Monthly Archives: Abril 2016

30
Abr/2016

Hermandades sin fronteras

Muchas veces desconocemos el potencial devocional de nuestras imágenes y, por ello, nos sorprenden cosas que, bien miradas, no deberían. Hasta hace poco, nada sabía de una congregación de monjas de Valladolid cuyo nombre es el de Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús. Pero un amigo –y, si lo es, está de más añadirle lo de bueno– no hacía más que hablarme de ellas, de lo profundo de su espiritualidad y de la devoción que sentían en la distancia por algunas de nuestras imágenes. Él las había conocido a través de internet y de las redes sociales, porque también allí, como entre los pucheros (que decía su santa fundadora), debe de andar la fuerza de Dios haciéndose presente. Por los mismos medios, ellas se habían enamorado de nuestras devociones, de gloria y de penitencia. En febrero, mi amigo me dijo que, como caso especial, venían a Sevilla y me pidió que las acompañara en parte de su recorrido. Dios mío, cuánto pude aprender de estas carmelitas samaritanas en solo unas horas. Entre otras cosas, a valorar más si cabe nuestra manera de entender la fe y a aquilatar con la novedad de sus ojos lo que aquí, en ocasiones, vemos ya sin mirar por fuerza de la costumbre. Qué bueno es apreciar las cosas con perspectiva. Este fin de semana vuelven a Sevilla y la Hermandad de La Cena les ha abierto sus puertas para que todos podamos conocer sus obras artesanas y espirituales. Acudan a Los Terceros y contágiense de su radiante alegría.

24
Abr/2016

Del lobo un pelo

La lluvia no es buena amiga de la Semana Santa y hay quien la teme más que un supersticioso a que le paren delante el paso de la Canina. Pero de toda circunstancia por desagradable que sea, como reza el refrán que da título a este artículo, cabe extraer alguna consecuencia feliz. Por ejemplo, que los pasos alcanzan una belleza sin igual cuando avanzan sin atornillarse al asfalto o a los adoquines; o que calles desechadas en virtud del recorrido “tradicional” que se considera inalterable, cuando las circunstancias obligan, descubren una visión de la cofradía más proporcionada y armoniosa. Algunos de los mejores momentos de la pasada Semana Santa tienen que ver con esto que les cuento. ¿Es posible acaso mejorar cómo anduvo el Cristo de la Victoria por Palos de la Frontera o la Avenida de Roma para cumplir escrupulosamente su horario? ¿O puede un paso de palio acompasar con mayor elegancia y poderío su marcha, al tambor o a la música, que lo hizo el de la Virgen de la Estrella por el final de la calle Adriano o el Paseo de Colón? En cuanto a los itinerarios alterados, ¿no cambiaríamos con gusto ver a La Candelaria por su último recorrido de regreso, en lugar de la desangelada calle San Fernando y unos Jardines de Murillo desvirtuados desde hace largo tiempo? Y, por último, ¿no han agradecido las filas de nazarenos ese ritmo de paso más fluido e incluso el recorte de tiempo innecesario en la calle? El miedo no siempre es malo.

09
Abr/2016

Para el balance

Empezamos la semana pasada por lo que resultó más llamativo (que casi nunca resulta lo mejor): el uso de las vallas —y que deja misterios inexplicables como ese inmenso espacio desperdiciado a los pies de la Giralda—. Pero pasemos a otras cosas más gratas: señalar, por ejemplo, que cofradías como La Cena, La Amargura, El Calvario o Los Negritos deberían declararse piezas de calidad suprema en el patrimonio de la ciudad. Es más, debería exigirse su contemplación íntegra para poder afirmar con conocimiento que se ha vivido la Semana Santa. Y esto desde antes de la llegada de su cruz de guía hasta bastante después de que el palio nos haya superado, como demostración también de que los nazarenos no son ninguna excrecencia eliminable sino un elemento esencial. O, de otro lado, que si en lo fundamental todas las hermandades deben tener un mismo guión y un único motor que llamamos evangelio (nunca estará de más recordarlo); en las formas, no todas son iguales ni deberían serlo. En la variedad no es que esté el gusto, sino un valor importante de nuestra celebración. Que las preferencias puramente personales no nos hagan olvidar o minusvalorar que la estética no obedece a un solo canon y se necesitarían largos folios para precisar tanto trabajo bien hecho por cuadrillas, capataces, vestidores, floristas, encendedores… A mí se me acaba el espacio, pero díganse a sí mismos cuántas cosas buenas han visto. Y den gracias a Dios por ello.

02
Abr/2016

En su justo medio

En la hora del balance conviene ser prudente y huir de los extremos. Ni derrotismos que lleven a la inacción, porque todo parezca estar condenado al fracaso; ni tampoco triunfalismos que eleven a la gloria lo que solo fue un mediano acierto. Viene esto a cuenta del tan traído y llevado plan de seguridad de la pasada Semana Santa y del que, según donde uno arrime el oído, se escuchan solo vituperios o virtudes. Las autoridades se han inclinado por subrayar esto último, pero no parece de recibo que el mismo que diseña algo sea el único encargado de ponerle nota. Por otra parte, los corrillos a pie de calle y las redes sociales no ahorran críticas al uso excesivo de vallas y al modo de colocarlas. Convendría que unos y otros fueran más comedidos. No tiene sentido distanciar al pueblo de las cofradías que va a ver como si fuera una fiera peligrosa ni convertir las procesiones en meros desfiles de circuito cerrado; o decir que se va a aforar una zona cuando, en realidad, se ha prohibido por completo el acceso. Si en un lugar caben solo 200 personas que no haya más me parece correcto; pero que no haya ninguna me parece un atropello que desnaturaliza a las cofradías. En el lado opuesto, hay que ser consciente de que se ha abusado de la paciencia de las autoridades, del respeto a los nazarenos y de quienes se situaban con antelación en un lugar determinado. El plan ha funcionado mejor que otros, pero es también manifiestamente mejorable.