Monthly Archives: Noviembre 2015

29
Nov/2015

Más madera

En el último Más Pasión alerté de ese ordenancismo pernicioso que nos invade. Nunca pensé que El Valle se sumara a esta tendencia con cerca de una treintena de apartados para capataces y costaleros. Una vez leídas, observo con estupor que lo que no resulta obvio resulta redundante. Y me hago una pregunta: ¿alguien recuerda haber visto los pasos de esa cofradía discurrir mejor de lo que lo hacen en la actualidad? Años hubo, y los recuerdo, en los que el regreso a su templo, pese a la cercanía de la catedral, se convertía en odisea y los zancos del palio querían sacar chispas al granito de los adoquines. Y es que la ley del péndulo se comprueba pertinaz también en las cofradías. Después de años en que los costaleros eran venerados y agasajados hasta extremos innecesarios en sus hermandades respectivas, propiciando una mitologización absurda, ahora parece que las tornas han cambiado y hay que achacarles todas las culpas; ya sean por retrasos, roturas o exhibicionismos. Y, con ellos, a los capataces, culpables para muchos de cualquier nimiedad de uno de sus costaleros, olvidando que hay en todas las cuadrillas varias decenas y de que la prudencia y la libertad se las administra cada quien. Pero, en justa correspondencia, ¿qué pasa con los fiscales negligentes y saludadores, los priostes ineficaces, los diputados independentistas…? ¿Vamos también a redactarles unas normas específicas y a dar público conocimiento de ellas? Las espero.

 

21
Nov/2015

Paz y justicia

Lo que se hace mucho o deprisa tiende a perder su significado original y acaba por cubrir con el velo de la costumbre las más bellas cosas. Sin embargo, en lo profano y en lo religioso, un hecho concreto nos hace revisar lo que creíamos sabido y, de pronto, las palabras y las cosas renuevan su fuerza y sentido. Así, al rezar por las víctimas de la tragedia de París, consideré de qué manera las oraciones, que de puro repetidas nos parecen transparentes, se presentan ahora no sólo como una súplica, sino como un íntimo interrogante. Decimos, por ejemplo, “santificado sea tu nombre; hágase tu voluntad en la tierra; como también nosotros perdonamos; líbranos del mal”. Pero, si nos atrevemos a pedir o proclamar tales cosas, qué haremos para mantenerlo cuando las circunstancias se vuelven tan a la contra. El otro día en misa, ante el Crucificado, no sé qué respondí cuando mi párroco nos pidió orar también por los terroristas. Me asaltaron las preguntas. Qué difícil nos resulta entonces ser consecuentes.  El mal no es exclusivo de algunos, anida en el corazón de toda persona en lucha con la virtud. Es cuestión de grados, nunca de equilibrios. Pero anhelamos la paz y ello requiere mucho más que buenismo inconsciente o mero quietismo. Nadie debe ignorar la amarga realidad desde la que elevamos nuestras oraciones. Lo dejó dicho Isaías: “el fruto de la justicia será la paz, la justicia traerá calma y seguridad perpetua”. Dejémonos de músicas.

 

14
Nov/2015

Fin de año

Sé que estamos a mitad de noviembre y aún faltan casi siete semanas para la Nochevieja. Las panderetas duermen y el corcho y el serrín están escondidos en algún lugar que sólo las madres conocen. Pero el año cofradiero presenta unos límites que no coinciden ni con el año natural ni con esa cursi denominación, que tanto gusta a algunos, de curso cofrade. Terminó justo el pasado domingo, cuando Tejera interpretó esa marcha larga como un río que es “Soleá, dame la mano” y Antonio Santiago devolvió a su casa a la Reina de Todos los Santos. O, si lo prefieren, con el sonido del órgano de la Magdalena que acompaña desde el coro hasta el altar mayor a esa pirámide de dulce serenidad que es la Virgen del Amparo cuando se envuelve en el amarillo melocotón de su manto —color de la nostalgia— y avanza dejando una estela de melancolía infinita. El rezo de la salve, el protocolo antiguo o la voz de Ismael Vargas cuadrando el paso sobre el mármol adquieren un sabor que trasciende el rito o la costumbre. Por Feria o en San Pablo, las campanas avisan —guste o no— de que hemos cubierto una etapa más del camino. Y entonces, al finalizar la procesión, sabemos que las oraciones por los difuntos nunca son meros formulismos. Traen a la memoria los nombres y apellidos concretos de quienes vivieron las cofradías a nuestro lado. Exactamente así seremos recordados un día los que ahora leemos estas letras con la vista puesta ya, y siempre, en la Esperanza.

07
Nov/2015

Por dentro

Las hermandades, como todo lo poliédrico, conviene examinarlas desde distintos puntos de vista y, si la inercia suele situarnos sólo ante una de sus facetas, no deben olvidarse las restantes. Por eso, no siempre coincide la visión de quienes las observan desde fuera con la que se vive desde dentro. Cada corporación es un mundo con sus rincones amenos y escondidos, pero también un lugar con sus pozos oscuros que conviene vadear. Pondré un ejemplo de aquéllos cuyas vivencias repetidas nos procuran la más sana satisfacción y son desconocidos para la mayoría. Mañana mi hermandad celebra la fiesta del Patrocinio de María. Lejos de la cuaresma, que a veces se vive como una vorágine sofocante, el triduo a la Virgen chica nos lleva serenamente a lo mejor de nuestras raíces. Por segunda vez en el mismo año, protestaremos nuestra fe y besaremos el libro de reglas, que nunca se borró esta prerrogativa por modas o auges penitenciales. Ella presidió durante casi cuatro siglos la única capilla que poseíamos y sólo abandona su coqueto reino de oraciones cuando la trasladamos por estos días al más amplio espacio de la Basílica. Nada es ni ha sido posible sin su Mediación y Patrocinio. Quizás desde fuera se ignore, tal vez porque ningún azulejo lo proclame en sus fachadas, pero es nuestro más íntimo orgullo. Su pequeñez ante Dios proclamada en el Magníficat se refleja en esta bendita imagen. Y para fructificar nunca necesitó de calles ni tambores.

05
Nov/2015

Ordenancismo

Yo creía que para pertenecer a una hermandad bastaba con seguir dos conjuntos de preceptos: uno general, las enseñanzas del evangelio, y otro particular, las reglas que juramos al inscribirnos. Pero, por lo que se ve, debo estar muy anticuado. Ahora, pululan reglamentos de régimen interno donde se plasman un sinfín de normas que algunos estiman imprescindibles (aunque se llevara siglos funcionando sin ellas); estatutos que competen en exclusiva al grupo joven y cuyos condicionantes son mayores que para ser fiscal o prioste de la cofradía (con sanciones o prebendas incluidas); normativas para acólitos que mejoren el uso del incensario o el porte del cirial; y, como remate, hasta un régimen de jubilación para costaleros veteranos con una larga ristra de disposiciones transitorias. Como decía un amigo: cuando el demonio se aburre, mata moscas con el rabo. Cuánto político frustrado se oculta en nuestras nóminas. Y lo que es peor, detrás de esa capa de aparente regulación a favor de la igualdad y el orden interno, hay un gatopardismo evidente: que todo cambie para que todo siga como está. ¿Alguien se cree que estas normativas acrecientan la vida en las casas de hermandad, fomentan el vigor de la cantera, aumentan el conocimiento de la liturgia o renovarán las huestes costaleriles si ya funcionan convenientemente? Yo, desde luego, no.

(Más Pasión, nº 96, noviembre 2015)

01
Nov/2015

Túnicas de diario

Los cofrades somos gente tan particular que llamamos estación de penitencia a lo que vivimos como un día de gozo y vestimos uniforme cuando más diferentes nos sentimos. Por mucho tiempo que pasemos de pie y con el antifaz cubriendo el rostro, nuestros ojos dibujan una sonrisa reconocible por nuestros amigos cuando se acercan a hablarnos en la cofradía. A quienes me preguntan por mi cansancio como nazareno de largo recorrido les contesto que yo la penitencia la hago 364 días al año y que el Viernes Santo procuro disfrutarlo. No es cuestión de masoquismo. Ustedes lo saben, porque lo han experimentado también. Pero, más allá de la paradoja mencionada, la pura verdad es que las cruces más duras se llevan en octubre o en enero y cualquier día de la semana, y hasta muchos días seguidos, sin tregua ni descanso. Conozco, como ustedes, a muchos nazarenos que hoy mismo están vistiendo su túnica, de un color más negro que el ruán nuevo y con un esparto tan ancho que les aprieta desde la garganta hasta las rodillas. No sé cómo pueden hablar ni cómo pueden moverse. Pero están ahí con la cruz que les ha tocado, en su fila, sin descomponerse, aunque se apoyen de manera alterna en una u otra pierna, imperceptiblemente, para disimular su peso. Están haciendo una estación de penitencia que, tal vez, no comprendan ni ellos. Pero la foto de su Cristo al abrir la cartera vacía o el perfil de su Virgen en el whatsapp los delata. Ánimo, hermanos.