica y parlamentaria, lució con más brillo que nunca.

Los reconocimientos póstumos siempre nos saben a hiel, se nos quedan cortos, porque es cierto que si comparamos el valor de una mujer como ella, otros han ocupado mejores y más vistosos lugares. Siempre resulta triste que se aplauda más el mutis por el foro que a la obra, la vida, en sí. Pero, sinceramente, en el caso de Concha Caballero, creo que no es así. Que lo que de verdad le importaba lo tuvo, y si algo me encorajina y me llena de rabia es que era ahora precisamente cuando su experiencia y su curiosidad hacían una alianza prodigiosa. Porque lo que tenía Concha Caballero, y nos deja, ha sido fruto de su inteligencia y su voluntad, sin un codazo, un trágala o una traición a su corazón y su cabeza.

Si eso no es triunfar, si esa no es una vida plena, que venga Simone de Beavouir y lo vea.