Tag Archives: Túnicas

21
Ene/2017

No es un disfraz

nazarenos web

Pocas cosas me merecen tanta veneración como una túnica de nazareno. Recuerdo con tristeza, y dolor, dos vivencias que me marcaron: presté una y la devolvieron rota, cedí otra y se extravió sin remedio. La que visto desde hace años se guarda como un tesoro y antes preferiría perder un objeto valioso a que mi túnica se estropeara sin remedio. De pequeño, probársela era el mejor rito de la Cuaresma y una muestra palpable de que todo se acercaba. Mi madre soltaba dobladillos, alargaba mangas, cosía botones, almidonaba su capa… así hasta que, apercibiéndome de no mancharla en un descuido, pendía de una lámpara. Cuando la impaciencia me comía por dentro, entraba a hurtadillas en la pequeña habitación y la miraba en silencio, soñando con un sol que no siempre llegaría. Era el mejor cartel de Semana Santa que pudiera pintarse. Allí estaba, como una bandera marfil y negra, inalcanzable hasta el mediodía del Viernes Santo… Sé, pues, de sobra la ilusión y el ansia que la espera provoca en el niño. Es más, pasados los años, no he logrado atemperar mi ánimo al verla dispuesta. Quisiera, ahora que se acerca el carnaval en los colegios (e incluso ya se han visto ciertas cosas), hacer una llamada de atención para que, entre todos, —con palabras y hechos— sepamos transmitir respeto por aquello que nos iguala y nos une a los pies del Nazareno. No dejemos que vestidura tan hermosa por su significado se destine a usos espurios e inconvenientes.

01
Nov/2015

Túnicas de diario

Los cofrades somos gente tan particular que llamamos estación de penitencia a lo que vivimos como un día de gozo y vestimos uniforme cuando más diferentes nos sentimos. Por mucho tiempo que pasemos de pie y con el antifaz cubriendo el rostro, nuestros ojos dibujan una sonrisa reconocible por nuestros amigos cuando se acercan a hablarnos en la cofradía. A quienes me preguntan por mi cansancio como nazareno de largo recorrido les contesto que yo la penitencia la hago 364 días al año y que el Viernes Santo procuro disfrutarlo. No es cuestión de masoquismo. Ustedes lo saben, porque lo han experimentado también. Pero, más allá de la paradoja mencionada, la pura verdad es que las cruces más duras se llevan en octubre o en enero y cualquier día de la semana, y hasta muchos días seguidos, sin tregua ni descanso. Conozco, como ustedes, a muchos nazarenos que hoy mismo están vistiendo su túnica, de un color más negro que el ruán nuevo y con un esparto tan ancho que les aprieta desde la garganta hasta las rodillas. No sé cómo pueden hablar ni cómo pueden moverse. Pero están ahí con la cruz que les ha tocado, en su fila, sin descomponerse, aunque se apoyen de manera alterna en una u otra pierna, imperceptiblemente, para disimular su peso. Están haciendo una estación de penitencia que, tal vez, no comprendan ni ellos. Pero la foto de su Cristo al abrir la cartera vacía o el perfil de su Virgen en el whatsapp los delata. Ánimo, hermanos.

15
Mar/2011

Túnicas bordadas

Quien crea que no existen modas en el atavío de las sagradas imágenes tiene que hacerse hermano de Santa Lucía, acudir a sus cultos y pedirle urgentemente que le conserve la poca vista que le va quedando. Pero, para quienes como Santo Tomás necesiten de pruebas para creer, basta con que consulten las hemerotecas o incluso las fotografías familiares que apenas superen la decena de años. Además es lógico que haya modas en lo que dura siglos y si en estos vaivenes se hacen aportaciones duraderas pasarán a formar parte del canon. El peligro está cuando los incautos y los intransigentes se unen para hacernos creer que algo fue siempre así y le adjudican el estatus de lo inalterable. Viene esto a cuento de la pérdida, y parece que actual recuperación, de las túnicas bordadas en las imágenes de Cristo. Apenas el Nazareno del Silencio, el de la Cruz al Hombro y el Titular de la Amargura han dejado de lucirla, demostrando por qué cada cofradía es lo que es. Las demás las fueron retirando por distintas razones: supuesta fidelidad histórica, conservación deficiente, apariencia de humildad, mala imitación de criterios ajenos… Hoy, la concienciación sobre el patrimonio, la calidad de los talleres de bordados y las no menos excelentes priostías, así como las iniciativas particulares de algunos hermanos están restaurando una tradición que no debió perderse. En ciertas hermandades se ha empezado por los cultos, pero se hace a modo de prueba para pulsar el sentir de sus cofrades antes de afrontar la prueba definitiva de la salida procesional. Esto es algo que va mucho más allá de la estética. Vestir al Señor de oro no es mera ostentación ajena al espíritu religioso, sino puro simbolismo que señala al único Rey de reyes.