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28
Ene/2017

A mí me encanta

foto cartel web 2

Si quieren, ya pueden dejar de leer. En el titular queda dicho lo que opino sobre el cartel de la Semana Santa de 2017. José María Jiménez Pérez-Cerezal ha triunfado por partida doble: de un lado, ha pintado un anuncio soberbio, impactante y rico de matices; de otro, lo ha hecho sin renunciar a su línea, lo que dice mucho de su honestidad artística. Y es… un cartel. No una fotografía, y menos, una estampa. Avisa de lo que viene y nos da un pellizco en el alma. Ha pintado al Cachorro con una paleta fiera y arrebatada: vibrantes azules, rojos intensos, verdes alimonados, crepusculares violetas…, colores ausentes en la piel de su madera, pero que dibujan el arcoíris de sentimientos que su imagen provoca. Esa visión cenital nos ha situado en la perspectiva exacta desde la que el Padre ve al Hijo entregar su Espíritu cada Viernes Santo. Cristo atraviesa limpiamente los estrechos barrotes que los hombres colocan y vuela por encima de esas quietas golondrinas que, apartadas, le ceden el apagado celeste de la tarde. Y, sin embargo, su cuerpo termina en forma de flecha apuntando al mismo suelo donde nos movemos. No hay nazarenos. Está el Nazareno. No hay incienso ni flores, aunque rezume todos los aromas. No hay música y suena una sinfonía melodiosa. Sí, este cartel es un grito, alto y claro, de lo que llega. Y yo lo pondré en la pared —como ya pende en mi interior— para anunciar que pronto, muy pronto, su Verdad saldrá a la calle.

09
Jun/2012

Acción de gracias

Nada puede hacerse por aumentar la dignidad de Dios, pues Él supera, por definición, toda medida o capacidad humana. Sin embargo, hay ocasiones en que rozando la herejía creemos lograrlo. Pero lo único que pasa es que la fe consigue metas que desbordan la lógica humana y, con inmodestia, nos las atribuimos. Así, el domingo, cuando se bendijo en Triana la Basílica del Stmo. Cristo de la Expiración, los que tuvimos la suerte de asistir a esa ceremonia sabíamos que era la fe de miles y miles de personas anónimas, depositada allí durante siglos, la única que hacía posible aquello. Fue un día grande, gracias exclusivamente a ellos: a esos hermanos y devotos —tan desconocidos como acabaremos siendo todos— que siempre rezaron a Dios llamándolo por su trianero nombre de pila. Si a Dios Padre le podemos decir “Abba” (papá, papaíto), a Dios Hijo, aquí, le pusimos un apodo y Él no sólo no se molesta porque le llamemos así, sino que, además, nos escucha. Bendito sea Dios en su infinita misericordia. Gracias, Cachorro.

13
Mar/2011

Restauración de templos

Decimos, y hacemos bien, que hermandad se es todo el año y cofradía, en el mejor de los casos, sólo unas horas. Pues si procuramos que todo se encuentre en perfecto estado de revista para la procesión, de manera que cuando algo se daña —incluso al montar los pasos o el altar de insignias— de inmediato se lleva al artesano correspondiente, mayor interés aún debemos poner en el cuidado y mantenimiento de nuestros templos. Ahí nace la verdadera hermandad: en el rezo ante sus Titulares. Por eso nos duele tanto cuando una iglesia se cierra por deterioro continuado (Santa Catalina y Santa María la Blanca son ejemplos actuales como otros los fueron antes) que no palía por completo ni la solemne reinauguración ni una iluminación prodigiosa tras el cierre habitualmente prolongado. Y nos alegra, por el contrario, que hermandades como El Baratillo o El Cachorro hayan realizado importantes mejoras en breve tiempo y sin que sus imágenes abandonaran del todo su sede. Ya se sabe que, como en la casa de uno, en ningún sitio.