Tag Archives: Esperanza

03
Dic/2016

Silencio, pueblo cristiano

Así iniciaba su gloriosa saeta Manuel Centeno y la recordé el pasado lunes cuando regresaban, desde Santa Ana a su Capilla de los Marineros, el Cristo de las Tres Caídas y la Virgen de la Esperanza.  Si el famoso cantaor destinó su obra a la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla, parecía tomar cuerpo en la otra orilla del río: “Aquí tenéis al redentor/ con esa cruz tan pesada,/ redimiendo al pecador/ con los tormentos que le daban”.  Allí, el Señor caído en tierra, iluminado por los brillos de su portentosa túnica, y cargado con su cruz antigua; allí, la Dolorosa de luto y lujo, que las reinas nunca dejan de serlo —y tienen que parecerlo siempre—, venían de celebrar el cuarto centenario de una fusión fértil y dichosa. Impresionaba vivamente el perfecto avanzar del cortejo en la fría tarde de noviembre y donde, a pesar de que las aceras estaban cuajadas de personas, se oía hasta el rachear de quienes portaban las andas. Demasiadas veces hemos asistido a procesiones o traslados donde la gente no calla ni cuando el paso se detiene a su vera. Se había olvidado, en esa trivialización que inunda lo sagrado —e incluso lo profano—, que los rezos y las plegarias necesitan de ese bien tan preciado que es el silencio. (Y éste, además, no impide la música, sino que permite escucharla mejor si la hay.) Se habla ya del efecto Gran Poder porque, en una ciudad que lo había perdido, el Señor nos ha regalado de nuevo ese don. Que nos dure.

07
Jun/2016

Estampas de hospital

foto mp7Escribió Manuel Machado un breve cantar que dice: “El cariño y la salud/ en un punto se parecen./ Nadie sabe lo que valen/ hasta después que se pierden”. Sería bueno pararse a meditar en ello cuando la salud todavía nos favorece y nos quejamos de vicio por cosas inanes. Basta que llegue un accidente o una enfermedad para comprender entonces de la forma más dura posible lo que expresa la copla. En los meses que van de este año, he visitado el hospital a menudo y he visto en las habitaciones, en los mostradores de planta y hasta en algunas salas de consultas (hasta que alguien lleno de celo no las prohíba llevado de un laicismo feroz) multitud de estampas que dan razón de las muchas devociones particulares. Cómo conforta sobre el cabecero de la cama, encajada al borde de la pantalla fría de una luz fluorescente, una pequeña foto adonde dirigir nuestras oraciones. He visto a algún enfermo que, no teniendo ninguna, ha pedido a quien se la colocaba a un familiar que le cediera otra para ponerla también sobre su mesilla. No se trata de superstición, la foto no es un amuleto milagroso, pero sirve de faro y baliza. A nadie condena, pero a muchos ayuda. Y he pensado todas estas veces lo que será cuando en la víspera de la Madrugada las corazas macarenas y esos plumeros en cascos de gala llenan los vacíos corredores de la única Esperanza.

(Más Pasión, nº 103, junio 2016)

14
Nov/2015

Fin de año

Sé que estamos a mitad de noviembre y aún faltan casi siete semanas para la Nochevieja. Las panderetas duermen y el corcho y el serrín están escondidos en algún lugar que sólo las madres conocen. Pero el año cofradiero presenta unos límites que no coinciden ni con el año natural ni con esa cursi denominación, que tanto gusta a algunos, de curso cofrade. Terminó justo el pasado domingo, cuando Tejera interpretó esa marcha larga como un río que es “Soleá, dame la mano” y Antonio Santiago devolvió a su casa a la Reina de Todos los Santos. O, si lo prefieren, con el sonido del órgano de la Magdalena que acompaña desde el coro hasta el altar mayor a esa pirámide de dulce serenidad que es la Virgen del Amparo cuando se envuelve en el amarillo melocotón de su manto —color de la nostalgia— y avanza dejando una estela de melancolía infinita. El rezo de la salve, el protocolo antiguo o la voz de Ismael Vargas cuadrando el paso sobre el mármol adquieren un sabor que trasciende el rito o la costumbre. Por Feria o en San Pablo, las campanas avisan —guste o no— de que hemos cubierto una etapa más del camino. Y entonces, al finalizar la procesión, sabemos que las oraciones por los difuntos nunca son meros formulismos. Traen a la memoria los nombres y apellidos concretos de quienes vivieron las cofradías a nuestro lado. Exactamente así seremos recordados un día los que ahora leemos estas letras con la vista puesta ya, y siempre, en la Esperanza.

14
Ene/2012

Caminos de Esperanza

Hace apenas unas fechas, recorría ese itinerario que nos lleva al encuentro de la Esperanza. Qué ciudad tan extraña ésta cuyas dolorosas, en completa paradoja, nos llenan el alma de alegría y plenitud. Mi ruta, como la de ustedes, tiene elementos que gustan de repetirse. Pero el encanto de lo conocido y deseado no debe cerrar la puerta a lo que se cuela de manera insospechada. La Divina Providencia traza caminos que conviene transitar. Así llegué a la Parroquia del Juncal la víspera de la Expectación donde Mª. Stma. de la Esperanza, Reina de los Mártires, estaba de besamanos. Allí vi cosas importantes, de las que te hacen reflexionar si miras con atención: un templo limpio y abierto de par en par, dos jóvenes sin corbata que barrían con esmero, una señora atenta desde su pequeña mesa de estampas y personas que se acercaban al altar sin que nadie les pusiera un vigilante. Pregunté algo y fui informado con el entusiasmo que desprende quien habla de lo que ama. Supe, sobre todo, que allí había un grupo joven de unos treinta y cinco miembros que, al día siguiente, se ampliaría de nuevo. Yo, que pisaba aquel templo por primera vez, sólo pude pensar que en este camino que nos lleva a la Esperanza no sabemos lo que tenemos. O no le damos su valor.

(Más Pasión, enero 2012)

18
Dic/2011

Necesitamos de ti

En tiempo de fríos conviene calentarse el cuerpo y el alma. Pero es difícil. Lo impiden muchas cosas en este Halloween continuo que vivimos. Cuando usted haya llegado a esta página, supongo que ya estará bastante horrorizado con lo que se ha encontrado en las precedentes y, aún así, habrá de llegar a la contraportada: las cifras de paro (que son nombres y apellidos), la propuesta de congelación salarial a fondo perdido durante cuatro años, la descabellada idea de subir la luz hasta un 15 %, esos minijobs que esconden una miseria a tiempo parcial, los EREs, los trajes, las visas rijosas, los informes pagados como si cada letra estuviera cincelada en oro, las declaraciones fatuas de quienes debieran guardar un triste silencio… ¿Adónde mirar para no sucumbir a tanto espanto? A mí me basta con fijarme en esas personas cercanas que hacen bien su trabajo o en la dedicación de quienes van a la compra y consultan una y otra vez el monedero; y, ahora, en esos rostros que rezan mirando fijamente, cara a cara, a la Esperanza.

11
Sep/2011

Bendita rutina

La vida actual ha convertido lo extraordinario en norma, el ajetreo en pauta de conducta y, tal vez, fingimos estar inmersos en una vorágine cuyo vórtice nos atrapa. No basta con pasar una buena tarde con los amigos y que se prolongue en agradable velada. Hay que acostarse a las siete u ocho de la mañana para certificar que se vivió una fiesta de órdago. Ni causa admiración decir que uno pasó algunos días en la playa con la familia, sino que estuvo de crucero por los Mares del Sur o los fiordos noruegos. Sin acudir a Horacio o a Fray Luis, aunque siempre conviene saber de ellos, defiendo esa felicidad que consiste en respetar los tiempos de las cosas con su sucesión ordenada, que marca y acompasa el discurrir de la vida. Dejemos atrás el descanso veraniego sin nostalgia ni síndromes posvacacionales. No añoremos tampoco en lo cofrade grandes fastos extraordinarios y centrémonos en cumplir con constancia el único programa que nos obliga de veras y que se resume en tres palabras: fe, esperanza y caridad. Urge más que nunca.

18
Dic/2010

Fiesta de la Expectación

Habrá colas en la Basílica, en la calle Pureza y en otros templos, porque María espera la venida de su Hijo y gentes de bien irán a verla con sus preocupaciones a cuestas. Pero, en estos tiempos, convendría recordar que Ella tampoco lo tuvo fácil: “María estaba prometida a José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por la acción del Espíritu Santo” (Mt 1, 18). Si junto al significado teológico contemplamos la dimensión humana que aquello supondría para la muchacha de Nazaret, se nos ponen los vellos de punta. Había que echarle… fe y amor para no quitarse de en medio. Su ejemplo nos dice además cómo la defensa de la vida necesita de las tres virtudes teologales. Por eso, hermandades como La O predican y, a la vez, ofrecen el trigo de su ayuda a tantas mujeres que sufren en momentos que sólo deberían ser de expectación gozosa. Las hermandades saben que no es la muerte, sino la vida, lo que proclama el Crucificado y, a contracorriente de modas morales, se agarran al ancla firme de la Esperanza.

14
Oct/2010

Milagros

En la madrugada del sábado, cuando el Arco era un enjambre de personas, escuché a un joven decir a dos amigos en tono despectivo: “y todo esto porque dicen que una monja ha hecho un milagro”. Pues sí, lo dicen… y los vemos, ¿o no es ya un milagro que existan las Hermanas de la Cruz? En realidad, milagros hay a diario, pero como casi siempre miramos sin ver, o vemos sólo lo que nos interesa, pasan desapercibidos para la mayoría. Y sí, por eso estábamos allí con la Esperanza, que es otro milagro cotidiano, —la misma que las hijas de Sor Ángela llevan a tantos y a todas partes—; porque, cuando una madre sale a deshora, es cuando más falta hace que los hijos la acompañen en su camino. Los macarenos, por si cabía alguna duda, pueden añadir ya a su escudo el NO-DO. Y por último, ¿no ha sido también un milagro sencillo, cercano e íntimo el que la Amargura haya bajado a recibir a Madre María de la Purísima y a sus hermanas a ras de suelo? Sólo nos ha faltado oír cómo le habrá susurrado: “Mira, cómo las quiere Sevilla”.

(El Correo de Andalucía, 25-IX-2010)