Monthly Archives: Mayo 2017

27
May/2017

Caballo de Troya

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El PP ha corrido a presentar la solicitud de una nueva ordenanza para la Semana Santa y el pleno municipal la ha bendecido. ¿Casualidad? Me acojo a Virgilio: “Timeo Danaos et dona ferentes”. Yo también temo a estos griegos (e incluso a los troyanos) que nos asedian y que, por nuestro bien, quieren reglamentarlo todo como panacea. Y no es que lo malo sean las normas en sí mismas (diré esto para que un sabio amigo no me tache cariñosamente de rousseauniano), sino porque sospecho que este caballo hispalense esconde en la barriga más de lo que aparenta. Han dicho en su proyecto que quieren que participen ahí todos los sectores implicados: Consejo, Arzobispado, empresarios, hosteleros, fuerzas de seguridad, sanitarios, asociaciones de vecinos, medios de comunicación y, por supuesto, los partidos políticos municipales. ¡Qué ensaladilla más curiosa! (a ver si habiendo tantas cosas no se encuentran después las gambas). Repasen despacio la lista de intervinientes y examinen ustedes mismos la pertinencia de cada sector. Y, ya puestos, que cada quien añada otros más a este maremágnum. Pero, ¿no será que los últimos informes y testimonios están desmoronando la teoría de la Delegación del Gobierno, en manos del PP, y temen que eso les estalle en la cara? ¿Y no será que el PSOE, sumado rápidamente a la iniciativa, al carecer de una teoría propia, quiere curarse en salud porque tampoco considera creíble la hipótesis del pánico colectivo? Veremos.

20
May/2017

Días de mayo

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Pocas cosas tan selectivas como la memoria. Apenas recordamos algo que hicimos ayer y, sin embargo, tenemos presente de forma indeleble lo que ocurrió hace decenas de años. Estos días de mayo me conducen a mi infancia salesiana, a un colegio grande y limpio con patios cuajados de macetas regadas con esmero. Mis primeras y repetidas lecturas no las hacía sobre textos impresos en papel, sino en aquellos azulejos trianeros de un zócalo que nos recodaban las virtudes cardinales —prudencia, justicia, fortaleza y templanza—. Así, entre juegos y clases, aquellos alumnos aprendíamos a ser, como quería Don Bosco, buenos cristianos y honrados ciudadanos. Y aquel patio que llamábamos redondo (cuando en realidad es un elegante hemiciclo de pilastras con galería), con su cenefa de máximas y sentencias, se convertía por estas fechas en iglesia, bóvedas de cielo y arcos fajones de nubes blancas. Su parte recta se decoraba con un efímero retablo que D. José Corredera y Pablo el carpintero levantaban con esmero y cariño, haciendo de sus gradas centrales un presbiterio solemne. Se sacaban los bancos del teatro y las sillas de las aulas para que niños, madres y vecinos llenaran aquel espacio que María Auxiliadora presidía al atardecer los días de su novena. Silencio, rezos y compás de abanicos. Volvía después a su casa la Virgen Sentada a los sones de un himno emocionante y hermoso y todos regresábamos a la nuestra soñando con verla ya en la calle.

13
May/2017

Artículo 56

Libo de reglas web

Vivimos, ¡ay!, tiempos de ordenancismo. Lo que hasta ayer se hacía con naturalidad y eficacia, ahora encuentra una férrea barrera burocrática que, difícilmente, digiere el sentido común. No digo que las normas en cualquier terreno sean innecesarias, sino que cuando las reglas no se sostienen en el uso y las buenas costumbres acaban por verse como cortapisas despóticas por parte del legislador y, por lo mismo, tienen los días contados (exactamente los mismos que dure en su puesto la cabeza pensante que las impuso). Afirma el diccionario de la Academia que ordenancismo es la “tendencia a una reglamentación prolija o excesiva”, o peor, la “tendencia a un exceso de celo en la aplicación de las normas”. Y exactamente eso es lo que padecemos hoy en el mundo de las cofradías. Ya lo experimentamos en los viacrucis de cuaresma y ahora toca sufrirlo a las hermandades de Gloria. Y, como quien hace la ley hace la trampa, se dice que basta con cambiar las reglas y todo solucionado. Por eso, si antes las reglas de cualquier hermandad pervivían durante generaciones con escaso articulado y menos variaciones; ahora, cada poco tiempo se convocan cabildos generales para enmendarlas. A esto se suman los reglamentos de régimen interior, los de uso de la casa de hermandad, los que afectan a capataces y costaleros, los derechos sobre el columbario (toquemos madera)… Dios mío, y el evangelio tan sencillo. Pero, claro, eso lo escribieron cuatro privilegiados.

05
May/2017

Salvador y Rafael

Salvador y Rafael foto

(Foto Revista Más Pasión)

Jesús escogió a sus discípulos de entre la gente sencilla. Se valió de ellos y de sus manos para que sostuvieran los delicados vasos de barro donde va la fe. Ignoramos por qué prefirió exactamente a esos hombres más acostumbrados a jalar de las redes y a zurcirlas que a sutilezas teológicas. No sabemos si iban mucho o poco a la sinagoga, aunque sí que no respetaban todos los preceptos y que la gente los miraba sospechosamente. Pero a ellos envió a predicar su Palabra y a ellos confió su misión. ¿Qué sabe nadie? Mis devociones están en un extremo de la calle Castilla y conozco algo de su historia. Y, si me preguntaran quiénes son las dos personas más importantes para la hermandad del Patrocinio en el último siglo, respondería sin dudar con dos nombres: Salvador Dorado “El Penitente” y Rafael Blanco Guillén. Ninguna de las dos figuraron en su nómina, pero las dos han permitido miles de oraciones a ese Jesucristo expirante que, sin ellos, tal vez no hubiesen salido del corazón, porque, como santo Tomás, el hombre necesita ver para creer. Iba El Penitente con su recia figura, su pelo blanco y su cabeza de prócer romano mandando los pasos y yo le daba en silencio las gracias porque, desde niño, supe lo que había hecho y dicho. Y, al oír el tono recio de su voz, comprendía por qué otros hombres le habían obedecido, por igual, cuando la pólvora nubla el entendimiento y las manos se crispan. Dios se lo habrá pagado con creces, tachando del debe y aumentado su haber. Ahora, se nos acaba de ir Rafael Blanco, un alcalareño que teniendo sus amores en el Cautivo de un pueblo que sabe a pan, fue protagonista sin quererlo. Jesús lo llamó también a él en su sencillez de trabajador de un polvero. Escuchó su voz, se subió a un balcón y abrió una puerta para enseñarnos que solo Dios puede entrar en el infierno y salir de allí con gloria. Rafael Blanco fue el evangelista que dejó constancia de que en el Zurraque creemos en un Cristo que lo mismo sabe andar sobre las aguas que triunfar entre las llamas.

(Más Pasión, nº 112, abril 2017)