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31
Dic/2016

Nombres propios

Aunque el mundo de las hermandades nos necesita a todos, es indudable que hay personas cuyos nombres y apellidos resultan insoslayables a la hora del balance. Voy a ofrecerles un pequeño elenco de este 2016 que no pretende ser exhaustivo y que ustedes sabrán completar. Entre los dirigentes cofradieros: C. Bourrellier, el presidente que se fue; J. Sainz de la Maza, el que ganó; E. Esquivias, el que perdimos; M. Nieto, que bregó con el negro toro de la Madrugada y salió por su pie de la plaza; además, Félix Ríos y Pepe Moreno por sus felices y valientes decisiones. En la oratoria, R. Serna rompió con su impacto la barrera del olvido que llega, para la mayoría, en la tarde del Domingo de Pasión; J. L. Zarzana cantó las Esperanzas por bulerías de Jerez y, en el púlpito, destacó fray Juan Dobado. Las artes brillaron con las firmas de C. Colón y C. Valera —Así mueren los hombres—, la pintura de González Romero (¡qué cartelazo para las Glorias!), las viñetas que con los sentimientos más limpios dibuja J. García y la imaginería de Navarro Arteaga. Por los reconocimientos recibidos, están J. Martín Cartaya, señor entre señores; Pascual González, cantor inmarcesible, y Ortega Bru (gracias, otra vez, Santa Marta). Y, por último, entre las sombras que nunca faltan, el desagradecimiento hacia Antonio Santiago y, sobre todo, la de ese mayordomo corrupto que tanto daño ha hecho al Valle y cuyo nombre sí omitiré. Que Dios reparta suerte en el 2017.

22
Feb/2016

Dejemos las piedras a un lado

Aunque el refrán indique que quien dé primero lo hará dos veces, no conviene precipitarse. Salvo que lo que se ofrezca sea paz, misericordia o reconciliación es bueno medir los tiempos, las palabras y las formas. Es fácil lanzarse por el despeñadero de las palabras y las acusaciones, sobre todo si el mismo imputado ya ha reconocido su falta. La Hermandad del Valle ha iniciado un particular viacrucis que no sabemos cuántas estaciones tendrá y todos debemos estar a la altura que corresponde, tanto hermanos como cofrades en general. El resto morderá por donde pueda y sacará el sable largo que guarda para estas ocasiones, donde no se precisa la daga fácil de ocultar. Imagino que nadie tendrá ahora dolor más agudo que Lucas Maireles y, a su lado, los oficiales que compartieron junta de gobierno con el mayordomo díscolo; pero en todas partes se cuecen habas y, a poco que uno tenga edad suficiente, recordará casos sonados o que se mantuvieron ocultos con un antifaz benévolo. El único que, de verdad, ha sabido de esto nos alertó con tiempo: “Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!” y, al momento, añadió: “¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo”. Esto no es discutible… salvo que se discuta la misma autoridad de quien lo dijo. A nosotros sólo nos queda responder como los apóstoles: “Auméntanos la fe”. No quiero decir con esto que nos dé igual cualquier cosa, pero, incluso con la ley en la mano, se puede hacer un daño irreparable y, como hoy estoy por acudir a las fuentes, recordaré también el episodio de la mujer adúltera. La acusación tenía completo fundamento, la ley asistía a los acusadores, Jesús no disculpa el delito ni discute la fuerza de la ley. Sólo lanza una advertencia y las piedras quedan a un lado porque “al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos”.

29
Nov/2015

Más madera

En el último Más Pasión alerté de ese ordenancismo pernicioso que nos invade. Nunca pensé que El Valle se sumara a esta tendencia con cerca de una treintena de apartados para capataces y costaleros. Una vez leídas, observo con estupor que lo que no resulta obvio resulta redundante. Y me hago una pregunta: ¿alguien recuerda haber visto los pasos de esa cofradía discurrir mejor de lo que lo hacen en la actualidad? Años hubo, y los recuerdo, en los que el regreso a su templo, pese a la cercanía de la catedral, se convertía en odisea y los zancos del palio querían sacar chispas al granito de los adoquines. Y es que la ley del péndulo se comprueba pertinaz también en las cofradías. Después de años en que los costaleros eran venerados y agasajados hasta extremos innecesarios en sus hermandades respectivas, propiciando una mitologización absurda, ahora parece que las tornas han cambiado y hay que achacarles todas las culpas; ya sean por retrasos, roturas o exhibicionismos. Y, con ellos, a los capataces, culpables para muchos de cualquier nimiedad de uno de sus costaleros, olvidando que hay en todas las cuadrillas varias decenas y de que la prudencia y la libertad se las administra cada quien. Pero, en justa correspondencia, ¿qué pasa con los fiscales negligentes y saludadores, los priostes ineficaces, los diputados independentistas…? ¿Vamos también a redactarles unas normas específicas y a dar público conocimiento de ellas? Las espero.