Monthly Archives: Febrero 2012

27
Feb/2012

Primer lunes de Cuaresma

Desde que en 1976 el Consejo de Hermandades tuvo la feliz idea de organizar un viacrucis, este día se señala en rojo en el calendario cofrade. Y es importante porque, además del valor intrínseco de esta práctica penitencial y lo sustancial de la oración realizada en común, sirve de termómetro que mide, a la vez, la vida de la propia hermandad cuya imagen es designada para presidirlo (más allá de los dimes y diretes que rodean su elección) y la implicación de los cofrades en un acto público de fe sin cornetas ni tambores. Salir a la calle a decir que se es cristiano —en la medida que cada uno puede asumir esa declaración— es tal vez ahora un reto mayor. Hasta hace poco, la manifestación religiosa externa podía cosechar la simple indiferencia de los que acaso pasaran por allí. Hoy, hay quien aprovecha para la burla o el sarcasmo. Y esto nos incumbe no tanto por lo que puedan decir de cada uno de nosotros —no ofende quien quiere, sino quien puede— sino por el dolor que causa la incomprensión del prójimo. Quienes procuran, haciendo gala de un pretendido laicismo aséptico,  recluirnos en el templo, creen que con el viacrucis o las procesiones se impone algo a los demás. La fe no se impone y, cuando se ha intentado hacerlo, la huella que deja resulta triste y difícil de borrar. Se trata de dar testimonio, y en este caso a cara descubierta, de que el mensaje de Jesús es, no sólo válido para el hombre de hoy, sino más necesario que nunca en las difíciles circunstancias que atravesamos; donde los problemas abstractos se graban a diario con nombres concretos y que tan conocidos nos resultan. Acompañemos esta tarde al Cristo de la Salud convencidos de lo que proclama el lema escogido: “Sed luz del mundo y salud de los hombres”, la evangelización es cosa nuestra.

25
Feb/2012

Cuaresma

Empieza la Cuaresma con frío y esperanza. El primero se irá pronto, pero la segunda, aquí, siempre permanece, necesaria y constante protectora de la ciudad y sus gentes. Si Samuel Beckett escribió Esperando a Godot, ese personaje que nunca llega, para manifestar el sinsentido del mundo; Sevilla, por su parte, escribe cada año por estas fechas su Esperando a Dios entre las calles. Y le salen bien sus páginas porque sabe de sobra que vendrá. Lo ha visto ya muchas veces. Apenas pasen cuarenta días, que se harán tan cortos como larga fue la espera desde la Pascua, bajará por una rampa precedido de palmas y niños. Desde ahí, se lo encontrará por plazas y avenidas, sobre asfalto o adoquines, de la mañana a la noche. La ciudad convertida en templo conservará la huella de su paso durante el año entero. Y con calor o tiritando, al doblar una esquina en cualquier mes del año, recordaremos que por allí pasó el Nazareno. Todo está por venir, está llegando, y la misma espera es ya un regalo para el alma. Ceniza que nos limpia.

18
Feb/2012

El cartel

Sevilla debe ser el lugar del mundo con más críticos de arte por metro cuadrado, donde, desde lo literario a lo pictórico, no hay labor que no encuentre comentario. Pero lo más curioso de todo es que a tenor de sus valoraciones cabe pensar que, pese a su acerada lengua o afilada pluma, muchos apenas se han atrevido a poner sus pies en un museo o a considerar los problemas que plantea la Estética. Así, ahora que acaba de ser editado el cartel de Semana Santa, se escuchan no pocas opiniones que obvian el hecho de que el cartel debe verse en la calle. Esto es, se presenta para la comprensión de la mayoría, no para especialistas en hermenéutica. Por otra parte, cuando se reclama innovación —algo muy lícito y conveniente— hay que saber también si se está dispuesto a asumir el riesgo (podrían preguntar a los aficionados taurinos sobre los experimentos maestrantes). Si es así, mucho ánimo. El año que viene le pedimos a Miquel Barceló que nos pinte un nazareno boca abajo atravesado con un cirio. Y se lo pagamos, claro.

11
Feb/2012

Sevilla en blanco, negro y color

Frente al tópico de los sevillanos como personas extremosas, epatantes o chocarreras, lo cierto es que la mayoría de estos hace seriamente su trabajo —si lo tiene—, habla con mesura y evita los aspavientos. Esta actitud elegante y discreta podría ejemplificarla Jesús Martín Cartaya, quien ahora nos entrega en forma de libro una obra que es su vida. De la estirpe de Serrano y Arenas, ha encontrado en Álvaro Pastor un antólogo excelente de su abrumadora producción y un continuador de esa saga de fotógrafos para quienes mirar es siempre más importante que ver. Por ello, su cámara no hace historia, sino memoria, algo bien distinto sin duda. La circunstancia concreta, al atravesar la lente de su objetivo, alcanza un valor insospechado. Jesús enfoca con la precisión de un nazareno que se ajusta el antifaz (de raso morado, por supuesto) y pasa por delante de nosotros sin hacerse notar, como el hermano de un cortejo litúrgico que, mientras todos miran al paso, él solo tiene ojos para la luz que brilla en su mano.

04
Feb/2012

Pepe Peregil

Sevilla, menos mal, acertó al otorgarle su medalla a quien tanto habló de ella y que, sin haber nacido aquí, parecía estar hecho del mismo barro que su torre fortísima. Se puede ser grande con mandil, como él lo fue, o un mindundi con puños dobles y pasadores de oro, aunque a estos sea preferible olvidarlos. No es que, como cuenta la anécdota, él les riñera a los cristos, ocurría sencillamente que la potencia de su voz y la envergadura de su cuerpo asomado al balcón le permitían hablar de tú a Tú sobre cosas que importan. Seguro que ahora Él le estará diciendo: recuérdame aquel padrenuestro que me rezaste en el Patrocinio o cómo me gustó esa saeta del Lunes Santo junto a mi casa del Museo. Santa Catalina, herida, crujió un poco más al paso de su cuerpo camino de Los Terceros donde se reunieron sus amigos para despedirle. Allí sólo faltaba el Cristo de la Sagrada Cena que, sabiéndolo todo, hace días que se retiró a prepararle mesa y mantel en el cielo. A él, que siempre puso mesa, cante y sonrisa a los demás.