Monthly Archives: Enero 2017

28
Ene/2017

A mí me encanta

foto cartel web 2

Si quieren, ya pueden dejar de leer. En el titular queda dicho lo que opino sobre el cartel de la Semana Santa de 2017. José María Jiménez Pérez-Cerezal ha triunfado por partida doble: de un lado, ha pintado un anuncio soberbio, impactante y rico de matices; de otro, lo ha hecho sin renunciar a su línea, lo que dice mucho de su honestidad artística. Y es… un cartel. No una fotografía, y menos, una estampa. Avisa de lo que viene y nos da un pellizco en el alma. Ha pintado al Cachorro con una paleta fiera y arrebatada: vibrantes azules, rojos intensos, verdes alimonados, crepusculares violetas…, colores ausentes en la piel de su madera, pero que dibujan el arcoíris de sentimientos que su imagen provoca. Esa visión cenital nos ha situado en la perspectiva exacta desde la que el Padre ve al Hijo entregar su Espíritu cada Viernes Santo. Cristo atraviesa limpiamente los estrechos barrotes que los hombres colocan y vuela por encima de esas quietas golondrinas que, apartadas, le ceden el apagado celeste de la tarde. Y, sin embargo, su cuerpo termina en forma de flecha apuntando al mismo suelo donde nos movemos. No hay nazarenos. Está el Nazareno. No hay incienso ni flores, aunque rezume todos los aromas. No hay música y suena una sinfonía melodiosa. Sí, este cartel es un grito, alto y claro, de lo que llega. Y yo lo pondré en la pared —como ya pende en mi interior— para anunciar que pronto, muy pronto, su Verdad saldrá a la calle.

21
Ene/2017

No es un disfraz

nazarenos web

Pocas cosas me merecen tanta veneración como una túnica de nazareno. Recuerdo con tristeza, y dolor, dos vivencias que me marcaron: presté una y la devolvieron rota, cedí otra y se extravió sin remedio. La que visto desde hace años se guarda como un tesoro y antes preferiría perder un objeto valioso a que mi túnica se estropeara sin remedio. De pequeño, probársela era el mejor rito de la Cuaresma y una muestra palpable de que todo se acercaba. Mi madre soltaba dobladillos, alargaba mangas, cosía botones, almidonaba su capa… así hasta que, apercibiéndome de no mancharla en un descuido, pendía de una lámpara. Cuando la impaciencia me comía por dentro, entraba a hurtadillas en la pequeña habitación y la miraba en silencio, soñando con un sol que no siempre llegaría. Era el mejor cartel de Semana Santa que pudiera pintarse. Allí estaba, como una bandera marfil y negra, inalcanzable hasta el mediodía del Viernes Santo… Sé, pues, de sobra la ilusión y el ansia que la espera provoca en el niño. Es más, pasados los años, no he logrado atemperar mi ánimo al verla dispuesta. Quisiera, ahora que se acerca el carnaval en los colegios (e incluso ya se han visto ciertas cosas), hacer una llamada de atención para que, entre todos, —con palabras y hechos— sepamos transmitir respeto por aquello que nos iguala y nos une a los pies del Nazareno. No dejemos que vestidura tan hermosa por su significado se destine a usos espurios e inconvenientes.

14
Ene/2017

Cabildos ejemplares

Son muchas las veces que se recurre a la gestión de las hermandades para ponerlas como ejemplo de que, incluso en tiempos en los que no era posible decidir sobre casi nada, aquí existía un cierto modelo de participación democrática. Sí…, pero no. Como pasa siempre, conviene matizar. Es verdad que a los cabildos generales puede asistir la generalidad de los hermanos si cumplen las mínimas normas señaladas en sus reglas y es verdad también que pueden tomar la palabra para expresar sus opiniones libremente. Sin embargo, hay quienes distorsionan a conciencia y torticeramente su función. ¿Cómo?: elaborando un interminable orden del día que deja para el final lo más importante hasta lograr que el auditorio mengüe; escondiendo bajo un epígrafe lo que no cabría esperar allí; buscando la fecha y la hora de celebración menos oportunas; ocultando las intenciones reales y disparando fuegos de artificio que distraigan la atención de los menos atentos… Pero hay otros modos, —fruto del trabajo y la honestidad—, que logran cohesionar a los hermanos y hacen que el resultado de un cabildo, con independencia de los criterios particulares, pueda ser asumido por todos sin mayor acritud. Se trata de mostrar los pros y los contras sin esconder las cartas ni excluir a nadie, dar un tiempo de reflexión antes de decidir, evaluar críticamente lo ya realizado… Así se ha hecho en la Hdad. de la Resurrección y ha salido bien. Siempre la verdad nos hará libres.

08
Ene/2017

Cuenta de resultados

gran poder más baja

Hemos echado la persiana al 2016 y conviene hacer balance desde la atalaya de la memoria, donde queda impreso cuanto merece ser recordado. Casi habría que empezar por el final, pues, si el calendario de la iglesia universal quedó marcado por el año de la misericordia, el de las cofradías sevillanas tuvo su cénit en el traslado del Señor del Gran Poder a la catedral para la clausura de aquel. Y resaltar esta salida no es solo porque saliera a la calle la mayor devoción de la ciudad, sino porque nos devolvió la confianza en lo mejor que encierran las hermandades: el contacto directo con la imagen de Dios que sale siempre al encuentro de todos y por esas mismas calles en las que hacemos nuestra vida diaria. Sevilla se dio a sí misma una lección de respeto y hondura religiosa que será difícil olvidar. Junto a esto, todo palidece. Pero no pueden olvidarse otras circunstancias extraordinarias: la coronación de la Virgen de la Paz, el 450 aniversario de La O y los cuatrocientos años de la fusión que dio lugar a la actual hermandad de la Esperanza de Triana. Cada una cumplió sobradamente con la importancia de lo celebrado. Hubo por vez primera nazarenos por Ciudad Jardín y se demostró que en pleno siglo XXI el modelo de religiosidad que desarrollan nuestras corporaciones sigue vigente y pujante. La Semana Santa tuvo, cómo no, luces y sombras. De las primeras, mencionaré que la lluvia no solo trae disgustos cofradieros, sino que permite ver recorridos y modos de procesionar que, además de posibles, son deseables. De las sombras, la dichosa obsesión por las vallas, que se extendió incluso al Corpus. No insistiré demasiado. Pero esta separación metálica viene a desnaturalizar la celebración e implica un trasfondo peligroso, aunque no todos parecen darse cuenta (o sí). Y, por último, permanecerán ya siempre en el recuerdo Fernando Carrasco y El López, que dejaron su huella como esas gotas de cera que caen y se quedan fijadas sobre los adoquines del tiempo. Un año irrepetible… como todos.

(Más Pasión, nº 109, enero 2017)