Vida y obra

Manuel Romero Luque

La Literatura, como todo en la vida, tiene sus galas y miserias. Hay justicia poética cuando los personajes que han obrado bien reciben su premio al final de la obra y los malos son castigados; mas también hay frecuentes injusticias literarias que se cometen cuando se relega o ignora, sin razón, a quien practicó su arte con excelencia. Entre estos damnificados se encuentra un poeta que, a mi juicio, escribió el mejor libro de versos sobre la Semana Santa y, ahora que se celebra la feria del libro antiguo, sería una buena ocasión para leerlo. Me refiero a Juan Sierra y a su Palma y cáliz de Sevilla (1944). Él, como otros que sufrieron el cruel ostracismo sevillano, no dio el Pregón –obra efímera, gracias a Dios, casi siempre– y todos lo perdimos; pero escribió poemas que piden no mármol, sino bronce. Viene El Gran Poder y exclama: “¡Oh coagulada sangre negra, gorda,/ oh leño de clavel carbonizado,/ oh joya navegando un frío morado/ en la luna que plena se desborda!”, y vemos cómo pasa el Señor en cada verso.

Cambio climático

Manuel Romero Luque

Le echa uno un vistazo a la agenda de este final de verano y principios de otoño y el cuerpo, y el alma, sienten vértigo. La Esperanza en la calle, Señora de San Gil y de Sevilla, camino de nuevos territorios para presidir la beatificación de Madre María de la Purísima; la Divina Pastora de Santa Marina, celebrando su rosario de gala, bando y procesión; Triana también con su Pastora, segura de que sus hijos del arrabal no fallarán en la cita; La Virgen de la Luz por la collación antigua de San Esteban con su sabor a Glorias de siempre; en San José Obrero la Virgen de los Dolores estrenará su palio bordado; la Hermandad de los Panaderos, con el preludio de una magnífica exposición, celebrará de inmediato procesión de ida y vuelta a la Catedral para la coronación canónica de María Stma. de Regla y, a la vuelta de la esquina, será la Virgen del Rosario quien salga de su capilla para conmemorar el 450 aniversario fundacional de Montesión. Y miro de nuevo el calendario, ¿será efecto también del cambio climático?

¿Una quinta columna?

Álvaro Rodríguez del Moral

Todavía quedan plazas por conquistar en una archidiócesis que, en algunos de sus estratos, se resiste a abandonar inercias de otro tiempo. Sólo así se puede interpretar el famoso anuncio del apoyo del estado eclesial a la próxima huelga general en la mismísima web oficial del arzobispado hispalense. Cualquiera que medio conozca el paño podía meter la mano en el fuego sabiendo que aquel manifiesto no había partido de las estancias más lujosas de Palacio; que nada tenía que ver con la particular idiosincrasia de monseñor Asenjo, hombre poco proclive a salirse del tiesto estrictamente religioso. Y a estas alturas sería demasiado ingenuo hablar de documentos internos en una iniciativa que apesta intencionalidad por todos los costados. Y una consecuencia más: al señor arzobispo aún tiene que apagar ciertos focos de disidencia para que todos los remos de la barca cojan el mismo rumbo. También tendrá que seguir regularizando ciertas situaciones que no eran exclusivas del barrio del Porvenir.

Serpientes de verano

Álvaro R. del Moral

Superado a duras penas el verano de la crisis, volvemos a la carga digiriendo las dudosas comidillas que han acompañado el largo estío cofrade. Y en estos dos meses escasamente refrescados a la sombra de la Giralda no han faltado esos infructuosos mareos de perdiz a los que podríamos poner muchos nombres: algunos se han vuelto a enfrascar en el fuego de salvas del traslado de la Carrera Oficial. Otros se han frotado las manos añadiendo un renglón nuevo a la rica antología de lapsus del señor arzobispo y otros sueñan con una Macarena sin palio enmarcada en el hormigón poligonero de la auténtica Sevilla, regocijo de los coleccionistas y recopiladores de hitos históricos. El caso es que, aunque la vida y las cofradías siguen igual, la grey de Dios se prepara para asumir los cambios que llegaron y llegarán al frente de una archidiócesis que va a vivir nuevos modos y nuevos tiempos. El otoño que se anuncia en las tardes de nubarrones será la verdadera toma de posesión de Monseñor Asenjo. Prietas las filas.

Figuras de la Pasión

Manuel Romero Luque.

Entre las lecturas que reservo a lo largo del año para el verano –este largo verano de Sevilla que es casi un Purgatorio del que sólo nos libra el aire acondicionado–, guardé una obra de Gabriel Miró titulada ‘Figuras de la Pasión del Señor’. Al leerla, comprobé que existe un parecido más que razonable entre la visión literaria e individual del autor y nuestra celebración colectiva de la Semana Santa, pues ambas creaciones resultan de la justa combinación de cuatro elementos básicos: Evangelio, religión, arte y sensualidad. En sus páginas se descubre un impresionante paso de misterio en el que cada personaje aporta un matiz para comprender la escena. Se aspiran, como en nuestras calles, todos los olores delicados o penetrantes de una multitud en fiesta; nos rozan telas desusadas; vemos con luz desacostumbrada el paisaje conocido y las más diversas especies botánicas –hoy tan de moda– florecen en sus estampas. Y Jesús siempre llenándolo todo con su presencia. Disfrútenla. No sólo de pregones vive el cofrade.

Achiquemos la carrera oficial

José María Font. No, no me he bebido dos tintos, pero creo que el fonttan debatidísimo cambio y aumento de la carrera oficial ha quedado inadecuado, pero por el exceso de plazas, que no por su defecto. ¿Han pasado por La Campana cualquier día de la Semana Santa?, ¿Se han fijado en la cantidad de sillas vacías que se quedan? ¿Y por la Avenida, han caído en la desocupación que se aprecia en las últimas filas?, ¿Y las gradas de la Catedral, no han caído en la cuenta que desde que los curas se han metido a parcelistas hay todo el sitio que se quiera?, ¿Y en la Metropolitana y Patriarcal Sede, que tan maravillosamente se ven los pasos, han preguntado el día que se les antoje, si quedan sillas? ¿Por último, en la Plaza de la Virgen de los Reyes, se han dado cuenta la cantidad de hileras de sillas que quedan libre? Pues entonces ¿qué quieren con el cambio de carrera oficial? ¿especular, hacer nuevos ricos a dueños de establecimientos? ¿no será que lo que quieren no es un sitio en la carrera oficial sino “el” de las hermanas Jiménez Filpo en primera fila de Campana con Sierpes; el del Doctor López Vizcaya delante del Mercantil; el de Pedro Ordoñez hacia el Starbuck de la Avenida…? Como escribí de la feria, ahora lo digo sobre la Semana Santa: la primera deberá volver al Prado y la segunda, que se quede donde está o se achique. ¿Creen que en una más larga carrera que se plasme en un futuro los sitios chachis, tales como vueltas o estrechamientos lo van a trincar así como así?

Último capítulo

fontJosé María Font.

Escribir sobre el Viernes Santo no es fácil, como no lo son las siete cofradías que lo conforman, cuyas inmensas especialidades las hacen singulares. La Carretería, nada más por su entorno, Varflora, Rodo o Toneleros, hace que el enmarque de su canasto en la blancura de las paredes produzca el cuadro más impresionista que pudiera imaginarse; la Soledad franciscana nos transporta a una Sevilla añeja y señorial de una Semana Santa de fotografías sepias; de la del Cristo de Triana, al que se le nubla la vista, mejor no decir nada para no quedar insuficiente ante el Cristo del sudario al viento. Hace 325 años que el Jesús Nazareno, el primero de Triana que cruzó a Sevilla, lo sigue haciendo, y abrazado y abrazándonos se va y se vuelve de Sevilla cada tarde, cayendo hasta tres veces con la cruz. Culminando la jornada, el Cristo de la Conversión de Montserrat, flanqueado por ladrones en un barroquísimo canasto que nos traslada
a una Sevilla imposible, el más logrado misterio de la Semana Santa de Sevilla, la que hizo hace años exclamar
a un turista ¡Viva el barroco!. El Sábado Santo es el día más especial, con cofradías clásicas, singulares, únicas, aunque hay que destacar que este año se incorpora la del Santo Cristo Varón de Dolores y Nuestra Señora del Sol, fundada a principios de siglo aunque con raíces en el primer tercio del pasado. Con Servitas, Trinidad y Santo Entierro pone el broche de oro la Soledad de San Lorenzo, pero ¡ojo!, al Sábado, no a la semana, pues sin Resurrección nada tendría sentido, desde la Entrada en Jerusalén a la referida Soledad. Es decir, no habría Aurora.

Del bullicio al silencio

JOAQUIN DELGADO ROIG, JOSE LEON CASTRO E INMACULADA GARCIAJoaquín Delgado-Roig.

Desde que se abre la primera puerta para dar salida a una cruz de guía empiezan los sevillanos a cumplir, un año más, con el rito, la costumbre y la expresión de fe de siglos condensados en unos días. Es un bagaje intenso y perdurable
hecho con el poso que dejan los siglos y al mismo tiempo con el olor a barniz de lo nuevo. De esta forma las cofradías,
penitencien o no a la Catedral, aportan la clase y el estilo de lo añejo combinadas con la frescura de lo reciente. Desde el Viernes de Pasión al Miércoles Santo todas y cada una de las cofradías van acostumbrando nuestro cuerpo, preparando la mente y elevando el espíritu para llegar al culmen de lo que vamos a vivir. En el Jueves Santo confluyen incomparables sensaciones y quien han optado por contemplar lo mas bello, tiene donde elegir. La visita a los templos donde los más preciosos tesoros cobran su autentica dimensión, y en pocas horas, la música sonará incomparable, el incienso ofrecerá su mejor perfume y Sevilla vestirá sus mejores galas. No hay descanso, sin terminar el día comienza la grandiosa Madrugada, la noche acoge desde la alegría a la gravedad, desde el bullicio al silencio. Esos son los contrastes de esa única madrugada que Sevilla inventó hace siglos al despuntar el alba.

Confraternitas Mercurialis

Imagen Antonio Rodriguez HidalgoAntonio Rodríguez Hidalgo.

Cada día de la Semana Santa tiene una personalidad propia que lo hace único, y el Miércoles Santo es un raro espécimen que no es real, sino imperial; por cuyas venas corre savia de sarga azul; cuyas células cerebrales no son grises, sino carmesíes; que sabe saciar su sed siempre con buen fin. Las antiguas contradicciones que lo hacían conflictivo se han superado en una síntesis hegeliana que lo convierten en la gran confraternidad del Miércoles
Santo, que se inicia con la Cruz de Guía del Carmen y culmina con el último músico de Regla. Cierto es que a veces se culmina con retraso y no en todas las ocasiones salen las cosas conforme a lo previsto, pero siempre impera la buena voluntad y se impone la bonhomía. El equilibrio, como fiel de la balanza, lo sustenta un hombre venido de Triana la nueva, que jamás pierde su presencia angelical, que es símbolo de su homónimo evangelista y que ante cualquier provocación huye de las tentaciones polimórficas. En la certeza de un esplendoroso Miércoles Santo, tengo la seguridad de que una vez más ofreceremos el testimonio de la fraternal riqueza de nuestra confraternidad que realizará la mejor de las estaciones de penitencia posibles.

Lo vemos y nos vemos

1-MANUEL ROMEROManuel Romero Luque.

Sin birrete ni toga, sin muceta ni guantes, saldrá por la puerta del Paraninfo el único doctor que todo lo sabe y todo puede explicarlo, el que habla sin mover los labios y sin abrir los ojos todo lo ve. Su temario es breve: razón y fe. Dio la primera al hombre para transformar el mundo, así lo hizo copartícipe de la creación divina; con la segunda le enseñó que su reino empieza aquí. Importa ver los pasos como reflejo del suelo. El Cristo de las Almas anda largo y pausado entre los hombres que se hacen a un lado no comprendiendo por qué un Dios tiene ese empeño en buscarlos. Desde El Cerro, entre muchos, sólo uno reconoce la divinidad del crucificado mientras los demás se asombran o se burlan de Él,
como en la canastilla de San Esteban y otros muchos lugares. Ecce Homo y los Pilatos del mundo nos lo ofrecen y ponen a diario en la picota el mensaje del Justo. ¿Quién se atreve a abrazar la cruz con Él por San Nicolás?, si sabe que las bofetadas de los hombres buscarán su cara como Malco marcó el rostro del Cristo. Quienes salimos a la calle, desde la fe o la duda, no somos héroes, pero en la angustia cotidiana podemos acogernos al ejemplo de María, arrodillada siempre al pie de la Santa Cruz.