Tag Archives: Gran Poder

11
Feb/2017

¿Lo hacemos?

Basílica web

Nada objetaré sobre el procedimiento seguido para la conclusión de la Basílica del Gran Poder, la calidad de los proyectos o la cualificación de quienes han dictaminado. Además, y como muestra de su bien hacer, agradezco su presentación pública, sabedores los responsables del proceso de que cuanto atañe al Señor afecta no solo a sus hermanos, sino a miles de devotos. Sin embargo, la polémica está servida. Y ya veremos por cuánto tiempo. En realidad, desde el punto de vista artístico, se ha venido a reproducir en el ámbito local el eterno debate entre antiguos y modernos, entre quienes defienden la innovación (hagamos arquitectura de hoy para el futuro) y quienes prefieren lo agradable frente a lo sublime —en sentido estético, claro— (esto es, inclinarse por lo placentero frente a lo que arrebata). Para complicar aún más las cosas, está el hecho de que lo que se trata de realzar (¡si eso fuera posible!) es el eje sobre el que todo gira: la talla de Jesús del Gran Poder, que por su propio origen barroco ya condiciona el conjunto (y en lo devocional no todo puede resultar un acierto). De otro lado, si se desfigura la conceptualización actual del templo, habría que saber hasta qué punto se estaría conculcando —aunque legalmente se permita— la intención con la que Delgado Roig y Balbontín lo diseñaron y, al mismo tiempo, la de aquellos hermanos que hace apenas cincuenta años concibieron así esta casa para el Señor. Continuará (sin duda).

08
Ene/2017

Cuenta de resultados

gran poder más baja

Hemos echado la persiana al 2016 y conviene hacer balance desde la atalaya de la memoria, donde queda impreso cuanto merece ser recordado. Casi habría que empezar por el final, pues, si el calendario de la iglesia universal quedó marcado por el año de la misericordia, el de las cofradías sevillanas tuvo su cénit en el traslado del Señor del Gran Poder a la catedral para la clausura de aquel. Y resaltar esta salida no es solo porque saliera a la calle la mayor devoción de la ciudad, sino porque nos devolvió la confianza en lo mejor que encierran las hermandades: el contacto directo con la imagen de Dios que sale siempre al encuentro de todos y por esas mismas calles en las que hacemos nuestra vida diaria. Sevilla se dio a sí misma una lección de respeto y hondura religiosa que será difícil olvidar. Junto a esto, todo palidece. Pero no pueden olvidarse otras circunstancias extraordinarias: la coronación de la Virgen de la Paz, el 450 aniversario de La O y los cuatrocientos años de la fusión que dio lugar a la actual hermandad de la Esperanza de Triana. Cada una cumplió sobradamente con la importancia de lo celebrado. Hubo por vez primera nazarenos por Ciudad Jardín y se demostró que en pleno siglo XXI el modelo de religiosidad que desarrollan nuestras corporaciones sigue vigente y pujante. La Semana Santa tuvo, cómo no, luces y sombras. De las primeras, mencionaré que la lluvia no solo trae disgustos cofradieros, sino que permite ver recorridos y modos de procesionar que, además de posibles, son deseables. De las sombras, la dichosa obsesión por las vallas, que se extendió incluso al Corpus. No insistiré demasiado. Pero esta separación metálica viene a desnaturalizar la celebración e implica un trasfondo peligroso, aunque no todos parecen darse cuenta (o sí). Y, por último, permanecerán ya siempre en el recuerdo Fernando Carrasco y El López, que dejaron su huella como esas gotas de cera que caen y se quedan fijadas sobre los adoquines del tiempo. Un año irrepetible… como todos.

(Más Pasión, nº 109, enero 2017)

12
Nov/2016

NO&DO

Gran Poder - AlamedaSalió a la calle y no importó que fuera noviembre —tarde, noche o día— ni laborable o festivo. No importó que hubiera corales o bandas de música ni que varios millares de personas viniesen de otros lugares. Nadie echó en falta el río de ruán de sus hermanos ni recordó el rico ajuar bordado que la hermandad atesora. Todo lo llenó Él, el rostro clemente de la misericordia de Dios, su zancada valiente, el nudo de su talón a la luz del mediodía como una llaga visible de amor, el mástil ligeramente inclinado de su cruz como un navío que se escora a toda vela… Resplandeció de continuo el mejor fundamento de nuestras cofradías: que Dios viene siempre de frente y se pone al lado de todos. Importó que la calle se hizo templo y el silencio convirtiera fachadas y balcones en naves catedralicias. Importó que muchos ojos, que aún desconocen qué sea la Madrugada, vieran junto a sus padres por primera vez a la mayor devoción de la ciudad; y que muchos ancianos, que renunciaron ya a esa noche grande, lo contemplaran de nuevo en su paso y por las calles. Fueron familias completas las que se reunieron en torno a su Gran Poder con carritos de bebé o sillas de ruedas. Y todo como siempre se ha hecho, con respeto y cercanía, ¿quién lo dudaba? Hasta el final, cuando los plátanos de Indias de su plaza, convertidos en tubos de órgano, proyectaron hacia el cielo ese Te Deum sin palabras que, en forma de aplauso emocionado, Sevilla dedicó a su Señor.

05
Nov/2016

El Gran Poder del Señor

Gran Poder MisericordiaEs en los viernes de lluvia, cuando aquí jarrea como si fuera el trópico y atravesar el suelo de la plaza tiene palpable peligro; o durante esos viernes de agosto, en que los ladrillos se recuecen doblando su fuerza (¡así salió de firme la Giralda!), cuando más se evidencia su inmarcesible fuerza de convocatoria. No se necesitan redes sociales o comunicados para saber que en San Lorenzo toma cuerpo, desde hace siglos, el mensaje perfecto de la misericordia: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Es tan clara y tan fuerte la voz que llama, y su figura tan mansa, tan a punto de caer a tierra, que el consuelo brota con solo mirar la imagen del Nazareno. Allí está ese Dios de la ternura al que le valemos como somos. Sabe mejor que nadie de qué barro estamos hechos. Sus milagros diarios no son los de un mago hábil, sino los de un Dios valiente que apuesta por quienes estamos a punto de renunciar. A sus plantas, generación tras generación, hemos comprendido lo que encierran las palabras acongojadas del salmista: “Tenme piedad, oh Dios, según tu amor; por tu inmensa ternura borra mi delito…”. Nos han penetrado hasta el tuétano y las hemos repetido con otros acentos y registros, pero con igual intensidad: “No me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu”. A ese Gran Poder, el de su misericordia, nos acogemos siempre. Y Él, Padre bueno, que carga con su cruz, nos enseña a llevar la nuestra.