Monthly Archives: Noviembre 2014

25
Nov/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Entremeses variados

entremeses

Publicado el 25 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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El toreo como crisol cultural. Una semana sin comunicados ni lluvia de piedras entre galos y romanos nos permite hacer una mirada al interior del toreo y a la auténtica trascendencia de su huella, que rebasa ampliamente el propio espectáculo y se adentra en el alma ibérica. La inspiración nos la presta el maestro y compañero Antonio Petit, a través de su portal Taurología.com. Nosotros cogeremos otro camino para ubicar el toreo y su cultura como un intenso cruce de caminos de artes, artesanías, tradiciones y valores humanos, sociales, naturales, artísticos e históricos, que va mucho más allá de ese cuento de María Sarmiento que ya tiene mareados a los recurrentes Goya, Lorca y Picasso. La grandeza de la auténtica cultura del toro hay que buscarla en su génesis: el maravilloso mundo humano y animal que rodea a la cría del ganado de lidia nos sirve de punto de partida para subir a las ramas de este árbol frondoso que cubría la vieja piel de toro. El toro, siempre el toro, sirve de nexo entre el campo remoto y el ágora urbana construyendo una compleja cultura de tradiciones, usos, costumbres, hombres y afectos que algunos quieren borrar de un plumazo. Este mundillo goza de su propia mitología, tan desaprovechada, siempre por reivindicar. Cuesta poco trabajo imaginar la trascendencia que habría alcanzado este mundillo si perteneciera al ámbito anglosajón. El caso es que la ecología mal entendida y el acoso antitaurino quieren desdibujar la definitiva trascendencia de este peculiar planeta que ha marcado la historia íntima de un país que ahora se quiere enredar en otras coletas inciertas mientras la industria taurina camina sobre peligrosos pies de barro que podrían desmoronarla. Petit señala con tino que “el fuerte entramado de hechos culturales es  la verdadera realidad callada del Toreo” y realiza un completo repaso de las actividades organizadas o catalizadas, entre otras entidades, por la Comunidad de Madrid o la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Tiene toda la razón pero podemos ir mucho más allá. El toro se convierte en el gran cruce de caminos de actividades muy diversas; alumbra tipos humanos irrepetibles y es una escuela de valores, verdadera ecología y cultura del esfuerzo.

Esos números curiosos. El eco del toreo no tiene nada que ver con la estadística aunque ésta nos puede prestar jugosos argumentos para analizar la auténtica situación profesional de algunos toreros. Recurriremos a la original web taurinas datoros.com que ofrece curiosos y sorprendentes cuadros estadísticos para analizar la temporada testimonial de un diestro atípico como José Tomás sin entrar a valorar la dimensión artística de ninguna de sus actuaciones. Tres fueron sus paseíllos, compartiendo cartel con Juan Mora, Finito, Fandiño, Rafael Cerro y el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza. El mismo cuadro señala que el de 2014 es el año que menos reses -un total de siete- ha estoqueado en toda su carrera. Sólo ha desorejado uno de esos toros en plaza de primera categoría pero, a pesar de todo, está incluído en la lista de los 25 matadores más orejeros en plazas de primera y segunda. Curioso, ¿no?

Las barbas de tu vecino… Mientras Sevilla lucha por recomponer esos platos rotos que usted conoce tan bien, en ciudades vecinas se trata de comenzar prácticamente de cero. Si remontamos 138 kilómetros el Guadalquivir encontramos una situación de emergencia que se esperaba dar por resuelta el pasado fin de semana. Pero, visto lo visto, toca seguir esperando mientras cruzamos los dedos para que la decisión sea acertada. El consejo de administración de la propiedad de la plaza de toros de Los Califas tiene delante de la mesa tres ofertas serias -también una de risa que ni nombraremos- aunque se asegura que existieron ciertas conversaciones y se llegaron a barajar otras opciones estrafalarias en las que, por ahora, tampoco entraremos ni saldremos. Las ofertas serias serían las que han presentado el empresario madrileño Tomás Entero -flamante gestor de El Puerto-, el sevillano José María Garzón -al frente de Lances de Futuro- y el emergente taurino cordobés Antonio Sanz, que comanda la empresa Campo Bravo. Hay reiterar una y otra vez la misma idea: esta vez no se puede patinar con experimentos exóticos; está en juego la supervivencia de la propia plaza que necesita ilusión, capacidad de trabajo, sentido de la realidad, visión de futuro y mucha, muchísima paciencia. Uno de esos cantidatos ya ha demostrado varias de esas virtudes. Y ya que hemos viajado a la ciudad vecina nos hacemos eco de la pequeña polvareda levantada por el nombramiento de Finito de Córdoba como pregonero de su Semana Santa. En estos lares se haría complicado ver en el atril del Maestranza a Curro Romero o a Morante de la Puebla… Nos marchamos ya, enviando nuestro más sincero pésame a los familiares de Antonio Pavón Parrao, célebre mozo de espadas sevillano que trabajó a las órdenes de toreros como Pepe Luis Vázquez, Pareja Obregón, Manolo González o Carlos Arruza. Descanse en paz.

24
Nov/2014

EL REPASO (IV): Manzanares, entre la forma y el fondo

JoseMariaManzanares013

Publicado el 23 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Su ausencia voluntaria de la plaza de Sevilla -que lamentó en su fuero interno- pesó como una losa en el ánimo del matador que vivió su temporada más discutida sin dejar de puntuar en la estadística

No ha sido un año fácil para Manzanares; ni muchísimo menos. ¿Lo ha sido alguno? Dos acontecimientos de distinto calado pivotan la génesis y el ocaso de una temporada que el diestro alicantino logró sostener con enorme sentido de la profesionalidad. Los más escépticos podrían repasar una apabullante regularidad triunfal que sorprende al comparar las estadísticas de sus actuaciones, el eco de su toreo y la ferocidad de las críticas más despiadadas. Pero, más allá de el sentido del deber y la profesionalidad -apoyados en sus crecientes y sofisticados resortes técnicos- se pudo ver que la forma y el fondo del Manzana no siempre fueron unidos delante de la cara de los toros.

Algunas veces se pudo ver a un torero que mantenía la compostura y la incomparable carrocería de su puesta en escena más genuina. Pero esa brillante fachada con la que se ponía delante de los animales adolecía en muchas ocasiones de falta de alma; de auténtico pulso interior. En otras ocasiones también hizo uso de una aliviada geometría de los terrenos que hacía frotarse las manos de sus detractores. A los que han visto al gran Manzanares de otras tardes y otros años no les tenían que contar nada para saber que el techo del alicantino estaba mucho, muchísimo más alto: en valor, expresión y ambición. Ya lo había mostrado de sobra volando por encima de todo el toreo en aquella tarde gloriosa de Sevilla, en el San Miguel de 2012. ¿Qué pasó después? Manzanares tampoco lo había tenido fácil en la campaña  2013 que sí había concluido volviendo por sus mejores fueros en el faenón de Nimes. Quedaban muy poco tiempo para que aquel famoso almuerzo otoñal de Canorea y Valencia con la prensa de Sevilla abriera la caja de los truenos para verse envuelto en una guerra, la del G-5, que posiblemente no era la suya.

En esa tesitura, la presente temporada comenzó haciendo de tripas corazón. Manzanares cumplió puntualmente el pacto sellado con sus compañeros de alzamiento a pesar de que el empeño no tenía nada que ver con él. La conjura de otoño incluía no torear en Sevilla bajo la contratación de los Pagés y el resto de la historia -incluyendo sus nefastas consecuencias para el desarrollo de la Feria de Sevilla- es más que sabido. El diestro alicantino se unió a El Juli y Perera en la emisión del correspondiente comunicado que fue fiel reflejo del carácter naturalmente conciliador del alicantino. Josemari quiso dejar a todo el mundo contento pero se enredó solo reconociendo que él nunca había recibido un trato inadecuado por parte de los responsables de la empresa de Sevilla. ¿Se había equivocado el alicantino? El primero en saberlo era él mismo. El diestro acusó la ausencia de la plaza que más y mejor le ha visto triunfar y guardó una especie de luto taurino renunciando a torear en el Domingo de Resurrección alternativo de Málaga. Tampoco quiso partipar en la excursión a Aguascalientes que se recetó el resto de la tropa rebelde. Lo pasó mal esos días y lo arrastraría el resto del año. Pero había que seguir.

El diestro alicantino había comenzado la campaña en Olivenza y el repaso estadístico alumbra muchas sorpresas: hubo tardes de tres orejas en Castellón, Valladolid, en el mano a mano de Jerez, en Granada,  Nimes o Algeciras. En Roquetas de Mar cortó cuatro y siguió cosechando tres trofeos en El Puerto y Dax para volver a subir a cuatro orejas en la gran tarde de Sanlúcar de Barrameda. La lista de dos orejas cortadas en un mismo festejo se hace mucho más larga y no sale de la rueda del primer circuito: Ahí están los dobles trofeos lucrados en Valencia, Alicante, Mont de Marsan, Huesca, Beziers, Gijón, Cuenca, Almería, Valladolid, Murcia y Nimes.

Resumiendo: Manzanares ha sido el torero que más toros ha desorejado por partida doble en las plazas de primera. También ocupa la primera posición al contabilizar los trofeos sumados en cosos de primera y segunda. Para redondear este cuadro estadístico se puede recordar que ha cortado al menos una oreja en 7 de las 9 corridas contratadas en plazas de primera categoría. ¿Qué pasa aquí entonces? Es verdad que el alicantino no ha encontrado la felicidad interior en la cara de los toros que alcanzó otros años. Eso se ve y se nota aunque se envuelva en corrección académica y en la responsabilidad profesional que le ha permitido navegar a toda vela en la estadística. Pero también es verdad que Manzanares se ha encontrado con una de las campañas a la contra -alentada desde todo tipo de tribunas y no pocas chimeneas- que buscaba el desgaste de su apoderado, Toño Matilla, a través de su torero. Cuando se juntaron las dos circunstancias anteriores se formó la marimorena. Uno de los caso más emblemáticos fue el de Madrid, pero sobre todo en el mano a mano con Morante dirimido en Bilbao que resumió como ningún otro el aire de su temporada. Manzanares se pasó lejísimos un boyante ejemplar de Cuvillo y enfadó al público. Tenían razón. Pero el mismo torero fue capaz de parecerse a sí mismo cuajando al sexto a la altura de sí mismo.

El año le deparaba un final triste e inesperado: la muerte de su padre y maestro, el gran Manzanares,que  le ha sumido en un profundo dolor. No es aventurado pensar que el ejemplo del padre volverá a sacar los mejores registros del hijo. Así fue a raíz de aquella retirada sevillana convertida en lección fraterna. Nadie duda ya de la vuelta del joven maestro alicantino a su Sevilla. Todos queremos volver a verle volar tan alto y tan bien como sabe.

18
Nov/2014

OBSERVATORIO TAURINO: El diálogo de los actores del toreo sigue en punto muerto

MONOS

Publicado el 18 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Aquí no hay quién viva. El toreo anda sumido en una pueril política de buenos y malos que recuerda esas películas en las que sólo morían los indios o los alemanes, que solían comerse crudos a los niños y pisaban el rabo de los perros. Algo así estamos viviendo estos días. Se suceden comunicados y más comunicados pero el entendimiento definitivo entre dos de los tres pilares fundamentales del toreo sigue estando cada vez más lejos. Este viaje a ninguna parte coincide en lugar y tiempo con el repunte del acoso antitaurino, la recesión económica y la destaurinización de la sociedad. El mensaje de los empresarios necesitaría estar acompañado de una sincera autocrítica pero también contiene algunas denuncias urgentes que precisan dejar quieto el balón. Es una pescadilla que se muerde la cola: todos están de acuerdo en que el espectáculo es caro; se reconoce que no cubre costes y se tiene claro que para que la gente vuelva a la plaza hay aumentar la calidad y bajar las entradas. Aten esa mosca por el rabo o lleven el caso a un congreso de economistas. Sudarán tinta.

Viajes a ninguna parte. Mientras tanto, las aguas del toreo siguen bajando revueltas. No hay forma de reconducir el diálogo de sordos que vuelve a enredar a patronos y toreros sin conseguir que remen en la misma dirección. Puede que los intereses sean distintos pero, al fin y al cabo, se juegan el mismo pan. Las elegías empresariales, servidas en dos platos, han sido sucedidas por un comunicado de la Unión de Toreros que sólo sirve para seguir mareando la perdiz. La asociación de coletas reconoce algunas de las denuncias vertidas por los empresarios pero también les espetan -y no les falta razón- que no están obligados a acudir a los concursos de explotación cuando consideren que no se reúnen las garantías suficientes. El papelito se endurece -es algo que ya se venía comentando por las esquinas- al acusar a ANOET de rechazar la mano de los toreros para negociar con las propiedades de las plazas para revisar algunas condiciones de explotación que envenenan el sueño de los toreros. Ahí se señala -sin nombrarla- cierta plaza y ciertos dueños que andan en la picota. Pero este documento también se hace eco de una situación que, hasta ahora, sólo se había lamentado en voz baja: nos referimos a la calderilla que cobran los diestros del pelotón que arman macroferias como las de Madrid. A nadie le ha convenido aventar hasta ahora un asunto que debería avergonzar a todos, figuras incluidas. El comunicado se pierde luego en una sucesión farragosa de lugares comunes antes de precisar que sí están dispuestos a reunirse con las empresas aunque la faena termina con adornos: “nuestra disposición es absoluta pero no para la mejoría de la economía de particulares”. La pregunta es: ¿Mandarían a ese encuentro al tal Juan Diego? Ay señor…

De Barcelona a Donosti… Mientras unos y otros se siguen echando los trastos a la cabeza y se reparten carnets de buenos y malos hay algunos que siguen creyendo que el elefante blanco llegará -como en un cante de ida y vuelta- de allende los mares. No le daremos más vueltas al asunto porque algunos ya han retratado sus pesebres. Mientras tanto, se sabe más que se habla de lo que se va cocinando en los despachos de la calle Adriano. Valencia y Canorea han adelantado su tradicional método de trabajo con un objetivo conocido: salir de las trincheras que se cavaron hace justo un año. Los rumores corren y no siempre coinciden. No sabemos qué merece la empresa; tampoco donde acaba ni termina la razón de los toreros. Una cosa si tenemos clara: la afición de Sevilla y el propio pulso del toreo sí merecerían la altura de miras de unos y otros. Lo dejamos ahí y nos marchamos a Bogotá. La ejemplar reacción coral de las primeras figuras del toreo -brillaron por su ausencia Morante y José Tomás- ha demostrado que a veces si se quiere también se puede. La llamada de César Rincón, el ejemplo de los novilleros en huelga de hambre y la capacidad de reacción de la crema del toreo nos dan que pensar. ¿Por qué no se orquestó algo similar en Barcelona y San Sebastián? El cierre habría llegado igual pero se habría muerto de pie. Por cierto en el acto paralelo celebrado en Madrid el ambiente fue… descriptible. Hemos alabado el viaje a Bogotá. Lo seguiremos haciendo. Pero la plaza de la Maestranza también merece repartir un poco de humildad para reconducir la situación. Nos queda mucho que hablar aún de ello. Mientras tanto, y a pesar de que el año aún tiene mecha, ya van cayendo avances del que está por venir. El más llamativo es la enésima encerrona de Iván Fandiño en una fecha, el domingo de Ramos madrileño, plagada de peligros y sobrada de cemento. Se escogen reses de divisas presuntamente duras que en algunos casos cantan su mal juego antes de salir. Él mismo. Nos desenredamos del bucle melancólico del diestro vasco y vamos terminando, pero antes enviaremos un sincero abrazo a Maruchi Benjumea. Los campos de Gerena van a echar mucho de menos a ese marqués de pelo blanco y encrespado que se hacía querer. Dios le guarde, don José Luis.

18
Nov/2014

EL REPASO (III): Morante, malos tiempos para la lírica

Morante

Publicado el 17 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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El diestro de La Puebla programó un ajustado calendario de recitales que no respondió a la expectación creada. Su nombre sonó a la cabeza de la rebelión que marcó las horas más bajas de la plaza de Sevilla

Primero fue El Juli. Después lo hizo Morante. Y cada cual le dio su acento personal. El diestro de La Puebla estrenó la temporada montando un abracadante guateque madrileño que le sirvió para escenificar la aparatosa tramoya que enmascara su auténtica e íntima alma de artista. Si su compañero había escogido el Círculo de Bellas Artes, Morante se decantó por la discoteca Joy-Eslava. La puesta en escena fue diferente pero el fin era idéntico. Como su cuate de ruedos y rebeliones, se trataba de anunciar con vino, rosas e inmensos puros un calendario cerrado de presuntos eventos que tenía que sellar el nuevo tiempo del diestro cigarrero. Se prometían maravillas, un autobús de siete leguas lleno de prodigios y la quimérica pretensión de convertir cada paseíllo del imprevisible matador en un acontecimiento único y singular. Pero, tal y como había ocurrido con El Juli, las propias circunstancias de la temporada y el matador se encargaron de dictar su propio y definitivo guión, diferente del previsto.

Sí hubo una diferencia sustancial con El Juli. Morante presentó sus milagros sin que mediara ningún tipo de comunicado o explicación que justificara su inscripción en la nómina de los diestros indignados con la empresa Pagés. Hablamos del famoso y ya desmoronado G-5. Algunas voces susurrantes entrebastidores de toreo quisieron poner al diestro de la Puebla en la yema de aquella rebelión. Se habló mucho y aún se sigue hablando -algunos se han quitado la careta definitivamente- de la influencia de la poderosa casa empresarial que apodera a Morante. La noticia -o el rumor que sigue pendiente de confirmar o desmentir- corrió como la pólvora en vísperas de Navidad: se señalaba al millonario mexicano Alberto Bailleres como elefante blanco del alzamiento que terminó de barrer las escasas migajas del abono sevillano. Hubo voces autorizadas de la cocina del toreo que iban mas allá: las definitivas intenciones del mentor de Morante pasaban por hacerse con la gestión de la plaza de la Maestranza después de poner al cuerpo nobiliario entre la espada y la pared con una carta enviada al paseo de Colón que ni siquiera estaba rubricada. La historia de ese tiro errado ya ha sido contada con pelos y señales en estas mismas páginas.  Pero la verdad sólo la conocen los interesados. Punto.

Después de guardar el smoking madrileño, Morante echó gasolina en el famoso autobús. El peculiar lema escogido para su particular temporada, El arte no tiene miedo,  iba a ser paseado por treinta ruedos escogidos de antemano aunque no faltaron algunos reajustes iniciales por pura política taurina antes de poner la famosa guagua a chupar kilómetros.  La primera del año fue en Olivenza. No pasó nada; tampoco se acabó el papel. Hubo oreja en Valencia; vuelta al ruedo en Castellón y patinazo gordo en esa Resurrección malagueña que buscaba desplazar el foco informativo del Guadalquivir al Mediterráneo. Sólo se consiguió parcialmente y tampoco se llenó la plaza. Comenzaban a trazarse las primeras curvas que pusieron a prueba el ABS del bus: las taquillas no iban a ser verbenas, marcando una constante que se iba a perpetuar el resto del año. Hubo intermedio, broncas cósmicas y más puros en Aguascalientes mientras se desarrollaba la feria triste de Sevilla en la orilla de acá. La figura de Morante brillaba por su ausencia y la rebelión, a esas alturas, se había torcido. Las penas de los toreros no eran compartidas en la calle.

Su única comparecencia isidril se saldó con más pena que gloria. Morante, que se había esforzado a tope en Jerez en un mano a mano que ganó Manzanares, sí consiguió cubrir tres cuartos del aforo del inmenso y renqueante Coso de los Califas aunque esta vez  no se produjo el milagro que conmocionó Córdoba un año antes. Dos corridas de circunstancias en Istres para arropar la reaparición puntual de Joselito y el tibio paso por Granada preludiaron el primer gran triunfo del año, lucrado en Alicante. Pero los más fieles ya habían comenzado a impacientarse a pesar de esa  hipervaloración del detalle que no retrata al mejor Morante, ese que ni siquiera han visto algunos de sus más jóvenes panegiristas. La temporada no terminaba de romper pero, a pesar de todo, los prodigios llegaron: Badajoz o Roquetas fueron el preludio pero el gran Morante se instaló a caballo de los meses de agosto y septiembre después de pasar en blanco en plazas afines como Huelva y El Puerto en el famoso día de los pitones rotos de los zalduendos. Ahí quedaron para el recuerdo la faena de Bilbao; el recital ninguenado por el palco de Málaga; los paisajes con figuras de Sanlúcar y el buen tono de Ronda. Después de esas cumbres fracasó inesperadamente en la taquilla el mano a mano con Perera en Logroño. Pero la temporada ya estaba sentenciada y culminó con el pretencioso montaje de Vistalegre que se había vendido y publicitado bajo el pomposo título de The Maestros. Morante cortaba dos orejas más y culminaba así una campaña en la que faltó contundencia en la taquilla y en el ruedo para haber seguido el guión marcado en la gala invernal. A pesar de todo, el torero mantiene intacta su aura de torero de culto. Hoy por hoy es una de las tres figuras que no puede faltar en ninguna feria. La gran incógnita sigue siendo saber si el artista cigarrero querrá anunciarse en Sevilla. Hay muchos platos rotos que recomponer y su decisión será tan personal como imprevisible. A Sevilla le hace falta verlo en la puerta de cuadrillas pero a él también. Tiempo al tiempo.

11
Nov/2014

EL REPASO (II): El Juli, un año de tribulaciones

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Publicado el 10 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Tenemos que rebobinar en el tiempo. Fue el pasado 27 de febrero. La gente guapa se dejó ver por el Círculo de Bellas Artes de Madrid para asistir a un acto sin precedentes. La primera figura del toreo anunciaba a bombo y platillo una temporada cerrada de 30 actuaciones en una gala presentada por los televisivos Nuria Roca y José Ribagorda. Se prometían vino, rosas, gestos, orquestas, baños de multitudes, caricias a los niños y maravillas informáticas pero se obviaba una premisa fundamental que hace único el toreo: el argumento sólo lo marca el toro que sale cada tarde y, sobre todo, el definitivo ser y estar del matador. Olvidaron que en este mundillo no se escriben guiones…

Aquella purpurina se ajó muy pronto. Los oropeles no podían ocultar que el gran diestro madrileño atravesaba un desierto interior.  El Juli no se encontraba preparado por dentro para estar a la altura de esa pretendida agenda de prodigios presentada entre celofanes. Tres acontecimientos encadenados pesaban en el ánimo del matador y alimentaban sus propios fantasmas: el primero y más personal -y el menos comentado- era el tremendo accidente automovilístico que había sufrido un año antes junto a su propia familia que -gracias a Dios- salió indemne del lance. El segundo, y más genuinamente taurino, era la cicatriz psicológica de la gravísima cornada sufrida en la Feria de Abril de 2013, la única que en toda su vida le hizo mirar a la otra orilla. El tercero tenía que ver con su supuesta condición -siempre negada- de capitán de las sucesivas asonadas y progresivos pronunciamientos que culminaron con la rebelión coral del G-5. Es historia reciente; Morante, el propio Juli, Manzanares, Perera y Talavante tacharon la plaza de la Maestranza de Sevilla en sus agendas buscando el desgaste de la empresa Pagés pero se encontraron con el derrumbe definitivo del abono y la pulverización de la misma categoría del coso que se reivindicaba en el breve papelito que justificó la asonada. No hay que darle más vueltas. Aquello salió al revés y a la postre se convirtió en la tercera puerta sin cerrar que atenazaba el talento, la capacidad y la valía del auténtico y mejor Juli.

Aquella agenda de eventos presentados, lógicamente, no incluía su presencia en la feria de Sevilla que le había visto salir herido y triunfador en el año anterior. Para colmo, la empatía que se pretendía buscar puerilmente en el aficionado sevillano se enrareció aún más con la decisión equivocada -El Juli acababa de ser padre de nuevo- de suspender el viaje para recoger el trofeo de los médicos sevillanos. Al final sólo se estaban refrescando las dolorosas circunstancias que rodearon la tortuosa recuperación de la gravísima cornada del año anterior (sin encontrar la definitiva mejoría, El Juli llegó a pedir el alta en Sevilla para viajar a Zaragoza y ser operado de nuevo). Pero aquel mismo día tenía que haber estado en la entrega de los premios de la Real Maestranza de Sevilla. Envió a su mozo de espadas y dejó con un palmo de narices a las fuerzas vivas de la ciudad. En ese punto había fracasado por completo el alzamiento.

En esa tesitura, después de barrer el confeti del Círculo de Bellas Artes, El Juli se anotó sucesivos y enrabietados triunfos en Olivenza y Valencia antes de encallar en la corrida pascual malagueña. El evento se había organizado como un pulso -fallido- al Domingo de Resurrección sevillano que mantuvo el músculo contra todo pronóstico. En Málaga no hubo lleno ni triunfo y entre medias se marchó al balneario de Aguascalientes antes de reanudar la auténtica batalla del toreo, que se dirime en este lado del océano. Es verdad que Julián mantuvo el tipo con profesionalidad. Había orejas, triunfos externos, pero algo fallaba por dentro y por fuera: a la crispación en las formas le acompañaba la impresión de encontrarse muy por debajo de sus propias posibilidades. Podemos poner un ejemplo en la yema del verano. El Juli cortó cuatro orejas en Huelva ante un encierro que nunca debió salir al coso de la Vega Larga pero dio la impresión de torero vulgar y tesonero. También habían fracasado los gestos pretendidamente toristas de Nimes -con una escandalosa corrida de Miura- y Bilbao, donde se había vuelto a atragantar con los santacolomas de la Quinta y pero había logrado refrescarse con un toro de Garcigrande que le permitió tomar aire.

A esas alturas, El Juli sabía de sobra que se había equivocado. Lo comenzó a admitir en sucesivas declaraciones que se convirtieron en actos de contrición y propósitos de enmienda. Comenzaban a cambiar las tornas y el torero, desembarazado de las camisas de fuerza que le atenazaban fuera de la arena comenzó a ser él mismo delante del toro. Había llegado la hora de preocuparse sólo de torear. El precoz maestro madrileño había recuperado la felicidad interior y paralelamente, se supo con premeditada antelación que Roberto Domínguez no le acompañaría el próximo año. Poco antes de finalizar la campaña se filtró que el madrileño había puesto sus complacencias en Luis Manuel Lozano. Aún tuvo que arrostrar el cachondeíto que acompaño otro invento malogrado vendido en espanglis, aquella corrida de Vistalegre -The Maestros- en la que sí enseñó su mejor concepto con un encierro un pelín justito y tendidos a medio gas. Ya había decidido templar el clima de confrontación que le distrajo del ruedo y acabó la temporada a la altura de sí mismo. El primer cometido de su nuevo mentor será encajar a su torero en el abono sevillano sin repartir papeles de vencedores ni vencidos. Lo conseguirán. Pero no será fácil.

11
Nov/2014

OBSERVATORIO TAURINO: APOCALIPSIS NOW

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Publicado el 11 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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El horror… La patronal taurina ha sorprendido a propios y extraños emitiendo un pesimista memorandum que pone fecha de caducidad a la propia Fiesta. Los socios de ANOET -hablamos de los peces gordos del empresariado- han desgranado un completo listado de lamentos que, en primera instancia, certifica lo que todos saben: la crisis económica llegó para quedarse. Hasta ahí, todo ¿bien? Se puede compartir la denuncia de la larga lista de taras que vienen lastrando el sector antes incluso de la llegada de esta recesión irrevocable: hablamos de las cargas fiscales, la marginación sociopolítica, los costes desorbitados… Pero es que hace muy poco no importaban nada; había pasta, ladrillos y ayuntamientos que lo tiraban. También veíamos esos tíos que se encendían los puros con un billete -la mayoría deben ahora más que Alemania y otros se pudren en la cárcel- y se daban toros y más toros sin pensar donde estaba el comienzo del precipicio. Eso sí, hay dos o tres cosas que han caído como una bomba en este planeta maltrecho: la ausencia de autocrítica por parte del estamento empresarial; la invocación de una “quiebra” que iría por barrios y una afirmación, “la fiesta se acaba”, que sólo sirve para dar dos cuartos al pregonero, léase antitaurinos, que se están partiendo de risa.

Miré los muros de la patria mía. El caso es que los duelos y quebrantos de los empresarios no dejan de ser la cara de una moneda menguante que comparten con los principales toreros, que llevan algunos años en pie de guerra en contra de los patronos, mirándose su ombligo particular. ¿Cual es la razón última de este clima bélico? No es otro que la falta de pasta; de la ausencia de liquidez, de la guita corta… aquí ya no se maneja aquel dinero que tenía a todo el mundo a partir de un piñón. Con la hucha rota, han llegado los garrotazos. Pero conviene echar ligeramente la vista atrás. La clase empresarial se limitó durante muchos años a combinar carteles de toros y toreros -no siempre con atractivo- sin invertir demasiado en el futuro. Pero esa responsabilidad no es exclusiva. La primera fila del escalafón de luces también tendría algo que decir en el tapón que ha condenado la promoción de toreros nuevos o ha mantenido artificialmente a diestros mediocres o acabados que deberían llevar unos cuantos años dando de comer a las palomas. El angosto túnel en el que se adentra ahora la fiesta debe mucho a la falta de generosidad de todos los sectores. Nadie, absolutamente nadie, quiere ceder un ápice y se ha perdido de vista dos premisas fundamentales que sí podrían tener algo que ver con el mensaje de los empresarios: ¿el espectáculo que se está ofreciendo vale lo que cuesta? ¿Se cobra lo que se genera?

Pues así se queda esto. Habría que recordar que el fin de la situación que llenó los bolsillos de unos y de otros fue una simbiosis tan rentable como perniciosa. El beneficio indirecto y el reclamo indudable -tampoco era fijo- para vender aquellos abonos hipertrofiados que poblaban todas las ferias de España llegaba aparejado a la presencia de las figuras del momento. Ésa fue una de las maneras de aumentar, no sabemos si artificialmente, esos honorarios de los toreros de la crema del escalafón –que unos denuncian y otros defienden- mientras se multiplicaban, ojo, las ganancias del empresario. Pero se estaba empezando a rozar una circunstancia muy peligrosa: se estaba dejando de cobrar lo que se generaba en la taquilla para un festejo concreto, entendido como unidad. Es algo parecido, en otra dimensión, a lo que hoy ocurre con José Tomás. Se lleva lo suyo y hasta lo de enfrente pero refuerza abonos, sólo los más cortos, y llena plazas con ternas de tono medio que en otras circunstancias sólo habrían enseñado cemento. ¿Es esto lícito? ¿Es pan para hoy y hambre para mañana? En esas circunstancias es más que rentable aunque la corrida escogida por el Divino sólo arroje números rojos ¿Qué es lo que está pasando ahora?  Tan fácil y tan sencillo como que aquellos ciclos largos han dejado de interesar. Se cobraba y se cobra lo mismo por carteles del montón y por corridas de campanillas. En esa situación, y con la que está cayendo, los abonos -con excepciones honorables- ya no se venden y el abonado a dado sitio al espectador ocasional. Las entradas tienen que bajar y el espectáculo tiene que interesar. Ese espectador puntual es el nuevo cliente a cuidar pero la piedra en el camino es la bajada de presupuesto que se ha visto contaminada con el aumento de la fiscalidad y la rémora de unos gastos organizativos que hay que adecuar urgentemente. Repetimos: ya no hay pasta para todos. Ahí han llegado las curvas, las rebeliones de los toreros de la primera fila y los lamentos apocalípticos de los empresarios. El caso es que casi nadie habla de lo que se lleva un torero del pelotón en Madrid a plaza casi llena. Ahí no protesta ni el gato. Unos, porque se quedan fuera y otros, porque les trae al fresco. No sabemos si esto está en quiebra y, mucho menos, queremos ponerle fecha a la defunción de este mundillo maravilloso. Lo que sí sorprende es que nadie, absolutamente nadie, está dispuesto a moverse de su machito. Será por algo, ¿no?

04
Nov/2014

EL REPASO (I): Perera, un año para enmarcar

perera

Publicado el 2 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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Su nombre no contó igual en los inicios de la campaña. El propio matador ha admitido que estuvo cerca de cortar por lo sano. Las razones definitivas de ese malestar íntimo sólo las conoce el interesado pero no es aventurado pensar que las circunstancias que rodearon y envenenaron el comienzo de este año convulso tuvieron que minar el necesario equilibrio mental y emocional para afrontar la guerra del toreo al máximo nivel.

Hablamos de una guerra que fue y es -no sabemos si será- fría y real. O quizá no tan fría. Miguel Ángel Perera fue uno de los integrantes del extinto grupo de cinco toreros alzados contra la empresa Pagés como respuesta a las famosas y explosivas declaraciones de Eduardo Canorea. Pero aquel exceso verbal, en la práctica, sólo suponía oficializar un conflicto que se había iniciado tiempo atrás. Hacía falta el último chispazo para sacar los tanques a la calle y la declaración definitiva llegó después de ese célebre almuerzo otoñal con la prensa sevillana. El Juli y Manzanares enviaron sendos comunicados para justificar el plante; Morante y Talavante no dijeron esta boca es mía. Perera sí salió a la palestra y lo hizo presentando sus propias cuentas del Gran Capitán con la claridad y frontalidad que le definen como persona y torero. El extremeño tenía sus propias razones para levantar la mano pero prácticamente nadie logro entender -casi todos siguen sin entenderlo- que se sumara a esa política cerrada de grupo -estáis con nosotros o con ellos- para culminar un plante sin precedentes que sólo podía acabar en una derrota común: el hundimiento definitivo del abono de la plaza de la Maestranza. El torero recordó entonces las circunstancias que forzaron su ausencia en las ferias de 2009 -había pedido estar en Resurrección después de su histórica temporada anterior- y la más traumática de 2012 en la que ni siquiera llegó a descolgar el teléfono. Estaba pagando, como El Juli, los platos rotos de otra rebelión inoperante: la de los derechos de televisión. Pero eso ya es agua pasada.

El caso es que Perera había culminado la temporada 2013 rozando la Puerta del Príncipe. Certificaba así -algo parecido le ocurrió en 2007 antes de la explosión gloriosa del año siguiente- que la artillería estaba a punto de engrase para lo que estaba por venir en esta temporada plena, madura, brillante y rotunda en la que ha abierto nuevos registros expresivos y artísticos sin apearse de la alta exigencia de su concepto más puro: la quietud, el temple y la elección de los terrenos más comprometidos. El diestro extremeño podía haber rentabilizado profesional y artísticamente aquel despliegue de San Miguel  pero escogió el camino de la rebelión coral que aún no ha desembocado en el armisticio definitivo. En esa tesitura, el matador contempló como pasaban sin pena ni gloria las ferias de Olivenza, Castellón y Valencia a pesar de los esfuerzos derrochados. Sin estar anunciado en Sevilla, se jugaba el ser o no ser en Madrid y decidió poner todas las fichas en un par de casilleros con un sentido, una sensibilidad y un concepto que evocó las estrategias de las antiguas grandes figuras. El matador confiaba en sus posibilidades. O todo o nada.

Perera acabó matando en Madrid las corridas de Victoriano del Río y Adolfo Martín. Las había pedido junto a la de Victorino pero la suerte y los vericuetos de la política taurina  le dejaron sin estoquear los antiguos albaserradas, que salieron infumables. El resto ya es historia triunfal y reciente. El diestro extremeño reveló la nueva vuelta de tuerca de su toreo cuajando de cabo a rabo a un importantísimo ejemplar de Victoriano de Río. Pero la coronación definitiva llegó con la siempre compleja corrida de Adolfo Martín. Han pasado los meses y se puede afirmar sin riesgo de equivocación que el único torero capaz de exprimir aquel sexto toro  que saltó a la arena venteña el pasado 3 de junio es Perera. Hablamos de un total de cinco orejas y dos puertas grandes. Después de mí, nadie…

Pero Madrid sólo fue el arranque de ese arco triunfal que encontró su segundo cimiento en Bilbao, con o sin el absurdo protagonismo de la presidencia y a pesar del error de estrategia que supuso pensar que el tal Matías  accedería a indultar el excelente ejemplar de Domingo Hernández. Qué más da. Había escrito un nuevo renglón de oro en su biografía con dos tardes para el recuerdo en las que sólo faltó -el palco se empeñó en lo contrario- el refrendo de la puerta grande. Perera había mantenido la misma autoridad, la frescura y elsentido expresivo que ya había mostrado en los madriles. El resto de la campaña se  puede definir como un auténtico paseo militar. Ahí están los triunfos resonantes de Pamplona  o Albacete pero la lista es mucho más larga. Las faenas de dos orejas y las puertas grandes se sucedieron aunque la mala suerte se atrancó en Zaragoza y le impidió cerrar la campaña a la altura que había marcado.

A la postre, Miguel Ángel Perera había sido el unico matador capaz de mantener en el ruedo la firmeza de sus posiciones. A pesar de todo, los propios condicionantes del toreo -sumidero de todas las crisis- no otorgaron la dimensión que merecía el eco de sus triunfos en algunos compromisos que en otro tiempo habrían reventado las taquillas. Logroño fue un botón de muestra de esta circunstancia.

Pero toca mirar al futuro inmediato. En unas recentísimas declaraciones, Perera ha sentenciado el espíritu coral que alentó la lejana rebelión de otoño pero no ha despejado las dudas en torno a su vuelta a la plaza de la Maestranza. Una nueva ausencia de la plaza de Sevilla sería una pésima noticia para todos. Para él también.

04
Nov/2014

OBSERVATORIO TAURINO: Del adiós a Manzanares a las postrimerías de Paula sin dejar la actualidad

COLOMBIA - TOROS

Publicado el 4 de noviembre de 2014 en la edición impresa de El Correo de Andalucía

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¿Por qué me llaman maestro? Como aquel día de Sevilla. La torería ha convertido el sincero, sentido y compartido duelo por la inesperada muerte de José María Manzanares en una auténtica reivindicación del verdadero hilo de torear. Han sido ellos, los toreros, los encargados de señalar alto y claro a un maestro que sí merecía ese apelativo que el buenrrollismo actual había convertido en una palabra vacía por manoseada y gastada, usada para distinguir a auténticos desgarramantas. Nunca, como ahora, se materializó de esta manera la condición de torero de toreros que el viejo Manzanares se lleva a la eternidad con esta rarísisma unanimidad que ha servido para  firmar una tregua en el mundillo. Toda la profesión ha sido unánime: se ha ido uno de los grandes. El 1 de mayo de 2006 lo sacaron a hombros por la Puerta del Príncipe para distinguir que se marchaba del oficio un referente, seguramente la rama más ancha del verdadero tronco clásico. En realidad, los toreros -ya lo hicieron aquel día de primavera- sólo han restaurado el auténtico hilo del toreo lejos de las versiones y convenciones oficialistas. La historia de la Tauromaquia es una; pero no siempre coincide con la que se ha querido escribir. Gloria a Manzanares.

Otras cositas que comentar. Aunque algunos de los matadores alzados siguen poniendo morritos el acercamiento ya ha comenzado. La empresa Pagés ha lanzado sus botellas al mar y la confección del abono se está adelantando al obsoleto método de trabajo tradicional. No se puede perder más tiempo. La reconstrucción de la fachada destruida de la Feria de Abril y de la propia plaza de la Maestranza es la misión más urgente y cada día cuenta. Se quieren negar; alguno dice que no dará el primer paso pero ya ha habido algunos contactos. Posiblemente haya noticias a corto plazo. Y otra cosa más antes de cambiar de apartado: el mito está ahí para consumo de los que evocan faenas y tiempos que ni vieron ni vivieron pero la persona hace tiempo que dejó de interesar aunque siga sacando la patita con numeritos sonrojantes. Después de vomitar las dudosas papas de Ronda, Rafael de Paula se ha ha terminado de retratar de cuerpo entero en su Jerez natal queriendo agredir al abogado que se había negado a tramitar unas demandas disparatadas. El diagnóstico definitivo lo ha dado el compañero Curro Orgambides con una entrevista entristecedora en la que, seguro, omite tres cuartas partes de lo que salvó la grabadora. Rafael Soto Moreno ha mordido las manos que le dieron de comer y no merece una palabra más. Nos consolaremos con las fotos y las viejas películas de Rafael de Paula.

El PP llama a capítulo. Se agradece la iniciativa; también la hospitalidad del ayuntamiento ribereño de Gelves pero, para qué nos vamos a engañar, el altavoz habría sido verdaderamente resonante si el señor Raynaud -que parece que se ha tomado en serio el asunto- hubiera convocado a los estamentos taurinos en el mismísimo parlamento de Andalucía interpelando rostros y nombres que prestaran su fama al empeño en estos tiempos de tribulaciones. Es allí, en las Cinco Llagas, donde se pretende despertar al dormido Consejo Andaluz de Asuntos Taurinos. Pero antes de ponerle el despertador se quería hacer una radiografía del sentir del sector, que acudió a la llamada de los barandas populares, todo hay que decirlo, con el radiador hirviendo. La recentísima exclusión del toreo del catálogo del patrimonio inmaterial de España por parte del gobierno central tenía la culpa. Ojo, la intención era buena y enseña nuevos caminos aunque en ediciones futuras, si las hay, convendría sentar en la misma mesa a otras fuerzas políticas y puntear mejor a los estratos profesionales. La puesta en común alumbró ideas y puntos de vista muy interesantes. Carlos Núñez reiteró un mensaje que, por su claridad y aliteración, está consiguiendo calar dentro y fuera de este planeta invertebrado: la Tauromaquia tiene que ser atractiva, interesante y asequivble. Dentro del breve debate que siguió a la exposición de las distintas ideas y propuestas presentadas no faltó la ración inevitable de demagogia taurina. El propio Núñez saltó por encima de los tópicos alumbrando una interesante explicación para zanjar la llorera de los monoencastes que, curiosamente, fueron liquidados por los mismos que hoy echan esas lágrimas de cocodrilo. El presidente de la Unión de Criadores aclaró las cosas precisando que “no es un problema de monoencaste; el problema ha venido por la estandarización del toro que hoy es el mismo en Aranjuez, Algeciras o Madrid. Eso es lo que ha acabado con los galaches o los cobaledas y ha creado el espectáculo predecible del que debemos huir”.  Esa misma idea es ampliable a la nómina de matadores que copa el escalafón y puebla los estratos de las ferias. La renovación no sólo es necesaria y urgente. Es vital. Y nos vamos ya pero antes queremos enviar nuestro más sentido pésame a la familia Peña, dueña de la histórica cuadra de caballos de la plaza de la Maestranza. Doña Aurora, matriarca del clan, falleció este fin de semana. Descanse en paz.