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14
Oct/2017

Torreblanca

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Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato presidirá el viacrucis. Sé que cualquier elección conlleva agravios y a mayor número de viacrucis celebrados, —esta será la cuadragésima primera edición—, peor sentará quedarse entre las últimas. La falta de un criterio explícito, que ya debió fijarse, levanta suspicacias y solo espero que en el futuro no recibamos el plante de alguna hermandad enojada. Pero ahora es momento de congratularnos. Torreblanca es barrio humilde que, cuando sale en los papeles, no suele ser por hechos felices ni resulta favorecido en las estadísticas; pero sus calles son tan Sevilla como la de las Sierpes. Nada tiene su hermandad que envidiar a otras con siglos de historia y sí ofrece mucho para imitar. Allí se comprueba cómo un modelo de vida cristiano nacido hace centurias tiene plena vigencia y proyección. No dejan de asombrarme en su procesión esos vivos contraluces, tan barrocos, que han encontrado en el genio fotográfico de José Antonio Zamora un particular Murillo del siglo XXI. Las cosas que allí he visto, por auténticas, me han hecho más grande el corazón. Gentes de bien, en momentos de apuro, salieron de sus casas para ayudarme, mientras quienes tenían la obligación pasaron de largo, igual que en la parábola del buen samaritano. Como dijo Aquel: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos”. Discutimos demasiado.

11
Mar/2017

Así que…

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Queremos revitalizar el viacrucis y nos perdemos en dimes y diretes: que si un lunes, que si un sábado, que si una imagen señera…; y, sobre todo, que el rezo penitencial es lo importante y no los traslados de ida y vuelta por vistosos que sean. Pero, luego, —oh, Dios mío— cerramos las puertas de la catedral o se coloca un piquete de guardias. Ay, ay… Que así se nos va la afición y luego cuesta un mundo que la gente vuelva al abono (que se lo pregunten si no a la empresa regente del coso del Baratillo). A ver quién les dice el año próximo a cuantos se quedaron en la calle sin poder seguir el rezo de las estaciones que vuelvan a la seo hispalense. Bien está que la Puerta de Palos se reserve al cortejo y que la de Campanillas se cierre por obras o que, mientras pasan las andas, se encajen las otras; pero ¿que no se deje entrar a nadie cuando nada lo impide salvo el criterio —claramente desacertado— del cabildo catedralicio? Ya saben: no se les vaya a ocurrir llegar con la misa empezada que igual también los dejan fuera. En fin, que el Arzobispo dio como conclusión del acto una de las mejores pláticas que le he escuchado —en corto y por derecho— y esto, que tanto bien pudo hacer a muchos, quedó también cercenado por la decisión de su cuadrilla —valga, de nuevo, el símil taurino—, quienes olvidaron que es siempre el matador el que debe lucirse. Don Juan José va a tener que decirles, ajustándose el solideo: “¡Tapaos todos y dejadme solo!”.

04
Feb/2017

La ley de la frontera

Hiniesta para web

Iba con la familia cuando me avisaron de que el viacrucis de la Hiniesta alteraba su itinerario. En principio, pensé que sería por algún obstáculo de última hora, pero enseguida me advirtieron de que el motivo era la aplicación de un artículo de las recentísimas normas diocesanas. Y hasta me precisaron que era el 56. Lo he leído, no vaya a ser que quien me lo dijo fuera como un amigo mío que, cuando quiere hacer su real voluntad, todo lo refiere a un tal artículo 33 de no se sabe qué código. Así las cosas, aplaudo la escrupulosidad del delegado episcopal para asuntos jurídicos, a la sazón D. Miguel Vázquez. Pero me pregunto si hacía falta suscitar este revuelo y dejar tan mal sabor de boca (máxime cuando el recorrido solo pretendía acercar la imagen del Cristo de la Buena Muerte a uno de los lugares donde más y mejor se practica la misericordia a lo largo de todo el año). ¿No hubiera bastado con advertir privadamente a la hermandad para otra ocasión?  A veces, el prurito del legislador se aplica con un rigor innecesario y, en este caso, ¿no hubiera sido preferible recordar cómo el propio Jesucristo se saltaba las normas si así favorecía al prójimo? Y mientras el Papa nos invita a primerear, a salir a las periferias, al impulso misionero…; después, ¡ay!, expertos en fronteras. En fin, solo me cabe esperar que el P. Vázquez, que también ocupa la dirección espiritual de la Hermandad del Valle, se emplee allí con el mismo denuedo y eficacia.

06
Dic/2016

Del viacrucis

A veces, con los números pasa como con los árboles que, si éstos no nos dejan ver el bosque, con aquéllos se puede tergiversar el resultado final de una cuenta. Así, en esta cultura de masas que nos invade, parece que si un acto no es multitudinario carece de sentido o reduce su valor. Digo esto por la polémica sobre si convendría variar, o no, el día del viacrucis de las hermandades y acrecentar con ello el número de participantes. No nos engañemos. Es menos relevante el día o la hora que la intención que tengamos de asistir. En realidad, ocurre simplemente que cada uno escoge en función de su libre albedrío en qué actos y cultos desea intervenir. A quien no le resulte atractiva la convocatoria no irá; se ponga cuando se ponga. A quien sólo le interese la estética del cortejo o el valor artístico de la imagen acudirá exclusivamente cuando la hermandad o la imagen señalada quepa en sus cánones capilliles. Y quien tenga interés por participar del culto moverá Roma con Santiago para encontrar el tiempo necesario. Todo es perfectible, por supuesto. Pero el criterio numérico resulta pervertidor. Fue importante el traslado del Gran Poder con cientos de miles de fieles; pero ¿fue acaso trivial la eucaristía que Él presidió en la catedral porque “sólo” hubiera dentro cuatro mil personas? La libertad y el espíritu saben encontrarse siempre.

(Más Pasión, nº 108, diciembre 2016)

27
Feb/2012

Primer lunes de Cuaresma

Desde que en 1976 el Consejo de Hermandades tuvo la feliz idea de organizar un viacrucis, este día se señala en rojo en el calendario cofrade. Y es importante porque, además del valor intrínseco de esta práctica penitencial y lo sustancial de la oración realizada en común, sirve de termómetro que mide, a la vez, la vida de la propia hermandad cuya imagen es designada para presidirlo (más allá de los dimes y diretes que rodean su elección) y la implicación de los cofrades en un acto público de fe sin cornetas ni tambores. Salir a la calle a decir que se es cristiano —en la medida que cada uno puede asumir esa declaración— es tal vez ahora un reto mayor. Hasta hace poco, la manifestación religiosa externa podía cosechar la simple indiferencia de los que acaso pasaran por allí. Hoy, hay quien aprovecha para la burla o el sarcasmo. Y esto nos incumbe no tanto por lo que puedan decir de cada uno de nosotros —no ofende quien quiere, sino quien puede— sino por el dolor que causa la incomprensión del prójimo. Quienes procuran, haciendo gala de un pretendido laicismo aséptico,  recluirnos en el templo, creen que con el viacrucis o las procesiones se impone algo a los demás. La fe no se impone y, cuando se ha intentado hacerlo, la huella que deja resulta triste y difícil de borrar. Se trata de dar testimonio, y en este caso a cara descubierta, de que el mensaje de Jesús es, no sólo válido para el hombre de hoy, sino más necesario que nunca en las difíciles circunstancias que atravesamos; donde los problemas abstractos se graban a diario con nombres concretos y que tan conocidos nos resultan. Acompañemos esta tarde al Cristo de la Salud convencidos de lo que proclama el lema escogido: “Sed luz del mundo y salud de los hombres”, la evangelización es cosa nuestra.