Monthly Archives: Noviembre 2011

25
Nov/2011

De la Pintura

Nicolás Poussin afirmó que la pintura era la reina de las artes y Rembrandt, al considerarla nieta de la naturaleza, la relacionó directamente con Dios. No faltaron nunca obras pictóricas en las capillas de nuestras hermandades que testimoniaban su importancia. (Que se lo digan a Vera-Cruz, la Soledad o la Quinta Angustia, como casos más notables.) Después, las rapiñas y las modas hicieron que desapareciera gran parte de este patrimonio, a la par que creció la estimación por otras labores artísticas. Viene esto en relación con el deseo mantenido y refrendado por la Hermandad del Sol en su último cabildo que reivindica la pintura como característica diferencial de sus enseres procesionales. A mí, particularmente, me interesa mucho su apuesta estética, porque no me gustan los convencionalismos y menos aún las copias descaradas de los aciertos ajenos. El diseño es prometedor y convendría hacer memoria para saber cuántas obras que hoy se consideran modelos fueron criticadas al nacer. Por eso, para gustos, los colores.

18
Nov/2011

Dolores de Torreblanca

Entre tanto cabildeo de copa larga, sonidos de varas doradas a las que alguien, ay, quitó la contera de goma y sonaron más de la cuenta, o amagos por alcanzar cargos que tropiezan con tanta indecisión, se nos olvida la tozuda realidad. Realidad es que las Hermandades la forman grupos humanos que no se entienden sin la devoción y la atención al prójimo-próximo y que son mucho más fuertes cuanto mayor es la incardinación en su barrio. Por eso, me admira la Hermandad del Cautivo de Torreblanca. Sobre todo ahora que un programa televisivo ha retratado al barrio en un aguafuerte goyesco de caprichos y desastres; convirtiendo el dolor en espectáculo y obviando el hecho de que allí también se vive con la normalidad que permiten las dificultades actuales. Ser cofradía en… —escojan otro distrito— puede ser fácil, pero en Torreblanca se requiere un compromiso que asustaría a muchos; a los mismos que no serían capaces de aparcar su flamante coche en la puerta de la iglesia. Allí también hay nazarenos en traje de diario.

11
Nov/2011

Te Deum

Noviembre nos pone cuerpo de final de Semana Santa. Si el pasado domingo salió la Virgen de Todos los Santos, mañana lo hará la del Amparo y será como un Sábado Santo de las Glorias dilatado por mor del calendario. Cuando la Magdalena cierre sus puertas tras la procesión, nos quedará la misma sensación anímica que precede a la Resurrección: agotamiento y plenitud. Tanta belleza se habrá acumulado en nuestra alma, tantas vivencias y recordatorios para hacernos ver lo que somos, tantas peticiones hechas desde el silencio de unas miradas que, por su claridad, podrían leerse y, también, esas ausencias de quienes nos esperan ya después de haber tocado esa mano que pronto se nos ofrecerá al alcance de los labios. Vienen los fríos, que serán menos si el alma se acoge al calor de lo vivido. Para despedir el ciclo han sonado ya las campanas de Omnium Sanctorum y el órgano, bajo el que El Calvario se cobija antes de la Madrugada, despedirá con sus acordes un fin de año para el que no se necesitan caretas ni risas fingidas.

10
Nov/2011

Lo que más me gusta

Lo mejor de salir de nazareno es el hecho de sentirse, en el tiempo y el espacio, eslabón de una larga cadena: ser igual al que va delante o detrás, igual que los que se fueron, igual a los que aún no han llegado. Es el reconocimiento de que las cosas verdaderamente importantes se hacen entre muchos y sólo así se perpetúan. El nazareno sabe que entre los cirios de su cofradía el suyo es uno más, aunque sin él todo alumbraría un poco menos, y sabe también que esa luz que sostiene en sus manos es sólo la baliza que señala a quien llegará desnudo sobre el paso. Así me veo yo entre estas páginas, escondido en mi rincón, ignorando qué cualidades vio Diego Suárez para entregarme una papeleta de sitio que me autoriza a llevar este cirio de palabras y que, para cada procesión mensual, me renueva esa Diputada Mayor infatigable y exacta que es Carmen Prieto. Aquí estoy como ese nazareno del primer tramo que observa a sus hermanos más antiguos con cirio de escolta. Veo a Josema —maestro sabio en tantas cosas—, a Paco (a quien siempre le asoma bajo la túnica el filo verde de su camisa), a Javier (la voz que a diario me despierta), a César (un Valle-Inclán escribiendo de hermandades). Allí están Manuel J., Felipe, Mario… Pepe, siempre elegante al lado de la presidencia, de charla con Álvaro, cuyo incensario desprende volutas como medias verónicas; y al fondo, bloc en mano, Javier García, que todo lo mira con ojos felices de niño. Pero nada tendría sentido si ustedes no esperasen ilusionados frente a las puertas de papel de esta revista.

(Más Pasión, noviembre 2011)

05
Nov/2011

Guillermo López Lorenzo

Este nombre es importante en mi hermandad, aunque no sea oficial de junta ni esté a la cabeza de su nómina, ni tampoco un donante rumboso o un político recién ascendido de quien se pretenda un favor. Su importancia radica, sencillamente, en que resonó bajo la bóveda de la capilla en la última jura de hermanos. Desde ese día, su nombre, con el de otros que fueron llamados uno a uno junto al altar, hace ya historia, historia viva y en marcha. Cuando él alcance, con la gracia de Dios, la dicha de apretar un cirio de color negro entre sus manos, yo tal vez no lo vea y, si lee esto algún día, le resultaré desconocido por completo. Pero hoy tengo la obligación de darle las gracias, porque él y los que con él juraron las reglas, por sí o por la voz emocionada de sus padres y abuelos, me hacen sentir la firmeza de lo que tanto amo. En su nombre está representada hoy una fidelidad que dura siglos y que se extiende sin reparar en kilómetros. Y yo me alegro; porque sé que así a mi Cristo no le faltarán oraciones ni túnicas.