Monthly Archives: Abril 2011

30
Abr/2011

Soria-París-Sevilla

Quienes me conocen saben que no soy catastrofista, que a cada hecho que la vida me depara procuro mirarlo desde varios puntos de vista y eso me facilita, si no el comprender algo por completo (lo que sería muy aburrido), sí el examinar la variada riqueza que se nos ofrece. Ha llovido, y mucho, esta Semana Santa. Y es triste, y mucho, que las cofradías se hayan quedado en sus templos. Pero ha habido cosas muy difíciles de olvidar. Por ejemplo, hermanos que han venido desde Soria (donde los partes meteorológicos también se conocen) sólo para rezar ante su Cristo y vestir la túnica el breve trayecto que hay de casa de un amigo a la capilla. En París, hay quien ha vivido toda una semana frente al ordenador, deseando cambiar la bondad del clima que disfrutaba por la aspereza del nuestro. Y he visto, sobre todo, largas filas de sevillanos con el único paraguas de sus oraciones alrededor de los templos. Gracias Dios mío, que también estás en esa lluvia que tan poco queremos. No es resignación, es grandeza de nuestra Semana Santa.

15
Abr/2011

Dioses de palo

Saldrán los pasos a la calle y nos encontraremos de nuevo con el misterio que, por serlo, no resiste definiciones precisas. Ni se pedirán papeles ni se exigirá etiqueta; la calle es un amplio salón para acomodarse y donde unos prefieren la primera fila y otros un mostrador apartado en el que las cofradías transitan sólo por el televisor. Hay muchas Semanas Santas en una, porque Dios llama siempre a su manera y a cada uno por su nombre. Tampoco faltarán ataques, incluso desde las propias trincheras. El tribunal de los justos –civiles y religiosos– lanzará otra vez contra nosotros su acusación de idolatría: “ya están éstos con sus figuritas de madera cubiertas de oro y de plata”. Sí, ahí estaremos, y a su lado si quieren, recordando a quien es todavía piedra de escándalo y disculpó a la mujer que gastó sus monedas en perfume para lavarle los pies. Y sí, nos valemos de materias muy caras, pero de la misma manera que lo hicieron los sabios en la epifanía: para decirle al mundo que en Él vemos al Hijo de Dios vivo.

12
Abr/2011

Conócete a ti mismo

No es que la Semana Santa le guste al cofrade, eso sería una simple expresión de narcisismo sin mayor trascendencia; se trata de algo más profundo: lo conmueve. Por ello, se hace preguntas que requieren respuestas y ese proceso acaba por convertirla en una hermosa forma de reconocimiento. Y así, salimos a la calle no sólo a ver sino a vernos por dentro, dispuestos a esperar lo mismo de siempre para sorprendernos de que ese milagro exista y pueda tocarse con las manos. Sevilla –hay que admitirlo– prefiere a santo Tomás antes que a Pablo. Necesitamos saber que estamos vivos, no sólo que vivimos, y nos atrevemos a reclamar el mundo futuro con una insistencia pareja a la que exigía Unamuno. De la Semana Santa puede decirse lo mismo que de las grandes obras literarias: nos contienen, nos reconocemos en ellas. Al leerlas, nos leemos. Y al igual que de un único texto se obtienen tantas significaciones como lectores –todas insuficientes, todas necesarias–, aquí desde un centro común: la contemplación de un Dios hecho carne que muere y resucita por nosotros, cada uno dibuja la circunferencia que le es propia. Distintos serán los resultados, sí, porque el radio con que se traza es la particular realidad del sujeto, pero en cada una de ellas se encierra una visión del misterio. Por eso, en Sevilla, todos somos imprescindibles para la fiesta. Dios y el hombre comparten un mismo espacio íntimo que la ciudad hace común por unos días. Ese “conócete a ti mismo” que los clásicos lanzaban como un desafío, lo hemos proyectado en esta celebración y hacemos en una semana un cursillo intensivo para lograrlo. Tanto nos movemos y conmovemos que, cuando todo acaba, más que los pies cansados, nos duele el alma de tan duro ejercicio.

10
Abr/2011

Ubi est dolor

Hay hermandades que se empeñan en ser lo que nunca fueron y, al imitar los aciertos de otras, les resulta sólo un pastiche. Cuánta librea fingida, luz escasa y seriedad impostada para reflejar lo que Freud hubiera llamado el complejo de ruán. No las reconocemos ni nos reconocemos en ellas, como si en lugar de un rostro viéramos su caricatura. Por eso conviene recordarlo: la historia no se inventa ni se improvisa. La Semana Santa ha llegado a ser como es gracias a esa configuración que le han dado sus cofradías a través de los siglos y que se ha mantenido por el empeño de permanecer fieles a unos principios. De ahí también que la Hermandad del Santo Entierro —impecable en tantas cosas, criticable sólo en algunas— pudiera brindarnos una exposición tan difícil de olvidar; donde, junto a obras de gran valor artístico, se nos ofreció unos textos de la más clara y elevada catequesis, exquisitos, cuidados, profundos. Estética y religión iban por completo de la mano. Allí hubo mucho más que dolor. Hubo verdad y certeza.

04
Abr/2011

Velitas virtuales

Hablamos de los detalles que atesoramos y enseguida elevamos a la categoría de símbolo cualquier chuminá de ayer por la tarde y llamamos tradicional a algo que se ha hecho un par de veces. Así nos va. Pero hay símbolos que lo son de verdad y cargárselos es pervertir el sentido de las cosas. Su materialidad infunde un sentido trascendente que conviene no despreciar. Es el caso de la luz y la cera. No voy a aducir ahora los textos bíblicos o clásicos que explican su valor, pero sí señalaré que la ignorancia acaba por hacer mucho daño. Si ya antes se iluminaron algunas imágenes con fingidos cirios que llevaban una bombilla diminuta porque su ubicación en el retablo hacía difícil encenderlos, hoy se está poniendo de (lamentable) moda la instalación de lampadarios virtuales. Todo muy limpio, con su pantalla de LCD, su icono y su llamita titilante como si de una enorme PSP se tratara. “-Mamá, ¿puedo jugar con esto?”. Apenas le falta (y le brindo la idea al fabricante sin reclamar copyright alguno) un emoticono que señale la intención por la que se ha encendido una de estas velas virtuales: concesión de una gracia, excursionista devoto o petición de bienes materiales. No vale como excusa la seguridad. Si se teme algo, que se eliminen los lampadarios de siempre, pero que no se parodie su auténtico sentido ni demos apariencia de fe a lo que es sólo un reclamo dinerario. Por este camino, los altares de culto podrían montarse con bombillas de bajo consumo y, en lugar de a la Cerería del Salvador, los priostes deberían acudir a Electrolux. Y, claro, a los nazarenos nada de cirios que manchan las túnicas y los trajes de los atrevidos que cruzan las filas, démosle a cada uno una linterna bien grande, como la de los CSI.

03
Abr/2011

Conteo de nazarenos

Dado que el tiempo de paso por carrera oficial es el que es y no parece posible ampliarlo en demasía, casi todos están convencidos de que lo más justo es repartirlo correctamente. El beneficio sería general: de entrada, para las cofradías cuyo cortejo ha crecido sustancialmente y los minutos ahora asignados no se corresponden con sus necesidades; pero las demás, y por la misma razón, nada tendrían que temer si, en el futuro, fueran ellas quienes aumentasen el número de hermanos que procesionan. Así, se aseguraría un compromiso estable del que ninguna hermandad saldría perjudicada. Todas vendrían a cotizar en una especie de parqué, al alza o a la baja, pero siempre sin agravios. Los parámetros para asignar el minutaje habría que discutirlos con detalle, pero parece que el primordial atañe al número de nazarenos, cuyo discurrir ocupa un tiempo y un espacio más significativo que el de acólitos o músicos —que también las cofradías de silencio tienen el mismo derecho a lucir sus pasos como conviene—. Contemos.