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Nací a principios de los sesenta junto a Chapina, en una casa de vecinos de la calle Magallanes —la callejuela, le decían los trianeros de entonces—. Desde el balcón de aquella casa se podía ver al Cachorro durante unos instantes mientras avanzaba por Castilla camino del Puente y desde allí, me dicen, lo vi por primera vez en la calle. Me lo han contado tantas veces que puedo repetirlo como si aquello le hubiera ocurrido a otro. Antes de cumplir el primer año, mi madre había cosido una túnica minúscula para que con mi varita pudiera acompañar durante unos metros a ese Cristo que sabe tanto de los cielos de Sevilla. Pero el hombre propone y Dios dispone, de modo que aquella Semana Santa el niño cogió el sarampión y, a la hora de la salida, túnica y capa reposaban en una silla. El Cachorro decidió salir aquel año y yo no podía. Mi tata, una vecina entrañable a la que llamaba así sencillamente porque Rosario se hacía aún de imposible pronunciación, era cachorrista de casta y no se lo pensó dos veces: “—A este niño hay que vestirlo de nazareno para que vea a su Cristo desde su primer Viernes Santo”. Dicho y hecho. El niño, cogido a su madre de la mano y con una varita en la otra, rompió la férrea clausura impuesta por la enfermedad y se asomó al balcón. Aquella estación de penitencia se redujo a unos cuantos pasos indecisos. Desde entonces hasta ahora ha pasado el tiempo y no he hecho otra cosa de mayor mérito, en lo cofradiero, que acompañarlo a Él y a su Madre del Patrocinio sin faltar un año. Bueno, sí. He hecho algo más de lo que puedo sentirme orgulloso, aunque esté al alcance de todo el que se lo proponga: he compartido mi devoción con otras personas y algunas figuran hoy en su libro de hermanos. Lo demás no importa.

18
Nov/2017

Bajo tu Amparo

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Sonaban los compases de Las Cigarreras por la antigua collación y todo era una armonía de notas y silencio. A la calidad musical de aquella formación, cada vez más sobresaliente, Sevilla supo poner el contrapunto sereno que, cuando quiere —y no son tantas veces—, saca a escena. Ni en los espacios amplios ni en las callejas se perdía esa conjunción entre quienes interpretaban las escogidas partituras y quienes acompañaban la procesión o formaban en sus filas. Cuando cada uno sabe a lo que va, no se necesitan mayores indicaciones para que las cosas funcionen como deben. Y a la entrada, con la iglesia repleta de fieles, se oía con perfecta nitidez la marcha procesional que sonaba en el exterior y las elegantes órdenes de su antiguo capataz, de esos que saben que la autoridad no consiste en chillar frente al respiradero. Allí todos daban por sentado que el único protagonismo correspondía a esa imagen que es capaz de concitar las devociones de sus feligreses y los ajenos. María, sobre una nube de luz perfecta, nimbada con brillos antiguos, prefiguración del trono de la eterna sabiduría, era la única que dictaba lo que convenía escuchar. Hasta el Niño, con sus rizos de oro como recién peinados, solo tiene ojos y oídos para su Madre que le enseña su corazón alado como un hermoso sonajero. Su dedo pequeño la señala y calla. Apenas al final, el canto y la alabanza corresponden a la voz del pueblo que la eleva, ahora sí, en busca de su Amparo.

11
Nov/2017

Azulejos

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En estos días de noviembre la ciudad es como una mujer madura, serena, acogedora y esplendente. Puede que no arrebate como en la juventud de ese abril que nos vuelve inquietos cuando no sabemos en dónde posar los ojos; pero tampoco es ya esa vieja quejumbrosa y malhumorada del estío a la que todo molesta y a todos incomoda. Ahora, se deja pasear y nos permite levantar los ojos sin herirnos. Nunca está más dueña de sí. Descubrimos sus azules de acuarela, sus tonos anaranjados, sus grises perfectos… Al caminar, el paso se demora y templa, mientras ella parece olvidar sus eternos recelos. Miramos sus fachadas de arriba abajo como joyas que hubieran permanecido ocultas a la vista de la mayoría durante demasiados meses. Y allí, encontramos azulejos que nos hablan de tantas devociones particulares. No me refiero ahora a esos retablos consagrados que hay en San Lorenzo, en el Altozano, al lado de la muralla macarena o en la calle San Jacinto. Tampoco a aquellos que las hermandades colocan en sus templos como tornos de farmacias para el espíritu y que permiten a deshora oraciones o cruces en el pecho. Digo los que veo en un cuarto piso por San Juan de la Palma, en un alto principal de la calle Castilla, en los chalecitos de Nervión, en Alcosa, en San Bernardo, en la calle Gerona, en Vázquez de Leca, en las blancas casas del Barrio León… Calidades diversas y presentaciones dispares, sí, pero ventanas abiertas al corazón de sus moradores.

06
Nov/2017

Un asunto resuelto

BOFETÁ WEB 2

Ya hay fumata blanca para la propuesta de modificación del Martes Santo. Bienvenida sea. Y en estos meses que van desde la presentación consensuada por los hermanos mayores interesados hasta la aprobación del Consejo se ha escuchado de todo. Pero ninguno de sus detractores ha sido capaz de presentar pruebas por las que el nuevo plan no sea mejor que el hasta ahora vigente, ergo si no es peor… ¿qué problema planteaba intentarlo? Es verdad que la decisión final del Consejo no ha sido fácil, habrá dejado algunos heridos y, a tenor de lo que se escucha, tal vez alguien haya quedado defenestrado en silencio. En cualquier caso, alabo que la solución se haya tomado sin acudir a un pleno; primero, porque no es algo que afecte al resto de las hermandades y, en segundo lugar, porque otro precedente asambleario hubiera hipotecado por completo el futuro de la entidad. Si se elige un órgano directivo, hay que pedirle que este actúe con valentía y criterio, no que acuda a una especie de comodín del público cuando piense que ello le alivie el problema. Esta es una regla del juego que debe exigirse siempre. Otra cuestión sería que nos preguntáramos si el Consejo podía, en realidad, haber decidido algo distinto a lo acordado. No creo. Cuando se pide colaboración para mejorar algo y esta se ofrece por unanimidad y sin incoherencias —mientras, por el contrario, hay quien prefiere ponerse de perfil—, ¿qué otra posibilidad cabe? Asunto diferente es que cada uno arrime el ascua a su sardina y haya quien deje caer que esto no es lo importante, sino arreglar la Madrugada. Habría que preguntárselo también a los miles de hermanos del Martes Santo y a quienes se han sentido encajonados para ver sus cofradías. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? Los del Martes han hecho su tarea. Vamos a ver si lo segundo, como deseamos, también se logra pronto. Y, después, si es preciso, vayamos a ese Guadiana cofradiero de la reforma de la carrera oficial. Pero no conviene mezclar churras y merinas. Paso a paso.

(Más Pasión, nº 118, noviembre 2017)

 

04
Nov/2017

Misas de difuntos

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Llegó un noviembre de sol y manga corta. Pero su segundo día, acorde con la solemnidad, cubrió los cielos con un crespón de plata y ceniza. Siguen llenándose los templos de fieles para recordar a los difuntos y las hermandades continúan celebrando anuales ceremonias por sus hermanos fallecidos. Tratemos su memoria como queramos que los futuros estimen la nuestra. Hagámoslo bien y mañana serán otros los que habrán de recordarnos. Si las cofradías están ahí es por ellos. Si siguen en un futuro será porque los de ahora no confundamos el cumplimiento de un rito con la fuerza de la oración ni olvidemos el fundamento de la resurrección. Pero, además, cuando acudimos a rezar por aquellos que compartieron nuestras devociones es también un testimonio de reconocido agradecimiento. Puede que a algunos el credo o el avemaría recitados en común ante los titulares no les emocione tanto como una revirá inacabable o esa marcha de solos imposibles y que los atavíos de las vírgenes de luto sean, en su opinión, el novamás de las innovaciones estéticas cofraderiles. Sin embargo, en una sociedad que incorpora ritos ajenos con la misma velocidad que olvida los propios, no parecen desdeñables tantas convocatorias cuyo único fin es la plegaria y la súplica por quienes nos precedieron. Como tampoco es ninguna casualidad que tantas familias graben en el mármol, junto a los apellidos de su sangre, la imagen de aquella advocación en la que esperaron con fe.

28
Oct/2017

Politización cofradiera

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Se dice que las hermandades se han politizado, y a tenor de lo que la mayoría piensa de la gestión de la cosa pública, eso no puede significar nada bueno. Quizá sea así. Hasta hace poco, solo había un cuerpo “legal” que cumplir: las reglas, y estas solo para organizar el culto, la caridad y la cofradía de la manera eficiente. Hoy, proliferan comisiones específicas y estatutos internos para grupos que funcionan autónomamente (juventud, costaleros, diputados…) y que, por otra parte, exigen ser los únicos capacitados para opinar sobre ese aspecto que han tomado a su cargo. Los demás, a callar. Antes, se elegía un secretario y este llevaba el papeleo, un mayordomo y aquel organizaba todos los asientos, mientras los priostes apretaban hasta el último tornillo. Ahora, el secretario pide un administrativo, el mayordomo solicita un colaborador experto en contabilidad e informática y los priostes exigen un grupo de asalariados que limpien la plata y trasladen los enseres. Dicho de otro modo, si antes el elegido por sus hermanos hacía las cosas, ahora se limita a dirigirlas. Como tantos políticos que nunca viajan en autobús, pero siempre nos hablan de las bondades del transporte público. Y, luego, están las elecciones, convertidas en campañas feroces de descrédito, donde salen a relucir jirones de crónica rosa (o iridiscente), antiguos fracasos familiares, comentarios vidriosos sobre cuentas corrientes particulares… Aquí también hay rufianes.

21
Oct/2017

Nueva coronación

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Acaba de recogerse la Virgen de la Salud en olor de multitudes (¡ay de los falsos profetas que pronosticaban un final desvanecido por ausencia de público!) y ya se nos anuncia la fecha para la coronación de la Virgen de la Victoria. A la vez, don Juan José Asenjo (el mismo que los falsos profetas decían que iba a acabar con las cofradías y sus celebraciones) ha explicado en Iglesia de Sevilla cuáles son los dos requisitos que se exigen: de un lado, la popularidad de la imagen y la devoción de los fieles; de otro, “que el lugar donde se venera sea sede y centro de genuino culto litúrgico y de un activo apostolado cristiano”. En cuanto a lo primero, poco cabe objetar. La de la Victoria es una de las tallas marianas más importantes de la ciudad, su culto durante centurias demuestra sobradamente su devoción y nadie podrá decir que conoce nuestra Semana Santa si no la ha visto en su paso. Otro cantar, y no por culpa de la hermandad, es lo que se refiere al segundo aspecto. Las Cigarreras, fiel a su origen gremial se trasladó en 1965 a Los Remedios y encontró, junto a las oraciones de los trabajadores, capilla y amplios salones. Pero, a veces, hay regalos que llevan veneno dentro (aunque no se sepa al recibirlos). La fábrica cerró y su templo quedó en una especie de tierra de nadie con fielato incluido. A ver si el Ayuntamiento, como ya le concedió su medalla, se estira para la efeméride y la obsequia con la solución de tan enojoso asunto.

14
Oct/2017

Torreblanca

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Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato presidirá el viacrucis. Sé que cualquier elección conlleva agravios y a mayor número de viacrucis celebrados, —esta será la cuadragésima primera edición—, peor sentará quedarse entre las últimas. La falta de un criterio explícito, que ya debió fijarse, levanta suspicacias y solo espero que en el futuro no recibamos el plante de alguna hermandad enojada. Pero ahora es momento de congratularnos. Torreblanca es barrio humilde que, cuando sale en los papeles, no suele ser por hechos felices ni resulta favorecido en las estadísticas; pero sus calles son tan Sevilla como la de las Sierpes. Nada tiene su hermandad que envidiar a otras con siglos de historia y sí ofrece mucho para imitar. Allí se comprueba cómo un modelo de vida cristiano nacido hace centurias tiene plena vigencia y proyección. No dejan de asombrarme en su procesión esos vivos contraluces, tan barrocos, que han encontrado en el genio fotográfico de José Antonio Zamora un particular Murillo del siglo XXI. Las cosas que allí he visto, por auténticas, me han hecho más grande el corazón. Gentes de bien, en momentos de apuro, salieron de sus casas para ayudarme, mientras quienes tenían la obligación pasaron de largo, igual que en la parábola del buen samaritano. Como dijo Aquel: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has manifestado a los sencillos”. Discutimos demasiado.

07
Oct/2017

Época aciaga

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Son tiempos de zozobra. Quienes tenían que haber dado ejemplo de firmeza y honradez estuvieron distraídos con sus cosas, por lo visto, distintas de las nuestras. Habían creído firmemente en la impunidad de sus actos confiando en que nada grave aconteciera. Dilapidaron con inconsciencia logros tan ansiados que han creado un clima de desánimo y desapego. Comprueban ahora que la táctica del avestruz es la peor estrategia para quienes deciden ejercer la autoridad pública. Quedarán los lamentos, las exculpaciones que acusen a otros de cuanto ellos promovieron alevosamente, como un monstruo al que se alimenta sin tasa hasta que la cadena no puede atraillarlo y escapa. Hasta la iglesia que afirmamos católica, es decir, universal, acoge en sus templos escrutinios infames, mientras se ofrece el sagrado sacrificio de la misa. Van a faltar evangélicas ruedas de molino. ¿Son los signos de esta época posmoderna? Todo resulta tan triste y previsible que ni la ignorancia absuelve a sus ciegos ejecutores. Cuando los mejores rehúsan, los menos aptos se encaraman a los puestos dirigentes. ¿Creen que no estoy hablando también de cofradías? Miren a su alrededor y hagan la lista de cuántos  hombres y mujeres sumamente válidos declinan ya actuar en las hermandades porque desconocen en ellas lo mismo que allí aprendieron. Demasiados lobbies empeñados en ver un solo plano de una realidad que los supera con creces. No cerremos los ojos. Después, será tarde.

02
Oct/2017

Coronación de Ntra. Sra. de la Salud

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Las cosas, y las personas, cambian inexorablemente. Mirar hacia atrás con ojos elegíacos es tendencia común al hombre, pero rara vez la memoria y la realidad coinciden. Desde la ancianidad o la madurez, la juventud y la infancia se ven como ese paraíso perdido (que nunca fue) y la idealización hace el resto. “Triana ya no es lo que era”, se escucha con frecuencia entre los mayores cuando se sacan a relucir costumbres y vivencias antiguas. Y puede que sea verdad. La piqueta, la especulación, la diáspora forzada y los precios inalcanzables de las nuevas edificaciones han cambiado el paisaje urbano de lo que era casi un pueblo con marcadas señas de identidad. Pero siempre queda un reducto. El Tardón y el Barrio León, como la aldea gala de Astérix, han resistido. Ellos mantienen vivo lo mejor de una Triana desaparecida; porque sus pisos —pequeños y modestos— fueron ajenos a los lujos new age y sus casas —de patios limpios y cuidados— no tienen rejas de fortaleza, sino verjas claras que invitan a traspasarlas. Allí nació y allí pervive con pujanza la devoción a la Virgen de la Salud que, sin tener siglos, iguala la fuerza con la que creció en aquella orilla del río el amor por la Esperanza, la Estrella, la O y, también, por las gloriosas advocaciones del Rocío, María Auxiliadora o la imagen chiquita del Patrocinio. El barrio está de fiesta. Las tempranas colgaduras de los balcones ya lo avisan. Hay ese runrún que precede a los días grandes y hace felices a los que sueñan vivir lo que otros ni siquiera pudieron pensar. Tampoco los olvidamos. Las ventanas de las que fueron sus casas, las flores de sus cuidadas macetas, las fotografías de sus dormitorios, los azulejos, las fachadas blancas como túnicas permanentemente expuestas, los objetos que tocaron… traerán ese día el recuerdo de sus devotos en una interminable letanía de nombres propios: Amparo, Manolo, Paquita, María, Antonio, Rosario… Porque la Virgen de la Salud siempre estuvo con ellos, hoy sus descendientes lo proclaman con gozo.

(Más Pasión, nº 117, octubre 2017)

30
Sep/2017

Algunos hombres buenos

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Para que todo en la vida funcione con acuerdo y decencia —desde una comunidad de vecinos a una empresa, pasando por las familias e incluyendo a las hermandades—, necesitamos gente de bien capaz de sopesar los problemas y actuar con verdadera justicia. Personas a las que no importe ceder si el beneficio común es mayor que el éxito personal o pedir perdón si creen haberse equivocado, aunque sea mínimamente. No hay tantos hombres buenos como para que ninguno pueda ser dilapidado. Es más, cuando tenemos la fortuna de encontrarnos con uno, existe la obligación de aprovecharlo al máximo, porque con ello todos seremos mejores. Si preguntáramos en este mundo de las cofradías por alguien que sobresalga por dicha cualidad, quizás ninguno concitaría tanto consenso como Pepe Moreno, ese hombre dos veces grande que dirige la hermandad de los Gitanos. No se merece Pepe otra cosa que el reconocimiento afectivo, discreto y cortés que logran quienes combaten limpiamente. Demasiadas veces sobran aquí abrazos y besos —Judas también va en lo alto de los pasos—, pero no abunda como sería menester esa ternura que el Papa reclama a los cristianos de hoy. Con esa carta, don José Moreno Vega ha conseguido que se pueda decir de él lo mismo que escribió de sí un poeta que nació en la casa palacio de Las Dueñas: “y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,/ soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”. Hay palabras que son timbre de la más pura nobleza.