Monthly Archives: Julio 2016

12
Jul/2016

Patrón “Stravinsky”

La música de la Semana Santa levanta pasiones, tantas que, en algunos casos, raya en la neurosis. Una alabanza o un denuesto incendian de inmediato las redes y los corrillos de quienes se sienten afectados por esa opinión lanzada en público. Yo confieso que, para empezar, no distingo un do sostenido de un si bemol y que, por tanto, mi análisis musical se reduce al primer escalón de la crítica: el “me gusta” o su contrario. Sin embargo, hasta para ejercer ese débil pronunciamiento tengo una pauta que me aleja de opiniones interesadas y consiste en acogerme al dicho de Stravinsky. Se cuenta que, estando en Sevilla en 1921 y al ver pasar a la Virgen del Refugio a los sones de “Soleá, dame la mano”, el eminente compositor sentenció: “Estoy escuchando lo que veo… y viendo lo que escucho”. Esa es mi piedra de toque. Y así, al oír alguna novedad musical, compruebo si se produce ese mágico enlace que adivinó el maestro ruso entre las notas y el avanzar de un paso. Es un método acientífico, pero raramente falla. Y entiéndase que no se trata de valorar lo nuevo en comparación con fórmulas musicales reconocibles, pues me interesan profundamente los cambios en cualquier ámbito artístico. Me hastían por igual los que imitan sin criterio (incluso a sí mismos) o quienes quieren vendernos en forma de pentagrama lo mismo que Piero Manzoni en una lata.

(Más Pasión, nº 104, julio-agosto 2016)

02
Jul/2016

En horas trabajadas: x €

Acabó este junio de elecciones. Enhorabuena a los que llegan a trabajar, gracias a los salientes y también a quienes no habiendo sido elegidos estaban dispuestos a entregar su tiempo, y hasta su dinero, en favor de las cofradías. Ahora que todo se estudia desde el punto de vista de la economía y se señala con cifras el impacto que cualquier celebración pública tiene en beneficio de su entorno, me gustaría que algún especialista, en sus ratos perdidos, hiciera un cálculo de las horas que tantos sevillanos dedican gratis et amore Dei a sus hermandades. No se dice casi nunca que si no fuera por esto ni habría cultos, ni obras de caridad, ni procesiones que valgan. Sería imposible sostener tanta labor como se hace desde las cofradías para la Iglesia, sus fieles y los necesitados, —cualesquiera que estos sean—, sin ese concurso de un ingente número de horas trabajadas sin percepción dineraria alguna. Todos merecen mi reconocimiento, con independencia de los logros conseguidos y hasta pasando por alto la diferencia de pareceres que me merezcan sus actuaciones. Exceptúo de esta lista a quienes cobran por la vía que sea, a quienes dimiten por no calibrar el esfuerzo que un cargo necesita y a quienes por incompetencia o comodidad solicitan personal que haga, a tiempo parcial y a costa de las arcas de la mayordomía, lo que a ellos se asigna expresamente en las reglas del puesto que juraron. A todos los demás, mi más sincero agradecimiento.