Monthly Archives: Enero 2011

30
Ene/2011

Agravios y coronas

Han pasado algunos días de la muerte del escultor José Paz Vélez. La agria polémica que suscitó la restauración de la Virgen de las Mercedes ensombreció el final de su vida y le hizo afirmar que más le hubiera valido no haber ejecutado aquella dolorosa; declaración ésta que sólo puede entenderse como una manifestación de amor desesperado y de repudio ante el sentimiento de humillación que en su paternidad artística creyó recibir. En las hemerotecas pueden consultarse las diversas opiniones que entonces se vertieron. Como casi siempre, todos creían llevar la razón, esa pequeña razón que cada uno defiende a ultranza aunque sólo deje al final un regusto amargo en la boca. Recuerdo que en aquellos días, y hablando de otra imagen que también reclamaba una profunda limpieza, alguien me dijo una frase terrible: parece que esperan a que se muera su autor para arreglarla sin problemas. Estas heridas rara vez cicatrizan y de nada sirven después las coronas mortuorias. Nadie las agradece ya, salvo el florista de turno.

22
Ene/2011

Historia y vida

A veces, uno se topa con la historia… y no sabe qué hacer con ella. Digo esto al hilo de la destitución de Salvador Perales como capataz del palio de Guadalupe. No discuto la potestad de su junta para llevarla a cabo. Sólo sé que Salvador es historia viva donde perdura una forma de mandar los pasos que ya sólo puede verse en súper 8. Cierro los ojos y lo recuerdo al lado de su tocayo El Penitente —tan injustamente olvidado cuando se habla de cofradías— en la delantera de San Roque, Los Negritos, El Silencio… Por su voz se podía adivinar cómo iban aquellos costaleros de duras corridas que no tenían medios ni para volver a sus casas del extrarradio. En esta ciudad, donde ser conocido es siempre un oficio peligroso, a nadie escuché hablar mal de él, pero sí conozco anécdotas que señalan su hombría de bien; y, a la recíproca, nunca se ensañó con nadie ni mostró sus propios sinsabores. Si alguien quiere saber del último medio siglo bajo las trabajaderas que lo busque. Sólo su corazón es tan grande como su memoria.

16
Ene/2011

Año nuevo, vida nueva

Se nos ha ido 2010 y se aleja como el paso de palio de una cofradía que hubiéramos acabado de ver en una noche de Semana Santa. Se vislumbran aún las luces de sus candelabros de cola que intentan que no se borren en las sombras los bordados de un manto que tuvimos al alcance de la mano. Pero es preciso dejarlo, queramos o no, para alcanzar otra cofradía en el discurrir de nuestra vida. Los horarios y los itinerarios que ha trazado el único Diputado Mayor de Gobierno a quien no se le sublevan los tramos de escolta ni desobedece capataz alguno son inescrutables. ¿Qué nos deparará 2011? Sólo Él lo sabe y no valen cábalas. Repasemos el año que se ha ido y lo más reseñable que nos deja estaba muy lejos de sospecharse doce meses antes. Nada será idéntico y todo se espera igual. Nos conforta esa permanencia en lo mudable que tiene tanta fe como esperanza. Y algún día nosotros mismos seremos también como ese paso de palio que se va poco a poco y ojalá dejemos un rastro de luz que haga olvidar nuestras sombras.

08
Ene/2011

Dimisiones

Se dice que en España no dimite nadie. Hasta los cargos públicos acusados de graves imputaciones esperan a que un tribunal los inhabilite, aun cuando su permanencia deteriore la institución que representan. Esa puede ser la regla, pero la excepción hispánica parece estar en el mundo de las hermandades. Digo esto porque cada vez son más frecuentes las dimisiones que se producen en las distintas juntas de gobierno. Repasen los últimos años y verán. Pero lo más curioso, y sobre eso quiero llamar la atención, es que pocas de estas deserciones se producen por motivos fundados. Así, con la misma alegría que algunos se apuntan a una candidatura sin sopesar sus propias facultades o la disponibilidad horaria que precisan, se dan de baja, cuando les parece, del cabildo de oficiales. Entonces, aluden a la intromisión de otros en la parcela que tenían a su cargo, como si eso le diera a cada cual patente de corso para hacer su voluntad; o bien afirman que se les ningunea en sus opiniones, confundiendo el derecho a ofrecer libremente un juicio con que éste deba admitirse sin más por todos. Da la impresión, en muchos casos, de que no son más que rabietas poco acordes con la madurez que cabe exigirles. Serán los signos de los tiempos.

 

(Más Pasión, enero 2011)