Monthly Archives: Septiembre 2011

30
Sep/2011

50 millones

Ese es el premio que han conseguido esta semana Paco Santiago, Pepelu Martínez, Daniel y Juan Alberto García Acevedo, Joaquín Corchero y el grupo de cofrades que edita artesacro.org; aunque no corran ya a pedirles dinero o a que les ayuden con la hipoteca. El premio —y créanme que lo siento por ellos— no es en metálico. Esa cantidad se corresponde con el número de páginas que han sido visitadas en su web a lo largo de una hermosa aventura que empezó hace siete años, pero que hoy se nos antoja “de toda la vida”. ¿Saben lo que son cincuenta millones de páginas? Es como si sus lectores hubieran leído entre todos cuarenta mil veces El Quijote e impresas y encuadernadas ocuparían una estantería de dos mil cuatrocientos metros. Busquen el artículo de su “hermano mayor” del pasado miércoles y comprenderán cómo se logra: trabajo, gratuidad, constancia, colaboración, humildad, independencia y agradecimiento. Y, para casos de ausencia, es un consuelo pensar como el Rick Blaine de Casablanca que siempre nos quedará artesacro.

23
Sep/2011

Top secret

Es conocido aquello de “si no quieres que algo se sepa, no lo pienses”. Pero, si lo que debe mantenerse en secreto debe constar por escrito, la tarea se antoja imposible. Viene esto a cuento de las filtraciones que del proyecto de estatutos del Consejo se han dado a conocer. Y conste por adelantado que no me referiré a quienes tienen por obligación perseguir la noticia y exponerla a sus lectores; sino a los que en razón de un cargo acceden a una información y no guardan el secreto al que están comprometidos. Siempre me ha parecido que las filtraciones, en cualquier ámbito, son fruto de un complejo: bien de superioridad (“lo sé todo y puedo decirlo cuando lo crea conveniente”), o de inferioridad (“para una vez que sé algo, voy a hacerme notar”). Quien filtra lo hace para dejar constancia de que él está en la pomada; aunque, a veces, pienso también que es sólo el reflejo de una particular incontinencia mental. Al final, los extremos se tocan y siempre hay un garganta profunda que ignora la hermosa saeta de Manuel Centeno.

19
Sep/2011

Reivindicación de la dramática

No corren buenos tiempos para la lírica —casi nunca lo son—, tampoco para la épica —los héroes escasean y no tienen quienes relaten sus hazañas—. Nos queda la dramática, la actuación directa en el escenario que la vida nos ofrece. Si no podemos ensimismarnos y cantar una idílica visión del mundo, si tampoco hallamos referentes admirables cuyos hechos sirvan de modelo a toda una comunidad; al menos, salgamos a escena y representemos ese papel que tantas veces hemos dicho saber de memoria. Tenemos el mejor de los textos y esa obra merece ser vista y escuchada de nuevo. El público siempre va a estar ahí, mirándonos, dispuesto a ejercer contra nosotros su crítica implacable. Nunca ha dejado de hacerlo y es el riesgo que asumimos quienes nos declaramos partidarios de tan polémico Autor. Si faltan decorados, si los ropajes son menos lujosos, si la acústica del ambiente se esfuerza en apagar la voz… nada debe paralizarnos. El miedo no ayuda, los audaces vencen. Palabras y hechos. Por cierto, hablaba de cofradías, claro.

11
Sep/2011

Bendita rutina

La vida actual ha convertido lo extraordinario en norma, el ajetreo en pauta de conducta y, tal vez, fingimos estar inmersos en una vorágine cuyo vórtice nos atrapa. No basta con pasar una buena tarde con los amigos y que se prolongue en agradable velada. Hay que acostarse a las siete u ocho de la mañana para certificar que se vivió una fiesta de órdago. Ni causa admiración decir que uno pasó algunos días en la playa con la familia, sino que estuvo de crucero por los Mares del Sur o los fiordos noruegos. Sin acudir a Horacio o a Fray Luis, aunque siempre conviene saber de ellos, defiendo esa felicidad que consiste en respetar los tiempos de las cosas con su sucesión ordenada, que marca y acompasa el discurrir de la vida. Dejemos atrás el descanso veraniego sin nostalgia ni síndromes posvacacionales. No añoremos tampoco en lo cofrade grandes fastos extraordinarios y centrémonos en cumplir con constancia el único programa que nos obliga de veras y que se resume en tres palabras: fe, esperanza y caridad. Urge más que nunca.

06
Sep/2011

Rosamar García Lara

(No sea impaciente, querido lector, no hay ningún error en el título.) Cuando, recién llegada al cargo de Fiestas Mayores, Paco García entrevistó para la extinta Localia a Rosamar Prieto-Castro García-Alix (vean cómo me sé bien sus apellidos) saqué dos conclusiones: una, bastante curiosa, que su nombre es en realidad el hipocorístico de Rosario Margarita y, la segunda, que iba a funcionar en el mundo de las hermandades porque afirmaba paladinamente no saber mucho de esto. Y es que aquí ya nos sobran enterados, pero se olvida con frecuencia que Sócrates advirtió que reconocer la propia ignorancia es el paso inicial para llegar al conocimiento de las cosas. Si me he permitido cambiar sus apellidos más arriba, es sólo para dejar constancia de que sin su fiel y efectiva mano derecha —¿o debería decir izquierda por aquello del color político?— no todo se hubiera conseguido. Carlos García Lara ha sido ese hombre de plata eficaz e imprescindible que ha colocado el toro en suerte pensando sólo en su jefe de filas y sin querer desmonterarse a la mínima ocasión. Así, ambos han salido triunfadores de esta difícil plaza entre la ovación del respetable y, en la hora de la despedida, los pañuelos del adiós se mueven como en los tendidos del coso del Baratillo.

 (Más Pasión, septiembre 2011)