Monthly Archives: Julio 2012

09
Jul/2012

Nazareno de la vida

Siempre he dicho que dos personas son amigos no porque se vean mucho o conozcan oscuros secretos, sino porque cuando se encuentran, por largo tiempo que haga, son capaces de retomar una conversación en el punto que la dejaron. La amistad es un puente sobre el olvido. Se recuerdan los gestos, el consejo que se recibió y el aliento de ánimo o la corrección fraterna. Hay amistades que se forjan con el paso del tiempo y es imposible ya señalar su origen; otras, se anclan a partir de una frase como si atara con su lazo de palabras. La amistad permite definir con una precisión que asusta. Así, el otro día escuché a alguien que llamó a otro con el más hermoso vocativo que un cofrade puede merecer. Dijo de él que era un “nazareno de la vida”. Lo clavó. Y, al escucharle, sentí un escalofrío porque yo también lo conozco. Tiene el mismo carácter que impregna su día de salida y sé que cuando anda por ciertas calles se imagina en medio de una fila donde sólo es uno más y mira sin ser visto. Sé que sus manos sueñan con el tacto de la cera y, cuando lee el evangelio, el Sagrado Protagonista presenta siempre el rostro de su Cristo. Sí, nazareno de la vida. Buena definición y mejor proyecto de vida. Así, la Semana Santa puede durar todo el año.

(Más Pasión, nº 55, 2012)

03
Jul/2012

De verdades y cobardes

A nadie se le oculta que me he presentado a unas elecciones y las he perdido. Más aún, que acudía por segunda vez a ellas encabezando una candidatura –con dieciocho años de diferencia– y que, por segunda vez, las perdía. Y tampoco negaré lo abultado de la diferencia de votos. Duermo con la conciencia tranquila, aunque con el dolor que causa no conseguir algo en lo que tanto empeño se pone. Siempre he dado la cara y no haré otra cosa en la hora de la derrota. El que quiera saber más puede acercarse a mí y charlaré con él en privado allí donde están mis devociones. No guardo rencor a nadie, porque creo que Él no se equivoca nunca. Sólo sé que lo que se hace bien será premiado algún día y lo que no nos será demandado ante un tribunal sin apelación posible. Hasta aquí mis verdades, firmadas siempre por quien las dice y dispuesto a defenderlas ante quien sea. Por eso no entiendo sino como un lance de cobardía y pobreza espiritual a quienes se refugian tras el burladero del seudónimo para decir las mayores mentiras.