Tag Archives: Juan José Asenjo

11
Mar/2012

Basílica en Triana

Aún no me había acostumbrado a llamarla Iglesia del Stmo. Cristo de la Expiración y ahora se nos ha convertido en Basílica lo que para mí siempre fue la Capilla del Patrocinio por feliz metonimia. Sin caer en chovinismos ni enfrentamientos que a nada conducen, me alegro de la noticia por lo que supone de reconocimiento a una devoción que en sus siglos de historia nunca mudó de asentamiento. Sitio de fe en zona difícil, terreno de excluidos en donde tanto se sabía de penas. Ni las arriadas frecuentes, ni el fuego que se llevó a su Madre y Señorita, pudieron apagar las oraciones de tantos como allí se han puesto de rodillas. Allí hablan, si no las piedras, sí los ladrillos y azulejos cocidos y labrados en su mismo barrio. El título de Basílica menor que Monseñor Asenjo ha conseguido —moviendo Roma con Toledo— viene a ratificar la devoción secular a ese crucificado expirante al que el pueblo llano bautizó Cachorro. Y sus hermanos, en lugar de renegar del nombre, acabaron por hacer de él título de verdadera grandeza.

19
Oct/2011

De Palacio viene

Hay quienes tienen una especial habilidad para tomar el rábano por las hojas y olvidan lo fundamental para centrarse en lo accesorio. Digo esto a cuenta de la polémica sobre si desde Palacio alguien ha sugerido que para la elección del pregonero se ofrezca una terna de candidatos que permita veladamente un posible veto. Esto, —que no seré yo quien lo defienda—, ya ha hecho correr ríos de cerveza o combinados espirituosos según la hora y el momento. Se han señalado culpables y se ha evaluado la potencial injerencia como delito de lesa majestad. Sin embargo, lo que sí es seguro es que de esa misma casa ha salido un documento firmado y fechado el pasado 1 de septiembre y del que no se escucha hablar pese a su importancia. Me refiero a la carta que el Sr. Arzobispo y su auxiliar dedican al nuevo curso. Conviene echarle algo más que un vistazo, pues las hermandades están citadas expresamente entre sus destinatarios. Seguro que mucho de lo que allí se dice nos suena, tal vez demasiado, pero eso significa que no debemos cejar en el empeño. Vayan al punto cuatro donde se señalan las prioridades y piensen cuánto podemos y debemos hacer. Si no, no nos quejemos la próxima vez que, ahora sí con toda razón, se nos acuse de falta de eclesialidad. ¿A que escuece?

(Más Pasión, octubre 2011)

29
Mar/2011

No sabía

Menos mal que, según nos advirtieron sesudos analistas y peritos en expedir títulos de sevillanía, este arzobispo no sabía nada de cofradías y que no iba a comprender de esta misa la media. Se dedicaron a referir anécdotas sin detallar los pormenores que las hubieran explicado y adujeron problemas con el léxico cofradiero para anatematizarlo, señalaron sus ausencias de lugares donde decenas de arzobispos anteriores tampoco habían acudido e insinuaron asuntos de política eclesiástica para descalificarlo (como si aquí abundaran los conocedores de las altas instancias eclesiásticas). Pero le ha bastado a D. Juan José el breve tiempo de año y medio para poner no pocas cosas en su sitio y cuestiones que se habían ido enquistando peligrosamente ya se han solucionado. No le ha vuelto nunca la cara a ninguna pregunta que se le ha planteado y todas han sido respondidas sin necesidad de que viniera ningún exegeta a traducir sus intenciones y, cuando no conocía a fondo el asunto concreto por el que se le indagaba, lo decía sin ambages, (que nadie está obligado a saberlo todo por completo y en cualquier momento). Ha declarado su amor por las cofradías hasta en un decreto, cuando afirmó sobre el valor de la estación de penitencia que es “una valiosa manifestación de fe pública y una verdadera fuente de frutos sobrenaturales para quienes participan en ella uniéndose a los Misterios de la Pasión y Muerte del Señor”. Vamos, que eso de salir de nazareno no es cualquier cosa y mucho menos algo de segunda categoría o de folclore barato. Esto mismo lo dice un cofrade del más rancio abolengo o un pregonero en el atril del Maestranza y a más de cuatro se le rompen las manos aplaudiendo.

            Si llega a saber…

24
Nov/2010

¿Tiempo de cambios?

Se preguntaba el compañero Gómez Palas, tras la sabrosa entrevista que realizó al Vicario General, si estaremos iniciando una nueva era en el mundo de las cofradías. Esto sólo se sabrá pasado el tiempo, pues los periodos históricos sólo son analizables y explicados con exactitud por quienes los estudian con serena distancia y no por quienes los viven apasionadamente. Pero resulta lógico pensar que, si el pontificado de Monseñor Asenjo logra establecer una etapa claramente definida en la diócesis, las hermandades se verán afectadas en una parte proporcional —salvo que el frikismo cofrade o una especie de integrismo separatista lo impidan—. Los sevillanos, en general, somos demasiado acomodaticios y hacemos bueno enseguida aquello de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, de ahí la reticencia de algunos hacia el nuevo obispo (los mismos tal vez que ya olvidaron las desavenencias que se dieron antes con el cardenal). Pero conviene tener memoria y no temer los cambios. Las hermandades han sobrevivido, precisamente, gracias a esa renovación constante en lo accesorio mientras permanecían fieles e inamovibles en su particular carisma. Si no, háganse esta pregunta: ¿tendríamos hoy Semana Santa si hubiera que salir con disciplinantes a la calle?

(Más Pasión, noviembre 2010)

28
Oct/2010

Perdón, oh Dios mío

No hace ni siquiera un año que la sede hispalense cambió de prelado y, en estos pocos meses transcurridos, me llama la atención el interés filológico tan marcado del que han hecho gala algunos cofrades por subrayar los errores semánticos del arzobispo, sus lapsus linguae y hasta por el análisis de su pragmática oratoria, indicándole qué es o no oportuno mencionar según el momento. Y, qué quieren que les diga, yo sólo busco en mi obispo a un pastor y no a un pregonero o a un erudito; alguien que preste la atención debida a un número grande de católicos que tiene su particular carisma. No quiero olvidos, pero tampoco cabe exigir exclusivismos. Eso es lo importante y no las concretas divergencias. (Yo mismo manifesté aquí mi opinión sobre el envío a Madrid de nuestras imágenes.) Mientras tanto, algunos se afanan en señalar anécdotas que refieren de manera incompleta con interés malicioso o señalan una mano oculta y lejana contra la que deberíamos protegernos. Frente a éstos, la lección de D. Juan José es sencilla: cumple con su ministerio y no duda en pedir perdón públicamente si hace falta. Ha demostrado a todos, mal que les pese a algunos,  que sabe entonar el canto penitencial del “Perdón, oh Dios mío” con absoluta sencillez. No es poco para dar ejemplo.

(Más pasión, octubre 2010)