20
May/2017

Días de mayo

maríaauxiliadoraweb2

Pocas cosas tan selectivas como la memoria. Apenas recordamos algo que hicimos ayer y, sin embargo, tenemos presente de forma indeleble lo que ocurrió hace decenas de años. Estos días de mayo me conducen a mi infancia salesiana, a un colegio grande y limpio con patios cuajados de macetas regadas con esmero. Mis primeras y repetidas lecturas no las hacía sobre textos impresos en papel, sino en aquellos azulejos trianeros de un zócalo que nos recodaban las virtudes cardinales —prudencia, justicia, fortaleza y templanza—. Así, entre juegos y clases, aquellos alumnos aprendíamos a ser, como quería Don Bosco, buenos cristianos y honrados ciudadanos. Y aquel patio que llamábamos redondo (cuando en realidad es un elegante hemiciclo de pilastras con galería), con su cenefa de máximas y sentencias, se convertía por estas fechas en iglesia, bóvedas de cielo y arcos fajones de nubes blancas. Su parte recta se decoraba con un efímero retablo que D. José Corredera y Pablo el carpintero levantaban con esmero y cariño, haciendo de sus gradas centrales un presbiterio solemne. Se sacaban los bancos del teatro y las sillas de las aulas para que niños, madres y vecinos llenaran aquel espacio que María Auxiliadora presidía al atardecer los días de su novena. Silencio, rezos y compás de abanicos. Volvía después a su casa la Virgen Sentada a los sones de un himno emocionante y hermoso y todos regresábamos a la nuestra soñando con verla ya en la calle.

13
May/2017

Artículo 56

Libo de reglas web

Vivimos, ¡ay!, tiempos de ordenancismo. Lo que hasta ayer se hacía con naturalidad y eficacia, ahora encuentra una férrea barrera burocrática que, difícilmente, digiere el sentido común. No digo que las normas en cualquier terreno sean innecesarias, sino que cuando las reglas no se sostienen en el uso y las buenas costumbres acaban por verse como cortapisas despóticas por parte del legislador y, por lo mismo, tienen los días contados (exactamente los mismos que dure en su puesto la cabeza pensante que las impuso). Afirma el diccionario de la Academia que ordenancismo es la “tendencia a una reglamentación prolija o excesiva”, o peor, la “tendencia a un exceso de celo en la aplicación de las normas”. Y exactamente eso es lo que padecemos hoy en el mundo de las cofradías. Ya lo experimentamos en los viacrucis de cuaresma y ahora toca sufrirlo a las hermandades de Gloria. Y, como quien hace la ley hace la trampa, se dice que basta con cambiar las reglas y todo solucionado. Por eso, si antes las reglas de cualquier hermandad pervivían durante generaciones con escaso articulado y menos variaciones; ahora, cada poco tiempo se convocan cabildos generales para enmendarlas. A esto se suman los reglamentos de régimen interior, los de uso de la casa de hermandad, los que afectan a capataces y costaleros, los derechos sobre el columbario (toquemos madera)… Dios mío, y el evangelio tan sencillo. Pero, claro, eso lo escribieron cuatro privilegiados.

05
May/2017

Salvador y Rafael

Salvador y Rafael foto

(Foto Revista Más Pasión)

Jesús escogió a sus discípulos de entre la gente sencilla. Se valió de ellos y de sus manos para que sostuvieran los delicados vasos de barro donde va la fe. Ignoramos por qué prefirió exactamente a esos hombres más acostumbrados a jalar de las redes y a zurcirlas que a sutilezas teológicas. No sabemos si iban mucho o poco a la sinagoga, aunque sí que no respetaban todos los preceptos y que la gente los miraba sospechosamente. Pero a ellos envió a predicar su Palabra y a ellos confió su misión. ¿Qué sabe nadie? Mis devociones están en un extremo de la calle Castilla y conozco algo de su historia. Y, si me preguntaran quiénes son las dos personas más importantes para la hermandad del Patrocinio en el último siglo, respondería sin dudar con dos nombres: Salvador Dorado “El Penitente” y Rafael Blanco Guillén. Ninguna de las dos figuraron en su nómina, pero las dos han permitido miles de oraciones a ese Jesucristo expirante que, sin ellos, tal vez no hubiesen salido del corazón, porque, como santo Tomás, el hombre necesita ver para creer. Iba El Penitente con su recia figura, su pelo blanco y su cabeza de prócer romano mandando los pasos y yo le daba en silencio las gracias porque, desde niño, supe lo que había hecho y dicho. Y, al oír el tono recio de su voz, comprendía por qué otros hombres le habían obedecido, por igual, cuando la pólvora nubla el entendimiento y las manos se crispan. Dios se lo habrá pagado con creces, tachando del debe y aumentado su haber. Ahora, se nos acaba de ir Rafael Blanco, un alcalareño que teniendo sus amores en el Cautivo de un pueblo que sabe a pan, fue protagonista sin quererlo. Jesús lo llamó también a él en su sencillez de trabajador de un polvero. Escuchó su voz, se subió a un balcón y abrió una puerta para enseñarnos que solo Dios puede entrar en el infierno y salir de allí con gloria. Rafael Blanco fue el evangelista que dejó constancia de que en el Zurraque creemos en un Cristo que lo mismo sabe andar sobre las aguas que triunfar entre las llamas.

(Más Pasión, nº 112, abril 2017)

29
Abr/2017

Cortejos de excelencia

Nazarenos Soledad web

Si las avalanchas de la Madrugada, una notoria y creciente falta de educación, esa carrera extraoficial de sillitas contra la que nadie actúa y las acampadas con esterillas, butacas y picnic incluido, además de timbas improvisadas que han convertido las aceras en casinos, han marcado negativamente la pasada Semana Santa; en el otro extremo, es justo resaltar la generalizada mejora de los cortejos de nazarenos. Parece como si, para equilibrar una triste balanza, las hermandades hubieran opuesto al peor comportamiento ciudadano un modo de procesionar impecable. Siempre se ha subrayado el discurrir de determinadas cofradías: La Amargura, El Amor, Los Estudiantes, las tres cofradías de negro de la noche acribillada (que incluso han aprendido ya a deshacerse y reconstruirse igual que el ave Fénix), Los Servitas o La Soledad de San Lorenzo… Pero lo que ahora llama la atención es el cambio manifiesto de otras que aceptaban como mal endémico que sus filas sufrieran cortes o deserciones en determinados puntos de su recorrido. Claro está que habrá singularidades y que ustedes sabrán señalarlas. Sin embargo, no dejarán de ser casos esporádicos. ¿Quién puede negar que cofradías como La Cena o La Estrella, El Baratillo o Los Negritos procesionan con un rigor modélico? Y esto es aplicable igualmente a las cofradías más jóvenes: Torreblanca, Bellavista o La Misión podrían dar lecciones de lo que sostengo. Menos mal que en algo hemos mejorado.

22
Abr/2017

La ciénaga

madrugá web

No quiero cargar las tintas, pero tampoco guardaré silencio. Si malo es causar alarma, peor es fingir que aquí no ha pasado nada. ¡Vaya si ha pasado! Nos han robado la Madrugada, esta y no sabemos cuántas más. El daño viene de aquella respuesta ominosa del 2000 con que se quiso echar tierra sobre los graves incidentes padecidos y se resolvió todo, de la manera más antisocrática, con un “solo sé que no sé nada”. Aquello fue el polvo que, al no limpiarse, se convertía en lodo cada vez que caían unos chaparrones en forma de “carreritas” (como muchos prefirieron llamar, con la técnica del avestruz, a lo que eran avalanchas en toda regla provocadas por alborotadores). ¡Qué miedo dan algunas palabras disfrazadas con el diminutivo! Desde aquel año, hemos seguido sufriendo embestidas y siempre con la esperanza de que no se repitieran. Pero el rayo no cesaba y los derrotes tampoco. Así las cosas, ahora todo se complicaba por el difícil panorama internacional que sufrimos. Sevilla no es una burbuja y, ante determinados gritos y ruidos, las personas han reaccionado acordes con esas circunstancias actuales. Nada, pues, de histeria o psicosis. Encima…, no nos insulten. ¿Piensan algunos que aquí no se lee la prensa ni se ven los telediarios? El lodo ha subido de nivel, tiene demasiado detritus y apesta. La Madrugada se ha convertido en una ciénaga donde chapotean a gusto algunos indeseables a costa de las lágrimas y el desamparo de la mayoría.

08
Abr/2017

Personajes secundarios

Romano Amargura 2

En un mundo tan exhibicionista como el que vivimos todo el mundo quiere cobrar protagonismo. No importa el costo. Cedemos la privacidad por un plato de lentejas, cuando la intimidad es como un buen plato de langostinos sanluqueños regados con la mejor manzanilla. “O César, o nada” parece ser el lema de nuestro tiempo, aunque el imperio que gobernemos sea demasiado estrecho e inane. Quedar entre los diez primeros en alguna cosa se considera irrelevante, aun cuando eso mismo lo pretendieran miles de aspirantes que ni siquiera consiguieron llegar a la meta. Queremos ser únicos y brillantes. Raramente reconocemos la primacía de alguien en cualquier campo, porque equivaldría a confesar la propia inferioridad. Pero miremos sobre las canastillas de los pasos. De respiraderos para arriba solo hay dos protagonistas entre tantas imágenes: Jesús y María. Los demás, todos, personajes secundarios; pero no iguales: Juan, Pedro, Judas, María la de Magdala y Marta la de Betania, sayones, romanos o sanedritas. Cada uno explica la Pasión a su modo, solo aquellos dos imprescindibles. Pero ¿no importa Pilatos?, ¿no actuó el hombre de Cirene? En lo bueno y en lo malo cada uno puede verse reflejado anónimamente. Cuando suene “Cristo del Amor” y el Señor baje montado en su burra a la Plaza del Salvador, a su plaza, todos quedaremos convertidos en personajes secundarios, inapreciables como gotas de agua dentro de un océano. Uno entre tantos. ¡Qué gloria!

01
Abr/2017

Metamorfosis

Palio montaje 2

Se fue el frío y la ciudad se despereza como un gato que hubiese dormido una larga siesta. Como un gato elástico y hermoso, se acicala, se pule y limpia, dispuesta a disfrutar de lo que es suyo. No quiere encontrar ni más, ni menos, de lo que conoce. La Semana Santa es un espejo que le devuelve la imagen al completo: su belleza, sus arrugas, sus encantos, sus amargas cicatrices. Desconfía de salvadores, de advenedizos, de sabelotodos…, pero los acepta tranquila y comprensiva como el gato deja que lo acaricien sin que se sepa bien quién es el amo, quién manda sobre quien. Ofrece su lomo a la mano áspera, a la dulce, a la enjoyada, a la sucia, a la inocente. Los pasos crecen sin que se vean los duendes que lo hacen. ¿De qué depósito del tiempo salieron los terciopelos, los brillos y la plata, la madera antigua y el silencio que hoy gozamos en los templos?, ¿dónde estarán ahora las abejas que labraron el verdadero olor de la fiesta, cera dispuesta como un frasco entreabierto de perfume que deja escapar su aroma levemente? Noches claras ya porque han desteñido sus azules sobre trajes y chaquetas, cuyos bolsillos están todavía huérfanos de recorridos y horarios. Las mismas calles están ensayando a la espera de gotas coloridas que revistan el asfalto de su propia primavera. Los adoquines, como el parche de un tambor, se preparan para un repiqueteo de tacones y pisadas impacientes. Él, como siempre, tiene las llaves. La ciudad lo espera.

25
Mar/2017

Cifras y letras

Besamanos 1967

Soy más un hombre de letras que de números. Las cuentas de mi casa las lleva mi mujer, que es persona juiciosa y buena administradora. Cuando me preguntan mi teléfono, tengo que mirarlo en la agenda. Las claves y pines varios que nos imponen me hacen dudar no poco. Desconozco mi número de cuenta corriente y hasta el que profesionalmente tengo asignado. Solo hay una cifra que año a año llama mi atención y que, ahora mismo, tengo delante. Figura impresa sobre mi nombre, orlada por un marco de roleos y estípites. Nunca es la misma y desciende poco a poco hasta que un día se consuma y desparezca. Disminuye en sentido inverso al que aumentan mis canas. El número que antes me señaló hoy pertenece a otro. El que ahora figura mañana acompañará a distintos apellidos. Conforme decrece más me aproximo al único que en esto importa de verdad. Y un día me llevará de su mano, igual que otras cogieron la mía de niño para ponerme delante de Él, aunque muy lejos, y donde solo alcanzaba a ver la cruz de guía como faro. Hace años que lo miro desde muy cerca, cada vez más, clavado y levantado contra el sol de la tarde o entre el agua y el viento que lo desnuda. Junto a esa cifra menguante se lee: Pontificia, Real e Ilustre Hermandad…; y más adelante: Cirio Paso Cristo. No necesito ya de listas para conocer mi sitio, pero me ilusiona verlas. Allí figuran quienes también sueñan alcanzar, con la gracia de Dios, un número como este grabado en su papeleta.

18
Mar/2017

Ad experimentum (sí, sí)

SENATUS WEB

El latín no es una lengua muerta, como no lo es en puridad ninguna que pueda ser entendida y siga transmitiendo sus saberes y belleza. Y en nuestro entorno cultural está mucho más viva que otras con millones de hablantes. Tal vez por eso hasta quienes no han traducido un solo renglón de César o Salustio se atreven con ella. Pero debe volver a las aulas el estudio de las declinaciones, la conjugación de los verbos deponentes y la consecutio temporum. E incluso debería exigirse un B1 en la lengua del gran Horacio, como mínimo, para formar parte del Consejo o ser diputado mayor de gobierno de la Madrugada. Evitaríamos serios problemas. ¿En qué parte del “ad experimentum” se han perdido algunos? O es, quizás, algo peor: que de nada sirve ya la palabra dada. Obligar a una sola hermandad —precisamente la que más puso de su parte el año pasado para llegar a un acuerdo y la que mayor riesgo corrió— es sentar un gravísimo precedente. No sé, a partir de ahora, quién va a ceder en lo más mínimo, si los mismos que se vieron beneficiados después miran al tendido. Todos los hermanos mayores de la Madrugada deberían haber cerrado filas junto al de Los Gitanos, aunque solo fuera por precaución al ver pelar las barbas del vecino. Y flaco favor se ha hecho a sí mismo el Consejo que, pretendiendo en el futuro remodelar otras jornadas, ha puesto también en guardia al resto de hermandades y colocado bajo sospecha a sus delegados de día. O tempora, o mores.

11
Mar/2017

Así que…

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Queremos revitalizar el viacrucis y nos perdemos en dimes y diretes: que si un lunes, que si un sábado, que si una imagen señera…; y, sobre todo, que el rezo penitencial es lo importante y no los traslados de ida y vuelta por vistosos que sean. Pero, luego, —oh, Dios mío— cerramos las puertas de la catedral o se coloca un piquete de guardias. Ay, ay… Que así se nos va la afición y luego cuesta un mundo que la gente vuelva al abono (que se lo pregunten si no a la empresa regente del coso del Baratillo). A ver quién les dice el año próximo a cuantos se quedaron en la calle sin poder seguir el rezo de las estaciones que vuelvan a la seo hispalense. Bien está que la Puerta de Palos se reserve al cortejo y que la de Campanillas se cierre por obras o que, mientras pasan las andas, se encajen las otras; pero ¿que no se deje entrar a nadie cuando nada lo impide salvo el criterio —claramente desacertado— del cabildo catedralicio? Ya saben: no se les vaya a ocurrir llegar con la misa empezada que igual también los dejan fuera. En fin, que el Arzobispo dio como conclusión del acto una de las mejores pláticas que le he escuchado —en corto y por derecho— y esto, que tanto bien pudo hacer a muchos, quedó también cercenado por la decisión de su cuadrilla —valga, de nuevo, el símil taurino—, quienes olvidaron que es siempre el matador el que debe lucirse. Don Juan José va a tener que decirles, ajustándose el solideo: “¡Tapaos todos y dejadme solo!”.