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20
May/2017

Días de mayo

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Pocas cosas tan selectivas como la memoria. Apenas recordamos algo que hicimos ayer y, sin embargo, tenemos presente de forma indeleble lo que ocurrió hace decenas de años. Estos días de mayo me conducen a mi infancia salesiana, a un colegio grande y limpio con patios cuajados de macetas regadas con esmero. Mis primeras y repetidas lecturas no las hacía sobre textos impresos en papel, sino en aquellos azulejos trianeros de un zócalo que nos recodaban las virtudes cardinales —prudencia, justicia, fortaleza y templanza—. Así, entre juegos y clases, aquellos alumnos aprendíamos a ser, como quería Don Bosco, buenos cristianos y honrados ciudadanos. Y aquel patio que llamábamos redondo (cuando en realidad es un elegante hemiciclo de pilastras con galería), con su cenefa de máximas y sentencias, se convertía por estas fechas en iglesia, bóvedas de cielo y arcos fajones de nubes blancas. Su parte recta se decoraba con un efímero retablo que D. José Corredera y Pablo el carpintero levantaban con esmero y cariño, haciendo de sus gradas centrales un presbiterio solemne. Se sacaban los bancos del teatro y las sillas de las aulas para que niños, madres y vecinos llenaran aquel espacio que María Auxiliadora presidía al atardecer los días de su novena. Silencio, rezos y compás de abanicos. Volvía después a su casa la Virgen Sentada a los sones de un himno emocionante y hermoso y todos regresábamos a la nuestra soñando con verla ya en la calle.

29
Oct/2016

Triana se escribe con O

Cuando esta tarde la Virgen de La O recorra las calles de su barrio, que es el mío, será también la mejor ocasión para ver cómo en Triana hay muchas Trianas. Frente a los que pretenden uniformarlo todo por cortedad de miras, la realidad se muestra varia y precisa para quienes calibran la autenticidad de las cosas. ¿Es que pueden confundirse o igualarse esta hermandad de la calle Castilla y la de la Esperanza?, ¿o El Cachorro y La Estrella?, y si nos vamos a las dos más cercanas en el tiempo, ¿qué parecidos se observan entre San Gonzalo y Pasión y Muerte? Son las seis caras de un mismo dado y, cuando se apuesta por la fe de sus gentes, con todas se gana. De ellas, La O fue la primera en llevar a Sevilla un palio nacido tras la doble frontera de la muralla y el río. No esperó a que hubiera puente de hierro, porque tablas y barcas resultaron suficientes a quienes no temían caminar sobre las aguas ni atravesar aquel desierto que se extendía entre el puerto y la ciudad cercada. Tuvieron hospital propio, cedieron su templo como parroquia, celebraron misa sobre un carro cuando las riadas inundaban su casa y, ahora, ponen esperanza y vida donde problemas oscuros amenazan el nacimiento. Van a salir en procesión gloriosa los mismos que visten de raso morado cada Viernes Santo y acompañan, como servidores de costosa librea, al más humilde Nazareno; los que recubrieron su largo madero de conchas de carey y cantoneras de plata. Así son ellos.

23
May/2015

La Sentaíta

El pueblo nunca ha necesitado de grandes teologías para comprender ciertas cosas. Y lo demuestra incluso en los apelativos con los que se refiere a lo sagrado. Guste o no a los exquisitos, en Triana, tras el límite verde y plata que dibuja el río, usaron el más cariñoso diminutivo para llamar Jorobaíto al dulce Nazareno que se encorva bajo el carey y Sentaíta a María Auxiliadora. Estos apelativos no son solo descriptivos, encierran en sí mismos y bajo un único rasgo un profundo significado de cercanía y cariño. La devoción de Don Bosco, del que se cumple el bicentenario de su nacimiento, se representa en todo el universo salesiano de pie. Así la vio el fundador, así se plasmó en su Basílica de Turín y ése fue el modelo que todos respetaron. Todos… menos los trianeros que hicieron del icono mariano una imagen sedente. Para explicar esta diferencia se nos decía en el colegio que la Virgen de Don Bosco, cuando llegó a Triana, se había sentido tan contenta y tan a gusto, que aquí quería quedarse para siempre, de modo que Ella misma había inspirado al escultor. Si no fue exactamente así, qué bien nos parecía a unos niños que no comprendíamos cómo en aquellas filminas antiguas, que nos ponían en el teatro para explicarnos la ingente obra salesiana, la Virgen estaba siempre de pie menos en este colegio. Y sé que mañana al verla por sus calles, rendido a sus plantas, sentiré el mismo orgullo de entonces.

 

26
May/2012

Mi Auxiliadora

El 24 de mayo es fiesta grande para quienes tenemos una educación salesiana. En el colegio nos decían que, cuando fuéramos mayores,  nunca nos faltara la foto de María Auxiliadora. Siempre llevo una conmigo y otra preside mi despacho. Al mirarla, sé lo mucho que le debo en todo, también en lo cofrade. ¡Cuántas charlas de hermandades, cuando no había internet ni consumados especialistas de la minucia, sino sólo el deseo de hablar de aquello que tanto nos gustaba! Diez minutos al salir de clase, mañana y tarde durante muchos años, dan para más de lo que algunos se piensan. Recuerdo esas breves reuniones en San Jacinto esquina a Condes de Bustillo, maleta en mano, y aquellos recreos donde alguno llevaba una radio para escuchar “Sentir cofradiero” en la Cuaresma. Podría citar aquí una larga nómina de compañeros que ha nutrido grupos jóvenes, cuadrillas de acólitos o costaleros y juntas de gobierno. Esta semana hemos ido a verla de nuevo, sentada en su trono, el Hijo de pie sobre la falda, y le he dado las gracias.

11
Mar/2012

Basílica en Triana

Aún no me había acostumbrado a llamarla Iglesia del Stmo. Cristo de la Expiración y ahora se nos ha convertido en Basílica lo que para mí siempre fue la Capilla del Patrocinio por feliz metonimia. Sin caer en chovinismos ni enfrentamientos que a nada conducen, me alegro de la noticia por lo que supone de reconocimiento a una devoción que en sus siglos de historia nunca mudó de asentamiento. Sitio de fe en zona difícil, terreno de excluidos en donde tanto se sabía de penas. Ni las arriadas frecuentes, ni el fuego que se llevó a su Madre y Señorita, pudieron apagar las oraciones de tantos como allí se han puesto de rodillas. Allí hablan, si no las piedras, sí los ladrillos y azulejos cocidos y labrados en su mismo barrio. El título de Basílica menor que Monseñor Asenjo ha conseguido —moviendo Roma con Toledo— viene a ratificar la devoción secular a ese crucificado expirante al que el pueblo llano bautizó Cachorro. Y sus hermanos, en lugar de renegar del nombre, acabaron por hacer de él título de verdadera grandeza.

17
Jun/2011

Rosario

Casi a punto de cumplir un siglo ha muerto una de esas trianeras de casta que hablaban de Popá y Momá para referirse al Cristo del Cachorro y a la Virgen del Rocío, con esa familiaridad que, por sincera, demuestra la cercanía de cada persona con sus devociones. Mucho aprendí de ella y mucho he de agradecerle. Se le saltaban las lágrimas sin poder evitarlo cuando hablaba de su Cristo —de mi Cristo— y para ponderar su grandeza, terminaba por morderse el labio inferior, abrir los ojos y mover la cabeza de arriba abajo, como diciendo que no hay palabras. Ella y Belisario, su marido, infatigables lectores de prensa, recortaron para mí cientos de páginas cofradieras que hoy conservo encuadernadas. A la muerte de él, y en señal de duelo, como una hermosa declaración de amor, Rosario cerró para siempre los balcones de su casa la tarde del Viernes Santo, aunque entreabriera un poco los visillos para verlo alejarse camino del Puente. El martes se celebró su misa de Cristo presente en el Patrocinio y Él ya le habrá dado palabras.

20
Nov/2010

Mi Cristo para Sevilla

Atravesará el puente, por una vez, sin que Caifás le lance el dardo de sus ojos. Se podrá contemplar al desnudo el vuelo detenido de sus manos, la dulce inclinación de su cabeza y el escorzo admirable de su cuerpo. Estarán cerca de Él los que cada lunes santo, como lejanos heraldos blancos, van junto a la cruz de guía y no pueden ver el asombro que produce su andar; o aquéllos que acompañan a su Madre de la Salud y sólo saben de su paso por los rostros ilusionados que deja el Soberano Poder de Dios. Lo portarán jóvenes que sueñan con cambiar el amarillo cinturón de abacá por el algodón negro de una faja. Y Triana, tierra fértil que no se agosta, sacará pecho cuando vea a la más joven de sus hermandades hacer las cosas con la naturalidad de lo auténtico. Entonces, al atardecer, sobre ese mechero de ladrillo y azulejos que sirve de aduana al barrio, Antonio Garduño y Ortega Bru se fundirán en un abrazo eterno, de mutuo agradecimiento, y el pequeño campanario hará un guiño cómplice a la misma torre fortísima.