Monthly Archives: Septiembre 2016

24
Sep/2016

La maldición del genio

Nada descubro si afirmo que la Hermandad de Santa Marta es un prodigio que no sé si nos merecemos en estos momentos de zozobra. La exquisitez de sus cultos, la limpieza impoluta de su capilla, sus obras de caridad dentro y fuera de nuestras fronteras, su procesión impecable (dando ejemplo hasta cuando tiene que suspenderla) hacen de ella un referente absoluto de nuestro tiempo. Y, en esa misma línea, ahora ha decidido conmemorar el centenario de uno de los genios de la imaginería, Luis Ortega Bru. Miren el programa y verán que nada queda al azar. La cultura y el culto se dan la mano de manera fecunda. Se recordará su obra por especialistas, pero, para que esto no sea considerado mera vanagloria de los mismos que lo celebren, también se harán oraciones por el alma del escultor, que esto es de lo poco que los vivos siempre podemos —y debemos— hacer por los difuntos. Las cenizas reposan al pie del Cristo de la Caridad, pero su sangre brilla todavía sobre la policromía nacarada del que es conducido al sepulcro. Sevilla, magnífica madrastra para tantos como aquí vivieron, va a intentar saldar una deuda hacia este Miguel Ángel de la madera que completó la más prodigiosa Piedad poniendo al Hijo muerto en el monte del Baratillo e hizo su propio Moisés erguido en ese Caifás que acompaña a su Cristo para Sevilla. Y un coro de apóstoles recordará por lo bajini lo que ya escribió Manuel Machado: “Y ser feliz y artista no lo permite Dios”.

17
Sep/2016

Trastornados

Uno no siempre quiere tener razón. Es más, a veces, desearía que los hechos contradijeran mis opiniones. Por eso, en último extremo, espero y confío —tal vez por educación salesiana— en que la Divina Providencia venga a corregir los desmanes que preveo. La semana pasada les decía desde estos mismos renglones que todo está muy raro, muy agrio. Que las noticias que leemos, cofradieras o no, se muestran normalmente cubiertas de un barniz oscuro y desalentador. En nuestra sociedad se ha llegado al punto de creer que sostener una opinión equivale a lanzar el descrédito sobre los otros y, si fuera posible, hasta aniquilarlos. Las redes sociales, las pintadas callejeras, los gritos y consignas de cualquier manifestación dan buena cuenta de ello. No hay que ser ningún sabio, basta con poner la vista y el oído en cuanto nos rodea. A esta circunstancia se une una sensación de impunidad que hace envalentonarse a cualquier trastornado; de modo que de ahí a convertirse en brazo ejecutor de los más oscuros desmanes hay un recorrido demasiado corto. Si el sueño de la razón produce monstruos, la confianza de los desalmados en la laxa aplicación de la justicia acaba por servirles de estratagema y la libertad se trueca en fingimiento. Pedía en mi último artículo que la Paz nos asistiera en este septiembre; como veo que mi ruego no se logra, insistiré en mi súplica mirando a Santa Ana que, durante más de siete siglos, ha visto por aquí de todo.

10
Sep/2016

Paz en septiembre

Estas calores van a volvernos locos. Máximas históricas como las vividas esta semana, veranos de interminable sofoquina, que en los últimos años parecen superarse el uno al otro, la temida rentrée, que a algunos causa ese moderno trastorno que llaman síndrome post-vacacional, hacen de la ciudad un medio inhóspito en estos días de septiembre. Basta mirar las caras, escuchar las conversaciones que se producen a nuestro alrededor o leer las noticias para notar el ambiente crispado y acre. Las cofradías, como termómetro local, también lo demuestran y, aunque los motores apenas empiezan a recobrar su ritmo habitual, todo es demasiado chirriante, agudo, destemplado… Hace falta ya que llegue una brisa reparadora y agradable que mejore este hábitat urbano y que esos rayos que, a veces, se divisan en el horizonte de manera aislada no deriven en tormenta feroz. Los truenos no nos dejan oír, los temporales acaban por meternos dentro de cada uno, las riadas se llevan el fruto cosechado y el pedrisco arrasa las plantas que tanto había costado cultivar. Estamos aún en el año de la misericordia. No lo olvidemos. Espero que la Virgen de la Paz, cuando vaya camino de su coronación, nos ayude en esto. Que traiga al mismo centro de la ciudad su luz, el frescor del parque y la ilusión que se estrena con Ella cada Domingo de Ramos; para que, a su regreso, nos quede la serenidad que dibuja la estela blanca y suave de su manto en busca del Porvenir.

05
Sep/2016

Servidores de la unidad

El señor Arzobispo, por mucho que les moleste a algunos, ha dado ya sobradas pruebas de que nos ha cogido el molde del zapato y, cuando habla, demuestra que no da puntada sin hilo. En la toma de posesión del nuevo Consejo dejó algunas perlas que lo acreditan. La principal, a mi juicio, fue esa de que “Sevilla solo creerá en nosotros si nos ve unidos”, acompañada de su petición a los flamantes consejeros para que fueran “servidores de la unidad”. No es fácil la misión asignada, visto lo visto en los años precedentes. Hagamos examen de conciencia y reconozcamos que, algunas veces, entre lo que proclamamos y lo que hacemos hay discordancias palpables y hasta acusadoras. Además, les encargó otro empeño de enorme calado: el de presentarse como “servidores de la verdad” y ello dentro de la identidad genuina de nuestras corporaciones; pero marcando con claridad (que para eso se le designa como pastor) que el culto, el fortalecimiento de la vida cristiana, la formación, el vigor apostólico y el servicio a los pobres son los pilares que deben sostener esta hermosa y fecunda obra de siglos. Ahí es nada la tarea y les deseo el mayor de los éxitos. Como también me sumo a su agradecimiento al Consejo saliente, donde no han faltado cofrades que han trabajado duramente; pero que, a veces, fallaron en esa unidad que ahora se reclama desde Palacio.

(Más Pasión, nº 105, septiembre 2016)