Tag Archives: Más Pasión

10
Nov/2016

Diez años y 107 números

Cumplimos diez años en el quiosco y quien tenga alguna idea de lo que dura la vida media de una revista especializada ya puede calibrar el éxito de esta empresa que se llama Más Pasión. Yo no les he cansado tanto tiempo. Pero mi hijo mayor, al que le gustan los números y me lleva el recuento de lo publicado, dice que este artículo hace el quincuagésimo segundo desde que Diego Suárez me invitó a sumarme a esta feliz iniciativa. Quienes me conocen bien saben que lo que más me gusta del mundo es leer y que la escritura me la tomo solo como obligación; de modo que si escribo en estas páginas no es porque considere mi opinión medianamente destacable, sino porque soy lector ávido de la revista y la espero mes a mes con un interés creciente. Así, no me parece lícito que otros trabajen para que yo lo disfrute y, cuando ellos requieran mi colaboración, uno se quite de en medio. Desde esa condición de lector, que es la única que merece la pena reivindicar por mi parte, no deja de sorprenderme la imaginación y la capacidad que se ha derrochado en estos 107 números. Y siempre pienso al abrir un nuevo ejemplar: ¿Dios mío, cómo se le habrá ocurrido a Pepe o a Carmen este reportaje? Desde luego, de lo único que puedo sentirme orgulloso es de estar junto a profesionales de tanta valía como los que firman, y han firmado, en la revista. Gracias, amigos.

(Más Pasión, nº 107, noviembre 2016)

06
Mar/2016

Cien ilusiones

Querían que escogiera sólo una portada y, cuando ya la tenía decidida, me asaltaba otra con igual fuerza. Al final, elegí ésta porque me define tanto a mí como a Más Pasión, que sale hoy a la calle en procesión extraordinaria por su primer centenario. Lleva por título “La ilusión de las vísperas” y, en ella, un niño —ese niño que somos todos cuando llega la Cuaresma— corre sin volver la vista atrás. Sólo le interesa el presente, porque para él no hay otra cosa. Ha salido del colegio y lleva en su mano un capirote de juguete (que jugando se aprenden sin sentir las cosas más importantes). Apenas apoya un pie en el suelo y levanta la blanca cartulina como una antorcha olímpica, la que ha recibido de sus mayores y, un día, habrá de entregar a sus hijos en una interminable carrera de relevos. El niño está a salvo de todo peligro en esa calle peatonal de su edad más dulce. El remolino de su pelo habrá irremediablemente de perderse o volverse de una blancura semejante a la de ese capirote que enarbola. Los dedos de su mano izquierda aletean como las plumas de un ave del paraíso, del paraíso en el que ignora que vive pero que siempre podrá disfrutar una semana al año.
Sigo siendo como ese niño, aunque mis canas digan lo contrario y mis hijos me lo recuerden a cada poco. Los veo y me veo, en edición corregida y aumentada. Corro con este artículo en mi mano como el niño de la fotografía, al que no se le ve el rostro, pero que si se diera la vuelta tendría nuestra misma cara, la de cada uno de los que leemos esto y esperamos el Domingo de Ramos subiendo y bajando a la carrera la rampa del Salvador; porque, cuando alguno de esos pequeños de pantalón corto lo hace, en nombre de todos cumple el rito. Es la misma ilusión de los que hacen esta revista, permanente aviso de que nada acaba del todo. No viviremos un siglo, ni vestiremos la túnica planchada tantas veces, pero ya somos centenarios.

(Más Pasión, nº 100, marzo 2016)

10
Nov/2011

Lo que más me gusta

Lo mejor de salir de nazareno es el hecho de sentirse, en el tiempo y el espacio, eslabón de una larga cadena: ser igual al que va delante o detrás, igual que los que se fueron, igual a los que aún no han llegado. Es el reconocimiento de que las cosas verdaderamente importantes se hacen entre muchos y sólo así se perpetúan. El nazareno sabe que entre los cirios de su cofradía el suyo es uno más, aunque sin él todo alumbraría un poco menos, y sabe también que esa luz que sostiene en sus manos es sólo la baliza que señala a quien llegará desnudo sobre el paso. Así me veo yo entre estas páginas, escondido en mi rincón, ignorando qué cualidades vio Diego Suárez para entregarme una papeleta de sitio que me autoriza a llevar este cirio de palabras y que, para cada procesión mensual, me renueva esa Diputada Mayor infatigable y exacta que es Carmen Prieto. Aquí estoy como ese nazareno del primer tramo que observa a sus hermanos más antiguos con cirio de escolta. Veo a Josema —maestro sabio en tantas cosas—, a Paco (a quien siempre le asoma bajo la túnica el filo verde de su camisa), a Javier (la voz que a diario me despierta), a César (un Valle-Inclán escribiendo de hermandades). Allí están Manuel J., Felipe, Mario… Pepe, siempre elegante al lado de la presidencia, de charla con Álvaro, cuyo incensario desprende volutas como medias verónicas; y al fondo, bloc en mano, Javier García, que todo lo mira con ojos felices de niño. Pero nada tendría sentido si ustedes no esperasen ilusionados frente a las puertas de papel de esta revista.

(Más Pasión, noviembre 2011)

24
Nov/2010

¿Tiempo de cambios?

Se preguntaba el compañero Gómez Palas, tras la sabrosa entrevista que realizó al Vicario General, si estaremos iniciando una nueva era en el mundo de las cofradías. Esto sólo se sabrá pasado el tiempo, pues los periodos históricos sólo son analizables y explicados con exactitud por quienes los estudian con serena distancia y no por quienes los viven apasionadamente. Pero resulta lógico pensar que, si el pontificado de Monseñor Asenjo logra establecer una etapa claramente definida en la diócesis, las hermandades se verán afectadas en una parte proporcional —salvo que el frikismo cofrade o una especie de integrismo separatista lo impidan—. Los sevillanos, en general, somos demasiado acomodaticios y hacemos bueno enseguida aquello de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, de ahí la reticencia de algunos hacia el nuevo obispo (los mismos tal vez que ya olvidaron las desavenencias que se dieron antes con el cardenal). Pero conviene tener memoria y no temer los cambios. Las hermandades han sobrevivido, precisamente, gracias a esa renovación constante en lo accesorio mientras permanecían fieles e inamovibles en su particular carisma. Si no, háganse esta pregunta: ¿tendríamos hoy Semana Santa si hubiera que salir con disciplinantes a la calle?

(Más Pasión, noviembre 2010)

28
Oct/2010

Perdón, oh Dios mío

No hace ni siquiera un año que la sede hispalense cambió de prelado y, en estos pocos meses transcurridos, me llama la atención el interés filológico tan marcado del que han hecho gala algunos cofrades por subrayar los errores semánticos del arzobispo, sus lapsus linguae y hasta por el análisis de su pragmática oratoria, indicándole qué es o no oportuno mencionar según el momento. Y, qué quieren que les diga, yo sólo busco en mi obispo a un pastor y no a un pregonero o a un erudito; alguien que preste la atención debida a un número grande de católicos que tiene su particular carisma. No quiero olvidos, pero tampoco cabe exigir exclusivismos. Eso es lo importante y no las concretas divergencias. (Yo mismo manifesté aquí mi opinión sobre el envío a Madrid de nuestras imágenes.) Mientras tanto, algunos se afanan en señalar anécdotas que refieren de manera incompleta con interés malicioso o señalan una mano oculta y lejana contra la que deberíamos protegernos. Frente a éstos, la lección de D. Juan José es sencilla: cumple con su ministerio y no duda en pedir perdón públicamente si hace falta. Ha demostrado a todos, mal que les pese a algunos,  que sabe entonar el canto penitencial del “Perdón, oh Dios mío” con absoluta sencillez. No es poco para dar ejemplo.

(Más pasión, octubre 2010)

23
Oct/2010

Qué sabe nadie

Manuel J. Fernández es un fino periodista de esta casa y un puntal de la revista Más Pasión, donde acaba de publicar unas declaraciones de Falete sobre su visión de la Semana Santa. Léanlas y se sorprenderán. Yo les confieso que estuve tentado de saltar sus páginas, porque, aunque sé que el entrevistado es un buen artista, la televisión hace indigeribles a aquellas personas  a las que convierte en el estribillo de una mala copla. Cuando leí aquellos renglones, quedé emocionado y di gracias a Dios. Las palabras de Falete encierran más verdad que no pocas predicaciones de quienes dicen una cosa y hacen la contraria. Muestran a un sevillano que vive la grandeza de la fiesta con pasión y, agárrense, con más sacrificio y sentido penitencial que muchos  de los que ejercen de cofrades profesionales con pedigrí. Pedí perdón a su Cautivo y Rescatado por lo fácil e injusto que es opinar sobre los demás sin saber qué piensan ellos y porque olvidé, una vez más, aquello de “no condenéis y no seréis condenados”.