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11
Mar/2017

Así que…

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Queremos revitalizar el viacrucis y nos perdemos en dimes y diretes: que si un lunes, que si un sábado, que si una imagen señera…; y, sobre todo, que el rezo penitencial es lo importante y no los traslados de ida y vuelta por vistosos que sean. Pero, luego, —oh, Dios mío— cerramos las puertas de la catedral o se coloca un piquete de guardias. Ay, ay… Que así se nos va la afición y luego cuesta un mundo que la gente vuelva al abono (que se lo pregunten si no a la empresa regente del coso del Baratillo). A ver quién les dice el año próximo a cuantos se quedaron en la calle sin poder seguir el rezo de las estaciones que vuelvan a la seo hispalense. Bien está que la Puerta de Palos se reserve al cortejo y que la de Campanillas se cierre por obras o que, mientras pasan las andas, se encajen las otras; pero ¿que no se deje entrar a nadie cuando nada lo impide salvo el criterio —claramente desacertado— del cabildo catedralicio? Ya saben: no se les vaya a ocurrir llegar con la misa empezada que igual también los dejan fuera. En fin, que el Arzobispo dio como conclusión del acto una de las mejores pláticas que le he escuchado —en corto y por derecho— y esto, que tanto bien pudo hacer a muchos, quedó también cercenado por la decisión de su cuadrilla —valga, de nuevo, el símil taurino—, quienes olvidaron que es siempre el matador el que debe lucirse. Don Juan José va a tener que decirles, ajustándose el solideo: “¡Tapaos todos y dejadme solo!”.

05
Sep/2016

Servidores de la unidad

El señor Arzobispo, por mucho que les moleste a algunos, ha dado ya sobradas pruebas de que nos ha cogido el molde del zapato y, cuando habla, demuestra que no da puntada sin hilo. En la toma de posesión del nuevo Consejo dejó algunas perlas que lo acreditan. La principal, a mi juicio, fue esa de que “Sevilla solo creerá en nosotros si nos ve unidos”, acompañada de su petición a los flamantes consejeros para que fueran “servidores de la unidad”. No es fácil la misión asignada, visto lo visto en los años precedentes. Hagamos examen de conciencia y reconozcamos que, algunas veces, entre lo que proclamamos y lo que hacemos hay discordancias palpables y hasta acusadoras. Además, les encargó otro empeño de enorme calado: el de presentarse como “servidores de la verdad” y ello dentro de la identidad genuina de nuestras corporaciones; pero marcando con claridad (que para eso se le designa como pastor) que el culto, el fortalecimiento de la vida cristiana, la formación, el vigor apostólico y el servicio a los pobres son los pilares que deben sostener esta hermosa y fecunda obra de siglos. Ahí es nada la tarea y les deseo el mayor de los éxitos. Como también me sumo a su agradecimiento al Consejo saliente, donde no han faltado cofrades que han trabajado duramente; pero que, a veces, fallaron en esa unidad que ahora se reclama desde Palacio.

(Más Pasión, nº 105, septiembre 2016)

05
Ene/2016

Enhorabuena a todos

Desde el 29 de noviembre, Sevilla cuenta con una nueva hermandad. Es hora, por tanto, de felicitar a los cofrades de La Milagrosa; pero también de felicitarnos todos. Digo esto porque, más allá de los legítimos planteamientos —e incluso polémicas— que acompañan la creación de hermandades, se pone de relieve algo fundamental a mi juicio: el hecho de que el modelo de vivir la religiosidad que representan nuestras corporaciones no ha caducado. Tiene, pues, que ser motivo de satisfacción para todos el que, mientras la ciudad crece por términos muy alejados de su antigua muralla y la renovación sufrida por la iglesia a partir del Concilio abrió límites insospechados hasta entonces en la manera de practicar la fe, las hermandades permanezcan absolutamente vivas. No se trata sólo de una manifiesta estabilidad —por cierto, como en ningún otro periodo histórico— o de que hayan mantenido sus formas tradicionales o su rico patrimonio artístico y simbólico; sino que este aumento de corporaciones demuestra la validez que ofrecen para vivir el evangelio en el  mundo actual. Y tampoco estaría de más recordar que ha sido nuestro Arzobispo (del que se decía que no aprobaría ninguna porque no las entendía ni otorgaría coronaciones) el que reiteradamente las ha reivindicado frente a la amenazante secularización que sufren otras diócesis. Es de justicia.

(Más Pasión, nº 98, enero 2016)