Monthly Archives: Junio 2016

25
Jun/2016

Resucitando a la Resurrección

No creo en los salvadores de la patria. A mayor poder de ilusión, mayor decepción. La historia, esa maestra amarga que nos empeñamos en despreciar, lo tiene ya bien documentado. Sin embargo, la esperanza —siempre la Esperanza— no nos deja de su mano y encontramos personas providenciales que llegan en el momento oportuno para lograr lo que parecía imposible. En este tiempo de elecciones, el resultado del cabildo en la calle San Luis me ha llenado de satisfacción. El apoyo masivo a la candidatura encabezada por Miguel Ángel Pérez no es solo un refrendo a su gestión, sino, sobre todo, la demostración de que ha conseguido poner paz en una hermandad que había salido demasiadas veces a la palestra envuelta en polémicas. Hace muchos años que conozco a Miguel Ángel por motivos ajenos al mundo de las cofradías y he de reconocer que he visto a pocas personas que reúnan tantas cualidades. A un currículum admirable se suman una rica variedad de intereses culturales, una religiosidad tan sincera como cercana y, lo que para mí es una seña indeleble de capacidad personal, un humor a prueba de los envites más duros. Él ejemplifica a todos esos cofrades que teniendo una actividad profesional incesante y una vida familiar plena acuden a su hermandad solo para seguir el mandato evangélico del servicio sin otros intereses espurios. Por eso me alegra tanto su triunfo y el impulso que proyecta. Es el de las buenas personas, siempre honestas y eficaces.

18
Jun/2016

Sagrado descendimiento

En estos días de tanta lectura obligada que me empaña los ojos y el ánimo, cuando necesito descansar, y tomar aire, me vuelvo a la estantería más próxima y cojo un libro. Sí, aunque parezca paradójico, leo más aún. Pero lo hago volviendo a fuentes claras y seguras donde lavar mi desconcierto o mi asombro. Dejo también un margen al azar para que sea mi mano quien elija la página en que detenerme unos minutos en busca de sosiego. Ayer el destino me deparó el feliz reencuentro con la poesía de Juan Sierra —ay Sevilla, que te encandilas con cualquiera y te olvidas de los mejores de los tuyos—: “Sobre un calvario rosa, del aire los cinceles,/ paños de angustia en vilo, morado sin palabra,/ los ungüentos, los óleos, la primavera labra/ este prodigio muerto colgado entre claveles.” Y huelen sus versos a Jueves Santo, y brillan los colores de los atardeceres perfectos, y cuelga un sudario como agujas abatidas de un reloj de pie, donde Cristo es el péndulo que marca eternidades. “Oh sagrada verdina tu cuerpo de costado/ en el panal celeste del Jueves milagroso!/ ¡Oh pena mustia y doble de las negras axilas!” ¿No es así como vemos su piel marchita, casi un pingajo, entre el sabor dulzón del aire impregnado de perfume y motete antiguo? Qué puntería para herir la de esta saeta que se canta hacia dentro, y para siempre, desde la cárcel del soneto. Y volví a mis papeles, reconfortado, con el vivo recuerdo “De la ceniza antigua de tu pecho quebrado”.

11
Jun/2016

De barrios y procesiones

Es verdad que cada vez hay más actos públicos de todo tipo organizados por las hermandades —unos más justificados que otros— y que no hay agenda capaz de abarcarlos por muy conspicuo cofrade que se aspire a ser. (Si no que se lo pregunten a los consejeros que se multiplican por cubrirlos y que, si dejan de asistir a alguno, la hermandad organizadora lo siente como una afrenta.) En estos años nos ha faltado mesura, y oportunidad, para distinguir lo fundamental de lo superfluo y se han visto ciertas convocatorias que provocaban sonrojo en su discurrir urbano, bien por el argumento esgrimido, bien por el número de participantes. Así las cosas, se ha producido, por hartazgo o por hacer gala de un cierto elitismo, una reacción curiosa: la de rehusar a presenciar cualquier procesión que no tenga más allá de un siglo de historia o que se celebre fuera de las antiguas murallas. Lo comprendo, pero lo lamento por esas mismas personas que lo hayan decidido. No saben lo que dejan de sentir y cómo se llega a comprender y a querer a esas otras corporaciones centenarias cuando uno ve cómo Alcosa canta a su Virgen de los Desamparados, cómo en la barriada de Juan XXIII se vela entre torres y casitas bajas el misterio de la Anunciación, o cómo tres barrios heridos rodean a La Candelaria Madre de Dios sentada en medio de tantos que quisieran huir. No conviene aprender solo en los libros lo que la realidad nos pone ante los ojos muchas veces al año.

07
Jun/2016

Estampas de hospital

foto mp7Escribió Manuel Machado un breve cantar que dice: “El cariño y la salud/ en un punto se parecen./ Nadie sabe lo que valen/ hasta después que se pierden”. Sería bueno pararse a meditar en ello cuando la salud todavía nos favorece y nos quejamos de vicio por cosas inanes. Basta que llegue un accidente o una enfermedad para comprender entonces de la forma más dura posible lo que expresa la copla. En los meses que van de este año, he visitado el hospital a menudo y he visto en las habitaciones, en los mostradores de planta y hasta en algunas salas de consultas (hasta que alguien lleno de celo no las prohíba llevado de un laicismo feroz) multitud de estampas que dan razón de las muchas devociones particulares. Cómo conforta sobre el cabecero de la cama, encajada al borde de la pantalla fría de una luz fluorescente, una pequeña foto adonde dirigir nuestras oraciones. He visto a algún enfermo que, no teniendo ninguna, ha pedido a quien se la colocaba a un familiar que le cediera otra para ponerla también sobre su mesilla. No se trata de superstición, la foto no es un amuleto milagroso, pero sirve de faro y baliza. A nadie condena, pero a muchos ayuda. Y he pensado todas estas veces lo que será cuando en la víspera de la Madrugada las corazas macarenas y esos plumeros en cascos de gala llenan los vacíos corredores de la única Esperanza.

(Más Pasión, nº 103, junio 2016)

04
Jun/2016

El triunfo de los asustados

Aunque no le guste que lo diga, el pertiguero de este cuerpo de ciriales es un periodista como la copa de un pino. Cuando Pepe se cuadra delante del personaje grabadora en ristre, es como Manzanares con el estoque. Desde el Arzobispo para abajo, nadie se le escapa. ¡Vaya la que ha liado con la entrevista, en corto y por derecho, a Antonio Santiago! Su enlace en la web ha circulado con la rapidez que se reserva para el anuncio de una coronación. ¿Quién no quería saber de primera mano lo que pensaba el hijo del mítico Manolo sobre tantos temas como circulan en torno a su figura? Y como el entrevistado, además de uno de los grandes protagonistas de la Semana Santa, es persona culta y que gobierna sus palabras con la misma exactitud con la que manda los pasos, ahí ha quedado eso. No se puede decir más claro. No se debe decir más alto. Saco mis conclusiones relacionando sus palabras con los hechos: primera, a Antonio Santiago lo avala una trayectoria tan dilatada como fructífera; segunda, el éxito aquí nunca se perdona. En España, desde el siglo de oro, se dice que la envidia es el pecado nacional. Peor aún, es irredimible, porque nos falta el propósito de la enmienda. De la envidia nace el odio, del odio el rencor. Ese será siempre nuestro cáncer. Pero por qué este capataz concita ese sentimiento más que otros en el mundo de las cofradías. ¿Será que lo excelente evidencia las limitaciones de los demás? Sí, la perfección asusta.