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29
Abr/2017

Cortejos de excelencia

Nazarenos Soledad web

Si las avalanchas de la Madrugada, una notoria y creciente falta de educación, esa carrera extraoficial de sillitas contra la que nadie actúa y las acampadas con esterillas, butacas y picnic incluido, además de timbas improvisadas que han convertido las aceras en casinos, han marcado negativamente la pasada Semana Santa; en el otro extremo, es justo resaltar la generalizada mejora de los cortejos de nazarenos. Parece como si, para equilibrar una triste balanza, las hermandades hubieran opuesto al peor comportamiento ciudadano un modo de procesionar impecable. Siempre se ha subrayado el discurrir de determinadas cofradías: La Amargura, El Amor, Los Estudiantes, las tres cofradías de negro de la noche acribillada (que incluso han aprendido ya a deshacerse y reconstruirse igual que el ave Fénix), Los Servitas o La Soledad de San Lorenzo… Pero lo que ahora llama la atención es el cambio manifiesto de otras que aceptaban como mal endémico que sus filas sufrieran cortes o deserciones en determinados puntos de su recorrido. Claro está que habrá singularidades y que ustedes sabrán señalarlas. Sin embargo, no dejarán de ser casos esporádicos. ¿Quién puede negar que cofradías como La Cena o La Estrella, El Baratillo o Los Negritos procesionan con un rigor modélico? Y esto es aplicable igualmente a las cofradías más jóvenes: Torreblanca, Bellavista o La Misión podrían dar lecciones de lo que sostengo. Menos mal que en algo hemos mejorado.

14
Mar/2016

¡En fila de a tres, ar!

Desde luego, somos de lo que no hay. Y nos vamos a cargar el mejor de los inventos. Les vamos a poner tantas dificultades a los nazarenos que, después, vendrán los lamentos. Pero, claro, algunos pensarán que quienes vengan más tarde que apechuguen con lo que se encuentren. Qué español es esto, ¿verdad? El nazareno sale a hacer penitencia, sí; pero no a una gymkana. No va en busca de un podium, sino, como se denomina con cierta pompa, a dar pública protestación de fe o, más modestamente, a hacer su estación de penitencia. Y esto lo será cada vez más a tenor de algunas normas que acaban de darse a conocer. (¡Qué año llevamos de ordenancismo barato y que mira la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio!) El problema es que parece que el señor vicario no se cree aquello del todo y estima más oportuno, a la hora de visar los cortejos procesionales, que no se moleste demasiado al dios Cronos que, aunque parece no existir, se sigue venerando en selectos círculos de iniciados. Pues bien, vayamos ineludiblemente —como dice la letra de la norma— de a tres en fondo en cualquier punto conflictivo del itinerario (que mañana ya veremos si habrá de hacerse en pastoril rebaño). Todo, eso sí, bajo la mayor autoridad de los delegados de día. Y menos mal que quedó en el camino la idea de imponer el criterio sólo a las cofradías que superasen el millar de nazarenos —como si, además, pudiera penalizarse la devoción en algunas hermandades por considerarse un exceso—. Pero todo habrá de “cumplirse estricta, y obligatoriamente, para el desempeño y consecución del cumplimiento íntegro de los horarios, manteniendo así el espíritu de solidaridad entre las hermandades”. Ya veremos a qué hora se recogen algunas ¿o van a hacer también que los nazarenos vayan a paso de marcha atlética si se aproxima la hora de recogida y quedan no pocos metros por recorrer? Y ay, señor vicario, cómo emplea usted ese concepto laico de solidaridad y desplaza el de caridad cristiana. Nos quejamos de vicio.

01
Mar/2016

Último tramo

Cuando se reparten los cirios del último tramo, las caras son otras y otras las ilusiones. Se cantan los nombres y las voces que responden suenan graves, incluso algunas de las llamadas no encuentran respuesta, porque, aunque la papeleta de sitio se expidió, las fuerzas han decidido finalmente otra cosa. (Pero estarán luego en la calle, con traje oscuro y ojos brillantes, con su procesión por dentro, y recibirán palabras de ánimo.) Es el tramo de las túnicas marcadas por la huella del tiempo y que forman cercanas a su devoción. Al recoger el cirio numerado, recordarán sobre todo las ausencias de quienes sus cenizas reposan para siempre junto a su Cristo y su Virgen y que hasta hace poco eran también nombrados en aquella sala. Alguna broma, intenta distender y distraer el pensamiento: “—¡Te veo hecho un chaval!”. Entre tantas canas, de cuando en cuando, entra un niño que reparte besos y caramelos, un monaguillo para endulzar la espera del nazareno antiguo, que dirá orgulloso: “—Este es de mi Paco. Ya tengo seis nietos y los seis salimos hoy en el Cristo”. Y una satisfacción indisimulada e indisimulable le hace sonreír sin pretenderlo. Y aquel otro que lo escuchó guardará silencio, porque ellos también fueron muchos en la nómina, pero hoy su apellido se apaga y él lo sabe, y se pregunta por qué… Por eso, los que sólo se fijan en la piel de las cosas —y dicen al pasar la cofradía que se aburren por lo interminable del cortejo— ignoran que, en realidad, apenas ven una mínima parte. Con cada nazareno de ese último tramo hacen la estación de penitencia otros muchos que ya sólo están en la memoria, pero que él logra ver de manera diáfana y precisa: la persona que lo apuntó en la hermandad, la que lo llevaba de niño a sacar la papeleta de sitio, sus vecinos que se paraban a verlo camino de la capilla, sus hermanos de sangre que el tiempo dispersó, sus hijos que renunciaron o se fueron antes de tiempo. Todos van con ellos. Sí, son verdaderamente interminables esos últimos tramos.

27
Feb/2016

Elogio del nazareno

Es el hermano que viste la túnica el que hace la cofradía. Todo lo demás es necesario, pero sólo en función de que haya nazarenos delante de los pasos. Sin éstos, no hay Semana Santa. La historia enseña que, cuando aquellos faltaron, hermandades con bellas imágenes desaparecieron para quedar varadas en la arena de un altar sin oraciones. El nazareno saca su papeleta de sitio y no quiere dar problemas… ni que se los den, porque revestirse con la túnica no es simplemente un rito, una costumbre o una ceremonia. Al rezar a sus Titulares antes de la salida no se fija en las flores, ni en la derechura de las velas, ni siquiera en el atavío de su Virgen. El nazareno frente al paso sólo se ve a sí mismo y la túnica es un espejo donde uno se mira sin posible amaño. Y después, cuando la calle se convierta en templo y no existan bóvedas de piedra, hará su petición con el salmista: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu”. Pero, además de ese carácter íntimo, en ese hombre cubierto y voluntariamente anónimo recae la responsabilidad de que la hermandad crezca, que otros al verla se enamoren de ella y, así, perpetuarla en el tiempo. Cada uno de esos nazarenos, siendo una mínima gota de un caudaloso río, lo representa desde su origen. Cada uno es él mismo y quienes lo precedieron; es él, pero también los que habrán de venir después. El mejor estreno anual de una cofradía son sus nazarenos. No lo olvidemos.

03
Abr/2012

Bodas de oro

Cuántas esclavinas y roquetes, cuántas túnicas pequeñas y minúsculas capas, están hoy colgadas esperando la estación de gloria de incipientes cofrades. Sus padres y madres quizás estén más nerviosos que ellos, pues al prender sus escudos en sargas o terciopelos tienen la certeza de que sus apellidos continuarán en la nómina o marcarán el inicio de una saga. Ahora, mis padres han cumplido sus bodas de oro y yo fui una vez, gracias a ellos, nazarenito de mi cofradía. Han pasado los años y he ido retrocediendo poco a poco hasta sentir el aliento de mi Cristo pegado al antifaz. Esto que es el mayor orgullo de un nazareno, como muchas cosas de mi vida, se lo debo a ellos. A mi padre, que me pagó los recibos y la papeleta de sitio cuando eso suponía un descalabro en la economía familiar. A mi madre, que me ha hecho las túnicas y costales que he necesitado y que todavía hoy me viste cada mediodía del Viernes Santo; tan exigente consigo misma que, si tuviera que dar seguidas todas las vueltas que me ha pedido para redondear el bajo de túnica y capa, me caería al suelo en redondo. Por eso aquí, al darle las gracias a los míos, pongo también voz a todos esos monaguillos y nazarenos que a partir de esta tarde van a estrenarse por las calles de Sevilla.

(Más Pasión, abril 2012)