Monthly Archives: Abril 2012

22
Abr/2012

Algunos goterones más…

De la Semana Santa que se nos fue: el latir de Alcosa con su cofradía, porque, muy a extramuros, recordé, sí, a mi Triana de niño; los numerosos expertos en meteorología que tenemos (sugiero la creación de una Facultad de Ciencias de la Atmósfera en la Hispalense); la reservada belleza de las Siete Palabras para quienes no se conforman con seguir a las masas; el desmesurado cuerpo de acólitos que acompañó al lignum crucis y la oportunidad –o no– del cortejo; El Sol con sol por la Puerta Jerez en el mediodía del Sábado Santo; los nazarenos mojados y goteantes; por cierto, ¿se sale para ir a la catedral o hasta donde se pueda? (indíquese esto último en las reglas que proceda y todos contentos). Y también: que la ciudad salvó por completo todas sus Esperanzas dándonos consuelo; que la Verdad vive en San Lorenzo y sólo con verlo se comprende, que potencias y corona traen mal fario por el zurraque, que el Santo Entierro es desfile procesional y cofradía al mismo tiempo; y que, hasta la Aurora, nada acaba del todo.

15
Abr/2012

Lluvia… de sensaciones

De la Semana Santa siempre hay cosas que hablar en cualquier época. Y ahora, cuando las túnicas aún chorrean en las azoteas como cansados espantapájaros echados sobre un alambre, el problema consiste en escoger un solo tema sobre el que escribirles. Así que me he decidido no por una lluvia de ideas (que ya está bien lo bueno), sino más bien por una retahíla de sensaciones que me han quedado en la memoria. Aquí las tienen: el frío inclemente, el perfecto palio del Socorro, la cera de la Estrella y los lirios de su Cristo, las iglesias llenas por las mañanas, la hostelería tiritando de clientela, los hermanos de guardia acompañando a sus Titulares después de suspender la salida, el sabor de San Bernardo, el roce del antifaz, el túmulo del Cristo de la Fundación pinchando el aire con unas calas dibujadas más que puestas, el Nazareno de Triana surcando Arfe con el mástil sesgado de carey; y, sobre todo, la Madrugá que nos salvó –por poco– un año peor que el anterior (aun cuando pensábamos que esto era ya imposible).

03
Abr/2012

Bodas de oro

Cuántas esclavinas y roquetes, cuántas túnicas pequeñas y minúsculas capas, están hoy colgadas esperando la estación de gloria de incipientes cofrades. Sus padres y madres quizás estén más nerviosos que ellos, pues al prender sus escudos en sargas o terciopelos tienen la certeza de que sus apellidos continuarán en la nómina o marcarán el inicio de una saga. Ahora, mis padres han cumplido sus bodas de oro y yo fui una vez, gracias a ellos, nazarenito de mi cofradía. Han pasado los años y he ido retrocediendo poco a poco hasta sentir el aliento de mi Cristo pegado al antifaz. Esto que es el mayor orgullo de un nazareno, como muchas cosas de mi vida, se lo debo a ellos. A mi padre, que me pagó los recibos y la papeleta de sitio cuando eso suponía un descalabro en la economía familiar. A mi madre, que me ha hecho las túnicas y costales que he necesitado y que todavía hoy me viste cada mediodía del Viernes Santo; tan exigente consigo misma que, si tuviera que dar seguidas todas las vueltas que me ha pedido para redondear el bajo de túnica y capa, me caería al suelo en redondo. Por eso aquí, al darle las gracias a los míos, pongo también voz a todos esos monaguillos y nazarenos que a partir de esta tarde van a estrenarse por las calles de Sevilla.

(Más Pasión, abril 2012)

01
Abr/2012

De milagro

Se vive de milagro, suele decirse. Pero es que literalmente es así. Hasta lo más cotidiano puede cambiar para bien o para mal en un instante y nos sorprende en la práctica aquello que en teoría sabemos admitir como lo más cierto. Que no nos pase con la Semana Santa, tan delicada y tan firme, que ha superado los siglos porque no sólo depende de nosotros —aunque eso queremos creer—; como la devoción al Señor de Sevilla no depende en exclusiva de su Hermandad. Vamos a convivir juntos, en la calle, muchos días y muchas horas. Saquemos de esto su enseñanza, aunque no toda lección sirva de bálsamo. El árbol del conocimiento está lleno de espinas y sólo quien se ha arañado con ellas sabe lo que cuesta comprender las cosas. Vamos a proclamar unas verdades, lo son para nosotros, que no encontrarán fácil acogida más allá de lo externo y, a veces, ni eso. Pero el evangelio es un árbol frondoso que ofrece su fruto y su sombra a cuantos bajo él se cobijan, sin exigir visados. Puro milagro, como la vida, como la Semana Santa.