El puente de barcas

Late el corazón de la ciudad, bañada de gran curiosidad porque han terminado, ya por fin, un puente sobre el Guadalquivir… Y hacia el río, va toda Sevilla para cruzar las dos orillas y así poder gozar de la gracia, del color, del compás y de los bellos misterios de Triana, porque el 9 de octubre de 1171, 36 días después de su inicio, se terminaron las obras del puente de barcas que el califa Abü Ya’qüb Yüsuf mandó construir sobre las aguas del río Guadalquivir. Júbilo y alborozo. Las banderas y estandartes ondearon al viento al son de redobles de tambores para que el gran califa sevillano y su guardia personal, cruzaran a caballo las dos orillas del gran río, sobre el puente de barcazas que unía, desde entonces, Isbiliya con Tiryäna.

Un puente sobre el que se fue escribiendo, durante siglos, la historia paralela de la gran Roma sevillana y su personal Vaticano trianero. Siglos de acontecimientos en los que el mencionado puente, constantemente fue remendado para estar listo y servir de alfombra de paso entre Sevilla y uno de los más viejos suburbios del mundo, Triana, siempre dependiente de la gran urbe.

El emporio de lujo y grandeza que resultó del descubrimiento de América, comenzó a decrecer en la Sevilla del XVIII que, no obstante, seguía ejercitando de importadora de todo cuanto pasara por sus enaguas para adaptarlo a sus formas e idiosincrasia y hacerlo suyo. Paralelamente, Triana, el viejo arrabal sevillano de la otra orilla del río, a través del puente de barcas, único enlace con la ciudad desde su construcción, emulaba a la gran metrópolis y readaptaba, a sus particulares y exclusivos aires, todo lo que Sevilla hiciera.

Y de igual forma que en Sevilla y en toda España, el bolero y todas las danzas derivadas del mismo, entraron en Triana para que sus gentes las disfrutaran con sus estructuras primarias, a la par que cantaores gitanos como El Planeta y El Fillo, convertían a la seguidilla en siguiriya cual los vecinos del barrio hicieron de los fandangos del candil, una de las principales manifestaciones festivas de los trianeros. Eran las gentes descendientes de los originales habitantes de Tiryäna que convivían con gitanos y negros, bandoleros y fugitivos, toreros y músicos, alfareros, herreros y artesanos… Todos, ondeando la bandera de su alfoz, esencialmente marinero, con la sentencia de la copla: Y es que Triana enamora, seduce, cautiva y atrapa con su esplendor; y su sencilla fragancia, su arte, su gracia, es magia y fascinación; Triana, cielo azul, la luz de nuestra raza. Triana, rio y sol, Triana, nuestra patria. Una patria con un singular acceso: el puente de barcas.

Curiosidades rocieras

La flauta rociera es mucho más antigua de lo que algunos cronistas e historiadores rocieros han dicho, incluso corroborando su parentesco con el caramillo, del que ha tomado la denominación de caramillo rociero, que por algunas características similares, es fácil tender a la confusión, pero no deja de ser una teoría totalmente errónea, ya que el llamado caramillo es un instrumento de origen austriaco, ascendente del oboe y descendiente de la flauta sencilla griega (de cortas dimensiones) y de la tibia de los romanos, pero data, como tal, de la segunda mitad del siglo XVI.

Como hemos visto, y con la sola excepción de ser acompañados de un tamboril, nada que ver con nuestra dulce flauta rociera, perteneciente a la familia de instrumentos de viento, descendientes del galoubet (del verbo provenzal galaubar, tocar alegremente), que se extendió especialmente por el Mediterráneo a partir del s. IX, tratándose de un flautín de madera de boj, a veces ébano, provisto sólo de tres agujeros, uno de los cuales es para el pulgar, situado en la parte posterior.
Se toca con los tres primeros dedos de la mano izquierda. Quedando el instrumento sujeto por los otros dos dedos y por los labios, mientras que la mano derecha golpea un tamboril, que naturalmente y como en muchas regiones españolas y del resto de Europa, el primitivo era descendiente, al igual que la flauta, del tamboril provenzal o pastoril, que concretamente en la región onubense sufre una transición a partir del descubrimiento de América, al traer los marinos de Huelva, el conocido , en muchas regiones de América Latina, como Bombo Legüero, utilizado desde mucho antes de llegar los descubridores, por los indios quechuas., aymaraes, aztecas, chiriguanos, alcolhuanos, incas, chunchos, etc, y cuyo uso era la comunicación sonora de mensajes enviados a través de las montañas de ahí su denominación de legüero, por alcanzar varias leguas de distancia.
Los pastores onubenses lo adoptaron con sus mismas formas, medidas y sistemas de tensión por medio de cuerdas o correas, salvo el cambio de los dos parches, adaptando los del primitivo tamboril provenza, generalmente de corzos, ciervos o terneros, que sustituyeron a los del bombo legüero, de pieles curtidas de llamas, guanacos, alpacas y venados, lo que diferencia y distingue a los actuales tamborileros, descendientes de los pastores marismeños, del resto de pastoriles tambores procedentes de la Provenza, hermanando un singular estilo instrumental, único y exclusivo en la música popular del mundo.
Simples curiosidades rocieras para ir calentando el ambiente de la próxima romería hasta las enaguas de la Virgen del Rocío, Reina del Universo.

Lo traigo andao

No te vayas, Trinidad, no te vayas mi Esperanza que cuando cierren tus puertas, llorarán calles y plazas, que te esperarán un año sin saetas y sin marchas, sin chicotás costaleras ni penitencias descalzas… ¡No te vayas!, ¡no te vayas!, que cuando cierren tus puertas se va la Semana Santa, entre Servitas y Trinitarios, mis sentimientos, en gran cortejo de luto y duelo, va Cristo muerto, la Virgen sola sigue su entierro. Y después de ver al Resucitao, Sevilla, que afligida se ha quedao, pa’ quitarse las penas se consuela planchando sus volantes de gitana, ¡QUE VIVA LA FERIA!

El pueblo de Sevilla, una vez más, escribe un nuevo capítulo de la Feria de Abril. Si levantaran la cabeza sus fundadores, Bonaplata e Ybarra, alucinarían ante un espectáculo tan fascinante y seductor como el que los sevillanos plasmaron, desde 1846 en los vetustos códices de la ciudad, con tinta de duende, fantasía, arte, imaginación y majestad infinita. La majestad de una feria que anuncian las fanfarrias del Arenal desde el Domingo de Resurrección.

La majestad de una plaza de toros que es propiedad de la Real Maestranza de Caballería, una corporación nobiliaria tan antigua como la Reconquista… Hay danza en la Maestranza de capotes y muletas, clarines y banderillas, alamares y monteras, y en el coso de Sevilla, pasodobles de Tejeras que rompen ese silencio singular del Baratillo, donde danza el sentimiento sobre el albero amarillo. Y en el Arenal dorado, monosabios y mulillas, alguaciles y areneros, bailan al son de Sevilla, la Danza de los Toreros. Danza de puerta grande para Manzanares y de un quite a la verónica que tatuó Morante en las retinas de la Giralda.

La majestad de la noche del alumbrao, en la que oficiosamente trabajé desde hace casi tres decenas de años cantando las primeras sevillanas de la feria, y que el pasado lunes me recibió con acta de oficialidad para poder seguir, con buen bajío, tirando del carro de un género que adoramos los artesanos del mismo… Son muchos los quejíos corraleros que desde distintos lugares de nuestra tierra se abrazan al emblema de Sevillanas para el Mundo desde el ferial de una metrópolis en la que una danza de amor marcó mi vida, una danza de amor que me cautiva y que vive, gira y sueña junto a mi, flor de Abril… Una danza de amor, siempre dispuesta a bailar con Sevilla en cualquier fiesta, perfumando con su aroma de jazmín, mi existir. Lo traigo andao, con ella, el mundo entero lo traigo andao, que el cielo me perdone to’s mis pecaos y me quiten lo bailao.

La Feria del mundo

Desde la Feria de Abril de Bilbao, ciudad donde me encuentro con los Híspalis, me acuerdo, tapeando con gentes de Sevilla que nos acompañan, de la cocina popular que contemplan los característicos rosarios sevillanos de tapas que, a modo de rezo, pregonan los camareros a la clientela. Y es que la manzanilla ataca y el jamón la aplaca; y una cerveza tras otra te amangla, duerme y derrota, por eso, siempre, a las cañas unas tapas acompañan que no habrá mejor invento para cortarle los vientos a las tontas borracheras que una cosa tan sencilla como creó mi Sevilla, tapando las vinajeras. ¡Ponme, niño, una tapita de Triana o Macarena! ¿O qué tienes? ¿Qué tapas me recomiendas? Tengo Torre de Oro y río, orillitas de quejíos y Postigos en aceite, cucañitas de Santa Ana y azahares a la fuente. Tengo un poquito de cielo, soniquetes clarineros y arbero de Maestranza, y salpicón de claveles, y delicias de Esperanzas. También tengo plazoletas, pianillo a la Barqueta y almenitas de Alcazaba, y revuelto de cornetas de Centuria a la romana. Un real de farolillos, volantes con mantoncillos y un guiso de corraleras, picarones de Murillo y chicotás costaleras. También tengo juderías, blancas de Santa María, y bambalinas bailando con seises de Inmaculada y laurel de San Fernando. Tengo barrios salteados, barriolillos variados, tengo tangana en la plaza, cantares campanilleros y villancicos en salsa. Soniquetes de Altozano, frailecillos cartujanos, paseíllos maestrantes, mantillas de San Lorenzo, empanadillas de incienso y revuelto de volantes. O ¿quiere usted una glorieta de rimas, plazuela de Doña Elvira y Font de Anta en su marcha, pincelitos de Museo, rollitos de Coliseo, y sombreros de ala ancha? No se quejará mi amigo, dígame usted lo quiere que si no le gusta, puede decirme que pare el carro que también tengo palillos y artesanitos de barro. Ensaladilla de palmas, montaditos de guirnaldas y un compás por bulerías con piolas y petancas y estofado de alegría. Balconcillos de jazmines, primaveritas de abriles y macetas de geranios, puntitas de Baratillo y maniguetas de palio.
Torreón de don Fadrique, mantones bordaos con pique y cava de bronce y mimbre, cocido de capirotes y muchas ganas de irme. Por eso pa’ terminar, solo le puedo ofrecer todo el duende con la gracia del especial de la casa que es la tapa universal: Primavera aderezada con una feria encantada guisada con manzanilla, con guarnición de casetas y to’ el arte de Sevilla… Y es que Sevilla, queridos amigos, mima, guarda y goza de la mejor Feria del Mundo.

Sevillanas para el mundo

¿Qué sería de la vida si el que canta no levanta su voz en las tribunas por el que sufre? decía el inmortal Horacio Guaraní en su obra “Si se calla el cantor”. Que se levanten todas las banderas cuando el cantor se plante con su grito, que mil guitarras desangren en la noche, una inmortal canción al infinito. Esa es nuestra misión. Elevar nuestras voces sobre el cielo de Sevilla y pedir a todas las instituciones culturales sevillanas y andaluzas, detengan el tren de sus múltiples actividades, se bajen tan solo unos instantes al andén de la verdad más absoluta y nos miren. No necesitamos aplausos, nos basta con que nos miren y nos digan: Por el gran sacrificio que, desde que el Canario Chico convirtió la danza en copla, estáis haciendo por las sevillanas, trabajadores y obreros de su realeza. Por el aliento que siempre le ofrecéis a la vieja seguidilla para que no desfallezca. Por guardar y defender las sevillanas, amándolas tanto como las queréis. Por la divulgación cultural que, sin ayuda de nadie, hacéis desde hace mucho, llevando nuestro folk-lore a otras comunidades y países, e induciendo a las gentes del mundo a que consuman Sevilla a través de su música… Por todo ello, gracias y contad con nuestro apoyo.

Porque las sevillanas no son solo cuatro palos de baile. Las sevillanas son mucho más que todo eso. Las sevillanas danzan sobre una gran industria que mueve sus tentáculos alrededor de su hermosa alegría… Trajes de gitanas, flamencas, con volantes o faralaes, llámese como se quiera, mantones y mantoncillos, collares, zarcillos, flores, peinas, peinetas y peinecillos, zapatos de baile, castañuelas, trajes cortos con todos sus ingredientes desde los botos hasta el sombrero, guitarras, alza y púa, cajones, cañas, tamboriles y flautas o caramillos, discos, DVD, estudios de grabación, etc, etc.

¿Qué sería de una feria andaluza sin sevillanas? Probablemente, más de uno diría: “Pues si no están los profesionales, las canta el pueblo que cualquiera se canta unas sevillanitas”. Eso sería pan pa’ hoy y hambre pa’ mañana. El futuro se las llevaría al baúl de la nostalgia cual el tiempo se llevó múltiples costumbrismos que nadie defendió tan a ultranza como la Asociación Sevillanas para el Mundo defiende a nuestras sevillanas. Y una cosa: de “sevillanitas” nada, por favor, que se pierda ese termino… SEVILLANAS con letras mayúsculas.

Concluyendo, yo sé bien que lo conseguiremos. No es broma. El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, me lo ha dicho personalmente en varias ocasiones, así que demos tiempo al tiempo para enarbolar el estandarte de nuestros sueños. ¡Que vivan las sevillanas!

No hay más Dios que Dios

Planchada y limpia se quedó mi túnica, colgada en una de las puertas de mi casa. La capa, de igual forma, la acompañaba. El martes santo vino a Sevilla con olor a tierra mojada. El domingo de palmas y el lunes santo ya lo avisaron. El campo clamaba lluvia para la siembra. El cielo lloraba oro molío sobre nuestras propias lágrimas de desazón, pura cosecha para fortalecer nuestra fe. Dice un proverbio africano que la lluvia moja las manchas del leopardo pero no se las quita. De igual modo, podemos decir que la lluvia puede imposibilitar que Pilato presente a Jesús Cautivo en el palquillo de la Campana o impedir que Cristo extorsione su cuerpo, a hombros de costaleros, desde la Puerta Real, pero jamás podrá la lluvia quitarnos el amor incondicional que los sevillanos tenemos hacia nuestras devociones de barrio y arrabal. Ese es el gran misterio de fe y de amor ante el que hasta la Giralda, en su calidad de alminar de los vientos, se arrodilla diciendo “no hay más Dios que Dios” antes de cantar:

El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de hermandades, nazarenos que con Jesús, son penitentes, cirio y cruz, clavel, calvario y cielo azul. El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de Esperanza, zapatilla, faja y costal, doce varales, Trinidad, poquito a poco, chicotá. El Rey de los cielos por San Bernardo camina el miércoles santo, detrás va su Madre, Refugio bonita, que por calle Ancha las penas me quita, Sevilla con Dios.

El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de saetas, cantaores desde un balcón, rajan el aire con su voz, todo es silencio y oración. El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de Amargura, Font de Anta, marcha y Andén, poquito a poco van los pies bajo las Aguas de su fe. El Rey de los cielos por la Campana, jerío de una Lanzada, va con Madre Guía y sus Tres Marías, y tras su Calvario, Buen Fin bajo palio, Sevilla con Dios.

El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de Dolores, desde el Cerro hasta Santa Cruz, tras de las Penas de Jesús, por el Postigo es Reina y Luz. El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de Piedades y en sus brazos, Nuestro Señor, el pasodoble es oración, al duelo llama un muñidor. El Rey de los cielos reza el Rosario en la Feria de su barrio, de alegre capilla y Carmen sencilla, pasión de vecinos de un cáliz de vino, Sevilla con Dios.

El Rey de los cielos tiene en Sevilla su Reino de Pasiones, Nazareno del Salvador que a su Merced, tiene el Amor, Socorro para el Redentor. El Rey de los cielos tiene en Sevilla su reino de alegría, en Santiago, Rocío en flor, salero de Consolación, Estrella, Candelaria y O. El Rey de los cielos por Placentines va muerto entre los jazmines y entre capirotes de pies caminantes, promesas descalzas de sus Estudiantes, Sevilla con Dios… Y si esta Semana Santa, así Dios lo ha querido, que así sea.

Un año más, Semana Santa

Un año más, Sevilla afronta la Semana Santa con esa chicotá tan larga como histórica de apostolado y evangelización a través de sus hermandades y todo lo que, alrededor de ellas, conllevan sus directrices, sus reglas y sus desfiles procesionales. Creo que el clero hispalense debe sentirse satisfecho por tener tantos miles de apóstoles en su diócesis. La historia hubiera cambiado de haber seguido a Jesús, esta gran legión de apostolado sevillano que sin Él, pero siempre con Él, lo seguimos, dos milenios largos después de su Crucifixión, en su doctrina y mandamientos, porque Sevilla con la sana e ingeniosa picaresca de Rinconetes y Monipodios, de Don Juanes y Mañaras que la habitaron, sabe darle, al que no tiene, la fórmula de encontrar el camino para que lo tenga… Y a muchos sevillanos que no tuvieron, por la razón que fuere, sus principios educacionales cristianos desde sus orígenes, Sevilla les fue enseñando los senderos de la fe, y con ellos, la esperanza de conquistar el Reino de los Cielos. ¡Venga de frente, valientes, que el que no vaya a la Iglesia, aprenda a rezar delante de nuestros pasos! Como dijera alguna vez el entrañable Manolo Santiago.

Porque con cántaro y jarrillo, con pértiga y escalera también se hace penitencia en los costeros y traseras de nuestras imágenes sobre palios y canastillas, que transmiten el poder esencial de su imanación para que, casi sin darnos cuenta, vayamos entrando en el redil pastoral del Todopoderoso… Cien sevillanos fueron investidos por Sevilla para formar una Centuria tan singular como pintoresca que sentencian y corroboran su acercamiento a Dios, defendiendo –y nunca mejor dicho: a capa y espada- el ya considerado viejo rito hispalense al que tantos sueñan acceder… Cien apóstoles de armaos con los que Sevilla cuenta en el Arco de la Macarena.

Qué sabiduría tan grande tiene el predicamento de esta tierra de María Santísima que ejerce su docencia con todos los que nacemos y vivimos en sus entrañas, vistiendo a nuestros niños, de nazarenos cristianos, de acólitos, pajecillos y seises ilusionados de salir junto a sus padres, derrochando su inocencia y en el catón de sus juegos se instruyen de penitencia, que el dulce del caramelo lo cambiarán cuando crezcan por pies descalzos y cruces que llevarán de promesa; y en silencio irán rezando sosegando sus conciencias. Sus descubiertas sonrisas se ocultarán por la seda de capirotes altivos señalando a las estrellas; y sus pequeñas medidas tomarán la fortaleza de llevar sobre sus hombros, el sentir de sus creencias. Sus pequeños canastitos los cambiarán por banderas, simpecados y estandartes, cruces de guías y reglas, varas, faroles, bocinas y las esperanzas puestas de que Sevilla les premie por su estación nazarena. ¡Que Dios te Salve, Sevilla, por cuidar de nuestra herencia!

En Sevilla

La primavera viene caminando, pasito a paso, hacia el paraiso de su calidad más absoluta. Las juderías, viejas y nuevas, se convierten en los más exclusivos frascos de perfume de la tierra. La ciudad se embellece de gracia mariana y de alegría cuaresmal. Todo es más hermoso, más fascinante, más embriagador. Sevilla para herir, Sevilla para nacer, Sevilla para morir. Por eso hoy, quiero morir, como tantas veces hice, con esta metrópolis de ensueño, dejándome cautivar por mi sonanta, mi eterna compañera, que me lleva hasta el mismísimo delirio, haciéndome cantar: ¡Dios te Salve, Sevilla! ¡Bienaventurados los que nacen y viven sobre tus enaguas!

En Sevilla, la esperanza es Triana, Macarena y Trinidad, o la Gracia de San Roque, bajo palio, Reina y Madre celestial. En Sevilla, la alegría es la feria que en abril se vestirá de flamenca con lunares y volantes, bailando por el Real.

En Sevilla, el aroma es clavel, dama de noche y azahar; y moñitas de jazmines de mujeres que perfuman la ciudad. En Sevilla, el salero es un puente de capilla y de Velá, de Santiago y Santa Ana que en el río, a la cucaña jugarán.

En Sevilla, es el oro, una torre, María Luisa y Arenal; y Jardines de Murillo, alfombrados con albero de Alcalá. En Sevilla, el silencio es faena, Maestranza y estocá; y María Inmaculada que detrás del Nazareno, siempre va.

En Sevilla, el amor es una cruz de martinete y fragua, una fuente en Doña Elvira, un balcón en Santa Marta, una glorieta de rimas, una blanca Inmaculada, una hostería de Tenorio y una historia de Mañara.

En Sevilla, el amor es una capa negra con cintas bordadas, una almena del alcázar, un suspiro de Triana, el vuelo de una paloma, el trino de una guitarra y un geranio ensangrentado de romántica fragancia… ¡Ay! en Sevilla, en Sevilla, el amor es simplemente un beso de la Giralda.

En Sevilla, Cruz de Mayo es un patio de vecinos y amistad; y tambores de hojalata, de los niños en sus juegos de hermandad. En Sevilla, Padrenuestro es calvario de oraciones y de fe; y promesas fervorosas a la cruz que va arrastrando el Gran Poder.

En Sevilla, veleta es minarete de azucena y mantilla, Giralda de campanas, donde Santa Juana vela la ciudad. En Sevilla, España es una plaza de puentes y barquillas, media luna de arte que ilumina el parque y está enamorá… de Sevilla.

¿Dónde está Sevilla? exclamaba el rey Axafat desde la lejanía, cuando partía hacia el exilio… Luego se volvió, la miró y, con lágrimas en los ojos, dijo: ¿Puede haber ya patria para el hombre después de haber perdido Sevilla?… Sevilla para herir, Sevilla para nacer, Sevilla para morir.

La Reina de los Gitanos

En Sevilla, como tantas veces dije, entre la forma y el fondo, la fantasía… Esa magia que florece en nuestro suelo con alas de musas y hados de inspiraciones, innata y genuina, cual singular como Sevilla misma… Fantasía de cielo azul, de color único… Fantasía de aromas sugestivos en la fascinante danza de jazmines y claveles, geranios y azahares… Fantasía de Santa María, torre de torres, Giganta con Giraldillo, Giralda universal, presidiendo el rosario de templos y alminares almohades, santificados por cruces, campanas y bendecidas veletas… Fantasía genética e histórica, arraigada en el sentimiento popular de los que, a Dios gracias, somos bienaventurados por nacer en el Belén de Sevilla.

Así que haciendo uso de la misma, vuelo hasta la vieja Cofradía de los Gitanos para retomar y hacer uso de un lamento de tiempos pasados: ¡Salud, Señor para nuestra gente! ¡Danos Salud, Padre, y libera nuestras angustias!

Porque Angustias ha de ser la Virgen que veneramos, que no hay nombre de mujer que mejor pueda tener la Reina de los Gitanos… Podría llamarse Dolores que muestre nuestro dolor por tantas humillaciones. Podría llamarse Remedios que enseñe al mundo, las penas de vivir en cautiverio. Podría llamarse Tormento para que el mundo se entere de nuestros muchos lamentos… O podría llamarse Penas igual que Desolación, para ondear nuestro emblema, Martirio, Resignación o María de la Aflicción por nuestra mala condena. Pero Angustias ha de ser esta Virgen corralera que no hay nombre de mujer que mejor pueda tener nuestra Gitana Morena.

¡Salud, Señor para nuestra gente!, ¡Vida, Jesús, para nuestra raza!, ¡Agua, Padre, eternamente, luz y cielo, sol caliente, tierra, Señor, para nuestra patria!… Que en el río y sus orillas, a techumbre huele el guiso y a morada, la semilla que en Triana y en Sevilla sembró nuestro paraíso. Un paraíso de ensueño para sosegar el alma, pero angustian nuestros sueños los que buscan con empeño que no vivamos en calma. Por eso, Angustias será la advocación mariana que por los siglos, tendrá Nuestra Reina Celestial, de casta y raza gitana.

Bajo palio, Inmaculada, Angustias sobre costales. Al compás de bambalinas, Angustias de soledades. Sobre andas y faldones, Angustias de sentimientos. Con sus morenos primores, Angustias de firmamentos. Y entre candelas de cera con rayos de primavera que iluminan su belleza, Angustias “la trianera”, tan Flamenca y corralera, en trono de Realeza.

Sobre alfombra de oraciones, Angustias de sonajero. Entre varales y flores, Angustias de caramelo. Y entre alegres bulerías, Pura y Limpia, concebía, por Angustias, te cantamos y por tanto padecer, con mirra, canela y miel, Angustias, te bautizamos.

Guárdanos de las Angustias y líbranos del pecado, Madre del pueblo calé que Angustias, siempre has de ser bajo el cielo sevillano, y no hay nombre de mujer que mejor pueda tener la Reina de los Gitanos.

Una chicotá de fantasía

Sevilla, la milenaria, la vieja agüela de cuentos y de historias legendarias que me lleva en sus recuerdos a aquella primera marcha que escuchaba to’ los años por el Parque de mi infancia viendo a la virgen del mundo con fantasía y con magia.

¿Fantasía? Fantasía ya es Sevilla desde que Dios la fundara, que todos sabéis, hermanos, que la historia no está clara, que si Hércules o Melkart, que si fenicios, tartesos, pero yo estoy convencido que la creó el Padre Eterno. Y aquí fue imaginativo, fantaseó con sus sueños y a la tierra le dio duende, de fe, sembró nuestro suelo, y nos techó con su Gloria, ¡qué palio azul más bien hecho!, y nos regó con la magia que solo existe en el cielo por eso esta tierra es sabia en Padre Nuestro y en Credo porque Dios colgó a Sevilla un Gran Poder en su cuello con una cadena Santa de antifaces nazarenos. ¿Qué sería de Sevilla sin Tenorios con espadas, sin Cármenes cigarreras y Fígaros de Alcazaba?

Y en Sevilla, desde el corazón del pueblo, supe desde que nací que no solo los pechos de la vieja Híspalis me amamantaban, pues siete amas de cría, hermanas de mi cuna – tierra, me cantaban, sobre sus regazos, fandangos alosneros, seguidillas de palillos y tangos camaroneros, igual que mecían mis sueños entre pandas y parrandas, zarabandas, delantales corraleros, saetas de martinete y fragua, enaguas de soniquetes boleros, plegarias de tamboriles, clarines de paseíllos toreros, comparsas de Caleta, cornetas y danzas de costaleros. En Sevilla, y desde muy niño, aprendí que la historia de mi tierra la escribieron andaluces que la hicieron, con su sangre, universal, mares de cantares populares, de cantores y juglares donde Dios quiso crear el gran paraiso de María, Pura y Limpia concebía, Reina y Madre celestial.

Con vuestro permiso, amigos del mundo, quiero gritarle a los cuatro vientos lo orgulloso que estoy de haber nacido en Andalucía, porque ¿quién no se descubre al hecho de que viejas tradiciones de esta tierra mariana, se festejen y mantengan, cuidando de que no pierdan su pura esencia cristiana?, ¿quién no se quita el sombrero ante todo aquel que ama sus costumbres y leyendas, por las que entregan la vida, y las cuidan y las miman para que siempre florezcan?, ¿quién no dobla su rodilla ante tanto amor y entrega por nuestras cosas sencillas con casta de gente güena?, ¿quién puede cerrar los ojos al altar de sus querencias?, ¿quién puede echarle cerrojos al legado de su herencia?

Bendita sea la pasión de esta Tierra de María que pregona con fervor: ¡Si en la gloria, vive Dios, Dios vive en Andalucía!