Monthly Archives: Julio 2015

21
Jul/2015

Más papistas que el Papa

Ha dicho Su Santidad que sería conveniente unificar la fecha de celebración de la Pascua y tirios y troyanos –versión creyentes y capillitas— se han lanzado a echar su cuarto a espadas con fervor. Son estas polémicas fútiles y propias de barra de bar (de casa hermandad o no) las que demuestran lo incardinado de la fiesta en el meollo de la ciudad. Es gracioso, además, porque muchos de los que más denodadamente andan defendiendo la posición tradicional de la Iglesia, y se manifiestan contrarios al cambio, ni siquiera sabían hace un par de fechas el porqué de su movilidad en el calendario. Es curioso también que la mayoría de los que apoyan el proyecto papal lo hace basándose en cuestiones económicas, pero absolutamente ajenas a la intención del Pontífice. En estos días habrán leído como yo argumentos incongruentes o acertados, aunque lo peor es que algunos de los primeros venían del capilleo más palmario. Pero dejemos que el Papa se ocupe de lo que le corresponde, que no es poco, y dediquémonos nosotros a nuestras obligaciones, que también las tenemos y suelen ser menos arduas. Por ejemplo, ¿vamos a organizar de una vez la Semana Santa del siglo XXI o vamos a dejarla en manos del CECOP?, ¿es posible cambiar el orden de hermandades en jornadas al borde del colapso o permitiremos que esto se muera de éxito? Ustedes mismos.

(Más Pasión, nº 93, julio 2015)

04
Jul/2015

¿Se acabó?

Lo mejor de todo proceso electoral es que llega un día en que se cuentan los votos y todo concluye. ¿O no?, como diría un ironista con ganas de polémica. Las campañas electorales son tan duras, tan ásperas, tan acres —ahorraré otros adjetivos en los que ustedes están pensando— que no siempre es así. En ocasiones, tal como acaba el recuento, se inicia una etapa donde los proyectos presentados pasan al olvido (sálvese el que pueda). Basta con que, cuando se vaya acercando el final del mandato, se saque a la luz el programa primitivo para comprobarlo. Éste es, aunque casi nunca se diga, el peor vicio que las hermandades han mimetizado de los modos políticos: prometerlo todo —hasta lo que se sabe imposible— para luego no emprender nada por falta de cálculo o por incapacidad. Qué más da, ¿no se gobiernan así países, autonomías o ayuntamientos? Al final, se aludirá a que las circunstancias no han sido las idóneas para cumplirlo o ni siquiera eso. El silencio y la atonía de las casas de hermandad ofrecen siempre la primera señal de vergüenza para los que fueron vencedores. Y después lamentarán, incluso con sorpresa, que vuelvan otra vez las oscuras golondrinas de dos candidaturas a colgar sus nidos del balcón de los cabildos. Sólo disfrutarán ya los que tienen como únicos Titulares de su devoción al Señor del Todo Vale y Ntra. Madre y Sra. de la Mentira (Basílica de las Redes Sociales, dos pasos). Al tiempo.