Tag Archives: Fe

10
Jun/2017

Una vez más

ostensorio web

Me gusta el día del Corpus por muchas razones. Para empezar, porque no se me pegan las sábanas y, si no tengo inconveniente en madrugar a diario cuando las obligaciones imponen su cadencia, menos aún para presenciar una procesión solemne. En segundo lugar, por ese espíritu inconformista y combativo –rara avis hispalensis– que llevó a mantener su fecha histórica cuando Roma misma claudicó. (De aquellos tres jueves relucientes del calendario litúrgico ninguno tiene ya carácter general en España). Otra razón es que, a pesar de lo que algunos piensan, el cortejo me parece muy entretenido. Basta con mirar atentamente y comprender que, con sus luces y sus sombras, es la ciudad entera la que pasa ante nuestros ojos: sonrisas, gentiles cabezadas, estandartes, envaramientos, fondos de armarios –y hasta cavernas de la moda–, diletantes, obligados por el cargo, botones a punto de estallar, zapatos lustrosos, arcaicos uniformes y dudosas condecoraciones… Arte y artificio. Pero, sobre todo, me gusta porque creo en el sentido simbólico del acto y en su valor teológico: decimos públicamente que Dios permanece junto a nosotros y está presente y vivo en la Eucaristía. Esa es nuestra fe. Y, hoy, esto es lo más subversivo que se puede manifestar en nuestra sociedad. Sin imposiciones caducas, ofrecemos –tanto participantes como asistentes– un testimonio que no conviene minusvalorar. Ni sobra nadie, ni hace falta arrojar piedras en el tejado propio.

14
May/2016

Obras son amores

Ahora mismo la aldea del Rocío estará repleta de peregrinos que acuden a postrarse ante la Blanca Paloma. Ha sido un camino duro, muy duro. La lluvia, el viento y el frío se han aliado para convertir en crudo invierno los días grandes de la primavera en la marisma de Almonte. Pero todo sirve. Esas imágenes de los romeros empapados y llenos de barro andando junto a sus simpecados, ese ondear de verdes capotes que hacía de los jinetes una guardia de corps sin galones ni charreteras en torno a una carreta cubierta de plásticos, esas batas de colores convertidas en una mancha marrón hasta la cintura… han demostrado, por si alguien seguía albergando alguna duda sobre el sentido y el valor de esta romería, que la devoción, como la historia, no se improvisa ni se inventa. Lo explicaba a la perfección un peregrino al que entrevistaban y ante el que un periodista insistía, una y otra vez, en las inclemencias del tiempo y lo intransitable de los caminos. Me puso los vellos de punta cuando respondió con absoluta serenidad: “La Virgen nos llama y nosotros vamos”. Así de claro, así de simple. Se cumplen de nuevo las palabras de Jesús dando gracias al Padre porque mostró su verdad al corazón de los sencillos, no a los sabios que se quedan ateridos al menor vaivén de los vientos. Esta es la fe que permite andar sobre las aguas de los caminos embarrados de la vida. No es la llamada fe del carbonero. Es, con todas las letras, la fe del rociero.

14
Mar/2012

Opción por los pobres

He leído y oído en diversos lugares, y a veces con intención de atacar al mundo de las Hermandades, que la opción por los pobres debe ser cuestión preferente del cristiano. Pero esto no es así. Sencillamente porque, para optar por algo, hay que tener posibilidad de elección y en esto no la hay, salvo que se quiera contradecir al Maestro. Es una obligación de todo cristiano socorrer al prójimo, no una alternativa; porque nadie ama a Dios sin amar también a su prójimo. Que las cofradías saben esto es tan claro como que basta mirar desde sus constituciones primeras a las reglas actuales de todas para ver con cuánta precisión se pone de manifiesto. Nunca, ni antes ni ahora, se ha antepuesto un manto o un palio a la ayuda directa al hermano que pasara estrecheces sin estar pervirtiendo el mensaje de Cristo. Es, por tanto, repito, no una opción, sino una necesidad que cada uno asume en razón de sus fuerzas espirituales y dinerarias. Las bolsas de caridad —y caridad significa, en primer lugar amor, que no limosna, consecuencia de aquella— funcionan de tal manera que para sí quisieran ese entusiasmo, valentía e imaginación muchas otras instituciones. Como tantas madres que hacen encajes de bolillos para llegar a fin de mes, las hermandades de hoy multiplican sus talentos como en la parábola y sólo serán reprendidos aquellos cuya flaqueza de ánimo les lleva a enterrar el tesoro que Dios y sus hermanos han puesto en sus manos.

               No hay que rasgarse las vestiduras si esa necesidad de entrega se nos recuerda desde el mensaje evangélico, las llamadas de atención son buenas para mantenerse alerta, pero no las pongamos a la misma altura de quienes, desde el desconocimiento o la mala fe, pretenden ningunearnos. Estos son los mismos que nada aportan, pero se erigen en jueces de los demás. Los cofrades debemos ser conscientes de nuestro carisma. Nadie dice a los cartujos que tienen que hablar con todo el mundo porque así lo hacen otras muchas órdenes religiosas; ni puede pedirse a los dominicos que rehúsen a su afán por la predicación o a los salesianos que abandonen su entrega por la educación de los jóvenes. Tampoco a las hermandades puede obligarse a cambiar sus formas; porque estas, lejos de ser puro capricho o mera ostentación, además de sostener puestos de trabajo y crear arte, muestran una riqueza litúrgica y pastoral que ha mantenido la fe de no pocas personas que, tal vez de otro modo, se hubiera apagado.

11
Sep/2011

Bendita rutina

La vida actual ha convertido lo extraordinario en norma, el ajetreo en pauta de conducta y, tal vez, fingimos estar inmersos en una vorágine cuyo vórtice nos atrapa. No basta con pasar una buena tarde con los amigos y que se prolongue en agradable velada. Hay que acostarse a las siete u ocho de la mañana para certificar que se vivió una fiesta de órdago. Ni causa admiración decir que uno pasó algunos días en la playa con la familia, sino que estuvo de crucero por los Mares del Sur o los fiordos noruegos. Sin acudir a Horacio o a Fray Luis, aunque siempre conviene saber de ellos, defiendo esa felicidad que consiste en respetar los tiempos de las cosas con su sucesión ordenada, que marca y acompasa el discurrir de la vida. Dejemos atrás el descanso veraniego sin nostalgia ni síndromes posvacacionales. No añoremos tampoco en lo cofrade grandes fastos extraordinarios y centrémonos en cumplir con constancia el único programa que nos obliga de veras y que se resume en tres palabras: fe, esperanza y caridad. Urge más que nunca.

30
Abr/2011

Soria-París-Sevilla

Quienes me conocen saben que no soy catastrofista, que a cada hecho que la vida me depara procuro mirarlo desde varios puntos de vista y eso me facilita, si no el comprender algo por completo (lo que sería muy aburrido), sí el examinar la variada riqueza que se nos ofrece. Ha llovido, y mucho, esta Semana Santa. Y es triste, y mucho, que las cofradías se hayan quedado en sus templos. Pero ha habido cosas muy difíciles de olvidar. Por ejemplo, hermanos que han venido desde Soria (donde los partes meteorológicos también se conocen) sólo para rezar ante su Cristo y vestir la túnica el breve trayecto que hay de casa de un amigo a la capilla. En París, hay quien ha vivido toda una semana frente al ordenador, deseando cambiar la bondad del clima que disfrutaba por la aspereza del nuestro. Y he visto, sobre todo, largas filas de sevillanos con el único paraguas de sus oraciones alrededor de los templos. Gracias Dios mío, que también estás en esa lluvia que tan poco queremos. No es resignación, es grandeza de nuestra Semana Santa.