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20
May/2017

Días de mayo

maríaauxiliadoraweb2

Pocas cosas tan selectivas como la memoria. Apenas recordamos algo que hicimos ayer y, sin embargo, tenemos presente de forma indeleble lo que ocurrió hace decenas de años. Estos días de mayo me conducen a mi infancia salesiana, a un colegio grande y limpio con patios cuajados de macetas regadas con esmero. Mis primeras y repetidas lecturas no las hacía sobre textos impresos en papel, sino en aquellos azulejos trianeros de un zócalo que nos recodaban las virtudes cardinales —prudencia, justicia, fortaleza y templanza—. Así, entre juegos y clases, aquellos alumnos aprendíamos a ser, como quería Don Bosco, buenos cristianos y honrados ciudadanos. Y aquel patio que llamábamos redondo (cuando en realidad es un elegante hemiciclo de pilastras con galería), con su cenefa de máximas y sentencias, se convertía por estas fechas en iglesia, bóvedas de cielo y arcos fajones de nubes blancas. Su parte recta se decoraba con un efímero retablo que D. José Corredera y Pablo el carpintero levantaban con esmero y cariño, haciendo de sus gradas centrales un presbiterio solemne. Se sacaban los bancos del teatro y las sillas de las aulas para que niños, madres y vecinos llenaran aquel espacio que María Auxiliadora presidía al atardecer los días de su novena. Silencio, rezos y compás de abanicos. Volvía después a su casa la Virgen Sentada a los sones de un himno emocionante y hermoso y todos regresábamos a la nuestra soñando con verla ya en la calle.

04
Mar/2017

Sábado de gloria

Soledad web

Se ha impuesto una cierta cantinela que consiste en afirmar que llegamos saturados al Domingo de Ramos y con la ilusión debilitada. Es lo opuesto a quienes te miran por encima del hombro si dices que no acudes a algo que ellos juzgan el epítome de la más excelsa “sevillanía” (horrenda palabra y peor concepto). Yo, como procuro administrar mi libertad lo mejor que sé, confieso que llego pleno de energía a ver el primer nazareno porque no me siento obligado a asistir a nada que no desee. Además, por mi educación salesiana, confío en la Divina Providencia y me dejo sorprender por las cosas que insospechadamente se ponen a mi alcance. Este sábado, sin ir más lejos, entré en San Lorenzo y parecía que la plaza estaba dentro del templo. Frente a la reja de la capilla de la Soledad, había un enjambre felizmente tumultuoso, caras de alegría en todas las edades, voces infantiles, pequeños lloros… Sonaron allí por primera vez nombres que, aun desconocidos para sus propios dueños, los convertían ya en piedras de una devoción. Eran familias enteras que se acercaban a la Virgen antigua con sonrisa de esfinge. Y mientras el sacerdote uno a uno alzaba a los niños, estos miraban alternativamente a su madre y a la Virgen. Tendían sus manitas para tocarle la cara a una Soledad que no lo era, alteraban los cuidados encajes de su pecho y hasta hubo quien se atrevió a coger el pañuelo. Y rezamos. ¿Quién pierde así la ilusión más profunda y duradera?

26
Nov/2016

Del tópico a la realidad

Amargura con niño

He defendido ya que las hermandades no son iguales vistas desde fuera o desde dentro; de ahí que modificaciones celebradas con ahínco por los ajenos no sean igualmente estimadas por los propios, quienes se limitan a soportar las novelerías con cristiana resignación. Pero añadiré ahora que tampoco podemos ver lo mismo el día de la salida que en la intimidad del templo o la casa hermandad. Y son estos pequeños descubrimientos los que destruyen los tópicos archiconocidos y dibujan un perfil exacto de quienes los realizan. El sábado pasado les comenté que tenía cita en San Juan de la Palma. Sabía que allí encontraría a la Virgen de la Amargura al borde del presbiterio con ese dolor que te aprieta en la boca del estómago y dice tanto como calla; que, según Cicerón, la cara es el espejo del alma y los ojos sus intérpretes. Lo que no esperaba era un cartel grande y blanco pintado con rotuladores y lápices de colores a solo unos centímetros de Ella. Lo naíf y lo barroco codo con codo en provocadora antítesis. Es el mismo contraste que vemos cuando la pureza de María se ofrece al beso en las manos de un suicida. Y vi que poco a poco todo se iba llenando de siseos, de risas, de niños con flores y padres y abuelos felices levantando un pequeño Domingo de Ramos. Aquella pancarta de dibujos inocentes decía el futuro al lado de la historia, que habrá nazarenos de altos cirios cuando su canto de hoy se convierta en el más blanco de los silencios.

09
May/2015

Flores blancas

Qué hermoso resulta que las Glorias se inicien con una procesión dedicada a una de las mayores devociones de la iglesia universal y que hoy, desgraciadamente, parece languidecer. San José no está de moda. Será que otro signo de nuestro tiempo consiste en no hacer nada si uno no va a ocupar el papel protagonista y que la modestia, la responsabilidad y la aceptación de los designios divinos, frente al criterio individual, cotizan a la baja. Así que, aunque solo sea por llevarle la contraria a tantos, a mí me gusta especialmente acudir a su cita. Todo es de gloria: el barrio con balcones colgados y abiertos de par en par; las gentes en mangas de camisa o con las chaquetas justas —la etiqueta apenas exige aquí ropa limpia y fresco olor a colonia—; el paso cuidadísimo, con las flores puestas como a escuadra y cartabón, con jarritas de una sola flor cuya belleza supera a los más amplios fanales; los movimientos precisos y elegantes de sus costaleros… Y, principalmente, destacan esas filas de niños que preceden al paso con sus cirios pequeños, el semblante alegre y su saber estar. Son los mismos, me dicen, que el día anterior llevaron claveles blancos para el Santo. Tal vez por eso, José sonría con ojos achinados y cómplices mientras los mira y apoya la sierra en su peana. Ellos están aprendiendo a ser lo que ya son, aun sin conocerlo, el futuro más cierto de nuestras cofradías.

 

19
May/2012

Con sus amigos

Es mejor estar en los sitios para ver lo que se desea que esperar a que otro te lo cuente. Por eso procuro no perderme casi nada. Sigo saliendo tan ilusionado de casa esas tardes de domingo al encuentro de las Glorias que ni este calor sahariano logra retenerme en el frescor de la salita junto a un buen libro. Y espero con ilusión sobre todo esas pequeñas o grandes cosas que despiertan de pronto lo mejor que llevo dentro (que algo hay). Así me pasa cada vez que me encuentro por su barrio con el Dulce Nombre de Jesús en brazos de la Virgen de la Salud y creo que he llegado a comprender el porqué de su atrevida postura y la sonrisa de sus labios. Veo que se escora conforme avanza la procesión y sé que un día va a saltar del paso. Lo sé porque lo que ocurre sobre las andas sólo se comprende mirando al suelo. Ese Divino Niño no hace más que pedirle a su Madre que lo deje ir a pie con esos amigos suyos que lo preceden jugando con sus velas y nos dejan la catequesis de sus limpias miradas sobre un fino rastro de cera.

30
Dic/2010

La imaginación al poder

La imaginación no enseña sus límites, si es que los tiene, y son los niños, por lo general, los que más uso hacen de esa facultad y de su hermana mayor, la fantasía. Esta semana mi hijo pequeño, antes de volver al colegio, ha tenido que hacer una selección entre sus juguetes para que otros niños puedan también disfrutarlos. Los había de todo tipo y, salvo el celofán del primer día, nada les faltaba. Lo curioso es que, aunque los pequeños suelen ser egoístas, él estaba dispuesto a cederlos de buen grado. Sólo se resistió a perder de vista un antiguo juego de construcciones, algunos pequeños muñecos y unos desiguales tacos de madera. Eso ni hablar… Ahora mismo, veo en el pasillo de mi casa que con ellos ha formado un paso de misterio formidable y los tacos se han convertido en dos hileras de nazarenos que avanzan conforme a su criterio de diputado mayor y, a compás que los mueve, rufan mil tambores en su boca. Mientras pasa esa singular cofradía, y como no me deja salir del despacho, les escribo estas líneas.

 (El Correo de Andalucía, 11-IX-2010)