Tag Archives: Fernando Carrasco

08
Ene/2017

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gran poder más baja

Hemos echado la persiana al 2016 y conviene hacer balance desde la atalaya de la memoria, donde queda impreso cuanto merece ser recordado. Casi habría que empezar por el final, pues, si el calendario de la iglesia universal quedó marcado por el año de la misericordia, el de las cofradías sevillanas tuvo su cénit en el traslado del Señor del Gran Poder a la catedral para la clausura de aquel. Y resaltar esta salida no es solo porque saliera a la calle la mayor devoción de la ciudad, sino porque nos devolvió la confianza en lo mejor que encierran las hermandades: el contacto directo con la imagen de Dios que sale siempre al encuentro de todos y por esas mismas calles en las que hacemos nuestra vida diaria. Sevilla se dio a sí misma una lección de respeto y hondura religiosa que será difícil olvidar. Junto a esto, todo palidece. Pero no pueden olvidarse otras circunstancias extraordinarias: la coronación de la Virgen de la Paz, el 450 aniversario de La O y los cuatrocientos años de la fusión que dio lugar a la actual hermandad de la Esperanza de Triana. Cada una cumplió sobradamente con la importancia de lo celebrado. Hubo por vez primera nazarenos por Ciudad Jardín y se demostró que en pleno siglo XXI el modelo de religiosidad que desarrollan nuestras corporaciones sigue vigente y pujante. La Semana Santa tuvo, cómo no, luces y sombras. De las primeras, mencionaré que la lluvia no solo trae disgustos cofradieros, sino que permite ver recorridos y modos de procesionar que, además de posibles, son deseables. De las sombras, la dichosa obsesión por las vallas, que se extendió incluso al Corpus. No insistiré demasiado. Pero esta separación metálica viene a desnaturalizar la celebración e implica un trasfondo peligroso, aunque no todos parecen darse cuenta (o sí). Y, por último, permanecerán ya siempre en el recuerdo Fernando Carrasco y El López, que dejaron su huella como esas gotas de cera que caen y se quedan fijadas sobre los adoquines del tiempo. Un año irrepetible… como todos.

(Más Pasión, nº 109, enero 2017)

07
Mar/2016

En estos días

Hay días como éste en los que las teclas se resisten al empuje de los dedos y en los que la pantalla en blanco es como un largo lienzo donde hubiera que pintar sin ganas. La realidad es terca y se empeña en que nos entre la letra de la vida siempre con sangre —propia o ajena—. ¡Creemos saber tantas cosas que, sin embargo, cuando se nos muestran a los ojos, apenas comprendemos! No tengo cuerpo ni ganas, ahora que se nos ha ido Fernando Carrasco, de hablarles de procesiones piratas, de politicastros que quieren subvertir la historia y la realidad —ya lo hizo él con la perfección que acostumbraba en su última semana—, ni tampoco de insumisiones provocadoras e irrespetuosas de quienes confunden derechos legítimos con agresión al prójimo, o de poetisas vacuas que creen que la blasfemia es un género literario. Me acojo, como siempre, a las palabras del único que importa: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Definitivamente, hoy menos que nunca, osaré dar lecciones a nadie. Me basta con asimilar la que me han obligado a repasar de nuevo este fin de semana sentado en un banco de San Bernardo y me conformaré con agarrarme a esos signos ciertos de la víspera, que son también las huellas más cercanas de la esperanza: mi mujer ha sacado la túnica del altillo y han aparecido cíngulo y escudos con ligeros rastros de cera negra. Mi madre se ha empeñado en que me la pruebe para revisarla con detalle, ¡qué tendrá esa túnica para que a sus ojos escrutadores y precisos de modista antigua cada año necesite algún retoque! He ido después con mi hijo pequeño a sacar las papeletas de sitio y he visto que en sólo dos días se habían expedido casi mil de ellas. Y mientras Esteban miraba alborozado cómo su número de hermano alcanza ya la mitad de la nómina, y lo proclamaba lleno de júbilo, enseguida me preguntó: “papá, ¿este año saldremos?”; yo miré también mi número y le contesté: “hijo, será lo que Dios quiera”. No hay otra…, aunque él todavía no alcance a comprenderlo del todo.

05
Mar/2016

Querido Fernando,

No podía imaginar al levantarme que tú serías el destinatario principal de estas líneas. Estuvimos charlando hace unos días en compañía de buenos amigos, ¿te acuerdas? Relatabas ilusionado tu viaje a Tierra Santa, con esa misma ilusión que llenaba de luz tus crónicas, tus reflexiones, tu conversación. Me recomendabas que no dejara de ir lo antes posible, que visitar aquel lugar marca la vida. Hablamos de todas tus pasiones: de periodismo, de cofradías, de toros, de literatura… —pasiones compartidas y con gran coincidencia de pareceres—. Y, en todo, resplandecía tu cordura y tu rectitud. Dondequiera que nos viéramos, y por prisa que te exigiera tu labor, siempre encontrabas unos minutos para conversar y siempre con esa sonrisa que sólo poseen los hombres de bien. Ya no tendremos que poner fecha para que vengas a la universidad y expliques a los alumnos cómo se hace una novela y cómo los lectores están en ella desde el primer momento de la escritura. Tu Cristo de la Salud ha dispuesto otra cosa, aunque se nos escape por qué. Mira, Fernando, ayer de mañana entré en San Bernardo y vi en ese palio a medio montar de tu Virgen del Refugio, de cuyos respiraderos cuelgan caireles toreros, una perfecta alegoría de nuestra primavera. Y luego en clase, no sé a cuento de qué, mencioné a Valdés Leal y su In ictu oculi. ¿Cómo pensar entonces que tú estabas más cerca de comprobar lo segundo que de disfrutar los primero? Descansa en paz, amigo.