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19
Nov/2016

El tiempo es ahora

Virgen del Amparo

El hombre ha querido domesticar el tiempo y parcelarlo a conciencia en horas, minutos, siglos, meses… Habla de cursos o periodos vacacionales y señala en rojo unas fechas frente a otras. Ha creado planes, agendas. En definitiva, se ha construido la ilusión de poder controlarlo; como si apuntar una tarea para el año próximo nos permitiera asegurar su cumplimiento y, de paso, nuestra existencia. Claro está que los narcóticos funcionan y la sugestión tranquiliza lo suyo. Pero los clásicos ya advertían que sólo lo vivido está en nuestro haber, que conviene apurar cada momento feliz, y que jugar con el futuro suele acabar como el cántaro de la lechera. Hay quien cuenta con ansias los días que faltan para el Viernes de Dolores y, a lo peor, olvidó que este domingo la Virgen del Amparo nos regalaba uno de esos días donde la serena sensación que transmite su discurrir nos deja plenos y agradecidos. Hay un brillo alto y puro que surge de su rico simpecado, de las llamas de su cortejo litúrgico, del manto que viste de sol a esa Madre de mirada baja y hasta de los rizos del Niño. Y de igual manera, mientras algunos esperarán conciertos cuaresmales y ensayos costaleros para creer que todo llega, otros iremos hoy hasta San Juan de la Palma. Y sólo allí, en silencio junto al Silencio, al ver a la Señora del dolor estremecido, la que desvía sus ojos para no herir los nuestros, tendremos la certeza de que todo se nos ofrece ya al alcance de los labios.

14
Nov/2015

Fin de año

Sé que estamos a mitad de noviembre y aún faltan casi siete semanas para la Nochevieja. Las panderetas duermen y el corcho y el serrín están escondidos en algún lugar que sólo las madres conocen. Pero el año cofradiero presenta unos límites que no coinciden ni con el año natural ni con esa cursi denominación, que tanto gusta a algunos, de curso cofrade. Terminó justo el pasado domingo, cuando Tejera interpretó esa marcha larga como un río que es “Soleá, dame la mano” y Antonio Santiago devolvió a su casa a la Reina de Todos los Santos. O, si lo prefieren, con el sonido del órgano de la Magdalena que acompaña desde el coro hasta el altar mayor a esa pirámide de dulce serenidad que es la Virgen del Amparo cuando se envuelve en el amarillo melocotón de su manto —color de la nostalgia— y avanza dejando una estela de melancolía infinita. El rezo de la salve, el protocolo antiguo o la voz de Ismael Vargas cuadrando el paso sobre el mármol adquieren un sabor que trasciende el rito o la costumbre. Por Feria o en San Pablo, las campanas avisan —guste o no— de que hemos cubierto una etapa más del camino. Y entonces, al finalizar la procesión, sabemos que las oraciones por los difuntos nunca son meros formulismos. Traen a la memoria los nombres y apellidos concretos de quienes vivieron las cofradías a nuestro lado. Exactamente así seremos recordados un día los que ahora leemos estas letras con la vista puesta ya, y siempre, en la Esperanza.

11
Nov/2011

Te Deum

Noviembre nos pone cuerpo de final de Semana Santa. Si el pasado domingo salió la Virgen de Todos los Santos, mañana lo hará la del Amparo y será como un Sábado Santo de las Glorias dilatado por mor del calendario. Cuando la Magdalena cierre sus puertas tras la procesión, nos quedará la misma sensación anímica que precede a la Resurrección: agotamiento y plenitud. Tanta belleza se habrá acumulado en nuestra alma, tantas vivencias y recordatorios para hacernos ver lo que somos, tantas peticiones hechas desde el silencio de unas miradas que, por su claridad, podrían leerse y, también, esas ausencias de quienes nos esperan ya después de haber tocado esa mano que pronto se nos ofrecerá al alcance de los labios. Vienen los fríos, que serán menos si el alma se acoge al calor de lo vivido. Para despedir el ciclo han sonado ya las campanas de Omnium Sanctorum y el órgano, bajo el que El Calvario se cobija antes de la Madrugada, despedirá con sus acordes un fin de año para el que no se necesitan caretas ni risas fingidas.

29
May/2011

Tiempo de Glorias

Para los que no se lamentan por lo mucho que pudo haber sido y no fue, para quienes disfrutan de cada momento gozoso que la vida les depara, para los que saben mirar más allá de una semana o de los cuarenta días que la preceden, ahora ha comenzado un tiempo de gloria, de Glorias. Un largo tiempo que se extiende desde la Pascua de Resurrección con las advocaciones marianas de Salud y Alegría —¡vaya nombres más expresivos de nuestros constantes anhelos!— hasta la mitad del otoño, esa estación tan hermosa de la ciudad, cuando el clima se templa, la luz se afina y los días establecen una bella metáfora con la vida humana, y pedimos a Todos los Santos el Amparo de su protección infinita. Hay un recorrido anual por devociones antiguas, íntimas, multitudinarias sólo en ocasiones —con romeros por sus calles camino del Rocío—, barrios céntricos y del extrarradio que conforman en torno a María un No-Do todavía vivo. Niños y adultos, jóvenes y ancianos que, a cara descubierta, proclaman sin antifaces la verdad de su fe.