Tag Archives: Rocío

14
May/2016

Obras son amores

Ahora mismo la aldea del Rocío estará repleta de peregrinos que acuden a postrarse ante la Blanca Paloma. Ha sido un camino duro, muy duro. La lluvia, el viento y el frío se han aliado para convertir en crudo invierno los días grandes de la primavera en la marisma de Almonte. Pero todo sirve. Esas imágenes de los romeros empapados y llenos de barro andando junto a sus simpecados, ese ondear de verdes capotes que hacía de los jinetes una guardia de corps sin galones ni charreteras en torno a una carreta cubierta de plásticos, esas batas de colores convertidas en una mancha marrón hasta la cintura… han demostrado, por si alguien seguía albergando alguna duda sobre el sentido y el valor de esta romería, que la devoción, como la historia, no se improvisa ni se inventa. Lo explicaba a la perfección un peregrino al que entrevistaban y ante el que un periodista insistía, una y otra vez, en las inclemencias del tiempo y lo intransitable de los caminos. Me puso los vellos de punta cuando respondió con absoluta serenidad: “La Virgen nos llama y nosotros vamos”. Así de claro, así de simple. Se cumplen de nuevo las palabras de Jesús dando gracias al Padre porque mostró su verdad al corazón de los sencillos, no a los sabios que se quedan ateridos al menor vaivén de los vientos. Esta es la fe que permite andar sobre las aguas de los caminos embarrados de la vida. No es la llamada fe del carbonero. Es, con todas las letras, la fe del rociero.

17
Jun/2011

Rosario

Casi a punto de cumplir un siglo ha muerto una de esas trianeras de casta que hablaban de Popá y Momá para referirse al Cristo del Cachorro y a la Virgen del Rocío, con esa familiaridad que, por sincera, demuestra la cercanía de cada persona con sus devociones. Mucho aprendí de ella y mucho he de agradecerle. Se le saltaban las lágrimas sin poder evitarlo cuando hablaba de su Cristo —de mi Cristo— y para ponderar su grandeza, terminaba por morderse el labio inferior, abrir los ojos y mover la cabeza de arriba abajo, como diciendo que no hay palabras. Ella y Belisario, su marido, infatigables lectores de prensa, recortaron para mí cientos de páginas cofradieras que hoy conservo encuadernadas. A la muerte de él, y en señal de duelo, como una hermosa declaración de amor, Rosario cerró para siempre los balcones de su casa la tarde del Viernes Santo, aunque entreabriera un poco los visillos para verlo alejarse camino del Puente. El martes se celebró su misa de Cristo presente en el Patrocinio y Él ya le habrá dado palabras.

10
Jun/2011

Rocío

Del Rocío, como de toda manifestación multitudinaria, suele afirmarse que hay tantas maneras de vivirlo como personas. Pero esto no deja de ser, a la larga, una simplificación engañosa muy propia de nuestro tiempo, pues donde todo cabe, nada resulta esencial. Y, en El Rocío, hay muchas cosas esenciales que conviene recordar por encima de tópicos interesados y pervertidores. Hay, de entrada, una devoción de siglos en torno a María, Madre de Cristo (nada de diosa reencarnada de alguna antigua civilización), modelo perfecto de quien aprender y mediadora de todas las gracias. Con la romería, se mantiene vivo y fiel a su origen ese sentido de peregrinaje que es fundamental para el creyente –camino, esfuerzo, rezos, solidaridad, ansia de una meta común–, más la alegría de quien busca y, al final, halla cuanto espera. Y cante y baile, sí; porque, frente al pesimismo desolador de quienes sólo ven aquí un valle de lágrimas, otros encuentran también prados de alegría, donde el rocío divino refresca el bochorno de la vida.

29
May/2011

Tiempo de Glorias

Para los que no se lamentan por lo mucho que pudo haber sido y no fue, para quienes disfrutan de cada momento gozoso que la vida les depara, para los que saben mirar más allá de una semana o de los cuarenta días que la preceden, ahora ha comenzado un tiempo de gloria, de Glorias. Un largo tiempo que se extiende desde la Pascua de Resurrección con las advocaciones marianas de Salud y Alegría —¡vaya nombres más expresivos de nuestros constantes anhelos!— hasta la mitad del otoño, esa estación tan hermosa de la ciudad, cuando el clima se templa, la luz se afina y los días establecen una bella metáfora con la vida humana, y pedimos a Todos los Santos el Amparo de su protección infinita. Hay un recorrido anual por devociones antiguas, íntimas, multitudinarias sólo en ocasiones —con romeros por sus calles camino del Rocío—, barrios céntricos y del extrarradio que conforman en torno a María un No-Do todavía vivo. Niños y adultos, jóvenes y ancianos que, a cara descubierta, proclaman sin antifaces la verdad de su fe.