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Nací a principios de los sesenta junto a Chapina, en una casa de vecinos de la calle Magallanes —la callejuela, le decían los trianeros de entonces—. Desde el balcón de aquella casa se podía ver al Cachorro durante unos instantes mientras avanzaba por Castilla camino del Puente y desde allí, me dicen, lo vi por primera vez en la calle. Me lo han contado tantas veces que puedo repetirlo como si aquello le hubiera ocurrido a otro. Antes de cumplir el primer año, mi madre había cosido una túnica minúscula para que con mi varita pudiera acompañar durante unos metros a ese Cristo que sabe tanto de los cielos de Sevilla. Pero el hombre propone y Dios dispone, de modo que aquella Semana Santa el niño cogió el sarampión y, a la hora de la salida, túnica y capa reposaban en una silla. El Cachorro decidió salir aquel año y yo no podía. Mi tata, una vecina entrañable a la que llamaba así sencillamente porque Rosario se hacía aún de imposible pronunciación, era cachorrista de casta y no se lo pensó dos veces: “—A este niño hay que vestirlo de nazareno para que vea a su Cristo desde su primer Viernes Santo”. Dicho y hecho. El niño, cogido a su madre de la mano y con una varita en la otra, rompió la férrea clausura impuesta por la enfermedad y se asomó al balcón. Aquella estación de penitencia se redujo a unos cuantos pasos indecisos. Desde entonces hasta ahora ha pasado el tiempo y no he hecho otra cosa de mayor mérito, en lo cofradiero, que acompañarlo a Él y a su Madre del Patrocinio sin faltar un año. Bueno, sí. He hecho algo más de lo que puedo sentirme orgulloso, aunque esté al alcance de todo el que se lo proponga: he compartido mi devoción con otras personas y algunas figuran hoy en su libro de hermanos. Lo demás no importa.

02
Jul/2017

Tuit de luto y esperanza

Copia de ESTRELLA TWITTER(Foto: Hdad. de la Estrella)

Las palabras importan siempre. Son bálsamo o puñal, según se usen. Nada resulta más difícil de olvidar que aquello que se dijo en circunstancias difíciles: una frase que causó un daño irreparable o esa expresión que sirvió de consuelo y apoyo a quien se tambaleaba a punto de caer. El pasado 17 de junio moría en una plaza francesa el torero Iván Fandiño y la Hermandad de la Estrella —su hermandad— salió del burladero del silencio para lanzar a los cuatro vientos un tuit donde se leía: “Consternados por la muerte de NHD Iván Fandiño, elevamos nuestras oraciones para que la Virgen de la Estrella interceda por su alma. DEP”. Era ya el único quite posible al horror, invocar a la Dolorosa de nácar y dejar en sus manos el tránsito del difunto hasta los brazos del Hijo. No es poco para los que tenemos fe. La foto que lo ilustraba no podía resultar más simbólica. Vestida de luto y azabache, sin corona, la Virgen de la Estrella mostraba su duelo… Curiosamente el tuit anterior a este, publicado aquella misma mañana, la representaba ataviada de reina con un terno blanco y oro junto a la oración del ángelus, la máxima declaración de la confianza en Dios. Ese era exactamente el contraste del día. El que siempre nos amenaza a cada uno: de la alegría al dolor, del blanco al negro, sin saber cómo ni cuándo. ¡Qué sensibilidad y qué categoría la de quien despreciando dimes y diretes publicó en las redes aquel dolor compartido! Soy aficionado a los toros. He visto centenares de veces a los toreros hacer el paseíllo envolviendo su cuerpo y sus miedos con un capote de seda que, como un retablo ambulante, lleva bordado la imagen de sus devociones entre flores y arabescos. No es superstición, sino una declaración de fe. Y ese tuit que alguien puso, y que ha dado ya la vuelta al mundo, ha sido una luz de esperanza; como la que experimenta un hombre de oro mientras persigue la gloria y dirige una mirada furtiva desde el albero a su capote extendido en la barrera de una plaza de toros. Descansa en paz, hermano.

(Más Pasión, nº 115, julio-agosto 2017)

01
Jul/2017

El verano ya llegó

sevilla verano

¿Se acuerdan del estribillo de aquella canción pegadiza y absurda como casi todas las que se ponen en los chiringuitos playeros a toda pastilla? “El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó…” Pues eso digo yo. Que el verano ya está aquí (“para hacerte feliz…”) y todavía no ha salido a la luz el prometido informe que iba a aclarar los desgraciados sucesos de la última Madrugada. Será que con los aires acondicionados a tope en los despachos oficiales no se habrán enterado de que no solo estamos en la estación estival, sino de que incluso hemos pasado la primera de las olas de calor y, si se pudiera surfear en estas, Sevilla sería la Tarifa del interior peninsular. Después quieren que confiemos en los políticos… Claro que en las primeras declaraciones de abril, cuando el 21 de junio aún se veía muy lejos, era fácil decirlo. Qué largo me lo fiáis —pensaría agazapado el fantasma de don Juan—. Pero resulta que hay quien recuerda las cosas y, además, las hemerotecas son muy chivatas. Y, para colmo, algunos periodistas sacan a la luz declaraciones de personas afectadas que contradicen los anticipos oficiales que, como globos sonda, se habían ido lanzando. Preveo que en algún archivo de ordenador hay un informe dispuesto para ser enviado a la impresora, pero que nadie se decide a darle al intro porque es difícil comulgar con ruedas de molino. Pulso el play de nuevo y suena: “El verano ya está aquí. Llénalo de colores, de sueños y amor”. Pásenlo bien.

24
Jun/2017

Tiempo fijado

nazarenos

Que la fotografía vive un momento extraordinario en Sevilla es un hecho contrastado. Profesionales del gremio y aficionados excelentes sacan de la ciudad y sus manifestaciones matices que no dejan de sorprendernos por conocido que sea el tema propuesto. El ojo que está tras la cámara ve más y mejor a través del visor que muchos otros que permanecen frente al objeto sin obtener de él sino una desvaída imagen de lo que contemplan. La fotografía es un arte —como la pintura, la música, la escultura…— y lo es en el doble sentido del término: pretende la búsqueda de la belleza y requiere de una técnica necesaria para fijarla. Además, para que brille y destaque en su variedad, es necesaria la concurrencia de distintas firmas que nos permitan oponer, comparar o realzar unos resultados frente a otros. Así ocurre en los periodos de esplendor de cualquier manifestación artística. No pretendo aquí lanzar una batería de nombres que justifiquen cuanto digo. Ustedes sabrán hacerlo con sobrado conocimiento de causa. Lo que sí puedo decirles es que a mí cada vez me interesa más ese reflejo que estos verdaderos artistas del tiempo fijado proyectan de las cofradías y que se vierte en revistas, webs o exposiciones diversas. Hago esta reflexión cuando acabo de ver una antología admirable firmada por J. M. “Silva” en el Hospital de la Caridad. Luces, sombras, color y perspectiva llenan la Sala de la Virgen. Acudan a verla. Se harán un inmenso favor.

17
Jun/2017

Domingo de Corpus

corpus web

Mañana será cuando la iglesia universal celebre la festividad del Cuerpo y Sangre de Cristo; aunque Sevilla, como reducto numantino, haya mantenido su procesión solemne en la fecha tradicional del jueves. Es una buena ocasión para acompañar a Jesús Sacramentado por las calles que pisamos a diario. En la agenda verán que, entre hermandades, parroquias, monasterios y conventos, hay un elevado número de procesiones eucarísticas. Cada cual puede escoger así la más próxima a su casa, o incluso a su lugar de trabajo, para adorar al Santísimo. Si aceptamos que él permanece verdaderamente junto a nosotros hasta el fin de los tiempos, no está de más que lo acompañemos algunos instantes, como haríamos con un buen amigo que nos sale al encuentro. Gocemos de su presencia. Aquí no hay bullas, ni vallas, ni cortejos excesivos, ni representaciones imposibles de reconocer. Por eso espero también que quienes critican por su desmesura la magna procesión que sale de la catedral participen con agrado y sin excusas de alguna de estas, más pequeñas pero igualmente valiosas en su profundo significado. Y, como en la variedad está el gusto, cada barrio lo celebrará de acuerdo con su carácter: con lujosas custodias de asiento o con ostensorios conducidos bajo palio, con bandas de música o con el canto de los feligreses, con acompañantes de chaqués o con niños vestidos de comunión. Pero allí va Él. El mismo que nos espera en el sagrario cada día del año.

10
Jun/2017

Una vez más

ostensorio web

Me gusta el día del Corpus por muchas razones. Para empezar, porque no se me pegan las sábanas y, si no tengo inconveniente en madrugar a diario cuando las obligaciones imponen su cadencia, menos aún para presenciar una procesión solemne. En segundo lugar, por ese espíritu inconformista y combativo –rara avis hispalensis– que llevó a mantener su fecha histórica cuando Roma misma claudicó. (De aquellos tres jueves relucientes del calendario litúrgico ninguno tiene ya carácter general en España). Otra razón es que, a pesar de lo que algunos piensan, el cortejo me parece muy entretenido. Basta con mirar atentamente y comprender que, con sus luces y sus sombras, es la ciudad entera la que pasa ante nuestros ojos: sonrisas, gentiles cabezadas, estandartes, envaramientos, fondos de armarios –y hasta cavernas de la moda–, diletantes, obligados por el cargo, botones a punto de estallar, zapatos lustrosos, arcaicos uniformes y dudosas condecoraciones… Arte y artificio. Pero, sobre todo, me gusta porque creo en el sentido simbólico del acto y en su valor teológico: decimos públicamente que Dios permanece junto a nosotros y está presente y vivo en la Eucaristía. Esa es nuestra fe. Y, hoy, esto es lo más subversivo que se puede manifestar en nuestra sociedad. Sin imposiciones caducas, ofrecemos –tanto participantes como asistentes– un testimonio que no conviene minusvalorar. Ni sobra nadie, ni hace falta arrojar piedras en el tejado propio.

03
Jun/2017

Rocío inacabable

manos web

Tengo un amigo de mirada clara. Me gusta escucharlo porque dice siempre la palabra justa, quintaesenciada en ese alambique que va del corazón a la cabeza. Es un hombre con un trabajo difícil y una devoción fuerte. Cuando se retira al campo, —recuerdo los versos de Lorca: “¡Qué blando con las espigas!/ ¡Qué duro con las espuelas!/ ¡Qué tierno con el rocío!”—, él cuida los olivos, templa la guitarra y llama a sus imponentes mastines que le obedecen ciegamente porque se saben amados. Ahora, Josemi estará pisando la arena de la aldea y habrá ido ya hasta la Virgen infinidad de veces. En los ratos mejores, sin que nadie le moleste con insistencias, cuando su espíritu haya querido desbordarse, habrá cantado en el tono medido y exacto con el que hace las cosas unas sevillanas que, palmas sordas y compás lento, habrán provocado lágrimas: “Me voy pa el Rocío/ a ver a la Virgen/ a ver la Pastora/ y a ver qué me dice./ A verle la cara./ A ver si es verdad/ que Ella es tan guapa.” Porque se puede ser un hombre de hoy, conocedor de las más duras realidades, y, a la vez, poeta y músico. Se puede montar en una moto imponente con casco casi espacial, que te riña y te dé miedo; y, sin dobleces de personalidad, acariciar las ramas de los árboles, encender un fuego y explicar, una a una, historias y fotografías de un Rocío perenne. Tú, que lo vives todo el año —como tantos buenos rocieros que allí toman luz para su vida diaria—, acuérdate de nosotros.

27
May/2017

Caballo de Troya

tribunal 1 web

El PP ha corrido a presentar la solicitud de una nueva ordenanza para la Semana Santa y el pleno municipal la ha bendecido. ¿Casualidad? Me acojo a Virgilio: “Timeo Danaos et dona ferentes”. Yo también temo a estos griegos (e incluso a los troyanos) que nos asedian y que, por nuestro bien, quieren reglamentarlo todo como panacea. Y no es que lo malo sean las normas en sí mismas (diré esto para que un sabio amigo no me tache cariñosamente de rousseauniano), sino porque sospecho que este caballo hispalense esconde en la barriga más de lo que aparenta. Han dicho en su proyecto que quieren que participen ahí todos los sectores implicados: Consejo, Arzobispado, empresarios, hosteleros, fuerzas de seguridad, sanitarios, asociaciones de vecinos, medios de comunicación y, por supuesto, los partidos políticos municipales. ¡Qué ensaladilla más curiosa! (a ver si habiendo tantas cosas no se encuentran después las gambas). Repasen despacio la lista de intervinientes y examinen ustedes mismos la pertinencia de cada sector. Y, ya puestos, que cada quien añada otros más a este maremágnum. Pero, ¿no será que los últimos informes y testimonios están desmoronando la teoría de la Delegación del Gobierno, en manos del PP, y temen que eso les estalle en la cara? ¿Y no será que el PSOE, sumado rápidamente a la iniciativa, al carecer de una teoría propia, quiere curarse en salud porque tampoco considera creíble la hipótesis del pánico colectivo? Veremos.

20
May/2017

Días de mayo

maríaauxiliadoraweb2

Pocas cosas tan selectivas como la memoria. Apenas recordamos algo que hicimos ayer y, sin embargo, tenemos presente de forma indeleble lo que ocurrió hace decenas de años. Estos días de mayo me conducen a mi infancia salesiana, a un colegio grande y limpio con patios cuajados de macetas regadas con esmero. Mis primeras y repetidas lecturas no las hacía sobre textos impresos en papel, sino en aquellos azulejos trianeros de un zócalo que nos recodaban las virtudes cardinales —prudencia, justicia, fortaleza y templanza—. Así, entre juegos y clases, aquellos alumnos aprendíamos a ser, como quería Don Bosco, buenos cristianos y honrados ciudadanos. Y aquel patio que llamábamos redondo (cuando en realidad es un elegante hemiciclo de pilastras con galería), con su cenefa de máximas y sentencias, se convertía por estas fechas en iglesia, bóvedas de cielo y arcos fajones de nubes blancas. Su parte recta se decoraba con un efímero retablo que D. José Corredera y Pablo el carpintero levantaban con esmero y cariño, haciendo de sus gradas centrales un presbiterio solemne. Se sacaban los bancos del teatro y las sillas de las aulas para que niños, madres y vecinos llenaran aquel espacio que María Auxiliadora presidía al atardecer los días de su novena. Silencio, rezos y compás de abanicos. Volvía después a su casa la Virgen Sentada a los sones de un himno emocionante y hermoso y todos regresábamos a la nuestra soñando con verla ya en la calle.

13
May/2017

Artículo 56

Libo de reglas web

Vivimos, ¡ay!, tiempos de ordenancismo. Lo que hasta ayer se hacía con naturalidad y eficacia, ahora encuentra una férrea barrera burocrática que, difícilmente, digiere el sentido común. No digo que las normas en cualquier terreno sean innecesarias, sino que cuando las reglas no se sostienen en el uso y las buenas costumbres acaban por verse como cortapisas despóticas por parte del legislador y, por lo mismo, tienen los días contados (exactamente los mismos que dure en su puesto la cabeza pensante que las impuso). Afirma el diccionario de la Academia que ordenancismo es la “tendencia a una reglamentación prolija o excesiva”, o peor, la “tendencia a un exceso de celo en la aplicación de las normas”. Y exactamente eso es lo que padecemos hoy en el mundo de las cofradías. Ya lo experimentamos en los viacrucis de cuaresma y ahora toca sufrirlo a las hermandades de Gloria. Y, como quien hace la ley hace la trampa, se dice que basta con cambiar las reglas y todo solucionado. Por eso, si antes las reglas de cualquier hermandad pervivían durante generaciones con escaso articulado y menos variaciones; ahora, cada poco tiempo se convocan cabildos generales para enmendarlas. A esto se suman los reglamentos de régimen interior, los de uso de la casa de hermandad, los que afectan a capataces y costaleros, los derechos sobre el columbario (toquemos madera)… Dios mío, y el evangelio tan sencillo. Pero, claro, eso lo escribieron cuatro privilegiados.

05
May/2017

Salvador y Rafael

Salvador y Rafael foto

(Foto Revista Más Pasión)

Jesús escogió a sus discípulos de entre la gente sencilla. Se valió de ellos y de sus manos para que sostuvieran los delicados vasos de barro donde va la fe. Ignoramos por qué prefirió exactamente a esos hombres más acostumbrados a jalar de las redes y a zurcirlas que a sutilezas teológicas. No sabemos si iban mucho o poco a la sinagoga, aunque sí que no respetaban todos los preceptos y que la gente los miraba sospechosamente. Pero a ellos envió a predicar su Palabra y a ellos confió su misión. ¿Qué sabe nadie? Mis devociones están en un extremo de la calle Castilla y conozco algo de su historia. Y, si me preguntaran quiénes son las dos personas más importantes para la hermandad del Patrocinio en el último siglo, respondería sin dudar con dos nombres: Salvador Dorado “El Penitente” y Rafael Blanco Guillén. Ninguna de las dos figuraron en su nómina, pero las dos han permitido miles de oraciones a ese Jesucristo expirante que, sin ellos, tal vez no hubiesen salido del corazón, porque, como santo Tomás, el hombre necesita ver para creer. Iba El Penitente con su recia figura, su pelo blanco y su cabeza de prócer romano mandando los pasos y yo le daba en silencio las gracias porque, desde niño, supe lo que había hecho y dicho. Y, al oír el tono recio de su voz, comprendía por qué otros hombres le habían obedecido, por igual, cuando la pólvora nubla el entendimiento y las manos se crispan. Dios se lo habrá pagado con creces, tachando del debe y aumentado su haber. Ahora, se nos acaba de ir Rafael Blanco, un alcalareño que teniendo sus amores en el Cautivo de un pueblo que sabe a pan, fue protagonista sin quererlo. Jesús lo llamó también a él en su sencillez de trabajador de un polvero. Escuchó su voz, se subió a un balcón y abrió una puerta para enseñarnos que solo Dios puede entrar en el infierno y salir de allí con gloria. Rafael Blanco fue el evangelista que dejó constancia de que en el Zurraque creemos en un Cristo que lo mismo sabe andar sobre las aguas que triunfar entre las llamas.

(Más Pasión, nº 112, abril 2017)