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Abr/2016

OBSERVATORIO TAURINO: CUESTIÓN DE NÚMEROS

 

 160503 CONTABLE

Las  cuentas no terminan de cuadrar en los despachos de la calle Adriano. Se trata de un mundo al revés: los carteles más apetecidos nunca son los más rentables. ¿Quién le pone el cascabel a  ese gato?

Publicado el 26 de abril de 2016 en la edición impresa de El Correo de Andalucía.

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Si los números no encajan en la empresa…

Concluyó la quincena fantástica de abril con algunas, muchas cosas, para recordar. Es tiempo de balances, entregas de premios y esa breve calma chicha que precede a la larga isidrada. Pero a pesar de la satisfacción compartida conviene echar el freno y otear un horizonte que podría no ser tan feliz. El primero en enfriar esos entusiasmos ha sido  Ramón Valencia. No esperó demasiado para ello. El empresario ya comentaba las goteras de la caja de Pagés mientras recibía enhorabuenas con cara de resignación en el refresco posterior a la deliberación de los premios de la Real Maestranza. Hay que partir de una premisa: las figuras han conseguido recuperar el concurso del gran público en las tardes que se aunciaron pero no han logrado elevar ese abono declinante que difícilmente volverá por sus fueros.

Aparece un nuevo modelo de clientela

Las fuentes mejor informadas hablan de una subida aproximada inferior a los 200 abonados, sumando un total de 2.300 en una plaza de aforo reducido -unas 10.500 localidades- y un presupuesto disparado. El desplome de la antigua clientela ha producido -es un proceso iniciado hace casi una década- la progresiva despersonalización de la plaza y hasta del palco. Pero la lectura definitiva es que el personal ya no quiere pasar el aro de esos carteles que -por su bajo presupuesto y altísima rentabilidad- suponían un cómodo colchón para la empresa, apoyada en la fortaleza de la lista de clientes que se fue para no volver. Los toreros de la clase alta también se beneficiaban del envite al poder aumentar sus honorarios a costa de la rentabilidad del festejo en el que se anunciaban. Ahí es donde se ha enredado una madeja que, en definitiva, choca de frente contra cualquier tipo de lógica empresarial.

Una pescadilla que se muerde la cola

La gente sí se rasca el bolsillo para acudir a los cuatro o cinco carteles que todos sabemos pero el barco acaba de encallar si esos acontecimientos son un naufragio en la caja con la plaza llena y la reventa por las nubes. ¿Quién le pone el cascabel a ese gato? La particular idiosincrasia del coso maestrante complica el asunto. La perpetuación de los Pagés durante tres generaciones no es gratis: se cambia por el famoso piso plaza que supera el 20% de los ingresos brutos que genera el espectáculo. Pero, ojo, la escasa afluencia de público en determinados festejos también mina las arcas del cuerpo nobiliario. ¿Nos encaminanos a una semana de toros en abril? Seguiremos hablando de ello pero también lo haremos de algunas cosas que pasaron dentro del ruedo y merecen nuestro análisis. Pero eso ya será la semana que viene.