Tag Archives: José Antonio Zamora

14
Oct/2017

Torreblanca

torreblanca web

Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato presidirá el viacrucis. Sé que cualquier elección conlleva agravios y a mayor número de viacrucis celebrados, —esta será la cuadragésima primera edición—, peor sentará quedarse entre las últimas. La falta de un criterio explícito, que ya debió fijarse, levanta suspicacias y solo espero que en el futuro no recibamos el plante de alguna hermandad enojada. Pero ahora es momento de congratularnos. Torreblanca es barrio humilde que, cuando sale en los papeles, no suele ser por hechos felices ni resulta favorecido en las estadísticas; pero sus calles son tan Sevilla como la de las Sierpes. Nada tiene su hermandad que envidiar a otras con siglos de historia y sí ofrece mucho para imitar. Allí se comprueba cómo un modelo de vida cristiano nacido hace centurias tiene plena vigencia y proyección. No dejan de asombrarme en su procesión esos vivos contraluces, tan barrocos, que han encontrado en el genio fotográfico de José Antonio Zamora un particular Murillo del siglo XXI. Las cosas que allí he visto, por auténticas, me han hecho más grande el corazón. Gentes de bien, en momentos de apuro, salieron de sus casas para ayudarme, mientras quienes tenían la obligación pasaron de largo, igual que en la parábola del buen samaritano. Como dijo Aquel: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos”. Discutimos demasiado.

20
Jun/2015

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Quien cree que la perfección se ha alcanzado en cualquier disciplina se condena de por vida a repetir motivos. Quien dice que en arte no se puede innovar él solo reduce su espacio. Los verdaderos creadores siempre encuentran un resquicio por donde ars e ingenium unidos —la técnica y las dotes naturales de las que Horacio nos habla— consiguen deslumbrarnos. Aquello tantas veces visto o vivido se nos muestra de pronto con una apariencia insospechada. Así me ocurre cada vez que en mi correo electrónico recibo un mensaje firmado por el fotógrafo José Antonio Zamora, que esta semana ha recibido su enésimo galardón profesional. A mitad de una mala mañana, o en el cansancio de la tarde vencida, o en el sosiego final del día, el teléfono, con su campanita de muñidor, puede avisarme de que un nuevo regalo está por abrir en la bandeja. Rodeado de un celofán virtual que reconozco de inmediato: JAZ_*.jpeg, corro, como niño ansioso, a romper su envoltorio con un doble clic. Qué será esta vez. Entonces aparece alguna maravilla teñida con el resplandor de lo bueno y de lo bello. Ustedes han tenido ocasión de comprobarlo recientemente en dos paneles con cuarenta y ocho instantáneas de la plaza de San Lorenzo y la Basílica del Señor. Díganme si no era Manet cámara en mano en lugar de pinceles; si Sevilla, con luz imponente o con ese gris de plata, no parecía Rouen y el templo, a su vez, calle cubierta y huerto cerrado.

 

10
Jun/2015

Emmanuel

Desde el cartel de Daniel Bilbao, será difícil olvidar esas Huellas del Señor con las que la Hdad. del Gran Poder conmemora el L aniversario de su actual Basílica. Allí no hay oro ni plata, sino imágenes (que valen más que mil palabras) y palabras (que valen más que mil imágenes). El Señor lo llena todo. Está en cada frase escrita en blanco sobre morado, sin necesidad de repetir su nombre, porque desde el principio Él fue la Palabra. Está en cada fotografía, aunque no se vea en todas, porque la luz de la plaza y la penumbra de la Basílica captadas por José Antonio Zamora ya hablan a voces de su presencia. El corazón de Sevilla late en San Lorenzo, en esa caja torácica que Balbontín y Delgado Roig le hicieron. Pero el corazón sin la sangre sería máquina y no órgano. La sangre le llega de todos los barrios de la ciudad, cansada y, a veces, sucia y Él la devuelve con consuelo o aliento a las mismas calles que son el fruto de su heredad. Por eso, conforta ver los dos mosaicos que recogen el rostro inconfundible del Hijo de Dios, que labraron los siglos tanto como Juan de Mesa, hecho de pequeñas teselas: distintas, únicas, insignificantes, concretas… La técnica de Fran Lorka nos ha dejado observar la más gráfica representación del Emmanuel, Dios con nosotros, al descifrar su preciso y auténtico ADN.

(Más Pasión, nº 92, junio 2015)